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El Dépor en Bali

Escrito por Susana Bargiela | Desde Eslovenia
6 de mayo de 2008 a las 22:20h

Mi larga ausencia se debe a que he estado en el hemisferio sur, al otro lado del mundo: he visto el agua girar en sentido contrario en el lavabo, he visto constelaciones que desde nuestro hemisferio no pueden ser vistas y he vivido días de 12 horas exactas debido a la proximidad con la línea del Ecuador. Y lo más curioso de todo, lo que más me ha llamado la atención, han sido ciertas conversaciones sobre fútbol con algunos balineses. La gran sorpresa vino cuando al preguntarme de dónde era y yo responder “Galicia” (para comprobar si la conocían), las reacciones fueron de euforia: “Sí! Galicia! A Coruña! Dépor!”. Se ve que incluso en tierras exóticas, remotas y aisladas nuestra Galicia está siempre presente.

Al llegar al aeropuerto de Denpasar (la capital de Bali), lo primero que tuvimos que hacer fue esperar en la cola de inmigración para comprar el visado. Al lado del mostrador había un cartel luminoso que decía »pena de muerte para los que introduzcan drogas en Bali«. Como cartel de bienvenida no tiene precio. Al comprar la visa por 25 dólares americanos adquirimos el derecho a entrar en el país, tras pasar el control de inmigración y aduanas. En el avión nos habían dado unos papeles oficiales para cubrir, solicitar la visa y validar las tarjetas de salida y entrada. En Indonesia se necesitan ambas, y no se puede salir del país si no se tiene una »tarjeta de salida«, cosa que a muchos no les importaría.

Tras la burocracia viene el primer encuentro con los balineses de verdad, los que intentan venderte cualquier cosa por medio de la insistencia. Mientras esperábamos por el equipaje, una multitud de balineses vestidos con uniformes falsos insistían diciendo que eran nuestros »portadores de maletas«. Por suerte, yo me había informado muy bien antes de irnos y sabía que tales portadores no eran otra cosa que gente con ganas de sacarse un dinerillo extra. Son extremadamente pesados e insistentes, hasta el extremo de agarrarte el brazo y no soltarte hasta que les das la maleta. Todos ellos nos mostraban sus tarjetas de la »agencia«, alegando que eran representantes del hotel (como si no hubiera hoteles en Bali) y que nos llevarían el equipaje.

En fin, superado este trance gracias a nuestra fortaleza ante las presiones salimos a la calle y experimentamos lo que llamo de verdad »golpe de calor«. El calor y la humedad son tan intensos que los primeros minutos en el país es difícil respirar. Literalmente. La piel empieza a sudar y la cabeza a dar vueltas. Por suerte, al día siguiente se hizo más soportable, el cuerpo se adaptó y lo único que quedó fue la molesta constante humedad en la ropa, que nunca secaba (ni siquiera al lavarla).

En Bali el transporte es confuso y hay cientos de falsos taxis. A nosotros nos estaba esperando la furgoneta de la agencia de viajes para llevarnos a Nusa Dua, la región donde íbamos a alojarnos, así que no hubo problema. Pero si hay que coger un taxi, los únicos de verdad, sin trucos y sin engaños, son los “Blue taxi”. Lo del transporte es todo un negocio, ya que todos los balineses ofrecen transporte en su propio coche por un precio “razonable”. Todos sin excepción: los policías, los camareros, todos todos ofrecían transporte como negocio aparte de su trabajo.Los primeros días se hace pesado, porque cada dos pasos alguien nos gritaba “Yes? Taxi?”, y si decíamos que no, entonces ofrecían “masajes”, “manicura” y todo lo que uno se pueda imaginar. El caso es vender y ganar dinero extra. Las ofertas de venta son constantes en todas partes, y la verdad es que es imposible caminar anónimo sin ser molestado. Pero el carácter de los balineses es muy bueno, aceptan un “no” con risas y acaban preguntando “de dónde eres” o “qué te gustaría ver de la isla”… para luego ofrecerte transporte.

El nivel de vida en Bali es realmente bajo, y los precios por los suelos atraen a los adictos a las compras de todas partes del mundo. Comer en un restaurante lujoso (el mejor de la isla) puede suponer un desembolso de 3-4 euros por persona, imaginemos entonces lo que nos gastamos en comida de la mejor (no hace falta recurrir al lujo, casi todos los restaurantes tienen cosas riquísimas).

