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Franco y La Coruña, hace medio siglo

Escrito por José Regueira | Desde el Campo de Gibraltar
19 de septiembre de 2008 a las 12:11h

            He seguido con atención todos los acontecimientos relacionados con el Pazo de Meirás: decisión de la Xunta de convertirlo en Bien de Interés Cultural, resistencia numantina de la familia Franco… y el episodio último de la boda postinera de una ¿miembra? de la familia Franco en el interior del Pazo y la réplica chirigotera de otra boda paralela a las puertas de la finca.

            A mí, veterano coruñés participante en esta hermosa tertulia  de la Galicia Global, me trae viejos recuerdos de la estancia de Franco en el pazo “regalado” por la ciudad de La Coruña. También de sus desplazamientos y actividades durante sus vacaciones estivales: pesca a bordo del Azor en la ría de Sada, pesca del salmón o el reo en el río Mandeo (con récords de tamaños y capturas incluidos), presidencia de las regatas de traineras desde el local del Club Náutico y entrega de la anual copa del Generalísimo, golf en La Zapateira… Todo con sus consiguientes movilizaciones del séquito, sonar de sirenas y paralización previa del tráfico.

            Y las “actividades” de la familia: baños de su hija Carmencita en “su” playa de Bastiagueiro, acotada y vigilada para uso exclusivo suyo. El marqués de Villaverde exhibiendo sus habilidades de esquí acuático en la bahía, modalidad deportiva en la que era el campeón, quizá porque era el único practicante. Y doña Carmen con su tertulia de amigas, sus funciones religiosas y sus compras.

            Rara vez tengo ocasión de hablar de aquellos tiempos con testigos de la época. Pero mira por donde estos días he podido charlar con un testigo de excepción. No es gallego sino andaluz pero durante diez años, desde 1947 a 1957, acudía sistemáticamente en la época veraniega a La Coruña coincidiendo con la estancia de Franco. No era pura casualidad sino más bien una obligación: mi interlocutor pertenecía entonces a la escolta de Franco. Hoy, con 83 años, conserva plena lucidez y una memoria prodigiosa. Una de sus misiones era llevar desde el Pardo un coche con el equipaje de doña Carmen Polo de Franco: numerosas maletas medio vacías a la ida y más numerosas todavía y más atiborradas a la vuelta, después de que la esposa de Franco hiciera sus acostumbradas visitas a joyerías, anticuarios y similares haciendo patentes sus preferencias: “este collar me gusta”, “este mueble es precioso”… Y, claro, sus gustos y preferencias eran órdenes, de modo que al día siguiente le eran enviados a domicilio. Regalados “voluntariamente”, claro, igual que el Pazo. O eso se rumoreaba, al menos. Mi interlocutor, encargado del transporte de la “mercancía” acumulada en su regreso al Pardo, no lo desmiente.

            Como no todos los días tiene uno a tiro a un testigo tan cercano a un Jefe del Estado, aproveché para hacerle algunas preguntas:

            -Usted sabe lo que se hablaba de la “habilidad” de Franco para pescar las mejores piezas ¿era usted uno de los encargados de engancharle los peces en el anzuelo?

            Una carcajada por respuesta.

            -Durante los diez años que estuvo usted en la escolta ¿hubo algún intento de asesinato contra Franco?

            -Sí, hubo dos. Uno en el Alcázar de Sevilla, donde se cogió a un hombre con una pistola y aspecto amenazador. “Lo desaparecieron”. Otro en Barcelona, en Montjuich. Una bomba de escasa potencia y mal planificada, porque estalló lejos de Franco y ni siquiera hubo daños personales.

            Mi interlocutor se ha brindado a seguir hablando conmigo y contestando a las preguntas que quiera hacerle. De modo que tengo que elaborar un cuestionario y seguir instruyéndome sobre historia de España. No todos los días tiene uno a mano una fuente tan inmediata y supongo que fiable.

2 respuestas a “Franco y La Coruña, hace medio siglo”

  1. Angeles Fernández Ramil | Desde Chile dice:

    Estimado José: no he tenido la oportunidad de seguir, como tú, las peripecias en torno al Pazo de Meirás pero tu columna me ha retrotraído también al tiempo de mi niñez coruñesa y las estadas veraniegas de Franco en “su tierra”: la historia del yate anclado frente a la playa de Riazor, la escolta que llegaba (no sé si toda pero era un buen lote)al Hospitalillo, zona de Orillamar que colinda con la calle Miguel Servet y calle de San Lorenzo, donde yo vivì de niña. Ahora, por lo que he visto, está destinado a un destacamento de policía local. Yo pensè que el Pazo había pasado a ser patrimonio cultural de la provincia o algo así, bien pùblico. No imaginé que la familia siguiera profitando de aquello. Saludos desde Chile, Angeles

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  2. José Regueira Ramos dice:

    Estimada Ángeles:
    Gracias por tu comentario y encantado (y morriñento) de compartir recuerdos de niñez coruñesa. Yo vivía en otra parte de la ciudad (Ramón de la Sagra, perpendicular al final de Linares Rivas hasta Juan Flórez) y desde allí veía las entradas y salidas de la ciudad de Franco con su espectacular escolta.
    La familia Franco sigue siendo la propietaria del Pazo. No sólo se niega a venderlo a la Xunta de Galicia sino que se negó también a admitir la visita de los técnicos para su declaración como Bien de Interés Cultural. Finalmente esa inspección se produjo y parece que será declarado BIC, lo que conlleva la obligación de su visita pública creo que cuatro días al mes. La obra de la biznieta tuvo algo (o mucho) de provocación y de ahí la réplica carnavalezca de la otra boda a la entrada de la finca.
    Sigo con interés tus entradas desde Chile. Te animo a prodigarlas más porque resultan muy interesantes. Y además el blog parece que está necesitado de aportaciones.
    Un afectuoso saludo.

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