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A rezar

Escrito por Paloma García-Lastra | Desde Alemania
20 de diciembre de 2008 a las 9:45h

Por una vez los alemanes se han estirado y tenemos más vacaciones de Navidad que en España, así que me despido de mi pueblo para volar a casa en un par de días. Pero antes quería dejar aquí una pequeña reflexión sobre la experiencia de vivir en un lugar tan aislado y tan ensimismado. Me ha llevado tiempo ir descubriendo aspectos que no se dejan ver a la primera –a lo que hay que añadir que yo soy poco observadora o muy despistada- y que últimamente me han dejado con la boca abierta. Nunca hubiera pensado que a este pueblo, por estar a una hora y media de la primera ciudad grande y a 800 metros de altura lo separaran tantos años de la vida moderna. Y es que en este país de las autopistas y los trenes, el que quedó lejos de su trazado parece que se condenó al olvido. Si no fuera porque antes de trabajar aquí viví en una ciudad y conocí gente y costumbres diferentes, me estaría llevando una impresión falsa de Alemania.
Durante una época de mi adolescencia me dediqué a ver muchas de aquellas películas de después de comer en Antena 3, telefilmes americanos terroríficos. Pues bien, una de aquellas pelis trataba de un pueblecito aparentemente ideal al que llegaban una madre y su hija adolescente que poco a poco descubrían el oscuro secreto de tal perfección: había un tipo, una especie de jefe de la comunidad, amado y admirado por sus vecinos, que se dedicaba a fabricar vitaminas y las regalaba en frasquitos a todo quisqui. Cuando se tomaban las vitaminas se volvían automáticamente puritanísimos y se vestían con colores pastel y hacían bizcochos y eran estudiosísimos y estupendos. La adolescente recién llegada era, claro está, una rebelde y se negaba a tomar las pastillas y acababa por descubrir todo el pastel. Pues bien, yo aún no sé quién hace aquí las vitaminas ni me han ofrecido aún un tarrito, pero me apuesto a que lo harían si me quedara mucho tiempo y siguiera disimulando mi cara de asombro.
Lo más sorprendente ha sido descubrir –no lo muestran abiertamente- el peso que tiene la religión en esta gente. Supongo que me ha costado verlo porque la idea o el prejuicio que nosotros solemos tener de cómo es una persona muy religiosa no se parece nada al modelo que aquí impera.
Para empezar, y hablo de mi pueblo, no se meten en política, lo que les permite pasar mucho más desapercibidos y ahorrarse muchas críticas. Pero cuando consigues acercarte un poco a esta gente, cuando te ganas el privilegio de dejar de ser un extraño –mis colegas han tardado un año en dignarse a hablarme- empieza a salir la religión por cualquier esquina. Alemania se supone un país laico, el velo está prohibido en la escuela, pero cada dos por tres se suspenden las clases para ir a una misa que siempre declaran ecuménica pero que obviamente no lo es. Aunque este pueblo esté perdido, lo está en una región con mucho empleo y hay muchos turcos, muchos rusos y una gran población vietnamita. Yo no voy preguntando a la gente si son creyentes o no, pero me sorprendió mucho ver a muchos de estos chicos en el coro de la iglesia. Mucho más me sorprendió encontrarme una circular en la que se me instaba, como tutora de mi clase, a animar a los chicos a participar en el “día del rezo”, un día en el que los chicos rezan durante todo el día en un aula especialmente adecuada –permitíendoseles faltar a clase-. Pero aún más me sorprendió saber que hay un Círculo de la Biblia que funciona durante los recreos y en el que se juntan los chicos para leer y rezar. Dirigido y organizado por ellos mismos. Interesándome por el tema fui descubriendo que estos círculos están por todas partes y que un gran número de mis alumnos y sus familias toma parte de ellos y que no pocos han tenido problemas por caer en las zarpas de fundamentalistas cristianos de una especie que todavía se me escapa. Eso sí, tienen una cara muy amable, aparentemente muy tolerante y abierta, que en la aridez de la vida que aquí llevamos puede ser muy atractiva, crean auténticos santos y santas, ángeles, dejándose por el camino a los que no pueden llegar a ser tan brav, tan buenos chicos. A mí ya me pillan un poco mayor para captarme, pero entiendo que hay presión entre los adolescentes y no muchas voces disonantes. Por supuesto hay también chavales normales, la mayoría lo son, incluso rebeldes, punkis y otras tribus que yo ya no sabría nombrar. Pero ese poder vitamínico en la sombra me inquieta. Seguiré informando.
Felices fiestas a todos y buen viaje a los que vuelven a casa.

4 respuestas a “A rezar”

  1. Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria) dice:

    Ve a las reuniones y espíales… Así podrás contarnos qué se cuece… Aquí en China y Taiwán también hay muchas sectas cristianas (incluída a católica) que intenta repartirse el pastel asiático…

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  2. Antonio Grana dice:

    Estimada Srta. Garcia Lastra: Sumamente interesante sus observaciones yo estuve en el ejercito americano destacado en
    Alemania y desde el principio fui muy bien acogido entre los alemanes
    pero en realidad nunca convivi con ellos me relacione,y me hicieron
    tomarle un carino enorme a ese pais, pero nunca tuve una idea de
    esa religiosidad, tambien yo estava en la ciudad de Munich
    no en pueblo pequeno, me alegro mucho haver leido su articulo
    Deseandole a Ud. y toda su familia unas muy felices Navidades y un
    Gran Ano. Antonio Grana

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  3. Paloma dice:

    Gracias Antonio, seguramente Usted podría contarnos muchas cosas interesantísimas. Como ya dije, esto es así con la religión porque estoy en un pueblo aislado, la vida aquí es muy diferente de en las ciudades como Múnich. Le deseo también felices fiestas.
    Miguel, iré a las reuniones si llegan a invitarme, me despierta muchísima curiosidad, pero me temo que para tal honor tendría que quedarme muuucho en este pueblo y espero que no sea así. De todos modos seguiré investigando.
    ¡Saludos!

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  4. Miguel Salas (padre) dice:

    Feliz Navidad, Paloma. Espero que encuentres bien a los tuyos. Flor y yo te seguimos. Escribes muy bien. Un beso.

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