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St. Andrew’s Church Inc.

Escrito por Esther Diz | Desde Filadelfia, EE.UU
12 de febrero de 2009 a las 21:33h

Ha pasado más de un año desde que nos mudamos y todavía no sabemos absolutamente nada de los habitantes de este pueblo dormitorio de Filadelfia. Bueno, eso no es totalmente cierto, sabemos por observación que a nuestros vecinos les gusta ir en coche a todas partes, ocuparse del jardín, ir a correr o a pasear enfundados en sus ipods que los aíslan del mundo y les ahorran tener que saludarte.

Sabemos que tienen el jardín impecable pero que raramente lo utilizan, que las visitas no abundan, que durante el verano en la piscina comunitaria casi nunca hay nadie, que llenan el garaje de tantos trastos que tienen que aparcar los dos o tres coches q tienen en la calle, que les gustan sus perros, hablar de sus perros y no de ellos mismos y mucho menos de ti y que se toman muy en serio la decoración estival.

La gente acude a la iglesia por varios motivos. Por costumbre, por obligación, por celebración, por devoción, para rendir respeto, por miedo a ir al infierno, para dejarse ver. En nuestro caso, nos acercamos a la iglesia de nuestra parroquia en busca de contacto con nuestro lado espiritual y con nuestra comunidad, esos seres con los que compartimos carretera, banco y supermercado.

El primer paso fue acudir a la parroquia a conocer al cura. Para asegurarme del éxito del encuentro decido acudir entre semana cuando puedan atenderme. Al llegar me encuentro con que la puerta de la iglesia está cerrada y frente a la puerta un hombre de mantenimiento se dedica a pulir una puerta en perfecto estado. – ¿les sobrará el dinero? De pronto, se aproxima un coche que se detiene en la zona de estacionamiento del edificio contiguo. Me acerco para preguntarle a la mujer que acaba de bajarse del coche si sabe cómo localizar al cura y se presenta como Ruth, su secretaria.

Ruth me informa de que el cura hoy no está y que para hablar con él hay que llamar a este número 1-800-xxx.xxx y pedir cita, como si del dentista se tratase.  Algo confundida, acepto la tarjeta de visita que me extiende y me voy, pensando si la llamada tendrá que hacerse también dentro del horario de oficina. Llamo inmediatamente, más por curiosidad que por urgencia y ya menos sorprendida escucho el mensaje de voz grabado con múltiples opciones: para confesarse pulse 1, para concertar una cita pulse el 2, para entierros pulse asterisco, etc. Selecciono lo que me corresponde y cuelgo satisfecha. Tenemos una cita.

Llega el día. Acudimos puntualmente por miedo a que se nos pase el turno. Le pido a mi marido que deje su café en el coche por miedo a parecer irrespetuosos. Hoy hay más de 15 coches estacionados. ¿Pero cuánta gente trabaja aquí?

Nada más entrar nos encontramos a Ruth detrás de un mostrador. Nos recibe con amabilidad y nos entrega dos tablillas con varios papeles para rellenar. Por un momento olvido dónde estoy y busco en el bolso casi por inercia, la tarjeta del seguro médico. Nos sentamos a leer y a responder las preguntas. ¿Dónde vives? ¿A qué te dedicas? ¿Nombre de tu empleador? ¿Ingresos?

Mientras nos disponemos a responder sentados junto al mostrador vemos aparecer a un joven cura que acompaña a la puerta a otro joven que venía en busca de unos papeles para la escuela. El cura habla muy alto y parece nervioso. Lo despide apresuradamente y se vuelve hacia nosotros:

<!–[if !supportEmptyParas]–> <!–[endif]–>

<!–[if !supportLists]–>-         <!–[endif]–>Hi! You have the 11 o’clock right? Come on back!

<!–[if !supportLists]–>-         <!–[endif]–>Well, we have not finished filling out the paperwork…there are still..

<!–[if !supportLists]–>-         <!–[endif]–>Don’t worry about that! Follow me!

