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Medio año para evaluar Bolonia

Escrito por Daniel Prada | Desde Oporto
22 de febrero de 2009 a las 21:01h

Una breve anotación a color rojo indica lo siguiente acerca de los planes de estudio recogidos en la web de la Universidade do Porto: “Este curso encontra-se homologado no âmbito do Processo de Bolonha”. Los ‘Erasmus’ españoles aquí ubicados hemos finalizado esta semana el duro primer semestre en el que hemos contactado por primera vez con este nuevo sistema.

Los becarios extranjeros estamos en Portugal para convalidar una serie de asignaturas en nuestras universidades de origen, por lo que no nos afecta el sistema de financiación de la institución de acogida ni la concesión de nuevos títulos dentro del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), pero sí hemos tenido que adaptarnos a las principales directrices del método de evaluación que se sigue a través de dicho modelo.

En este sentido, Bolonia presenta reformas que facilitan la movilidad de los universitarios y favorecen cierta continuidad en el rendimiento del alumnado, que no ve como todos sus esfuerzos se concentran en una única prueba final. Nada es blanco ni negro. Sin embargo, los estudiantes desconfiamos de las medidas que una minoría dominante adopta sin que exista un diálogo abierto con el grupo más amplio de afectados: nosotros.

Poco podemos comentar, de momento, desde el país vecino, aparte de que el número de ejercicios y trabajos prácticos por asignatura resulta excesivo, y que la conveniencia de exigir una asistencia mínima genera también controversia.

Los responsables políticos destacan los aspectos más positivos de este plan, y la información al respecto se intensifica ahora que el proceso es ya “irreversible”, como ha declarado este mismo mes la ministra Cristina Garmendia. Un compañero de estudios me comenta, mientras tanto, que algunos medios de comunicación han llevado a cabo pequeñas campañas de desprestigio hacia los estudiantes que protestan contra la integración en el EEES.

Los prejuicios alteran la opinión de quienes acusan a los jóvenes de haber adquirido el vicio de decir “no” a todo. Ese tipo de ideas generan demasiado recelo. Está en juego nuestro futuro y somos conscientes de que Bolonia es mucho más que las controvertidas becas-préstamo. Distinguimos entre lo que consideramos adecuado y lo que no nos parece correcto. Por eso me entristece la apatía en la que caemos cuando asimilamos que van a decidir por nosotros.

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