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Un emigrante gallego singular

Escrito por José Regueira | Desde el Campo de Gibraltar
14 de mayo de 2009 a las 23:46h

            He hecho un recorrido por los hermosos pueblos blancos de la sierra de Cádiz. Entre otros, he estado en Algar. Naturalmente, este nombre de un pequeño municipio gaditano no dirá nada a mis amigos de GG, que se preguntarán el porqué de este comentario. Me explicaré. Algar es, de los pueblos españoles que conozco, el que más honor ha hecho a la memoria del emigrante. En la plaza principal del pueblo, enfrente del Ayuntamiento, tiene un hermoso monumento al emigrante: un hombre joven marchando cabizbajo con su modestísima maleta de cartón sobre un pedestal en el que están escritos los nombres de las regiones españolas y de los países europeos y americanos a donde han emigrado hijos del pueblo.

 

            Pero además tiene en otra plaza otro relevante monumento a un emigrante singular. Éste no es hijo del pueblo ni siquiera andaluz. Es gallego, natural de la parroquia de Santa María de Duancos, en el municipio lucense de Castro de Rei. Raro, ¿verdad? Pues el motivo de este monumento no es nada baladí, puesto que se trata nada menos que del fundador del pueblo y municipio de Algar. Y el personaje tampoco es un desconocido puesto que sobre él se han escrito varios libros y monografías por haber sido un personaje importante en la Carrera de Indias en el Cádiz del monopolio comercial con América del siglo XVIII. Se trata de Domingo López de Carvajal, un emigrante gallego a Nueva España (Méjico) en la primera mitad del siglo XVIII a través del puerto de Cádiz, al que en esa época de opulencia gaditana llegaban emigrantes de diferentes regiones españolas y de otros países europeos. Entre ellos muchos gallegos, a veces como paso previo a su embarque para Las Indias en una época en que desde los puertos gallegos no se había regulado todavía la emigración con América. La emigración gallega se canalizaba a través de puertos portugueses (especialmente de Lisboa) o del Sur de España, primero la Sevilla del monopolio comercial (siglos XVI y XVII) y, al pasar el monopolio a Cádiz en el siglo XVIII, a través de su puerto.

 

            Domingo López de Carvajal regresó de este primer viaje estableciéndose primero en Cádiz y luego en el Puerto de Santa María, convirtiéndose en uno de los más importantes comerciantes con América y amasando una gran fortuna. No se olvidó de sus orígenes gallegos y, además de traerse a parte de su familia, financió la construcción de una escuela y de la iglesia de su parroquia, que todavía se conserva en Duancos. Gran parte de su fortuna la invirtió en propiedades urbanas y rústicas, entre ellos unas grandes propiedades compradas al Ayuntamiento de Jerez y erigiendo allí una nueva población, acogiéndose a las leyes colonizadores de Carlos III para la construcción de Nuevas Poblaciones. No se limitó a esto sino que inició trámite de segregación del Ayuntamiento de Jerez, entonces el más extenso de España, para formar un nuevo término municipal, lo que consiguió tras larguísimos pleitos que continuaron incluso después de su fallecimiento. Hoy, efectivamente, es municipio independiente. Ha sido un caso insólito en la España de la Ilustración.      

 

            La leyenda de la fundación de Algar, que consta en el monumento a que me refiero, dice que este personaje ofreció erigir un nuevo pueblo dedicado a la Virgen de Guadalupe (a la que había cogido gran devoción durante su estancia en Nueva España) si sobrevivía a un tremendo temporal padecido durante el regreso de uno de sus múltiples viajes al Méjico actual. Efectivamente, el nuevo pueblo se llamó Santa María de Guadalupe de Algar; esta virgen sigue siendo la patrona del pueblo y su imagen figura en el escudo municipal.

