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El sombrío Pekín preolímpico (versión papel)

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
1 de julio de 2008 a las 12:49h

Me pide Carlos Agulló que escriba aquí el artículo que La Voz publicó el sábado pasado en su edición de papel. Dicho y hecho, aquí lo tenéis. ¡Abrazos a todos!

 

 

 

EL SOMBRÍO PEKÍN PREOLÍMPICO

 

Este ha sido un año duro para China: las revueltas en el Tíbet y la mala prensa que generó en Occidente la gestión de la crisis; los supuestos atentados terroristas desarticulados por las fuerzas de seguridad; el terrible terremoto de Sichuan… Y lo que queda aún hasta la clausura de los Juegos. Las autoridades han confirmado la presencia de 100.000 policías y soldados velando por la seguridad de la capital.
A pesar de todo, muchos chinos y todos los extranjeros opinan que la nueva política de visados no está justificada. Se ha convertido el tema de moda: todo el mundo cuenta su experiencia, y el boca a boca es, como siempre, terreno abonado para historias de difícil confirmación en las que extorsión y malos tratos son los elementos principales.
Fue en mayo cuando el gobierno chino anunció la restricción de los permisos de entrada al país. Qing Gang, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, aseguró que se trataba de una medida temporal, pero se ha endurecido con el paso de los meses.
Además, el gobierno apenas ha notificado el cambio de política, y somos muchos los extranjeros que hemos sido víctimas de esta desinformación. El tiempo con el que contamos para registrarnos al regresar a China se ha reducido a veinticuatro horas, y la policía, excesivamente burocratizada y mal pagada, aplica con excesiva flexibilidad un sistema de multas que demasiado a menudo desemboca en chantaje.
El ambiente se ha enrarecido. Todos conocemos casos de personas que han tenido que abandonar el país con precipitación. El New York Times afirma que, desde mayo, el turismo en Pekín ha caído un 14%.
Por si fuera poco, las medidas se han visto acompañadas de un auge del puritanismo: ningún extranjero puede compartir una habitación de hotel con un nativo sin presentar el certificado matrimonial, y las chinas que entran en casa de extranjeros por la noche tienen que firmar y dejar su número de teléfono en portería.
Todo el mundo aquí se hace la misma pregunta: ¿aprovechará el gobierno chino la oportunidad olímpica o seguirá la línea de acción policial y ultra nacionalista que inauguró en mayo? El miedo a la crítica de los demás países, a la pérdida de identidad y a las consecuencias de una política social más abierta y transparente han motivado los últimos pasos en falso del Partido. China tiene el derecho de conservar su identidad en un mundo globalizado, pero no se entiende que la solución pase por controlar con quién duermen sus ciudadanos. Más allá de las consecuencias económicas de las medidas, se echa de menos una visión humanista que enlace esta China moderna con su tradición sin pasar por la represión de las consecuencias de una apertura económica que el propio gobierno promovió en su día y sigue con entusiasmo de recién llegado a la fiesta capitalista.
¿Llegaremos a ver una China en la que el liberalismo y el socialismo se integren en armonía? Difícilmente. Lo único que a estas alturas está claro es que el País del Centro se enfrenta a las Olimpiadas sin pasar por el aro –olímpico– del aumento de las libertades.

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