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Teletransportación

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
30 de junio de 2008 a las 11:28h

Esta mañana he ido al supermercado a hacer la compra. Al ir a pagar, en la cola de la caja, me he puesto detrás de una señora de unos 65 años que llevaba unas pocas cosas en una de esas cestas de plástico que ofrecen, como alternativa al engorroso carro, a los clientes que no quieren comprar mucho. Ha llegado su turno. La mujer ha pasado los productos, ha pagado, y ha recibido la vuelta. Y es ahí donde ha comenzado la odisea.
¿Conocéis esas carteras, tan de señora mayor, con 1.427 compartimentos? Sus dueños, en general mujeres de cierta edad, suelen ser muy aficionados al orden –quizá demasiado–. Tienen varias ranuras para tarjetas de crédito, en fila como soldaditos, un apartado para billetes grandes, otro para billetes pequeños, otro para cuentas y facturas, el de los carnés y tarjetas de la seguridad social, videoclub, etc., y aún queda hueco par las fotos del marido, los hijos y los ahijados, quizás algún perro muerto no hace mucho y un bolsillo con capacidad para 700 euros en monedas de 20 céntimos. Cada vez que alguien con ese modelo de cartera se dispone a pagar, se despliega ante al atónito comprador que lo sigue en la cola –esta vez yo mismo–, un número casi infinito de minúsculas y exactas manipulaciones que tienen como objetivo guardar cada cosa en su sitio. Las manos se mueven como ratoncitos electrónicos, chacachacachá, chacachacachá, y tíquets, billetes, y monedas desaparecen de repente de nuestra vista, dejando solamente una beatífica sensación de pulcritud.
El problema es que en hacerlo se tarda tiempo, y que la mayoría de los usuarios de dichas carteras es incapaz de realizar operaciones tan delicadas mientras camina. Y atasca la cola. Cuando se deciden a marcharse, otras tres personas detrás han terminado de pagar y esperan, hartas, a poder salir del atolladero horroroso de la cola, del emparedamiento entre caja y caja, en un espacio muy pequeño que en los supermercados modernos tiende a estrecharse más y más.
Pues así hizo la señora de 65 esta mañana. Clic, clac, cataclac, sonaban los corchetes de los bolsillos al abrirse y cerrarse, y se mezclaba su sonido con el de los billetes deslizándose suavemente, y con el más áspero del vale que nunca jamás mirará. Luego un tintineo de monedas, un último corchete que se cierra –el corchete-padre, el que clausura el acto– y con un movimiento circular y elegante, ¡plas!, la cartera aterriza en el interior del bolso y la señora se marcha, bamboleante, con su música a otra parte y una bolsita casi vacía en cada mano.
Normalmente me molesta un poco el olímpico pasotismo de la gente que hace esperar a los demás porque sí. Esta mañana me hubiera sucedido si no fuera porque me he sentido transportado a España de nuevo. Como todas, o casi todas las especies humanas que existen en mi país, la de la señora con cartera telescópica existe también en China. Pero semejanza ha sido hoy tan, pero tan intensa, que me he sorprendido cuando la cajera se ha dirigido a mí en mandarín.
Volviendo a casa, despacito y escuchando música, he sido casiatropellado por un amable conductor de coche tuneado –cristales tintados, alerón, y muchos pitidos– y me he sentido de nuevo peatón en la madre patria. Pura teletransportación al borde de la muerte.
Sólo escribo para deciros que sí: somos iguales.

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4 respuestas a “Teletransportación”

  1. Cruxens dice:

    你好。Vaia oh!. Ó primeiro, cando empecín a ler o teu artigo pensei que falabas dunha vella daquí, pero xa vexo que tamén na China existen ese tipo de especímenes.
    Polo que contas, dame a impresión de que o primeiro que se importa de occidente son as cousas malas.
    Un saúdo e 再见

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  2. mary dice:

    Sí, sí, ese tipo de especímenes existen en todas partes. Y seguro que cuándo ellas(os) fueron jóvenes y tenían prisa también se irritaban por la parsimonia de las señoras y señores de cierta edad.

    Y al leer este artículo no puedo dejar de pensar en la cola de exasperados y ajetreados jóvenes que tendremos muchos de nosotros detrás cuándo pasen x años, porque no sabemos en qué clase de especímenos nos convertieremos… Ya se sabe, no se puede decir: “de este agua no beberé”.

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  3. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    Cruxens, ya veo que manejas el Chino! Ni hao a ti también. No sé quién importará las carteritas con 1.000 compartimentos, pero a mí me parecen una perversión de la civilización. ¡Viva el desorden de los bolsillos!
    Mary, tienes toda la razón. Yo ya me voy viendo las manías que tendré de mayor y me da miedo pensar lo latas que voy a ser.
    ¡Saludos!

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  4. oscar tunquipa gutierrez dice:

    gola como lo puedo aser la teletransportacion y que materiales lo puedo usas porfa diganme

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