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Obama in you we trust

Escrito por Esther Diz | Desde Filadelfia, EE.UU
14 de mayo de 2009 a las 19:24h

Tras algunos meses con Obama en el cargo, los optimistas seguimos teniendo fe en que este hombre flacucho, de nombre raro, sonrisa encantadora y con don de palabra será capaz de reformar un país debilitado que lucha por reinventarse. La expectación se encuentra donde yo me hallo ahora mismo: por las nubes.

Pero no estoy aquí sentada frente al ordenador para hablar de la reforma política, económica y social (de eso ya se encargan los diarios) sino de observaciones propias, de la vida diaria que puedo compartir con los lectores y autores de GG. Al fin y al cabo nosotros no somos periodistas sino reporteros de lo que observamos desde nuestro ángulo particular (siempre subjetivo) y puedo deciros que en el aire se respira la necesidad imperiosa de cambios de todo tipo, grandes y pequeños.

Hoy quiero hablaros de esas cosas que sin ser prioritarias, contribuyen a la imagen decadente y obsoleta de los Estados Unidos. Por ejemplo, de lo fastidiosos que son los parquímetros urbanos que no admiten más que un tipo de pago con un tipo de moneda, la de 25 centavos. Esto hace que al estrés de estacionar y a la falta de opciones de coste razonable se añada el estrés de tener que tener las moneditas de turno. Lo mismo ocurre con el pago de los peajes. O tienes suficientes moneditas de 25 centavos o la llevas clara porque te tocará bajarte del coche y mendigar que alguien te ayude porque aquí, en la cuna del individualismo, la ayuda en estos casos no se pide, se mendiga. Otra opción será saltarte el punto de pago y que inmediatamente salgan tres coches de policía a perseguirte como si acabases de atracar un banco para multarte desmesuradamente por tal fechoría. Así, sin quererlo e inocentemente te habrás convertido en un delincuente. Y es que estos peajes señores, a pesar de lo difícil que cuesta creerlo no admiten pago con tarjeta de crédito. Resulta irónico que puedas comprar un chicle o un plátano con una tarjeta y que nadie se sorprenda y que en cambio los peajes del país no estén preparados para aceptar tarjetas. Conclusión: Están obsoletos, todo el mundo se queja pero no hay cambio desde hace años. Obama in you we trust.

Otro tema es la escasez de papeleras y espacios públicos de calidad, cuando das con ellos la cantidad de reglas que uno encuentra antes de poder sentarse a descasar bajo un árbol no tendría lugar en vuestra imaginación. Ejemplo: Se permiten perros de menos de 10 kilos cuyo pelaje sea uniforme y siempre que se limiten a sentarse en el césped y no se tumben. Si usted viene con niños asegúrese de no cambiarle el pañal en público para no herir la sensibilidad de otros ciudadanos. Sea considerado. ¡Disfrute del parque!

De ahí nos vamos a las consultas obsoletas de médicos y dentistas, hablo del mobiliario de los años 70 y el empapelado floreado de las paredes, de la secretaria de la tercera edad que te recibe y tarda la vida en verso en atenderte y cuando lo hace, o no te oye bien o no te entiende porque tienes acento.

Cabe mencionar también la cantidad de establecimientos de tercera categoría. Personas que llegan a este país y deciden que comprando unas tijeras y alquilando un local ya son peluqueros. O personas que han tenido algún tipo de formación es ese campo y automáticamente se hacen llamar “salón de peluquería” cobrando el doble aunque no hayan reciclado su técnica desde los años 80 y no hayan oído nunca hablar de los productos Kerastase. Esto explica los cortes de pelo ochenteros que uno ve por la calle y las malas experiencias que una ha sufrido hasta darse cuenta de cómo funcionan este y otros temas.

Quiero denunciar también la tendencia al derroche. A los tamaños maxi, los galones, los packs de venta de ocho en ocho, los bajos precios de la comida basura y lo carísimo que resulta comer bien, no muy bien, bien. Haciendo que los pobres además de pobres y sin seguro médico tengan que estar gordos y mal nutridos y que los niños se lancen como locos a comprar bolsas gigantes de chucherías por un dólar, aumentando así el índice de obesidad infantil. ¿Cómo es posible que una barra de pan natural del día pueda costar más de cuatro dólares y que un paquete enorme de pan de molde industrial lleno de cosas raras cueste la mitad? Obama in you we trust.

No hace mucho el pueblo residencial donde vivía aprobó un plan de expansión para atraer ciertas cadenas de restaurantes y tiendas (todo franquicias nacionales desalmadas por supuesto) cuya presencia aumenta automáticamente la categoría socioeconómica del pueblo. El pueblo en cuestión es un pueblo histórico del estado de Pensilvania. Dicen que allí se produjo el punto de inflexión de la guerra de la independencia cuando George Washington burló a las tropas enemigas cruzando el río helado con todo su ejército la noche de Navidad de 1776.

Es por tanto un lugar histórico con casitas luciendo placas explicativas para que el visitante (casi no viene nadie la verdad) aprenda algo sobre tan importante hecho.

El nuevo complejo de restaurantes Cosis, Paneras y que sé yo se edificaría respetando la tradición arquitectónica del pueblo. Se trataba de una edificación en forma de semicírculo que apuntaba a dejar espacio para una plaza en el centro a la que según mis cálculos le daría el sol por la tarde.

La visión era perfecta.

En pocos minutos imaginé una plaza de espacio común a apunto de hacer su entrada en el pueblo donde sin duda colocarían una placa y una estatua conmemorativa del personaje histórico y donde la pizzería, las mesitas fuera, la farmacia y la heladería darían al alma del pueblo un lugar donde descansar.

Pues no.

En el espacio central destinado a nuestra plaza se crearon lugares de estacionamiento gigantes para que el americano con su monovolumen o su Hummer, siempre apresurado y de paso para llegar a su destino (vete tú a saber qué), no camine, no se pare, no se relacione, no se relaje, no piense, no lea la placa, no beba de la fuente, no pasee al niño, ni deje que el niño se detenga a contemplar la estatua mientras se le derrite el helado.

Obama in you we trust.

4 respuestas a “Obama in you we trust”

  1. Sousa-Poza | Desde Sudáfrica dice:

    Ester, quiero denunciar tambien tus prejuicios contra la “tercera edad”. El mero eufemismo es ofensivo: somos VIEJOS, mijita! Ahorranos las mojigaterias politcamente correctas.

    Obama in you we trust.

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  2. Esther Diz | Desde Filadelfia, EE.UU dice:

    Gracias Sousa – que seria de GG sin tus comentarios. Viejos pues.

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  3. Sousa-Poza | Desde Sudáfrica dice:

    Asi es, mijita. Y te oiria bien aunque no se si entenderia tu acento. Y no me oirias tampoco muchas “platitudes”.

    [Reply]

  4. Sousa-Poza | Desde Sudáfrica dice:

    Asi es, mijita. Y te oiria bien aunque no se si entenderia tu acento. Y no me oirias tampoco muchas “platitudes”.

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