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Casa Dragón

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
25 de agosto de 2008 a las 19:56h

10 de agosto, domingo, 3 de la tarde. Madrid. Acompaño a mi hermana a comprar tabaco. El sol castiga a los poquísimos viandantes que nos encontramos por la calle. Todas las tiendas cerradas a cal y canto. Mala combinación, esa de agosto, domingo y sobremesa, si la intención es comprar algo, aunque sea tabaco: los bares también están cerrados. Caminamos, mirando a derecha e izquierda, hasta que encontramos uno abierto. Casa Dragón, reza el cartel. Yo pienso que es un nombre raro, pero tiene máquina de tabaco. Entramos. Un bar español: media docena de paisanos descamisados, pelo en pecho y Marca en mano, en plena sesión cafetera. Un jamón en la barra, boquerones en vinagre y patatas bravas, serrín y servilletas en el suelo de baldosas mugrientas.

Perfectamente español, si no fuera porque la dueña, que en el momento de entrar nosotros sirve una caña con notable pericia, es perfectamente china, al igual que lo son su hija, que hace los deberes en la barra, y la pequeña bandera de la República Popular que, entre una botella de Soberano y otra de güisqui DYC, ondea al son intermitente de un viejo ventilador con voz de helicóptero.

 

Así son los chinos, y eso explica su inmensa capacidad de adaptación. Conquistada la sociedad española por sus restaurantes y satisfecha la demanda de tiendas de todo a un euro, dan un paso más en el camino de la integración regentando negocios tan típicamente españoles como las tascas. Cambian el nombre para recordar su lejana patria, pero mantienen su ibérico espíritu. Al gusto de los nativos.

No me extrañaría, la verdad, que la mitad de los clientes que agostaban en Casa Dragón movidos por el descanso vacacional de sus taberneros habituales, se queden allí cuando, confiados, éstos vuelvan de su pueblo. La combinación de tasca española y horario chino es tentadora para cualquier amigo del bareo: vinitos y raciones 365 días a año. Y nuestros amigos de ojos rasgados han aplicado la misma fórmula a las castizas tiendas de ultramarinos, antes en extinción y ahora negocios de éxito, haciendo las delicias de los adolescentes botelloneros.

Los chinos vinieron, observaron nuestra cultura, la comprendieron –quizá sin compartir sus presupuestos– y ahora ya no solamente saben hacer arroz tres delicias y pollo con almendras, sino también tinto de verano y tortilla de patata. Y créanme cuando les digo que ninguno de los parroquianos de Casa Dragón tenía cara de estar a disgusto.

Han venido para quedarse, y conocen las reglas tan bien como nosotros.

 

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Una respuesta a “Casa Dragón”

  1. antonio dice:

    los chinos. losprsimos dueños de europa. http://autosar-lavadoamano.blogspot.com/

    [Reply]

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