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Influenza

Escrito por Eva Cabo | Desde México
27 de abril de 2009 a las 1:01h

La primera sorpresa fue el viernes, cuando me llamaron para posponer mi función de cuentos del sábado, la segunda al saber que se habían cancelado las clases en toda la ciudad por el brote de gripe porcina o influenza (que es como se refiere todo el mundo a ella en estos días). La verdad es que apenas esta semana seguí las noticias porque tuve muchísimo trabajo y el tiempo justo para dormir, así que no me enteré de gran cosa hasta el viernes. Precisamente el viernes salí a una fiesta. Es común en esta ciudad de dimensiones exageradas que la gente haga fiestas en sus casas y así, en vez de ir de bar en bar o de recorrerse Campo Castelo en Lugo, uno llega a casa de alguien y ahí se arma la fiesta hasta el día siguiente. El viernes eso fue lo que hicimos: fiesta de cumpleaños de Anaïs en el Centro, en casa de unos amigos salvadoreños, a una “cuadra” de Bella Artes. Menos tráfico que de costumbre, el metro casi vacío, mucha gente con tapabocas que el ejército estuvo repartiendo en la plaza del Zócalo.

Antes de salir de casa me advirtieron: lavarse las manos continuamente, no saludar de beso ni de mano, evitar las aglomeraciones de gente… Simplemente como medida de precaución.

Me sorprendió llegar a Bellas Artes y que, siendo las nueve de la noche, apenas hubiera gente; esa zona de la ciudad es bulliciosa a todas horas. A unas poquitas calles de ahí está la Plaza Garibaldi, famosa por la increíble concentración de mariachis esperando ser contratados para algún evento. Sobre el Eje Central, desde la salida del metro Bellas Artes, corren a la par de los coches cuando alguno aminora la velocidad como si estuviera interesado en ellos. Es costumbre de los hombres mexicanos (eso dicen) curar el mal de amores llevando serenata a las tantas de la mañana, de preferencia borrachos.
Esa noche caminé por las calles del centro hasta el Zócalo y luego hasta Garibaldi. Estaban los mismos puestos de comida de siempre en las aceras y gente comiendo como si nada pasase. Una noche hermosa, sin frío y tranquila.

Después de la fiesta, antes de la comida, empezaron a llegar mensajes a mi móvil de amigos gallegos y familiares que en ese momento estaban delante de la tele viendo el telediario. Y ahí enseguida empezamos a preguntarnos qué onda con lo que estaba pasando, porque hasta entonces ninguno de los allí presentes lo había percibido como algo tan grave. Entonces me llamó mi madre toda preocupada contándome lo que había oído allá. Y hasta ahí no tenía tanta preocupación; entre otras cosas, porque no conocemos a nadie enfermo, porque hasta hacía un día la vida citadina continuaba con su ritmo normal y la gran diferencia era simplemente el número de personas con tapabocas.

Ayer suspendieron las clases hasta el día 6 de mayo. Se suspendieron también desde el viernes todos los eventos culturales, cerraron teatros, cancelaron conciertos, los partidos de fútbol se harán a puerta cerrada y no habrá misas. Ahora leo en un periódico que el jefe de gobierno de la ciudad está pensando en suspender la actividad del transporte público, y al lado veo que todo está controlado y que no hay que preocuparse, sino prevenir las posibles vías de contagio. También leo que la OMS está estudiando la situación para ver si es necesario cerrar las fronteras mexicanas para evitar que el virus se propague a otras partes del mundo.

Hay gente que siente que no dicen la verdad, que se está ocultando información, o que la situación es mucho más grave y no quieren alarmar a la población. Hace pocas horas el presidente de la República salió en la tele para calmar a la población. En México, en todo el país, supuestamente hay aproximadamente 1350 personas infectadas, de las cuales 800 ya salieron del hospital, 300 aún continúan ingresadas, y murieron en toda la República 81 personas supuestamente por el virus. Y si alguien cree que puede estar enfermo, sólo ha de acudir al médico, quien dirá si es necesario someterlo a una prueba que dictamine si tiene influenza porcina o no, y si da positivo hay un tratamiento al que deberá someterse esa persona, y por precaución quienes vivan con el enfermo.

En cualquier problema de salud como éste, en una ciudad de las dimensiones de México, con una concentración de población tan brutal, la pregunta es si el gobierno dispondrá de los medios para resolverlo si esto es una pandemia como ya se está diciendo. También entran en juego los escasos recursos de un número elevadísimo de gente, la infraestructura médica y los varios factores que se van sumando unos a otros. Yo siento que la gente ahora se empieza a preocupar de verdad. Hablo por mis conocidos y por mí: por las medidas que el gobierno está tomando, la cosa parece mucho más seria y grave, y da qué pensar, aunque todo el tiempo de baraje como un asunto de prevención. Creo que todos nos preguntamos qué pasará mañana cuando esta gran urbe recupere su actividad normal, cuando el metro vuelva a ir abarrotado en las horas punta, cuando las miles de personas que huyeron del DF el fin de semana como escapando de sus problemas regresen a su actividad cotidiana.

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Una respuesta a “Influenza”

  1. mike dice:

    o0la puez la mera vdd esque tienes un wen punto de vizta zo0bre eso0 k puzizte xk la neta zi preo0kupa weno0 graxx x po0ner eso0 me vo0i baii Dio0z te bvendice

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