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Viajar no sirve para nada

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
9 de abril de 2008 a las 3:46h

Busco billetes de avión para las vacaciones del 1 de mayo en China. Iré a Taiwán a ver a mi novia. Mirando itinerarios y encajando vuelos recuerdo lo poco que me gusta viajar.

Extraño que no te guste –pensarán ustedes–. Vives en China.” Pues sí. Y es que vivir en diferentes lugares me encanta. Aprendo, acumulo experiencias que jamás habría podido tener –padecer a veces, disfrutar las más– en Ferrol. Pero viajar no tiene nada que ver con eso. Al menos viajar en los tiempos que corren.

Las compañías de viaje –y, en realidad, toda la sociedad del bienestar primermundista– siguen vendiéndonos la moto de que viajar es la clase de actividad que convierte nuestro ocio en algo productivo. Se aprende –nos dicen con voz de quien gasta su tiempo en cosas útiles–. Se ve el mundo y –aquí la más peligrosa de las mentiras– se abre la mente.

Le dice Indra -Rey de los dioses y amo del firmamento hindú- a Rohita en el Brahmana:

“¡No hay felicidad para quien no viaja, Rohita!
De tanto permanecer en la sociedad de los hombres,
hasta el mejor de ellos se echa a perder.
Ponte en camino.
Los pies del caminante se transforman en flores,
su alma crece y da frutos
y la fatiga del viaje limpia sus vicios.
La suerte de quien se está quieto no se mueve,
duerme cuando él duerme
y se levanta cuando él se despierta.
¡Ahora vete, viaja, Rohita!”

Qué ciertas y hermosas palabras. Pero responden a una realidad que apenas existe hoy en día, sino a cuando Marco Polo tardaba un año en llegar a Beijing. ¿En qué hemos convertido el viaje? Salimos de casa a la hora X cargados de maletas y cámaras digitales de foto y vídeo. Por el camino, en vez de observar cómo cambia el mundo paulatinamente, cómo las costumbres del hombre varían para adaptarse a un medio diferente al nuestro, dormimos, comemos horrible comida de avión metida en cajas plateadas y vemos la última película de Disney.

Llegamos al otro lado del mundo a la hora X + 15. Vamos a un hotel exactamente igual a los de nuestro país –de acuerdo, tiene cuadros exóticos y los recepcionistas otro color de piel–. Durante una semana, quince días como mucho, corremos de un lado para otro visitando lugares explícitamente preparados para turistas como nosotros, comiendo en restaurantes en los que, sospechosamente, la mayoría de los clientes son de nuestro color, tamaño y condición, y señalando a una foto en la pared para pedir la cena. Ninguna relación con los nativos, que se limitan a vendernos las entradas de los museos y los espectáculos de bailes locales que ya nadie baila y a servirnos la comida con la mejor de sus sonrisas. Si algo no nos gusta, siempre tenemos un Mcdonalds a mano.

A eso se reducen la mayoría de los viajes de hoy en día. Pero como es un tópico aceptado por la sociedad primermundista que viajar es sano y abre la mente, volvemos a casa con la pretensión de haber visto un país (en quince días ni San Marino, seamos serios) y, sobre todo, de haberlo comprendido, aunque sea parcialmente. Se viene uno a China en el puente de la Constitución y se vuelve a casa dando explicaciones a diestro y siniestro: “No, pues los chinos hacen tal”, “No, pues en China cual está fenomenal”…

Los países, sobre todo los que dependen del turismo para sobrevivir, se convierte así en parques temáticos para occidentales y japoneses en los que los habitantes nativos son una parte más del decorado y la cultura algo que se vende en los tenderetes. Podemos darnos una vueltecita por el Amazonas con guías indígenas, cruzar el río Congo en Canoa con un remero negrísimo y viejo que masca extrañas raíces y comer hormigas en Vietnam. ¿Pero en qué viaje moderno tiene uno tiempo, posibilidades y capacidad de hablar –de hablar de verdad, no sobre la salsa del besugo– con la gente? Una cultura se conoce a través de la gente que la vive y no de las fotos posando en monumentos ilustres. Al volver criticamos que en China se escupa en el suelo, que los negros de África vayan medio desnudos y que los indios en Perú nos miren con rencor de quinientos años, porque el haber comprendido –ay– nos da derecho, creemos, a valorarlo todo.

