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El valor de un ritual

Escrito por Angeles Fernández Ramil | Desde Chile
22 de febrero de 2009 a las 1:11h

Me alegra haber desatado un debate cibernáutico sobre el voto de los de acà y los de allá que, por ratos, me parece que incluso está resultando apasionado. Y esto parece un contrasentido en una época de desencanto con la política y, en muchos casos, de un cierto “desarraigo afectivo” con la democracia, expresión feliz que usò un cientista social de origen alemán, radicado en Chile por muchos años y que hizo de este país uno de sus objetos favoritos de reflexión.

El voto es una instituciòn politica y debemos recordar lo mucho que hubo que luchar para conseguir que dejara de ser censitario, como privilegio de sólo unos pocos que tenían tierras y bienes, y  se extendiera a todos los seres humanos, por el mero hecho de serlo. Como mujer, es algo que valoro sustantivamente porque no puedo olvidar que, al menos en Chile y en casi todo el hemisferio occidental, las mujeres recién accedimos a su ejercicio alrededor de los años cuarenta y cincuenta que, en términos históricos, no significa nada. Es por eso que me asombra conversar estos temas con mi hija, una joven de 22 años que, si bien vota cuando corresponde hacerlo, no es algo que le produzca un entusiasmo inusitado y más bien lo hace inducida por una madre hiperpolitizada.  Esta amnesia histórica es inexcusable en las mujeres de todas partes para quienes la incursión en la vida política es siempre tan dificultosa. Logramos el derecho a voto con mucho esfuerzo pero todavía falta la otra parte de la cadena: el derecho a ser electas. Si bien se supone que existe igualdad formal y que una mujer que quiera disputar un cargo en democracia tiene el mismo derecho que cualquiera, múltiples barreras invisibles como las que dispone la división sexual del trabajo y el hecho de que se nos asignen las tareas domésticas como parte de esa división  patriarcal hace que los recursos, derechos y oportunidades estén todavía muy desigualmente repartidos y entre ello, por cierto, está también el de ingresar a una lista electoral. Es por eso quizàs que no me parece que el derecho a voto sea algo tan obvio o incluso desechable,  sino que forma parte de ciertas conquistas.

Independientemente de cómo lo concibamos, derecho o deber, los que nos sentimos gallegos debiéramos renovar esta oportunidad única de plantear nuestras preferencias frente a las opciones politicas existentes. Esto de la nacionalidad es realmente complejo y resulta preocupante que algunos gallegos que viven en la tierra sientan escozor ante la posibilidad de que los que vivimos en el exterior también podamos ejercer esta facultad.  Incluso se produce el contrasentido de que no les gusta que podamos votar pero algunos de ellos, cuando llega el momento, tampoco lo hacen. “No lavan ni dejan la batea”, diría un venezolano.  Se aduce que no tributamos en Galicia y el que, al no vivir allí físicamente, buena parte si no todas las decisiones políticas vinculantes, no nos afectarían. Pero surge la legítima pregunta acerca de qué define la pertenencia a una nación: ¿criterios objetivos como la lengua común, la historia compartida, el color de la piel o vivir en un mismo territorio? ¿o bien criterios de carácter subjetivo, como la sensación de sentirse parte de algo? No tengo ningún pudor en reconocer que me costó mucho mirarme a mí misma como gallega, siendo producto de la emigración por necesidad de mis padres, naciendo en la Venezuela de la que nos habla Francisco Alvarez,  y transitando luego entre España, de nuevo Venezuela, para recalar en Chile, por ahora. ¿De dónde se es, a fin de cuentas? ¿de dónde se nace?, ¿de dónde se aprende a pensar,?, ¿del lugar de tus mayores?, ¿de dónde reconoces que se hunden tus raíces? Recièn cuando cumpli los cuarenta años empecé a pensar más meditadamente en estos asuntos, me miré al espejo y me dije, sí soy gallega y me interesa lo que pasa en esa tierra. Hoy, con internet, no hay ni siquiera disculpas para no mantenerse conectado y saber qué se cuece por esos lados. Un poco de morriña, algo de búsqueda de la identidad, un pacto con tu propia historia y el tiempo en que en ella viviste…Una mezcla de muchas cosas, a fin de cuentas,  pero que constituyen motivos tan legítimos como cualquiera.

