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De gripe y taxistas

Escrito por Delmi Alvarez | Crónicas na diáspora
11 de mayo de 2009 a las 15:02h

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Arturo y Francho en la puerta de embaque 14A, Garulhos, Sao Paulo.

Buenos Aires, 11 mayo 2009. Entre otras cosas se acaba el verano y empieza el otoño por estas latitudes, es como una contradicción pero así funcionan los hemisferios, cuando en uno es verano en el otro es invierno y el cuerpo se resiente con esos cambios, aunque quienes peor lo pasan son los que salen de México con destino a otros países, como por ejemplo Arturo y Francho, cólegas corresponsales que cubrieron informativamente la noticia de la gripe desde la capital mexicana. Aunque los periodistas no deben ser noticia, y en este caso tampoco lo son, cabe sino, comentar lo que pasa cuando a uno le cierran la frontera del país donde vive, como Argentina y entonces el viaje se convierte en una aventura, y todos por donde pasas te ven como un “apestado” con mascarilla y mala cara.

En el aeropuerto de Guarulhos (Sao Paulo) me reuní con Arturo y Francho, venían de México D.F. de cubrir lo de la gripe porcina como decía antes. Una vez terminado su trabajo como corresponsales de TV su intención era regresar a Argentina pero la sopresa de que el gobierno cerró la frontera a los vuelos procedentes de México DF, los dejó por varios días entre la indignación y el abandono. En estos casos lo mejor es abrir ordenador, buscar un WIFI y plantearse un viaje por países que permitar hacer un tránsito hasta llegar a Buenos Aires.  La compañía acerca gratuitamente desde México DF hasta el lugar más próximo al destino, en este caso Sao Paulo. Queda por cuenta y riesgo del interesado llegar al destino lo que implica comprar un nuevo billete y volar para el caso volar con otra compañía diferente (Aerolíneas Pluna) haciendo una escala en Montevideo. En el aeropuerto de Guarulhos los pasajeros de  Aerolíneas Mexicana con origen de embarque  en la capital  federal quedan confinados en una de las salas del aeropuerto y no se les permite salir a facturar para el nuevo vuelo. Esto implica no poder recoger las maletas que vienen en el vuelo de DF y vivir la amarga experiencia de pedir, rogar, discutir, suplicar pero finalmente embarcar sin ellas. Esto fué lo que le pasó a mis compañeros y al resto del pasaje de Mexicana que les había prometido asistencia y ayuda para hacer el checkin. El personal de la aerolínea Pluna de la puerta 14 A poco pudo hacer a pesar de los esfuerzos humanos para encontrar las maletas de los pasajeros. La desesperación y nervios se hizo evidente en el momento del embarque “oiga donde están mis maletas”, “quién se hace cargo de esto?”, y algunas subidas de tono.

En el caso de mis cólegas su equipaje -además de los efectos personales- es una larga lista de materiales de trabajo, cargadores de ordenador, cables, discos duros, etc… imprescindibles para realizar  la labor como  profesionales en este mundo de la fontanería del periodismo (hay que llevar de todo, enchufes de todos los estilos, y cables y más cables, que en muchas compañías y dependiendo de quién te toque no permiten llevar en cabina). Hoy lunes 11 las maletas no han aparecido, ni siquiera en el sistema de RUSH de las aerolíneas mundiales, que una vez incluyen el código de la maleta extraviada puede decirte que está en la otra esquina del mundo. Subir a un avión tiene cada día más pasajeros frustrados, engañados, sufridores, con pánico grado superior, aterrorizados etc… y es como confiar tu vida al destino, una especie de Maybe airlines (puede que sí puede que no, un quizá) que te convierte el viaje en una aventura o una auténtica desgracia. En todo estos años de viajero-usuario de aviones me encontré y me ha pasado de todo, como a cualquier hijo de vecino, desde la mosca negra muerta patas arriba en la comida de una compañía española (se desvivieron por mí en todo el vuelo para que no me faltase de nada) hasta perderme Iberia toda el equipaje en una escala en Santo Domingo, pasando por el robo en el equipaje en un vuelo de Ryanair Riga-Estocolmo. En pocas palabras, no se cuida al sufrido viajero que paga religiosamente el billete y es tratado como un delincuente nada más llegar al control de rayos X, robado de sus efectos personales, tijeras de manicura, navajita boy scout, destornilladores de relojero para reparaciones urgentes, colonia o perfume regalo de la novia o de la madre, pasta de dientes a medio usar, Coca-Cola o botella de agua recién comprada, y una larga lista que gracias a algún sabio listillo han decidido no dejar subir a los aviones. Pero lo que me molesta realmente es que unos metros más allá se puedan comprar algunos de ellos en los duty-free. Quién me asegura a mí que una botella de agua, coca-cola, empanada de bonito, tarta de Santiago, no ha sido manipulada por terroristas?. Y lo peor, la mayoría de las compañía utilizan para la comida cuchillos de metal.

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Cámara térmica en el Aeroparque de Buenos Aires para detectar pasajeros con fiebre.

