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Temblores

Escrito por Eva Cabo | Desde México
28 de abril de 2008 a las 7:08h

Hoy, a eso de las siete de la tarde, tembló. No hubo alerta sísmica porque no sobrepasó el límite para que así fuera. Una vez más, yo no me enteré.
Desde que vivo aquí, son ya varios los temblores que hubo. Siempre con la misma constante: Eva no se entera.

En una ocasión estaba hablando por teléfono con una señorita de una escuela que me dijo “¿Me puede marcar en veinte minutos? Es que está temblando y tengo que evacuar el edificio.” Yo alcancé a decir “¿Temblando dónde?” Una voz desde el cuarto dijo “Aquí, está temblando aquí, ponte debajo de la puerta.” Eso fue lo que hice, no sin antes añadir que no me había dado cuenta.

Otro día, ya de madrugada, estaba en el ordenador trabajando. En la puerta de casa hay colgando un móvil con una pieza de metal que cuando alguien llama y al abrir y cerrar suena. Y sonó sin que nadie la abriera o cerrase. Yo me levanté extrañada, pensando que a semejantes horas sólo podía ser un vecino. Pero me mareé y antes de poder asomarme a la mirilla, la misma voz del cuarto que yo ya hacía durmiendo me observaba desde la puerta de la habitación “¿Que no sientes que estás temblando? Esta vez es fuerte. Ponte debajo del marco de la puerta.” “Me siento mareada.” “Es del temblor, anda y ven aquí”. Y fui. Un ratito después sí que tocaron en la puerta. Era el vecino de enfrente que venía a preguntar si estábamos bien. Él había bajado a la calle por si acaso con todos sus niños y su esposa, y ahora la procesión de pijamas subía las escaleras de regreso a la cama. Ese día me asusté mucho y no precisamente por el temblor, sino por no haberme enterado.

Hoy pasó lo mismo. Sólo que yo estaba en el cuarto. Y la misma voz de siempre desde la sala me dijo “Está temblando. No se siente muy fuerte pero ponte debajo del marco de la puerta.”

Los marcos de las puertas son curiosos. Yo antes no los tenía tan en cuenta en mi vida. Al parecer son cruciales en los terremotos.

Ironías de la vida o casualidades o señales, a saber, cada cuál que lo interprete como guste, cuando México tembló en el 85 en mi casa estuvimos muy pendientes porque uno de mis tíos estaba precisamente aquí.
Fue un terremoto de 8.1 en la escala de Richter, teniendo varias réplicas, una de ellas al día siguiente con una intensidad de 7.9 en la misma escala.
Aquella mañana del 19 de septiembre del 85 mi novio tenía 7 años y vivía con sus papás en el piso trece de un edificio de veinte. En tales circunstancias creo que yo también me hubiera enterado.

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4 respuestas a “Temblores”

  1. Ana dice:

    Eva, no te preocupes, eso mismo le suele pasar al resto de los mortales que no estamos acostumbrados a que tiemble la tierra debajo de nuestros pies. A mí también me ha sucedido en mis viajes a México. Es curioso comprobar como ellos lo tienen totalmente incorporado en su vida como algo habitual, sin las ansias ni agoboios que hubiera desencadenado en España. La naturaleza nos acostumbra a sus manifestaciones sin que nos demos cuenta. Yo siempre me acuerdo que en Madrid, un compañero de universidad procedente de Linares cuando llovía no iba a clases. Para ellos, era algo tan extraordinario que prácticamente se paralizaba la vida. Imagínate si eso pasase en Galicia…

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  2. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    Jajaja, Eva, no tienes sensor de terremotos… Bueno me alegro que haya sido uno de los pequeños, y hazle caso a la voz que te dice que te pongas debajo de la puerta…

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  3. eva dice:

    jajajajajaja, Ana qué gracioso eso que dices de tu amigo, una excusa envidiable para los gallegos!

    Miguel, te juro que estoy pensando en instalarme un sensor de esos por si acaso :p

    un abrazote a ambos

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  4. Luis Prieto dice:

    Vaya, pues en Guadalajara yo tampoco me enteré!!!

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