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Invierno en la Selva Negra

Escrito por Paloma García-Lastra | Desde Alemania
4 de diciembre de 2008 a las 21:10h

otono08-0772.jpgMe gusta el clima de mi pueblo. Digo el de mi pueblo porque tenemos un microclima que no tiene mucho que ver con el de dos pueblos más abajo. Estamos en alto y eso se nota. Me gusta que las estaciones sean tan marcadas, me gustan la nieve y el silbido del viento en las ventanas, los árboles congelados y los coches enterrados. Hace un par de semanas que empezó a nevar y en un par de horas todo quedó cubierto. En los últimos días se ha derretido mucha nieve, pero sigue almacenándose en las aceras en montañas más altas que yo, cosa que sigue impresionándome. ¡La nieve es basura! Y además se vuelve negra y fea… Para alguien que siempre ha vivido a nivel del mar, un invierno así puede ser apasionante. Yo no sé esquiar y aunque aquí tenemos varias pistas y es lo más común, no me apetece nada resbalar montaña abajo. Pero hay formas mucho más sencillas de disfrutar del invierno. Por ejemplo me hace mucha gracia pensar que aquí hay que luchar contra los elementos cada día para ir a trabajar. Antes de tener coche iba al instituto a pie, por un camino que cruza una parte del bosque y allí descubrí el ruido de las botas sobre la nieve recién caída y aprendí a escoger la mejor parte del camino sobre la que andar sin resbalar en el hielo –técnica que cobra suma importancia cuando me acerco al instituto y los alumnos me miran llegar, a ver si me estampo-. Claro que lo de caminar por el bosque deja de tener su encanto cuando se hace de noche a las 4 de la tarde. Más de una vez he tenido que iluminar el suelo con la poca luz que da el móvil y canturrear algo para no tener miedo. Pero cuando la tormenta me hace hasta cerrar los ojos y nieva de lado e incluso hacia arriba (única modalidad que le falta a la lluvia coruñesa) y no veo nada y se me congelan las gafas, me acuerdo siempre de los libros de aventuras en la nieve que alguna vez leí, imaginándome que voy en un trineo tirado por huskis o, peor aún, que mi trineo se ha roto y yo tengo que tirar de los huskis, mientras de fondo se escucha el aullido de los lobos que saben que pronto seremos una víctima fácil… Hace un par de días salí con mi novio a caminar por la nieve y él, que iba mucho más rápido que yo, me esperaba a cada poquito para que no me quedara atrás. Me fue imposible convencerle de que le estaba sacando todo el encanto al asunto, que yo me lo estaba pasando bien pensando que era la última de una expedición polar y que por algún percance iba dejando un rastro de sangre y mis compañeros no podrían cargar conmigo y tendrían que dejarme –de nuevo- a la intemperie, pasto de los lobos… Como ven, mi papel es siempre muy trágico.
En cuanto pude me compré un coche y con él descubrí los neumáticos de invierno, gracias a los que no hacen falta cadenas y conducir con nieve no es tan peligroso. Desde entonces el camino a la escuela ha perdido todo el encanto. Eso sí, acertadamente decidí pagar un garaje porque tener que levantarme media hora antes para despejar el camino con una pala es algo a lo que no estaba dispuesta.
Pero un día de abril la nieve se derretirá del todo y florecerá la primavera a lo bestia, las laderas se llenarán de flores silvestres, los árboles resucitarán con verdes brillantes y la gente llenará sus ventanas con miles de geranios. Entonces podré pasarme a la bici, que de momento acumula telarañas en el garaje. Pero aún falta una eternidad para eso y el invierno no ha hecho más que empezar. ¡Disfrútelo quien pueda!

3 respuestas a “Invierno en la Selva Negra”

  1. agustin dice:

    excelente articulo, eres na prosadora excelente, sigue adelante, espero que no sea la unica vez que estamos en contacto.

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  2. José Reueira Ramos dice:

    Estupenda entrada. Relatos como éste (invernales o primavrales) creo que serán una magnífica blogoterapia para tí y para los que participamos en esta tertulia global con pretensiones lúdico-terapéuticas, tanto cuando ejercemos de lectores como de redactores. Espero seguir disfrutando de tus crónicas. Un saludo, paisana. Yo también soy coruñés y he “disfrutado” de la lluvia racheada en todas direcciones. ¡Y hasta he conocido la nieve en sus calles!. Un saludo.

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  3. daniela dice:

    es todo una gran mierda de las buenas!

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