En lo que respecta a la gente, son las personas más amables del mundo, serviciales, habladoras, sólo tengo buenas palabras para ellos. Todos muestran muchísima curiosidad por nosotros, especialmente porque al ser temporada baja éramos prácticamente los únicos europeos caminando por algunas zonas, sobre todo cuando salimos de la zona de hoteles y nos adentramos en el Bali de verdad: selvas, bosques, pueblos, templos… así que cada dos pasos nos paraban para charlar un rato, interesarse por nuestro viaje… y ofrecernos transporte…

Hay varias cosas que no se deben hacer en Indonesia y que traté de recordar en todo momento: la mano izquierda nunca puede ser usada para saludar, comer o señalar, ya que es la mano utilizada para ir al baño (a falta de papel); nunca se debe tocar la cabeza de nadie, ya que es una gran ofensa. La cabeza es una parte pura del cuerpo, intocable; para saludar hay que dar la mano con la palma mirando hacia abajo; si te invitan a un té es de mala educación rechazarlo; hay que corresponder a las continuas sonrisas y decir “gracias” lo máximo posible, así te tratan mejor (hablo por experiencia, incluso aunque el vendedor de souvenirs acabe con tu paciencia). De todas formas es imposible estar 100% atento todo el rato y al final acabé poniendo la mano izquierda sobre la mesa más de una vez.

Las playas son abiertas al océano, con las puestas de sol más famosas. Bañarse en el Indico es como nadar en una bañera: el agua está caliente como el caldo, por decirlo de alguna manera. Pero no son aguas para alguien que no sepa nadar. La resaca es fortísima y cuando la marea está alta cubre enseguida. Por algo Bali es una especie de paraíso para el surf. Nuestro hotel tenía una parcela de playa con sus hamacas y sombrillas de paja… donde anidaban unas abejas tropicales que enviaron un soldado a picarme, con el consiguiente dolor y necesidad de primeros auxilios del camarero que, asustado, me preguntó »qué insecto me había picado«, porque »tenía que saberlo«. Dile esto a una hipocondríaca. Pero todo quedó en una hinchazón y reacción alérgica local, y nada más que un par de horas de dolor. Por cierto, no sé qué especie de abeja fue, pero su veneno paraliza la zona… qué grima me dio no sentir parte del brazo.
Otra atracción de las playas son los vendedores ambulantes, que ofrecen »sarongs«, camisas, etc… como siempre, son extremadamente insistentes. Comienzan preguntando mi nombre, de dónde vengo… y terminan mostrándome el género. No me pude resistir a una señora mayor muy simpática que me saludaba todos los días y charlaba un rato conmigo, »Nona«, y acabé comprando el sarong típico y una camiseta por dos duros.

De todas formas, prácticamente no fuimos a la playa, ya que lo que nos gusta a nosotros es el turismo de verdad, salir a ver sitios, la aventura. Para hacer esto en Bali hay que encontrar a alguien que se ofrezca a conducir, una especie de alquiler de coche y chófer, porque el transporte público no alcanza las zonas menos habitadas. Por eso encontramos a Made, que nos llevó a ver las partes más remotas de la isla en su furgoneta. En Bali lo más peligroso no son las enfermedades, los bichos o los terremotos: son las carreteras. No hay ley ni orden, no hay semáforos (excepto uno o dos en el centro de los pueblos), y la gente no respeta carriles o señales (básicamente porque no los hay). Así que recomiendo a todos los que planeen visitar Bali que NO alquilen un coche y conduzcan por su cuenta, ya que sólo los nativos tienen reflejos y experiencia suficientes para ahorrarnos un accidente de tráfico letal.

Empezamos los días de turismo de aventura con Made, nuestro conductor particular, que por menos de 50 euros nos llevó a las lejanas montañas de la isla: a Gunung Batur, el gran volcán. Yo tenía la ilusión, desde que era pequeña, de ver un volcán, y por fin lo conseguí. Al parecer no fue posible subir hasta el cráter porque está en activo y hay emisiones de sulfúrico que pueden matar (murieron varios turistas hace algún tiempo), y además tenía un índice de no sé qué »eruptividad«, así que no era seguro. De todas formas, el viaje valió la pena.

