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Saludo a los seres queridos

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
30 de noviembre de 2008 a las 20:08h

Han sido -están siendo- unos meses duros; negarlo no hará que dejen de estar ahí. Sin embargo, hoy me siento mejor. Como si un tapón hubiera saltado lejos.

He leído mucho, estos dos meses largos que llevo aquí. Y más que nada he hecho algunas relecturas importantes. Entre ellas, las poesías de Emily Dickinson, en la edición antológica y bilingüe de la editorial Hiperión, llamadra Crónica de plata. Ya es la tercera vez que me la leo, y esta autora de Massachusetts no deja nunca de sorprenderme. Hay algo entre inocente y misterioso en su obra, algo que me recuerda al Blake de Canciones de inocencia y experiencia.

Cada noche, antes de leer otros poemas, he releido el primero que recoge la antología de Hiperión, porque expresa perfectamente el amor en la distancia –o así, al menos, lo he interpretado yo, qiuizás a causa de mi situación personal–. Dice el poema:

There is another sky,

Ever serene and fair,

And there is another sunshine,

Though it be darkness there;

Never mind faded forest, Austin,

Never mind sient fields.

Here is a little forest,

Whose leaf is ever green;

Here is a brighter garden,

Where not a frost has been;

In its unfading flowers

I hear the brigh bee hum;

Pritbee, my brother,

Into my garden come!

 

Y traduce Manuel Villar Raso:

 

Hay otro firmamento

Siempre sereno y hermoso,

Y hay otra luz del sol,

Aunque allí esté oscuro;

No te importen los bosques marchitos, Austin,

No te importen los campos silenciosos –

Aquí hay un bosquecillo,

Cuya hoja siempre está verde;

Aquí hay un jardín más brillante,

Que no conoce el hielo;

En sus inmarcesibles flores

Oigo el zumbido de la brillante abeja.

¡Te lo ruego, hermano,

Entra en mi jardín!

 

¿No es eso lo que todos necesitamos que alguien nos diga a veces, cuando nos sentimos a la intemperie, cuando la vida nos azota con sus vientos o nos cubre con su sombra? “Te lo ruego, hermano, entra en mi jardín”. Es cierto que en amor, en el regazo de los seres queridos, está la parte de Paraíso que a todos nos corresponde en esta vida. Y es cierto que allí no hay oscuridad o hielo que nos alcancen. ¿No lo dice Mark Twain a través del epitafio que Adán le escribe a Eva en su divertidísimo libro Diario de Adán y Eva -valga la redundancia-? “Allí donde ella estaba, estaba el paraíso.”

 

Va dedicado a la familia y a los amigos. Ya sabéis que allí donde me encuentre, aunque sea en una isla del Pacífico, tenéis un lugar donde reparar las fuerzas, sea cuando sea.

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Una respuesta a “Saludo a los seres queridos”

  1. Paloma dice:

    Hola Miguel!
    Cuánta razón tienes, el poema es bonito y qué bueno saber que tenemos algunos de esos jardincillos aquí y allá. ¡Ánimo y saludos!

    [Reply]

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