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Estaba la playa igual que una feria

Escrito por José Regueira | Desde el Campo de Gibraltar
11 de diciembre de 2008 a las 20:09h

       Supongo que todos conoceréis los tanguillos de Cádiz, esa variante jacarandosa y chirigotera del flamenco, que con un tono jocoso y burlesco trata temas de actualidad o hechos relevantes del pasado de la vida local, regional o nacional. El más conocido de todos es el de Los duros antiguos. Este tanguillo está inspirado en el revuelo que se armó en Cádiz en 1904 cuando apareció enterrado en la playa un tesoro de monedas acuñadas en el siglo XVIII, cuya procedencia se ignora. El caso es que “se puso la playa igual que una feria”, como dice la letra del tanguillo, de la multitud de gente que rápidamente acudió con toda clase de artilugios para excavar en la arena en busca del ansiado tesoro. Y dicen que no fueron pocos los que se llevaron sus monedas a casa.

      Han circulado diversas versiones del origen de este botín playero, pero la más extendida es la que lo atribuía al tesoro escondido en la playa por el sanguinario pirata pontevedrés Benito Soto y sus secuaces, cuando en 1830 embarrancó su barco en la playa gaditana. Y esto sí que es historia y no leyenda popular. Yo no sé si conoceréis esta historia del último y más sanguinario pirata gallego, nacido en 1805 en el barrio marinero de la Moureira, en Pontevedra. Era un marinero que inició muy joven una breve pero terrible carrera de pirata despiadado. Su implacable consigna a sus marineros era que no debían quedar testigos ni restos delatores de sus actos piráticos. De modo que asesinaban despiadadamente a todas sus pobres víctimas y hundían sus barcos a fin de no dejar huellas de sus criminales fechorías.

      Acosado y temeroso de ser descubierto, inició una última singladura en el bergantín brasileño El Defensor de Pedro (que previamente había apresado) desde La Coruña teóricamente a Gibraltar, aunque su plan secreto, ocultado incluso a su marinería, era dirigir su barco a las costas de Berbería, encallarlo en alguna playa, deshacerse de sus marineros y largarse con el copioso botín acumulado. Pero un temporal y la torpeza de sus tripulantes hizo que la playa en la que encallaron fuera la de Santa María, en Cádiz capital, donde fueron capturados, juzgados y condenados: siete ahorcados, dos ahorcados y decapitados y tres ahorcados, decapitados y descuartizados, siendo expuestos públicamente. Otro fue condenado a diez años de presidio y cuatro a seis años.

      Benito Soto consiguió escapar en otro barco a Gibraltar, previo soborno a un marinero gaditano. Allí fue apresado, juzgado, acusado de 75 asesinatos y del saqueo y hundimiento de 10 embarcaciones, siendo ahorcado en la plaza pública. En el juicio fue identificado por algunos viajeros del mercante inglés Morning-Star que milagrosamente habían sobrevivido a un despiadado ataque suyo, en el que murieron la mayoría de los pasajeros. Era el mes de enero de 1830, dos meses antes de cumplir 25 años. Una increíble, despiadada  y precoz carrera criminal.

      El domingo día 30 de noviembre pasado, la playa de La Barrosa en Chiclana, a muy pocos kilómetros de la de Santa María, se volvió a poner “como una feria”. Pero no para desenterrar un tesoro sino para presenciar un espectáculo insólito, tanto que probablemente no se ha dado nunca y difícilmente se repetirá. Se trataba de que en la playa había encallado ¡un dique flotante!, una enorme estructura prefabricada que venía remolcada desde Tenerife para el muelle de la base naval de Rota. Casi finalizando el viaje un temporal rompió las amarras del remolcador que lo transportaba y llevó el dique, que era flotante gracias a unos enormes depósitos llenos de aire, hasta la playa. De modo que miles de personas de las poblaciones cercanas acudieron a ver un espectáculo seguramente irrepetible. Y que, con toda seguridad, suministrará nuevo material chirigotero para las coplas del próximo carnaval de Cádiz. Buenos son los gaditanos como para dejar pasar un hecho tan insólito y tan propicio a su fértil imaginación carnavalesca.

      Son muchos los gallegos que han dejado muy alto el pabellón de Galicia por estas tierras y mares del Estrecho. En el otro extremo, el de la ignominia, se sitúa Benito Soto. Por eso sobre él yo procuro guardar por estas latitudes el más tupido silencio. Pero hoy, que otra vez se puebla una playa gaditana por otro hecho singular y que además parece resurgir en sitios como Somalia el fantasma de la piratería, que parecía ya enterrado, me pareció oportuno este comentario en esta discreta tertulia entre paisanos, sabiendo garantizada la discreción. A ningún gallego nos interesa airear esta lamentable historia de uno de los gallegos más despiadados de nuestra historia.

3 respuestas a “Estaba la playa igual que una feria”

  1. Antonio Grana dice:

    Me gusto mucho lo del pirata, y esta ameno, FELICIDADES.
    Antonio

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  2. Brais Romero dice:

    Lo he visto en la tele! me recordó a cuando salí de casa para ir al colegio y me encontré una enorme plataforma flotante en medio del puente As Pías. Menudo amanecer.

    Muy buena historia! y…a mí sí me seduce que el sanguinario pirata haya sido gallego.

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  3. José Regueira dice:

    Muy agradecido a vuestros comentarios. Recuerdo el asunto del Ponte das Pías, aunque yo creía que había sido un barcc. Consulté con el amigo Google (que lo sabe todo, el tío) y, efectivamente, fue la plataforma Discoverer Enterprise. Afortunadamente en este caso no hubo que lamentar ni siquiera males materiales como en Ferrol e incluso la plataforma ha sido rescatada y llevada a Rota. Yo creo que Benito Soto no añade ningún timbre de gloria a Galicia.
    Espero vuestras entradas con interés. El tema de Argentina y concretamente Buenos Aires (que fue, no sé si sigue siendo, la ciudad con más gallegos del mundo), nos interesa mucho.

    Un saludo

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