<!–[if !supportEmptyParas]–> <!–[endif]–>

Al doblar la esquina podemos ver que hay varios despachos llenos de gente al teléfono, una sala de reuniones vacía, una sala de conferencias enorme perfectamente equipada y también vacía, una maquina para café, ordenadores con pantalla plana por todas partes, impresoras, ruido de oficina. Al llegar a nuestra oficina de destino lo primero que me sorprende es el reluciente monitor Apple de 32 pulgadas del padre X, la misma que yo no me pude comprar hace unos días, lo segundo su enorme taza de café Starbucks reinando encima de la mesa…

9 respuestas a “St. Andrew’s Church Inc.”

  1. Antonio Grana dice:

    Tiempos modernos, la vida en suburbia americana, todo perfecto, el
    cesped, el portal con sus accesorios inmaculados, y sin embargos si logras romper el frio te encuentras con una familia encantadora
    deseando exactamente lo que tu deseas pero no saben como, Romper
    el hielo no es facil Pero se logra. Mucha suerte en Suburbia. Antonio

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  2. Jose Maria dice:

    Querida amiga:

    Yo soy gallego y vine a america, concretamenta a Fort Wayne, estado de Indiana hace unos 10 meses, vine para quedarme con la mujer que eleji para ser mi esposa, hoy me encuentro feliz, pero este es un pais de contradicciones, como tu bien dices la gente se ve en las iglesias, hay muchas de todo tipo y religion, pero no descubriste a que van. Van muchos por necesidad de contactar con otras personas por que sienten solos. otras por que realmente creen lo que el cura les dice, y otras para destacar como hipocritamente ayundan a los demas.

    Yo no voy a ninguna , ya que soy ateo pero veo que el americano es un ser facil de camelar con buenas palabras, por eso hay tantas religiones y creencias.

    Con respecto a la aptitud de los americanos, yo los catalogo como un hombre enganchado en su cortacesped, y con una barbacoa grande que casi nunca utiliza, pero eso es el simbolo de grandeza que ellos tienen , quien no tiene un jardin bonito y una buena barbacoa, no es relevante, aqui la gente no se preocupa de lo que tu haces, pero si haces algo que esta al margen de su normalidad, te avisan a la policia, todo el mundo es policia de todo el mundo.

    Con esto te digo que para que un gallego se entienda con ellos, muchas veces es mejor pasar por tonto que decir lo que piensas de su poca cultura.

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  3. Sousa-Poza dice:

    Ester, … pero no te habias enterado todavia que hoy en dia los clerigos son “managers” y los feligreses “clientes”? Pero en que siglo vives, mijita!

    Antonio, quien pueder querer “romper el hielo”, sea facil o dificil? Lo viril es seguir el consejo de Cyrano de Bergerac: “it is my pleasure to displease”.

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  4. VILAGONDE dice:

    Uy… yo vivo en un pueblito y en este no, pero en el pueblito de al lado, donde viví 20 años… ya hace mucho que tiene ordenata, el cura, email, web de la iglesia…
    Ahora ya está todo muy modernizado y sí, te tratan como clientes, no como protegidos.

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  5. María E. García Martínez dice:

    ….Souza-Pouza….y ese modismo taaaaan venezolano, mijiiiito!!!!!!

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  6. Sousa-Poza dice:

    Maria, yo mas bien diria “taaaaan hispanoamericano”, o por lo menos de mas de un pais hispanoamericano. A mi se me pego en el Peru. Encuentro preciosos los hispanoamericanismos, pero lo espanyoles creo que prefieren los anglicismos.

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  7. María E. García Martínez dice:

    …..si es cierto : “mija”, “mijo”, “mijita” y “mijito”…..

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  8. Esther Diz | Desde Filadelfia, EE.UU dice:

    that’s right!

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  9. Sousa-Poza | Desde Sudáfrica dice:

    Se ve que Ester prefiere los anglicismos …

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