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Hasta la vista, Luis

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
17 de abril de 2008 a las 13:26h

Quizás suene extraño, pero si me preguntan que palabras describen China para mí, entre las primeras diez aparecerían, sin lugar a dudas, México, Alicante, Japón, Dinamarca y Madrid. Son los lugares de origen de mis amigos más próximos en esta vida del exilio. Uno de ellos, Luis el madrileño, se ha marchado esta mañana a su casa, dispuesto a trabajar por unos años en la empresa de su padre.

Luis habla un chino excelente, además de dominar el francés y el inglés. Ha vivido también en Londres, París y Chicago, y su novia, encantadora y muy guapa, es tailandesa. Con menos de treinta años –anda entre los veinticinco y los veintiocho, no estoy yo muy seguro–, es todo un ciudadano del mundo. Le apasiona la cultura china, y pretende volver en cuanto pueda escapar de los compromisos familiares, a los que acude gustoso, como buen hijo, pero triste por tener que abandonar su hogar, que él considera en China.

Luis es una de estas escasas personas que echa una mano a la gente sin preguntar. A mí me consiguió piso sin apenas conocerme, y me ha ayudado cada vez que ha surgido algún problema: que si la caldera rebosa, que si tengo que pagar una factura y no sé dónde, que si se ha plantado un chino en mi casa y yo no le entiendo ni jota. Llamadita a Luis, y Luis contesta alegre y encantado de ayudar. A pesar de que me he visto con él menos que con otros amigos, le he tomado ley.

Cuando uno vive en China, tiene un trabajo-beca con fecha de caducidad y se relaciona con estudiantes y trabajadores jóvenes que caen por aquí con la intención de hacer méritos y ascender en sus empresas, está acosumbrado a ver que la gente va y viene. Con algunos se mantiene el contacto –mi querida Chiaretta, la italiana más divertida del planeta, blanca como un filete de pollo y desolada, estos días, por la victoria de Berlusconi–. Pero son siempre los menos. Uno se hace, cómo no, a las relaciones temporales, a los camaradas coyunturales, compañeros de té, clase o cerveza –no es mi caso, que apenas salgo–, y les ve marcharse con una mezcla de tristeza ligera y aceptación de lo inevitable: hoy se van ellos y mañana seré yo el que se largue de aquí como llegó, en un taxi destartalado y sin saber bien qué va a suceder a continuación.

Espero sinceramente que con Luis no pase esto. Ayer no conseguí despedirme de él, y he soñado que me lo encontraba al pie de un autobús a punto de partir, agobiado porque no podía subir él solo todas las maletas. Mi inconsciente ha querido decirme, creo, que lamento de veras no haberle dicho adiós. Este inconsciente mío, como el de todos, a veces dice cosas que yo ya sé sin su ayuda.

Le he llamado esta mañana, de camino al trabajo. Él me ha contestado desde el taxi que iba al aeropuerto. Hemos quedado en que nos vemos este verano en Madrid, y voy a hacer todo lo que esté en mi mano porque se cumpla la cita. En esta vida que llevo de relaciones fugaces uno tiene que agarrar, aunque sea por los pelos, a la gente que de verdad merece la pena.

Y con pena recuerdo hoy las charlas con Luis, las noches en el Nepalese o el Makawai –pocas, pero buenas–, el subir al undécimo piso de mi edificio y encontrármelo, con muchas prisas y la cabeza llena de pájaros, bien dispuesto, como siempre, a contar y escuchar historias, dos cosas que hace muy bien.

No pasa nada. Faltan solamente tres meses para que nos enontremos en el Foro. Y además, ¿no estamos en la era de la informática? Si algo tiene de bueno la globalización es que uno puede tener amigos, y de los buenos, viviendo la otra esquina de este mundo que, hoy más que nunca, es un pañuelo.

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3 respuestas a “Hasta la vista, Luis”

  1. Laura dice:

    Conserva a Luis!!
    Aún me arrepiento de haber dejado marchar a una amiga cuando era pequeña y aún intentando contactar con ella por todos los medios, no ha sido posible y me acuerdo continuamente de ella mientras los demás apenas recuerdan su nombre.
    Ahora con la era de Internet, web cam… todo es posible.
    (ahora mismo tengo a 3 inglesas a mi lado que no dejan de visitar el facebook, algo debe haber!)
    La morriña es universal!

    Un beso Miguel!

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  2. eva dice:

    desde que llegué me tocó despedir a varias a gentes y siempre surge la duda de “cuándo nos vamos a volver a encontrar?”, lo que me consuela es precisamente eso que aunque no lo parezca el mundo es un auténtico pañuelo,

    un abrazote

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  3. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    Vaya, me parece que todos tenemos experiencias similares… La verdad, el ordenador es una maravilla para mantener el contacto. Es escritor italiano Tiziano Terzani comparaba los emails con mensajes en botellas que llegaban a tu orilla estuvieras donde estuvieras. Me parece una forma perfecta de describirlos.
    ¡Besos a las dos y gracias por vuestros comentarios!

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