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Los otros Daoíz y Velarde

Escrito por Manuel Ríos | Desde Madrid
11 de abril de 2008 a las 20:16h

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El maestro Pérez-Reverte nos brinda en la última entrega de XL Semanal uno de sus artículos antológicos, un relato desgarrador y crudo como él suele hacer, porque la vida no es vino y rosas. Se sitúa en la actual Plaza de España madrileña, cierra los ojos y los abre en la montaña del Príncipe Pío doscientos años atrás. Revive allí “un día de cólera”, una auténtica “intifada” de “Carpinteros, albañiles, mendigos…”, una intifada en la que “el enemigo real no eran los franceses, sino aquellos a quienes estaban defendiendo estos pobres desgraciados”. Pero no nos confundamos; después de una serena reflexión, el autor finaliza su trabajo escribiendo: “La tragedia española, que nos cerró la puerta y nos echó encima 200 años de oscurantismo, fue ésa. Precisamente ésa”.

¡Qué lucidez la de don Arturo! Su artículo evoca en nosotros dos nombres, Luis Daoíz y Pedro Velarde o, como suele pronunciarse popularmente de corrido, Daoíz y Velarde. Pero no sólo a los Daoíz y Velarde presentes en distintos lugares de la ciudad que recuerdan su inmolación al lado de cientos de “mataos”, sino también a los otros Daoíz y Velarde.

Como el maestro, amigo lector, cierra los ojos y ve a 1843. El día que cumple trece años, Isabel II coloca la primera piedra de lo que será el Palacio de las Cortes; siete años después lo inaugura la misma Isabel, ahora una espléndida veinteañera. Pocos meses más tarde, el cura Merino atenta contra ella, según declara, para borrar su infidelidad y su perjurio, y es ejecutado a garrote vil. ¡Qué difícil y qué duro nuestro siglo XIX!

La llamada guerra de África cierra paréntesis a favor de España en 1860. El ejército español arrebata al enemigo un conjunto de cañones. Ese mismo año se inaugura en la Puerta del Sol una fuente dotada de un surtidor que eleva el agua a treinta metros. ¡Pan y toros una vez más!

Pasan los años y, en el entorno de 1866, la Maestranza sevillana funde los cañones aludidos y Ponciano Ponzano los transforma en los leones que custodian el Palacio de las Cortes, el actual Congreso de los Diputados, desde 1872; dos piezas que casi suman cinco toneladas y cuyas longitud y altura superan los dos metros. Desde su privilegiada ubicación han sido testigos mudos de casi siglo y medio del latir español: contubernios, pronunciamientos, derrocamientos, restauraciones, trapicheos, idas y venidas… Los madrileños castizos les llamaron Benavides y Malospelos, pero, para los capitalinos viejos, serán siempre Daoíz y Velarde.

(fotografía de Juan Lupidón en régimen de dominio público)

Una respuesta a “Los otros Daoíz y Velarde”

  1. Sousa-Poza dice:

    Pues si, Manuel, … “contubernios, pronunciamientos, derrocamientos, restauraciones, trapicheos, idas y venidas …” Asi fue la historia contemporanea de Espanya: Y QUE? Francia tuvo cinco Republicas, dos Imperios, dos casas reales, y una dictadura cliente de Alemania. De Alemania ya es mejor no hablar … Supongo que la moraleja es que Espanya “no esta sola” en la historia de Europa.

    Soy un lector asiduo de todo cuanto encuentro de Perez Reverte, que en Surafrica es generalmente en ingles. Como escritor, creo que es justo el tratamiento que le das de “maestro”. Pero no conozco esas entregas suyas semanales de las que hablas y me es dificil interpretar su reflexion de que “La tragedia española, que nos cerró la puerta y nos echó encima 200 años de oscurantismo, fue ésa. Precisamente ésa”.

    Seria aventurado decir que Perez Reverte, de haber nacido en el siglo XIX, seria necesariamente un afrancesado, pero pareceria otearse un cierto revisionismo historico en la frase. De yo haber vivido en el siglo XIX, ya fuese uno “estos pobres desgraciados” o un intelectual, creo que lo tendria bien claro: primero habria que liberarse a toda costa de los franceses, y despues ya me encargaria de lo que viniera. Y si se echaran encima 200 anyos de oscurantismo, … ya otros continuarian la lucha, pero seria mi lucha, la lucha de los espanyoles, y no de alienijenas que nada se les perdia en Espanya.

    Como yo conozco la anecdota, fue a Chu En Lai y no a Mao a quien en una ocasion le preguntaron que opinaba de la revolucion francesa. Su contestacion fue que “es muy pronto para opinar”. Doscientos anyos de oscurantismo no es un precio demasiado alto si hoy los espanyoles pueden vanagloriarse de que jamas a lo largo de su turbulenta historia han sido “liberados” por nadie, que siempre se liberaron a si mismos.

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