Made vino a buscarnos temprano, por la mañana, y la verdad es que la furgoneta en la que nos llevó era una carraca auténtica. Otra cosa que me molestó un poco en Bali fue el olor dentro de los coches, porque los hindúes ofrecen regalos a los dioses todos los amaneceres: en la hoja de una planta ponen arroz, incienso, flores y demás decoraciones y las dejan enfrente de las tiendas, casas, etc.. todo el día, incluso dentro de los coches. Viajar por carreteras desastrosas, en una furgoneta que no para de moverse y que huele a comida rancia no es lo mejor para el estómago, pero yo intentaba verlo por el lado cultural: nunca antes había visto estos ritos hacia los dioses.

Al salir de Nusa Dua dejamos atrás la vida urbana y vimos el Bali auténtico: campos de arroz, selva, palmeras, zonas rurales… era como estar en otro mundo.

Nuestra primera parada fue en uno de los templos de Bali, templo hindú, donde nos trajeron un sarong para cubrirnos, porque de otro modo la entrada está prohibida. Para los no hinduistas hay muchas restricciones, como por ejemplo la imposibilidad de ver el templo principal. Pero es curioso ver todas las estatuas de dioses, seres mitológicos, altares..
Después nos detuvimos en un pueblo donde nos enseñaron cómo se pinta el »Batik«, una de las artes balinesas. Consiste en pintura sobre tela, con colores naturales hechos por ellos mismos, que es un verdadero trabajo de chinos (o de balineses). Nos gustaron tanto que nos compramos un cuadro para decorar el salón.
El siguiente pueblo fue para ver la orfebrería, ya que son famosos por cómo trabajan la plata. De nuevo nos mostraron cómo se funde, dibuja, trabaja… hacen de todo, desde pendientes hasta barcos, pasando por Budas y colgantes que pesaban tanto que el cuello se doblaba hacia abajo. Por supuesto, detrás de los talleres tienen tiendas donde intentaron vendernos todo lo posible… u ofrecernos transporte.
La siguiente parada fue en una casa en medio de la nada donde pintan al óleo, a la acuarela, sobre lienzo o sobre madera, y donde vendían cuadros por un precio la mar de alto. Tengo que decir que me encanta la pintura balinesa, y me quedó la pena de no haber comprado nada. Muchos de los cuadros me recordaban al Impresionismo ( no los de esta foto, claro), pero como dije, los precios eran inalcanzables.
Otra parada y otro pueblo donde trabajan la madera. Un chico nos contó cómo eligen la madera, los dibujos… la madera típica de Bali se llama »cocodrilo«, porque el tronco del árbol es como la piel del animal. Luego utilizan maderas de Sumatra, Borneo, y es famosa la madera de sándalo, que tiene un perfume natural por sí misma y que guardan en armarios especiales.
En la tienda el chico me contestó todas las preguntas que había querido hacer desde que llegué a Bali: todo lo relativo a los dioses y el significado de las estatuas que veíamos por todas partes, pero me daba miedo preguntar en la calle porque la religión es un tema muy delicado. Por ejemplo, en Bali creen en un sólo dios, tienen una especie de hinduismo aparte. Este dios tiene 3 representaciones (Brahma, Vishnu y Shiva), que no son dioses aparte como en el resto del hinduismo, sino tres aspectos de un sólo dios. Pero aparte de este dios, algunos creen en el dios de las aves, la diosa de la fertilidad… y todos ellos estaban representados en estatuas de madera. Luego, los balineses creen en los espíritus y que están entre nosotros todo el rato. El espíritu bueno se llama »Barong«, tiene una especie de cabeza de león y cuerpo humano. Nos compramos una figura de madera para poner en el salón (y no, no es hortera).Y la otra figura importante para los balineses es el dragón, que representa el equilibrio del alma.

Dejamos el arte atrás y llegamos a Ubud, un pueblo en el centro mismo de la isla y donde tuvimos la oportunidad de ver el »Monkey forest« o »Bosque de los monos«. Es un bosque tropical donde los monos campan a sus anchas. En la entrada nos dieron unos folletos con indicaciones para evitar accidentes, como por ejemplo que el bosque es de los monos y que nosotros somos sus visitantes, que tenemos que respetarlos, no hacer movimientos bruscos, etc… la verdad es que viendo a los monos y viendo a los turistas llegué a preguntarme quiénes eran los monos en aquella escena. Son como personas pequeñitas, con los mismos gestos, expresiones, preparaban la comida como humanos, etc…la verdad es que me impresionó verlos. Pero como siempre hay algún idiota que intenta hacer la gracia. Una chica estaba mareando a uno, e intentó tocarle la cabeza (a pesar de los avisos), y acabó a gritos saltando sobre ella y mordiéndole la mano. La verdad, se lo mereció.