 

            Nuestro hombre, asimilando la tradición de la gran burguesía de negocios andaluza de la época, accedió primero a la gran propiedad inmobiliaria y luego aspiró y logró ascender a la nobleza, siéndole otorgado por Carlos III el título de marqués de Atalaya Bermeja, el nombre del cerro donde se erigió la nueva población. Cito este ejemplo atípico de emigrante gallego porque me lo recordó esta visita a Algar. Pero no quiero olvidarme que al lado de estos emigrantes triunfadores fueron cientos de miles los gallegos emigrantes, incluso desde épocas tan tempranas, que desempeñaron los oficios más humildes y llevaron una vida de privaciones. Ellos fueron forjando la leyenda de la famosa morriña gallega, sobre la que tanto se ha escrito. Emigración vitalicia. Adiós ríos, adiós fontes, adiós regatos pequenos…, adiós familia querida…, adiós para sempre adiós. ¿Esta añoranza de paisajes y seres queridos perdidos para siempre es la morriña? ¿Alguien no la sentiría en esas circunstancias? Si la palabra no existía previamente, hubo que inventarla. Conviene recordarlo en esta época de avión, internet, blog, Mesenger, Erasmus o Instituto Cervantes. Al lado de aquello,  lo de ahora es un alejamiento virtual y momentáneo.

4 respuestas a “Un emigrante gallego singular”

  1. Roberto Gonzalez dice:

    Muy interesante la historia de este gallego ilustre, pero mucho mejor es el que al final del mismo te recordaras de todos aquellos a los que la suerte y la fortuna no les sonrió y que en su gran mayoría murieron en tierras estrañas lejos de su Galicia querida.
    Un abrazo.

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  2. José Regueira Ramos dice:

    Roberto, gracias por tu comentario. Aunque hable de emigrantes privilegiados, no puedo olvidarme de la cara amarga de la emigración histórica gallega. Sé que tú la has padecido en tus propias carnes y en las de tu familia. Yo no puedo olvidar imágenes que tengo grabadas de mis años infantiles y juveniles de los trasatlánticos Magallanes o Marqués de Comillas abarrotados de emigrantes partiendo de los muelles de Méndez Núñez en A Coruña, en medio de escenas desgdarradoras de despedida. Yo soy un emigrante voluntario, integrado en esta acogedora tierra andaluza,tengo frecuentes contactos y reencuentros con mi tierra y no he vivido nunca fuera de España. Pero tengo presente esa otra cara que también han visto y padecido parientes míos.

    Me alegro de tu recuperación anímica. Un abrazo.

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  3. Loís Bello dice:

    Primeiro dicirche algo que sempre penso cando escribes, encántanme os teus textos sempre. Gracias por esta fermosa e interesante historia unha vez máis de conexión galego – andaluza. Es dos meus favoritos no blog.
    En canto ó final da entrada, penso o terrible que tivo que ser marchar en certas épocas, nas que se sabía que era para sempre e probablemente para non ver máis os seres queridos, e ademáis por circunstancias como extrema pobreza ou exilio por guerras, etc. Hoxe, aparte de que as razóns son máis digamos “benignas” o contacto nunca se perde e ás veces é ata como estar presente. Vos de baixo coste que che permiten ir á casa frecuentemente, chamadas de teléfono a bos precios, e por suposto internet, correo, cámaras web. Non é a primeira vez que estau no laboratorio en linha cunha companheira que traballa en California e o mesmo tempo tres amigos dende Riveira e Santiago (aínda que non quede moi profesional dicilo porque todos estábamos en horas de traballo) pero a realidade é que a rede fixo moito para acabar ca morrinha.
    Saudos e gracias polas túas historias “contacontos”.

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  4. José Regueira Ramos dice:

    Lois: Gracias por tu comentario. Siempre agrada que le recuerden a uno que sus entradas son bien acogidas. A veces temo parecer un poco “enterado” en recuerdos históricos de gallegos que nos precedieron en la aventura migratoria. Totalmente de acuerdo en lo durísima que tuvo que ser la emigración vitalicia e incomunicada de tantos cientos de miles de gallegos que tuvieron que irse a la aventura empujados por la miseria. Es algo que tengo siempre presente desde mi posición privilegiada de emigrante interior, voluntario, querido e integrado.
    Un saludo.

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