La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Unas fiestas que no dejan de sorprender

Escrito por Angeles Fernández Ramil | Desde Chile
19 de septiembre de 2008 a las 4:39h

Un año más, todo Chile está enfiestado con lo que llaman Fiestas Patrias. Confieso que en los veintitrés años que ya llevo viviendo en este país, el fervor con que las celebran no deja de asombrarme. Imagino que todos los países de América Latina tienen su forma particular de rememorar el aniversario de su independencia pero trato de recordar cómo era en Venezuela, el país donde nací, y no atisbo en la memoria algo tan particularmente intenso y, al mismo tiempo, tan popular como acontece por estos lados. ¿Serán los chilenos los más nacionalistas del continente? No lo sé y tampoco me interesa mucho saber si hay algún sistema de medición de ese sentimiento que llaman nacionalismo pero, por lo pronto, existe una ordenanza según la cual todas las casas tienen que disponer la bandera chilena en su frontis, durante el día de hoy y mañana so pena de multa que, si bien no es un monto sideral, no dejará de doler a más de algún bolsillo.

Estas fiestas, en que se recuerda la independencia, coinciden en Chile con la llegada de la primavera. Esta coincidencia climatológica feliz, sin duda, es lo que les brinda un toque especial. Revive todo lo relacionado con la comida típica, los bailes, los cantos, las costumbres criollas y los rituales familiares. Por otra parte, este año ha sido pródigo al hacer coincidir tantos días festivos: 18 y 19, que caen en jueves y viernes, a lo que se suma el sábado y domingo. Cuatro días de jolgorio que, luego de un intenso invierno y con la amenaza siempre latente, aunque comprensible, de cortes de gas por parte de Argentina, no vienen mal a los espíritus.

Lo interesante de este ritual es que, junto con las celebraciones oficiales y más protocolares, se junta la festividad popular que se expresa en lo que llaman ramadas, que a mí me recuerdan mucho a ciertos tablones con techos de alguna procedencia natural que se colocaban en la aldea gallega para celebrar la fiesta del patrón del pueblo, o bien fondas, que son lo mismo, pero en lugares más cerrados y con cemento. En estos lugares, que cunden por estos días por todo el territorio nacional, se degustan empanadas chilenas, anticuchos, asados y chicha de vino, al son de la música tradicional chilena que se llama cueca. Particularmente interesantes son los intentos que se hacen por traer el campo a la ciudad y todas las municipalidades (similares a los ayuntamientos de España) desarrollan lo que llaman “La semana de la chilenidad”, recogiendo en un sólo espacio esquinazos de cueca, venta de artesanías, juegos tradicionales como la rayuela, el palo ensebado, rodeo y el enganche de caballos, por nombras algunas tradiciones.

Con las fiestas patrias, y en plena primavera, es como si volviera la sangre al cuerpo. La cordillera todavía permanece nevada aunque pronto comenzarán los deshielos. El tufillo a asado es algo inevitable por estos días en el ambiente y es bueno que así sea. Los embates del mercado, en Chile, con tanto exitismo y competitividad, nos tienen agobiados y un poco a mal traer. La prensa nos recuerda todo el tiempo que no estamos creciendo lo suficiente, que nos hemos quedado aletargados y yo me pregunto, con las crisis que vemos allà afuera, producto de una globalización financiera desatada, ¿será tan malo crecer al cuatro por ciento? Mientras respondemos esta pregunta, los niños tratan de elevar sus volantines (cometas) en una época del año como la primavera que es  única porque sólo ahora es que el viento asoma sus narices por esta contaminada ciudad, y la gente se prepara para asistir mañana a la presentación militar que acá denominan “Parada”.

Deja tu comentario