Después del bosque llegó el turno del volcán, el destino esperado. El paisaje es perfecto: un lago rodea parte del volcán. A lo largo del lago hay varios pueblos con pocos habitantes, ya que cuando entra en erupción poco queda vivo en los alrededores. El volcán tiene más de 1700 metros de altura, y como dije, ahora mismo no está permitido acercarse (o al menos nadie se responsabiliza). Para disfrutar de la vista, Made nos llevó a un restaurante construído sobre una roca con un balcón/mostrador donde tuvimos la suerte de encontrar un sitio para comer. Pero no es apto para gente con vértigo, ya que lo único que hay al otro lado del plato es una altura espectacular.

Esta zona es todo un contraste con el resto de la isla: no hay mar, o turistas vestidos con ropa de playa. Es pura selva, roca volcánica… y el mismísimo volcán (que no entró en erupción, a pesar de que a mi siempre me pasan cosas raras, o eso dicen). Y un camarero nos ofreció transporte…

Tuvimos luego la oportunidad de ver un lugar donde cultivan todos los árboles frutales balineses, especias, etc… y donde crían a un animalito cuyo nombre no recuerdo, pero que al parecer es el productor del café más caro del mundo. El proceso es simple: las cacas del bicho son el café. Al parecer es un manjar de los dioses y pocos »privilegiados« lo pueden probar. Made se reía todo el rato explicando cómo se »hace« este café. Afortunados nosotros, que pudimos ver al animal en cuestión en medio del proceso, mirándonos con cara de asombro. Menuda atracción turística.
El problema es que no andan muy bien de la barriga y puede llevar meses recoger unos simples gramitos. Por eso el precio es tan alto.
Lo que más me gustó del sitio fue ver todas las especies de fruta desconocidas para mi, y probar algunas gratis. Sé que esto fue en contra de todas las reglas sanitarias al viajar a un país exótico: »nunca comas fruta lavada con agua del grifo o sin lavar«. Me ofrecieron una fruta rarísima que cortaron allí, sin lavar, con un cuchillo sucio y que me pasaron directamente de las manos del campesino, y yo, contra toda lógica, acepté. Y no me pasó nada de nada.
Para rematar la visita, nos llevaron a unas mesas de madera con vistas a los campos de arroz, palmeras, donde nos trajeron 5 vasos con muestras gratis de sus cafés y tés. Tés picantes, como toda la comida en Bali, pero que eran los mejores tés que nunca antes había probado: té de »lemon grass«, té de gengibre… Como llovía nos quedamos un rato bajo el techo de paja y probando las diferentes bebidas, mientras Made nos explicaba las propiedades de cada hierba y se fumaba un cigarro hecho también con una planta que cultivan por la zona y que huele a frutas.

La siguiente parada fue accidentada para mi, pero valió la pena. Llovía bastante en las montañas, pero decidimos pararnos a ver el “Templo del Agua”, un templo enorme con fuentes y aguas medicinales, pero cuyo suelo era extremadamente resbaladizo… y donde me caí en un charco sucio y lleno de musgos y plantas. Varios balineses vinieron a preguntarme cómo estaba, diciendo “agua de lluvia peligrosa”, cosa que no ayudó a calmarme en absoluto.

Y para finalizar nos llevó a ver las famosas terrazas de arroz, donde se cultiva este cereal. La lluvia, el cansancio y el acoso de los habitantes del pueblo no nos dejaron ver demasiado, así que decidimos poner fin al día. La gente que vive en el pueblo está totalmente desesperada por vender souvenirs, porque hay muy pocos turistas en la isla, y llegan al extremo de empujar, pellizcar e incluso escupir si decimos que no. De todas formas, este fue un caso extremo, en esta zona en medio de la nada. Por lo general, son muy educados.

Otro viaje que hicimos fue a Kuta, en el oeste de la isla. Dicen que es el paraíso de las compras, y es que cada casa tiene una tienda, está atestado de turistas y todos los surferos pasan las vacaciones por allí. Es también la ciudad donde los terroristas pusieron las bombas en el 2002 y donde murieron tantas personas (hay un monumento dedicado a las víctimas). El turismo en Bali descendió mucho desde aquella, y llama la atención la cantidad de seguridad que hay en las calles, sobre todo las entradas a los hoteles, donde paran los coches y los inspeccionan con un aparatejo para ver si tienen bombas bajo ellos.
En fin, que lo único que me gustó de Kuta fue la playa, la más larga de la isla, y que fue un descanso del tráfico, del caos, los vendedores y todo el polvo de la ciudad. Fue en Kuta donde conocí también a otro aficionado del Dépor… de Timor Oriental.