El voto permite a un colectivo expresarse y manifestar su representación , que se materializa en tiempos estandarizados y en base a normas predeterminadas. Reconozco que soy politizada en extremo y que no represento a la población media, pero debemos ver las elecciones como un momento, al menos, en que los politicos se urgen, nos buscan y nos necesitan. Como bien dijo una vez un cientista político inglés, Gamble, si tú no participas, otros terminarán tomando las decisiones por tí.

Y sí, hoy ya llegaron mis papeletas para votar. Espero estar depositando mi voto en el correo, religiosamente, el próximo lunes…

2 respuestas a “El valor de un ritual”

  1. Sousa-Poza dice:

    Angeles, tengo un primo norteamericano, nacido en Nueva York y domiciliado en Washington, quien, como tu, se siente gallego muy gallego. Sorprendente: no sois muchos pero evidentemente alguno hay. Es muy cierto que la identidad de uno es, a fin de cuentas, un sentimiento, y es trivial tratar de ponerlo en terminos objetivos o en ecuaciones matematicas. Y tambien es cierto que temas como el de la identidad solo empieza a pensarselos uno a partir de una cierta edad.

    Hacia tiempo que no oia el chilenismo “cientista social” o “cientista politico”. Es quiza una pena que sea una adaptacion gratuita del ingles “social scientist” o “political scientist”, porque posiblemente no es una mala idea diferenciar entre los cientificos de ciencias duras y los cientificos de ciencias blandas.

    Nos dices que la incursión en la vida política es siempre tan dificultosa para las mujeres. Es una paradoja pero es asi. Es una paradoja porque las mujeres sois mas que los hombres, o sea que pareceria obvio que en paises democraticos modernos las mujeres llevarais las de cantar. Pero hay que tener en cuenta los lastres ancestrales que acompanyaron a las mujeres a traves de la historia. Mas aun, cualquier gobierno de cualquier pais seria mas pobre sin la presencia de la perspectiva femenina.

    La situacion es similar a la del gallego en Galicia: existieron externalidades que forzaron su decadencia. La cuestion es como mejor librarse de esos lastres, cual seria la manera mas efectiva de hacerlo. En el caso de las mujeres en politica, son cuotas estrictas lo mejor, aunque uno acaba con ministras que se creen en la necesidad de decir “las miembras”? En el caso del gallego, es lo mejor meterselo a la gente por las narices? Pues no lo se, pero en el peor de los casos, … ya se sabe: los que no puedan amar a Dios, bien esta que le teman.

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  2. Carlos Agulló dice:

    Recibimos en el buzón de Global Galicia este correo desde Alemania:

    “Leendo os artigos da campana elecctoral fixome no comentarios de que a moitos non lle chegaron as papeletas das eleccions o Parlamento de Galicia do 1 de marzo, eu son un deles por que meigas tamen as temos incluso en Alemania

    Nas pasadas eleccions eu votei o pe de urna no Consulado de Berlin como o fixen en todas as citas electorais distes ultimos 5 anos e onde estou inscrito . Nistas eleccions informaronme que os votos serian enviados a partir do dia 7 de Febreiro e en vistas da tardaza o dia 11, preguntei persoalmente no Consulado da dita Embaixada de Berlin , cal sería a mina sorpresa que dende abril do 2008 estou dado de baixa niste consulado e daod de alta no Cosulado de Hannover sen estar eu informado diste cambio ou baixa elecctoral.
    Agora eu , quedome sen poder exercitar o meu deito o voto por que non se sabe que meiga nen que mans feiticeiras fan ou desfan no censo electoral o que queren sen que os interesados estexamos o tanto distes cambios sen esplicacion algunha.
    Eu nin firmei ningunha baixa de residencia nin ningun cambio de destino para que agora me venan con que non se sabe por que ou por que non.
    A cantos emigrantes estalle a pasar istono esteriro de Espana e a cantos emigrantes non lle chegan as papeletas do correspondente voto por que nos consulados fan ou desfan o susodito censo elecctoral?
    Non e de estranar que pase o que sempre sole pasar xa que se o censo electoral e tan facil de cambiar ou de manipular eiquí temos un exemplo
    Despois distes sucesos aquel emigrante que viva lonxe dun consulado como por exemplo na Arxentina ou noutros lares de grandes territorios se no recibe o voto tampouco ninguen o pondra en falta mais algun dirán despois que os emigrantes non nos preocupamos polas nosas obrigas o dia dunha votacion tan importante como o 1 de marzo

    Atentamente

    Juan Manuel Díaz Olveira
    xandesiso desde Berlin”

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