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Un karaoke de cortarse las venas

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
27 de septiembre de 2008 a las 16:58h

La semana pasada fui al karaoke con mi novia y sus compañeros de trabajo. Cualquiera que haya asistido alguna vez a un bar con karaoke en España tendrá una idea de como funcionan los garitos del ramo: catorce amigotes borrachos cantando Duncan Dhu con un solo micrófono, temas dedicados a las rubias de la mesa de enfrente, algún solterón alcoholizado que se marca una de Nino Bravo porque está convencido de que canta bien. Y eso es todo. Ah no, también penumbra y neones.

Pues nada que ver con lo que es un karaoke en Taiwán. Para empezar, aquí son inmensos –nada de un bar cutre y oscuro– y laberínticos: el pasillo de entrada se ramifica en pequeños corredores que van a dar a habitaciones privadas. Uno pide la comida y la bebida –más de la segunda que de la primera– y canta solamente con sus amigos, delante de un pantallón plano, mientras se atiborra a cerveza y a mil marranadas riquísimas para picar.

Pero lo que más diferencia el karaoke taiwánes del español es el espíritu  de las canciones seleccionadas: si en España predomina el afán de fiesta, con alguna incursión, como ya señalamos, en el mundo del virtuosismo vocal –Nino Bravo, Diango, Camilo Sesto–, en Taiwán prefieren las canciones que invitan al suicidio.

No vean ustedes lo mal que lo pasé. La canción española que más se acerca a lo que viví durante ahoras en el karaoke de Taipei es Se le apagó la luz, aquella terrible historia de Alejandro Sanz en la que la novia del protagonista moría en un accidente de tráfico antes sus ojos arrasados en lágrimas –aunque yo siempre pensé que de lo que palmaba era de coma diabético, porque el disquito aquel era azucarado hasta la náusea–.

Durante más de dos horas, desfilaron ante mi atónita mirada videos de canciones pastelosas. En ninguna –NINGUNA, insisto– el/la cantante celebraba el amor recién encontrado. Todo, de cabo a rabo, rupturas de los más variados tipos: abandonos, cuernos, suicidios, accidentes de carretera –uno en aladelta también– enfermedades terminales… El video más bestia, uno que contaba la historia de una cieguita que se recuperaba. Mientras era ciega, había un chico que la quería mucho y le hacía fotos. Tras la exitosa operación que le devolvía la vista, ella corría a la casa de él y se encontraba con que ya estaba muerto. En las paredes, las fotos que le había hecho a la todavía cieguita, algunas manchadas de la sangre que el pobre fotografo enamorado derramaba a borbotones por la nariz en sus últimos días de vida.

La juerga padre. Ya me pueden imaginar allí, sin cantar, sin beber, comiéndome los pistachos con cáscara a ver si me atragantaba y flipando con el ambiente. Me extrañó que no trajeran cuchillas de afeitar para que las masticáramos despacio durante el holocausto musical que celebrábamos.

La verdad, merece la pena vivir una experiencia como ésta. Es en esos momentos cuando uno comprende lo profundas que son las diferencias culturales entre pueblos. ¿Pueden los taiwaneses pasárselo bien así? Aunque no no entre en el melón a los españoles, pueden. Son testigos estos ojos míos que se han de comer los gusanos.

Lo mismo si insisto le cojo el punto y me entrego con desenfreno al desgarrado mundo del karaoke  taiwanés. Me río yo de las penas del flamenco.

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4 respuestas a “Un karaoke de cortarse las venas”

  1. Brais Romero dice:

    En japón es parecido, habitaciones privadas en locales inmensos pero lo de las notas suicidas no lo se (yo no fui, he vivido con un chico que vivió allí y nos explicó cien mil cosas).
    Ten cuidado con el puntillo, no te vayas a pasar con la experiencia.
    Es bastante asombroso si, que harán después? no creo que se vayan a un after, no?

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  2. José Luís Rodriguez Fernández | Desde Tenerife dice:

    Miguel,esa gente trabaja demasiadas horas…

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  3. Miguel Salas | Desde Taiwán dice:

    Pues después se suelen ir a casa, Brais, porque pasa allí tal cantidad de horas que parece mentira. A veces llegan al karaoke después de cenar –a eso de las nueve o diez– y salen de allí al amanecer.
    Jose Luis, y tanto que trabajan. Aunque también es verdad que por ejemplo, en las tiendas, muchos dependientes duermen cuando no hay clientes.

    ¡Abrazos!

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  4. Kim basinguer dice:

    Me has dejado alucinada, ¿es que eso les da la felicidad? ¿O es que así la vida que tienen les parece más feliz?
    ALgo, debe de ser, sino, ¿Como se explica uno este amor a los desastres musicales?

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