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La matanza

Escrito por Pilar Pousada | Desde Oxford, Gran Bretaña
14 de abril de 2008 a las 0:18h

En la televisión, una productora intentaba defender la emisión de un programa de cocina en el que se documentaba una matanza en España. Aunque la matanza no tenía lugar en Galicia, inmediatamente sentí cierta necesidad de entender cómo se ve esta tradición nuestra fuera de nuestras fronteras.

Varias personas llamaron por teléfono a este programa de denuncia en directo. Todos se declararon indignados ante el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche. “Estaba con mi nieto viendo la televisión y de repente apareció en televisión  un hombre acuchillando a un cerdo y una mujer removiendo la sangre caliente dentro de un cubo mientras una voz explicaba cómo esta sangre se utilizaría luego para cocinar”. Este es sólo un ejemplo de las críticas, centradas sobre todo en el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche, la hora a partir de la cual la televisión británica entra en franja adulta. La mayoría de las protestas venían, eso sí, de esos telespectadores adultos.

En mi condición de gallega fuera de mi tierra, inmediatamente vinieron a mi mente no solo las imágenes sino también los sonidos y los olores de la matanza. Recuerdo vívidamente la llegada del ‘matador’, la reunión de los hombres, la colocación del banco, las órdenes de mi abuela, los chillidos de la víctima y el olor de la carne fresca. Recuerdo también cómo me horrorizaba esta tradición y me recluía en la casa a la espera de que todo se hubiera acabado. No me gustaba pero me parecía normal. Y, claro, lo que me gustaba luego era ver a las mujeres cortando profesionalmente la carne y, más adelante, el ritual de probar la zorza para los chorizos. Y aquí entraban más olores, como el del laurel utilizado para ahumar esos anhelados chorizos caseros.

Supongo que ante el debate sobre la conveniencia o no de enseñar una matanza en directo en televisión, lo que sentí fue la necesidad de defender una tradición que pronto será algo que cuentan los abuelos, también incluso en Galicia. Acepto las quejas en defensa de los niños, que quizás  pudieron encontrar un poco fuerte la imagen del cerdo muriendo. Sin embargo, no entiendo las quejas de los adultos ante una tradición que tenía como único objetivo conseguir la carne que había de alimentar a la familia durante el invierno. Demasiada hipersensibilidad. Yo prefiero saber de donde viene la carne de los chorizos y contar entre mis experiencias la de haber ayudado a mi madre y abuela a hacerlos.

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Una respuesta a “La matanza”

  1. Maria de los Angeles Fernández dice:

    Pilar: me ha pasado un poco lo que a tí, leyendo tu propio artículo. Rememoré la matanza del cerdo en la aldea, casi siempre para la fiesta del patrón. Describes muy bien el rito que se llevaba a cabo y los anticipos de los que era rodeado. No recuerdo aquellas escenas con gratitud y eso que a los niños nos alejaban del lugar de la matanza. Pero sentíamos los chillidos agudos del pobre animal, seguramente retorcièndose y tratando de liberarse. Con el correr de los años, pienso en que era una pràctica entre bárbara y medieval. Saludos desde Chile, Angeles

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