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Premios morales

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
2 de julio de 2008 a las 16:58h

Si hay algo que me sorprende desde mi llegada a China es el hábito de dar, en premio a ciertos méritos, galardones morales. Aquí en el País del Centro el premio a una buena acción está, en muchas ocasiones, en el reconocimiento de los demás, en el simple hecho de que el resto sepa que lo has hecho bien.

No hablamos, claro está, de la satisfacción pura e ideal de ejercer el bien por el bien, pero aun con todo me parece más loable que nuestra costumbre, cada vez más generalizada, de premiarlo todo con dinero y bienes materiales.

Ejemplos. Aquí los buseros se encargan de la limpieza del autobús que conducen, lo mismo –creo que ya lo he dicho en otra ocasión– que los alumnos son los responsables del mantenimiento del aula donde estudian. Bien. A los autobuses especialmente limpios el Partido Comunista les concede el derecho de llevar, sobre el asiento del conductor, la banderita nacional. Así los viajeros sabrán que el conductor del autobús es una persona responsable, amante del orden y la limpieza, y que se esfuerza por agradar a los usuarios del transporte público.

En occidente a muchos les parecería una mamarrachada, pero para los chinos es algo importante. Yo he visto a alumnos radiantes de felicidad al recibir, por su primer puesto en el concurso universitario de discursos… Un bolígrafo de plástico rosa que se puede comprar en una tienda de veinte duros. ¿Se imaginan a un adolescente español recibiendo del rector semejante nimiedad sin sentir vergüenza antes los pavos de sus compañeros?

Quiero creer que hay –sé que los hay, porque alguno conozco– jóvenes en España que hacen lo que hacen por ética, por superación, por puro gusto de hacer las cosas bien. Pero tengo claro si nuestra sociedad fomenta en su educación esa tendencia positiva o si, más bien, tiende a anularla hasta que en el adulto no queda rastro de ella.

¿Servirá de algo a los chavales chinos una educación como esta cuando den sus primeros pasos en la jungla empresarial en la que se está conviertiendo su nación? ¿Vale de algo creer que el premio de hacer algo bien está precisamente hacerlo bien, en este globo neoliberal que es el mundo moderno?

No tengo respuesta, pero me gustaría que mis alumnos conservaran la inocencia de pensar que sí, aunque sufran más que los cínicos del tanto tienes tanto vales y del por el interés te quiero andrés. Quizá yo sea un poco pardillo, pero creo que mantenerse, en la medida de lo posible, puro de intención a la larga tiene su recompensa. Prefiero un autobús con banderita que uno de esos arrogantes coches de ricos que ya circulan por todas las calles chinas.

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4 respuestas a “Premios morales”

  1. Paloma dice:

    ¡Hola Miguel!
    Es muy interesante esto de los premios. Cuando llegué a dar clases en Alemania me sorprendió mucho que en las escuelas -y con adolescentes- se utilizaran premios en las clases. Pensé que los chavales se cachondearían o que no se interesarían en absoluto. Un día decidí probarlo: un Chupa-chups como premio para el que mejor hiciera un ejercicio o no recuerdo el qué. ¡La que se armó! ¡La guerra! Todos compitieron y se esforzaron como nunca y, claro está, no era por el Chupa-chups en sí (¿o sí?). Ahora lo uso en contadas ocasiones, sólo cuando les veo desmotivados, porque me sigue planteando dudas…
    ¡Un saludo!

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  2. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    Sí, los premios son peligrosos a veces, jajajaja. Por eso creo que un premio con valor simbólico es mejor que uno con valor real. El chupachups es una idea muy buena, me la apunto ;).

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  3. José Pardo dice:

    Algunos profesores para elevar el interés por la marcha de la clase, cuando el clima u otro factor le hacen decaer, recurren a varios sistemas, que consiguen de alguna forma colaborar al alumnado. Recuerdo, como muetras, estos dos: A) Resolver un problems de algebra o de otra materia y cuando el 80% del aula lo ha resuelto, es el profesor quien elige a uno de ellos para que salga al encerado y plantee el camino para hallar el resultado. Después de cada Problema resuelto, el alumno puede contar lo que él desea (una aventura breve, un chiste, una anécdota personal). Ese día el número de problemas resueltos se multiplican por “n” de forma positiva.

    B) El profesor anima a los alumnos para efectuar una evaluación de la marcha de las clases. Puede o no firmarse el folio escrito. Al final de unos ocho minutos se leen algunas sugerencias – o harturas- en voz slta, con regocijo de los interesados. Suele denominarse “Estoy harto de…” Y son simpáticas la cantidad de ocurrrencias del alumnado.

    Es una manera de premiar el esfuerzo del alumno, dándole una posibilidad de manifestarse libremente en ambas maneras o sistemas.

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  4. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    José, me parecen ambos buenos ejercicios. Es importante buscar enfoques alternativos que motiven al alumno de forma natural. ¡Un abrazo!

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