El viaje ha perdido su sentido completamente. Es divertido, y no digo que esté mal, pero no enriquece el espíritu. Es una industria más, y su cómplice es la guía Lonely Planet, pero eso lo explicaré otro día. Casi nadie se sale de las rutas establecidas, porque es incómodo y difícil moverse sin guías, sin señales, sin plan previo. El equivalente actual al viejo modo de viajar, al viaje que abría la mente, es vivir fuera y empaparse de todo lo nuevo que nos aporte la experiencia. Y aún así no es infalible: conozco una tipa que se pasó tres años en China y no aprendió una palabra de mandarín, idioma que empezó a estudiar cuando se trasladó a Francia. Ver para creer. Pero ya lo decía Lao Zi: “Sin mirar por la ventana puede comprenderse el sentido del cielo.” Es decir, no hace falta viajar, ni vivir fuera, sino mirar hacia dentro, para conocer lo importante de la vida. Que viaje Rohita si quiere.

Eso sí, yo me voy encantado diez días a Taiwán. No por el viaje –que también, el lugar es una maravilla– sino por mi novia.

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11 respuestas a “Viajar no sirve para nada”

  1. Sousa-Poza dice:

    Ah, el amor!
    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero …

    Miguel, un correo muy interesante pero abrumador: vas desde lo literario, “el Brahmana”, a las ciencias sociales,”la sociedad del bienestar primermundista”. Y con observaciones de muy buen sentido de por medio.

    Pero me limitare aqui a lo mas pedrestre. Naturalmente, yo me considero una persona de lo mas normal, practicamente vulgar y corriente, pero es sobrecogedor pensar que si todos tuvieran el mismo punto de vista que yo tengo con respecto a viajar, la llamada “industria” del turismo se vendria a pique y, con ella, el bienestar de muchos paises, incluida Espanya y Surafrica donde vivo. Hoy en dia el consumerismo lo es todo. En el primermundo en particular, las unicas necesidades que quedan son las que Galbraith denominaba “adquiridas”, y estas no tienen fin. Tampoco tienen nada que ver con las necesidades naturales a las que se referia Adam Smith.

    Yo tengo fe en lo que veo en fotos, videos, television, … y no me creo en la necesidad de ir personalmente a comprobarlo. Precisamente hace poco vi en televison un excelente reportaje acerca de Manchuria: no me enteraria tanto de lo que se trata si fuese ahi de turista. Claro, el vivir ahi es ya otro cuento. Asi pues viajo para ver a gente, no lugares o monumentos, porque la gente me habla, la siento y me siente. Me encuentro pues con la paradoja de que conozco bastante bien Appenzell, porque mi mujer es suiza y tiene alli familia, pero no conozco Roma, Atenas, Egipto, … Que incuria!, diran muchos: pero asi es.

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  2. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    Muy al caso la cita de Neruda: mañana voy a leer ese poema con mis alumnos en clase.
    Estoy de acuerdo contigo. De hecho, viajar es divertido y aporta grandes cantidades de dinero a la economía de muchos países –a costa a veces del deteerioro del ecosistema y los modos tradicionales de vida, pero ese es otro cantar–. Lo único que intentaba con mi correo es desmitificar un poco la idea de que viajar abre la mente, porque el viaje moderno es contrario a la asimilación y reflexión de las impresiones, obtenidas casi siempre en poco tiempo y de cualquier manera. Es como comer sin masticar, no sé si me explico. Y como está tan bien visto hacerlo, algunas personas que viajan mucho se creen que saben más que las que no lo hacen. Y puede que sepan más más, pero datos superficiales y sin relacionar. “Amontonan” información muy útil para salvar una tarde aburrida echando un Trivial, pero nada que ver eso con el verdadero conocimiento.
    El viaje moderno es, casi siempre, una paseo por un decorado. Se aprende mucho más, como tú dices, en los documentales.

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  3. X dice:

    Alguien linkeó hasta aquí y me alegro de haber leído este post: dices en él lo que llevo toda mi vida pensando. Apenas he salido de España pero, tal y como reza el título, opino que “viajar no sirve para nada”, no al menos si se hace como estipulan hoy en día. Siempre he defendido que lo realmente interesante de los viajes, en todo caso, no era ir de monumento en monumento y todo el día bajo tierra (en el metro), sino callejear como hiciéramos en París, llegar a los sitios a pie, maravillarse con un edificio corriente y con el adoquinado de Montmartre y con el Telepizza que hay junto al Pompidou; decepcionarse con Galeries Lafayette, también pero, en definitiva, vivir la ciudad por dentro, tener que hablar francés. Íbamos por libre, como se dice, no era un viaje organizado. Y aún así fue muy poco tiempo. Por eso mi auténtica preferencia, en este contexto, siempre fue vivir fuera, como tú, como vosotros. La palabra “turista” nunca me ha gustado en realidad. Confío, en el futuro, acabar yéndome lejos, echar muchísimo de menos mi ciudad natal, Valencia, pero hacerlo sabiendo que pertenezco ya a otro sitio, aunque sea personalmente, pero sentirme de allí. Un turista siempre sabe que va a volver y cuándo, y simplemente eso ya impide respirar otros lugares.

