El resurgir de «Damages»

La tercera temporada me aburrió, así que cuando supe que el canal Audience Network iba a darle una nueva oportunidad a «Damages» tampoco lo acogí con gran emoción. Ahora que he visto unos cuantos capítulos de la cuarta temporada ya puedo decir que ha merecido la pena. La serie ha vuelto a sus orígenes, resurge de sus cenizas como el Ave Fénix y lo ha hace además utilizando un tema espinoso, el negocio de la guerra.
Las abógadas Patty Hewes (Glenn Close) y Ellen Parsons (Rose Byrne) han cambiado mucho desde que las conocimos. Patty está, por primera vez en su vida, casi tan volcada en su vida familiar como en su trabajo. Su nieta y la búsqueda de su hijo han calmado el apetito de nuevas víctimas de la implacable y temida abogada. Eso sí, aplica para buscar niñera los mismos criterios que para conseguir un pasante para su bufet. Además mantiene su olfato, ese que le llevará a volver a unirse con su ex becaria, confidente, enemiga, perseguidora y ahora amiga, todo entre comillas, Ellen Parsons.
Aunque vuelven a trabajar juntas, las cosas ya no son como en la primera temporada. La joven abógada quiere ahora tomar las riendas. El caso es suyo y quiere la ayuda de Patty Hewes siempre y cuando se hagan las cosas a su manera. Ellen juega a dominar a la que fue su instructora y Hewes se deja jugar. El personaje de Glenn Close finge que no se entera de lo que está pasando y mantiene todo controlado y bien atado por la puerta de atrás, que es como a ella le gusta. Allí donde se ocultan los trapos sucios y los platos rotos es donde Hewes se sabe mover y donde consigue las informaciones clave para ganar sus multimillonarios casos. Siempre tiene un contacto encubierto y en cada uno de sus pasos hay una vuelta de tuerca, algo que ahora Ellen Parson ya sabe. Se conocen bien y, aunque tienen la confianza suficiente para tomarse un café juntas, desconfían de cada palabra que la otra dice.
Un hombre poderoso, como no, es el que ha conseguido unir de nuevo a las abogadas después de todo lo ocurrido entre ellas. Howard t. Erickson, interpretado por el gran John Goodman, es el mandamás de High Star, una compañía privada de seguridad militar que se ha hecho con una buena fortuna asumiendo todo tipo de operaciones en terrenos afganos. Está implicada en una conspiración que saca a la luz lo más turbio del negocio de la guerra. Un asesinato, torturas, terrorismo, documentos clasificados de la CIA… todo irá apareciendo poco a poco después de que Ellen Parsons se interese por lo que un antiguo amigo de la infancia y trabajador de la compañía le quiere contar.
Saber que algo ha ocurrido y poder demostrarlo son cosas muy diferentes. Para conseguir que un jurado admita la causa Ellen Parsons ya tendrá serios problemas y después le queda un largo camino en el que deberá evitar zancadillas de la empresa, el Gobierno y su aliada Patty Hewes. Y es que a estas alturas de la serie, si algo sabemos de la prestigiosa y despiadada abogada es que siempre se tiene que salir con la suya.
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