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Un espíritu superviviente

Escrito por Carlos Agulló
21 de mayo de 2008 a las 14:03h

Global Galicia es un espacio virtual sin fronteras. Aquí se cuentan historia dispares sostenidas por una misma médula. Hoy nos llega la historia de Maruja, una emigrante gallega que murió en Gran Bretaña, el lugar que la acogió, medio siglo después de marchar. Es una común historia particular.  

Escribe Mercedes Expósito Valle, desde Lugo:

maruja.jpgQue sirvan estas líneas como un sincero homenaje a una persona especial. A mi tía Maruja Hayler (Maruja Valle). Maruja murió inesperadamente una soleada mañana inglesa de finales de Abril, en el país que la había Acogido, en la Royal Tunbrige-wells (Kent-U.K.), país en el que vivió los últimos 50 años.  Para los que no la conocían podría parecerles no reseñable el fallecimiento de una persona de 82 años. Para los que la queríamos y disfrutamos de su personalidad es una pérdida irreparable. Desde la distancia de mi ciudad, Lugo (España), la imaginaba con frecuencia disfrutando de su jardín y mimando las plantas de su invernadero, o haciendo su clásico Christmas-pudding, aunque fuese agosto, en la cocina que velaba permanentemente su mascota , el gato obeso por el mimo de su ama. Todavía puedo verla caminando por los hermosos senderos de Kent, o compartiendo pedaleo en el tándem con su inseparable Frank.

 Maruja no tuvo una vida fácil, pero siempre supero la adversidad. A pesar de sus terribles años de infancia en Lugo, en la que la vida la situó tempranamente como una madre de la pequeña de sus hermanas. A pesar del hijo que tuvo ella sola en aquella España de la post-guerra tan ruin y dura para muchos y las penurias del hambre, y la enfermedad, a Maruja nunca la venció del desaliento. Con su espíritu superviviente, su carácter emprendedor,  con  su sonrisa y su optimismo, decidió probar suerte en un país  que a buen seguro no habría sabido situar en el mapa.-Maruja valiente- 

Sospecho ahora que de alguna forma incierta ella intuía que su Frank la estaba esperando. No se equivocaba, pues poco después de su llegada conoció al hombre que la iba a acompañar hasta el día de su reciente muerte.-Maruja enamorada- Poco antes de morir, en una de mis frecuentas conversaciones me confesaría que él había sido su única adicción.

Pienso en ella y puedo imaginar su llegada al Londres de los 60, tan sola y frágil, tan sonriente, tan cargada de futuro, de fuerza y de esa risa franca y generosa, su  único pasaporte hacia esa vida mejor que deseaba.- Maruja sonriente-

 Trabajo mucho, muchísimo y se fue haciendo un hueco que terminaría siendo enorme rodeada de muchos españoles y de muchos británicos, que la conocieron y no pudieron evitar quererla. En ese hueco construyo, con su Frank, un hogar acogedor, trajo consigo a su hijo desde España, y nunca olvidó esa niña desamparada que había sido, esa joven madre soltera que saco a su hijo adelante con tantísimo esfuerzo. Por eso su casa estuvo siempre abierta a todos y su generosidad brotaba de forma tan natural de esa humanidad tan  desbordante que contagiaba a todos._ Maruja buena, acogedora, “everybody’s mother”, en la frase que Frank pensó para su epitafio.

  Sus años duros en España podrían haberla inundado de resentimiento pero éste nunca ocupo espacio alguno en su equipaje. Aunque había recibido tan poco, ella siempre vivió dispuesta a dar y a proteger a los más necesitados, pues ella mejor que nadie había sentido esa sensación desoladora de la lucha por sobrevivir. Por ello, cuando consiguió una vida mejor, también supo disfrutar de las cosas sencillas, a veces viajando en una furgoneta con los estudiantes españoles a los que enseñaba- orgullosa- la campiña inglesa, otras veces en el vetusto sidecar de Frank, en aquellas viejas motos, o en el automóvil de época con tres ruedas que guardaban como una reliquia en su garaje. Maruja viajera- 

 Ya hace unos años comencé a percibir la inquietante posibilidad de que Maruja algún día no dejara sin previo aviso. Y también en su forma de morir consiguió ser generosa,  ahorrándonos presenciar la decrepitud excesiva de los años, o la fase final de una enfermedad fatídica. Fue esa sensación la que me llevo a apurar mis conversaciones y contactos con ella. Ahora lo entiendo.

Querida Maruja, este es mi pequeño homenaje, que tu historia pueda ser conocida por quienes lean estas líneas que lanzo al espacio y que allí donde estés notes además de mi eterna gratitud y cariño, la calidez de los que te imaginen o la de aquellos que cuando, paseando por el bello jardín de Hawkellberry, de tu querida Tunbridge-wells, se sienten el banco de madera que lleva tu nombre, María Hayler, una mujer irrepetible.

Te quiere, Mercedes”

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4 respuestas a “Un espíritu superviviente”

  1. Sousa-Poza dice:

    Un relato conmovedor: Maruja, este compatriota te saluda!

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  2. Ana María Valle dice:

    Me ha emocionado mucho este homenaje a nuestra tía Maruja. Gracias Mercedes, querida prima. Queridísima tía, TODOS te queremos mucho, Mercedes lo ha escrito, nosotros no hemos tenido palabras. Te quiere tu sobrina Anita.

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  3. Concha dice:

    Amiga Merce: Es precioso como nos transmites la personalidad de tu tía Maruja, yo tengo la sensación de conocerla (aunque no es así, tú lo sabes), solo por lo que me has hablado de ella, y con tú escrito lo has completado totalmente. Que suerte tienes al recordar a Maruja con tanto cariño, ternura y admiración (que es la sensación que yo he tenido al leer “Un espíritu superviviente”)suelen escasear ese tipo de personas. Sin duda alguna, era una mujer digna de admiración, y merecedora de mucho cariño, y lo mejor es que tu has tenido el arte de transmitirlo maravillosamente en su aspecto personal y sentimental.Un beso para tí y otro a Maruja alla donde esté. Concha

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  4. lino dice:

    chapeau roliña

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