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  4. Sousa-Poza dice:

    “Linkeo”? Meu Deus! X, no sabias que en castellano correcto es “linqueo”? El no saber escribir bien en gallego, como yo, … pase! Pero el que le falle a uno el castellano, es una desgracia. Es el idioma de la gente culta y distinguida …

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  5. Miguel Salas | Desde Manchuria, China dice:

    ¡Bienvenido, X! Me alegro de que estés de acuerdo, y de que hayas disfrutado de viajes auténticos, que son los que incluyen, cómo no, decepciones.
    Es cierto que no saber cuándo va a volver uno le añade otra dimensión al viaje. De eso no se da uno cuenta hasta que le pasa.
    ¡Abrazos!

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  6. X dice:

    Hola, Sousa-Poza, pensaba que en castellano correcto (no conozco otro, dicho sea de paso) era “enlazó”, ¡pero ya ves! Supongo que vivir envuelto en la lengua de Shakespeare (y de unos cuantos más) acaba pasando factura. ¿Deformación profesional, lo llaman? ¡Estos progres siempre inventando expresiones raras! 😉

    Un abrazo, Miguel.

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  7. koldo dice:

    Acabo de ver y leer el comentario/reflexión/crítica de M Salas “Viajar no sirve de nada” que realmente es provocador y llamativo (hacer el juego a los que nunca han salido de la aldea y que odian a los forasteros).
    Luego, leyendo la reflexión se ve que, en realidad, que está en contra del turismo de masas de finales del S XX y lo que llevamos de éste.
    ¿Y quien no?

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  8. Sousa-Poza dice:

    X, es siempre divertido ver como alguien se pasa de listo. Evidentemente no cazaste la ironia gallega de “linqueo”. Pero fuiste tu quien con tu maravilloso castellano nos espetaste “linkeo”. En fin, en estos idiomas tercermundistas todo va.

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  9. Francisco Álvarez dice:

    Hola Miguel,

    He tenido oportunidad de viajar de ambas formas… tanto como turista, como “viajero”. Dirán algunos que se trata de lo mismo, pero definitivamente opino que no, y os explico:

    Un turista es aquél que se asemeja al típico japones con su nikkon amarrada al cuello, haciendo city tours por Roma. El viajero es aquel que abre caminos, que vive los sitios como un lugareño más (o al menos lo intenta), y por sobre todo, que no se restringe a lo que dice su guia de bolsillo.

    Doy un ejemplo. He tenido oportunidad de viajar dos veces a Buenos Aires… la primera me fuí en un tour, por lo económico de la oferta y por el adicional de viajar con unos amigos. La segunda fuimos por nuestra cuenta, sin agenda, igual con un presupuesto reducido, pero con la libertad de elegir entre que hacer y que no.

    La más enriquecedora? Definitivamente la segunda!! Es de valor incalculable eso de poder caminar la Av. de Mayo, por ejemplo, sin la presión de que el city tour solo te da 10 min. porque hay que seguir a otro sitio. O quedarte en un pequeño hostel de estilo Belle Epoque en San Telmo, en vez del típico hotel Hesperia o Hilton o similar, repleto de los microbuses para turistas…

    Eso sí, si veo necesaria la información que puedas obtener por TV, internet, foros, etc., sobre el sitio al que vas. Llegarás mucho mejor ubicado y preparado para lo que sea que encuentres en sitio. Es decir, se puede aprovechar lo mejor de las dos visiones: Utilizar la tecnología para investigar sobre tu destino, informarte y planear así sea a grandes rasgos que será tu viaje; y olvidarte de visitas guiadas, restaurantes de turistas, horarios pre-establecidos, todo aquello que coarte tu libertad al viajar!

    Habrá quien prefiera el todo incluído en Punta Cana… pero de todo tenemos en la viña del Señor, como se dice en Venezuela.

    Saludos a todos

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  10. patricia dice:

    si a una persona viajar le sirve solo para divertirse , ya es suficiente, cada uno tiene una manera diferente de ver la vida y si me sirve para hacerme sentir bien es suficiente ,para mi , todos somos diferentes!!! gracias a dios

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  11. Sousa-Poza dice:

    Patricia, si tu maxima ambicion en la vida es divertirte, … viaja, mujer, viaja! Pero si lo que ambicionaras fuese vivir una vida con significado, que dejara poso, … el viajar pudiera serte insuficiente. Un poeta a quien yo conozco dijo que “la flor al morir deja su aroma, y el hombre su obra”,

    Donde andas, Miguel Salas, ahora que te necesitamos!

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