Y de nuevo con Made nos dirigimos al famoso templo Pura Tanah Lot, probablemente uno de los sitios más impresionantes de la isla. Es un templo construido en un islote dentro del mar, que fue destruido por el tsunami del 26 de diciembre del 2004 (la Gran Ola, como lo llaman los balineses), y que fue reconstruido rápidamente. El camino hacia el templo hay que hacerlo a través de un mercado donde venden souvenirs, ropa… lleno de turistas españoles, por cierto. Es un lugar que hay que visitar a la puesta de sol, porque dicen que es impresionante. Cuando fuimos estaba nublado, así que nos quedamos con las ganas. De todas formas tuvimos la suerte de que la marea estuviera baja, y pudimos caminar sobre las rocas para verlo más de cerca. Impresiona ver los acantilados a ambos lados, es un paisaje espectacular. Fue una pena que para los no hinduistas la entrada al templo estuviera prohibida.

No nos podíamos ir de Bali sin ver las puestas de sol en el oeste, así que nos llevaron a Jimbaran, ciudad famosa por el marisco y el pescado, y donde fuimos a uno de los muchos restaurantes construidos en la misma playa y donde cenamos pescado, gambas y calamares sobre la arena y disfrutando de la puesta de sol más espectacular que he visto. La cena estuvo amenizada por bailes balineses tradicionales y un grupo de cantantes que me preguntaron de dónde era (sin ofrecer transporte) y que cantaron »Bésame mucho« en español junto a nuestra mesa. Es curioso cómo reaccionaban los balineses cuando decíamos que estábamos de luna de miel, de repente nos trataban mejor. Y es que en Bali, si a los 30 alguien no está casado, significa que la persona tiene un defecto tan grande que nadie la quiere, y se convierte en persona non grata. Para ellos, casarse es tan fundamental como comer, y todos deben casarse pronto, lo antes posible. Por eso para los solteros de más de 30 que visitan el país recomiendan que digan que están viudos (porque si están divorciados, peor que peor).

Este ha sido un resumen de nuestros viajes principales, no quiero aburrir con todas las historias de estas 2 semanas. Sólo decir que Bali es un sitio impresionante, la gente es encantadora, la comida buenísima (aunque todo es picante) y la experiencia ha valido la pena. Es un sitio que hay que visitar, sin hacer caso de todas las advertencias (controles en el aeropuerto por gripe aviar, es el país del mundo más afectado; terremotos y tsunamis, hubo un terremoto de 5.6 cuando estábamos allí y son casi diarios; terrorismo; riesgo de picaduras de insectos tropicales, parásitos, etc…). Conclusión: Bali es el lugar perfecto para todos aquellos que necesiten escapar de la realidad y vivir unos días en el paraíso.

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5 respuestas a “El Dépor en Bali”

  1. sere dice:

    Hola tengo 15 años i el verano que viene una amiga mia me ha invitado a la casa de su padre en Bali, iriamos nosotras dos su padre su mujera i unos amigos de su padre. Pero al estar lejos y tal mi madre se lo ha de pensar.
    Era para saber si Bali es un lugar peligroso encunato a la gente, es decir, si alli raptan a los niños o hacen trafico de organos i esas cosas habitualmente..

    GRACIAS!

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  2. Pablo Carballada | Desde Irlanda dice:

    Rapto de niños, tráfico de órganos y muchas cosas aun peores te pueden pasar a dos pasos de tu casa. En Bali están bastante más civilizados que en muchos lugares de Europa.

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  3. Susana dice:

    Sere, Pablo tiene razón: Bali es un lugar muy civilizado, la gente es encantadora y servicial y no supone peligro alguno. Además, las zonas turísticas están bajo constante vigilancia debido a las amenazas por terrorismo, no te va a pasar nada.
    Respecto a otras zonas de Indonesia no puedo hablar, pero te aseguro que Bali es uno de los lugares más tranquilos que he visitado.

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  4. sere dice:

    Muchisimi gracias:)
    m e habeis dejado suer tranquila porque tenia unas ganas tremendas de ir.

    un beso!

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  5. romy dice:

    no creo que sea tan seguro, por los casos que he leido en los periodicos , drogas que colocan en los equipajes de los turistas para contrabando de ella ,transportarla y culpar a los turistas q solo van a visitar el pais.

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