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El juez Di

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
7 de mayo de 2008 a las 17:12h

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Estoy leyéndome Los asesinos de campana china, quinto volumen de los que Robert Van Gulik escribió sobre las aventuras del juez Di.
El autor, nacido en 1910 y fallecido en 1967, fue secretario de la legación de Asuntos Exteriores de Holanda en Japón y Corea, entre otros destinos. Enamorado de China y considerado un eminente sinólogo, realizó diversos trabajos sobre arte y cultura asiática –destaca entre todos La vida sexual en la antigua China, publicado en España por Siruela y convertido en un libro de referencia–.
Sin embargo es más conocido por su producción estrictamente literaria. Basándose en la figura histórica del juez Di Jen Djieh (630-700 d.c, dinastía Ming, un poquito antes de que los árabes llegaran a la Península Ibérica, es decir, hace muuuucho tiempo), y permitiéndose algún que otro desliz histórico de poca importancia, escribió numerosas novelas de misterio. Hasta ahora he leído cinco de ellas: Tres cuentos Chinos, El monasterio maldito, El biombo lacado –la primera que leí-, Los misterios del lago asesino y Los asesinos de la campana china, que es el que me tiene en ascuas.
Los relatos de Van Gulik son literatura directa, intuitiva, pura narración. El autor se detiene poco en las descripciones, y forma los personajes con tres o cuatro rasgos que estos mantienen a lo largo de todas las novelas de manera inamovible. De poca hondura pero mucha efectividad, las tramas enganchan desde el primer momento. La ambientación, dados los conocimientos del autor sobre la época, es muy sugerente.
Es una combinación agradable para quien quiera entretenerse: personajes sencillos de los que siempre sabes qué esperar; tramas que mantienen bien la tensión sin llegar a complicarse nunca demasiado y buena ambientación.
Además, leyéndolos he aprendido cosas interesantes, como la manía que les tenían los confucianos puros, orgullosos de seguir una tradición netamente china, a los budistas, por aquel entonces meros advenedizos, seguidores de una moda extranjera que son descritos como místicos alucinados fuera de toda mesura o maleantes que ocultan bajo sus hábitos intenciones poco edificantes (en dos de los relatos son directamente los malos). El juez Di siempre observa, consternado, cómo los hombres de negro, como los llama, van acaparando influencia en la corte.
Por último anotar que acompañan al texto las ilustraciones del propio autor, esquemáticas pero muy curiosas. Los dos dibujos de esta entrada pertenecen a los libros.
Si les apetece literatura entretenida, sin pretensiones, novela histórica de calidad –en estos tiempos aciagos para el género– mezclada con tramas detectivescas, encontrarán en las obras de Van Gulik lo que están buscando.
Muy, pero que muy recomendable. Háganme caso y viajen al Celeste Imperio de la mano de un escritor holandés. Por cierto, están todos en la editorial Edhasa. ¡Disfrútenlos!

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