Si ya es trágico que le pierdan a uno la maleta y les dejen con lo puesto, mucho peor es sufrir el despotismo de un taxista de aeropuerto. Ya sé, que no todos son iguales, que hay buenos y malos como en todas partes, pero al tratarse de un servicio público este debería ser impecable. Hay diferentes trucos que se aprenden para no ser estafado por un taxista, y por Google hay muchas recomendaciones., pero nunca está de más que antes de salir de viaje sepamos a donde vamos y sobre todo mentalizarse de que como usuarios tenemos nuestros derechos de no ser robados. Hay taxistas jetas, caraduras y perfectos cabrones, así de claro, y el que se sienta ofendido será por algo. Mis casos: Madrid de 1995, cerca del museo del Prado, destino Argelia y las calles vacías a las 8 de la mañana. Paro el primer taxi que veo y el taxista muy receloso de su tapicería me exige que deje todo el equipaje en el maletero. Me niego a dejar la bolsa Domke con 3 cuerpos de cámara, lentes y película. “Sino lo coloca detrás no lo llevo”, tajante el tipo. A esas horas en Madrid no hay demasiados taxis por la calle y uno nunca piensa en lo peor. Por lo tanto dejo todo en el maletero, lo cierra y me subo a la parte trasera. Através de la ventana observo que se acerca al taxista un tipo trajeado con un periódico en la mano y le pregunta por un hotel. El taxista le indica la dirección y posteriormente se sube al taxi. Todo normal,  en el trayecto charlamos de algunas cosas, lo típico, fútbol, política, la inseguridad ciudadana…, y cuando llego a mi destino del maletero ha desaparecido la bolsa con las cámaras. No voy a describir lla situación ni lo que sentí ni lo que hice pero me llevé a rastras a aquel desgraciado hasta la comisaría más cercana.

Estuve un año con depresión, auto inculpándome por lo sucedido. Pedí un crédito en un banco y me fuí a new York a comprar un equipo entero. Hoy es el día en que las cámaras no han aparecido, después de haber gastado dinero en abogados, denunciar al taxista, al ayuntamiento de Madrid, etc… No son casos aislados.  Cuando llegué a Riga hace seis años, salí de la terminal de buses y  como siempre hago, primero le pedí el precio aproximado de la carrera, para crear un clima de confianza y compromiso. Aquel taxista pasó por lo menos 3 veces por la puerta del hotel donde tenía que dejarme. Cansado de que me diera vueltas y con la vena yugular muy inflada lo mandé parar. Lo que le dije lo convenció para que dejara de hacer el primo y me dejase en mi destino. Los taxistas del aeropuerto de Riga se aprovechan de los turistas, y ya están siendo investigados, los taxistas del aeropuerto de Barajas en Madrid son unos…. y a pesar de que se les investiga siguen maltratando al cliente, los taxistas de New York son en mi opinión buenos porque se les exige mucho y el control sobre ellos es casi militar, los taxistas de Buenos Aires son buenos y malos y hace dos noches por faltarme 48 céntimos de la carrera uno dijo “abusador, explotador de trabajadores”. En cualquier caso, lo mejor es no llevarle la contraria, y dejarlo con su paja mental hasta que vacie toda la mala baba que lleva encima, entiendo que cuando los taxistas de donde sea lean esto dirán que generalizo, y yo digo que no es cierto, y aseguro además que hay miles, millones de usuarios de taxis que sufren cada segundo el maltrato de un taxista y mi experiencia ya no va a cambiar mi opinión.  La sensación de impotencia, inseguridad y falta de todo tipo de tacto es evidente. Cada vez que me subo a un taxi pongo en marcha mi estrategia personal y si veo que el tipo no es de fiar, salgo del taxi y busco otro. No hay que dejarse engañar por nadie y menos por alguien a quién no se conoce. He dejado de dar propina a los taxistas desde hace mucho tiempo e intento utilizar el transporte público a cambio de no tener una mala experiencia. Hay taxistas que son como la gripe, y dejan secuelas muy difícil de superar, y para que ello no ocurra es mejor prevenir que lamentar.

Actualizado a las 15:02 del lunes 11 de mayo: Acaban de entregar las dos maletas. Me comunican los dos afectados que transmita su agradeciemiento al staff de Pluna en Sao Paulo por todas las gestiones.

4 respuestas a “De gripe y taxistas”

  1. Eva Cabo | Desde México dice:

    yo conozco a esos dos de la foto :p
    espero que hayan llegado bien, equipaje incluído
    abrazotes

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  2. Sousa-Poza | Desde Sudáfrica dice:

    Delmi, la culpa es tuya, que viajas demasiado: a quien se le ocurre!

    Pero me hiciste recordar un comentario de Javier Marias acerca de su padre: “un hombre que vive su vida dispuesto a que lo enganyen”. No me molestaria que mis hijos dijeran lo mismo de mi.

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  3. Roberto Gonzalez dice:

    Hace unos cuantos días hice un viaje desde Barcelona a Santiago de Compostela y a toda prisa me fuí a la parada de taxis y subí a uno indicándole mi premura en llegar a la estación de trenes para convinar con uno para Ourense que pasaba en unos pocos minutos. El taxista hizo el recorrido a toda velocidad y yo no perdí el dichoso tren…pero me sopló 18,50 euros y ni siquiera se dignó en poner el contador en marcha.
    La indignación que sentí fue grande y la primera intención fue la de ir a comisaría en el propio taxi y denunciar la situación pero eso me obligaba a perder el tren y quedarme en la estación unas cuatro horas a la espera de otro, porque era domingo y las conecciones estre ciudades gallegas son pésimas.
    Así que me tragué mi rabia y traté de disfrutar del viaje hasta Ourense sin pensar en aquel taxista sinvergüenza.

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  4. Sousa-Poza | Desde Sudáfrica dice:

    Hombre, Roberto, dadas las circunstancias, el no perder el tren era el objetivo principal y es obvio que el taxista se la jugo para que no lo perdieras. Yo en tu lugar le hubiera quedado muy agradecido por un buen servicio. Debiste de haberle dado 20 euros y que se quedara con el cambiado. Veinte? Quiza algo mas …

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