Visitar ciudades sin moverse del sofá y sin españoles que han tenido que emigrar por amor o por la crisis. Las calles las pisan personajes de ficción pero los espectadores aprovechamos sus pasos para conocer mundo. Los escenarios de las series nos permiten trasladarnos a urbes, muchas de ellas reales, que aportan personalidad y carácter a la trama. Nueva York siempre ha sido la preferida y sus rincones, parques y monumentos aparecen en buena parte de las ficciones que se importan. Pero cada vez le salen más competidores y con ellos nuevos paisajes que recorrer.
El Washington de «Homeland»

Me quedo con Homeland siempre con el permiso de El Ala Oeste de la Casa Blanca, que excepto en las campañas presidenciales, poco salía de las dependencias del presidente Bartlet y su equipo. Sin haber pisado la capital de Estados Unidos, gracias al poder ilimitado de Hollywood, nos hacemos una idea bastante aproximada de cómo es el Capitolio, la Casa Blanca o el Congreso. Homeland aporta algo más. Además de los pasillos de la sede de la CIA y del Congreso, la serie también nos muestra ciudad. La recorremos en coche con Jessica y los niños, en metro siguiendo a los objetivos de la agencia de inteligencia y también en alguna caminata a pie. Washington aparece como una ciudad agradable y repleta de zonas verdes, esas por las que sale a correr Brody y en las que queda con Roya. A Carrie la trama la sitúa en el barrio de Georgetown, menos solemne pero con más vida. Una zona ideal para una mujer que pisa poco su casa y que lo que necesita es cubrir apuros: supermercado, comida india y salir a tomar una copa. De la mano de Abu Nazir y de su séquito, la serie nos permite hacer escapadas hasta Afganistán o el Líbano, aunque las autoridades de este último país ya se han quejado de la visión que dio de Beirut en los primeros capítulos de la segunda temporada. Así que mejor nos quedamos únicamente con la imagen de Washington.
El Miami de «Dexter»

El Miami de Dexter huele al mejor café, ese que con sólo olerlo ya te despierta. El clima asfixiante y esa humedad que a veces se convierte incluso en pegajosa, la ciudad nos la compensa con unas puestas de sol espectaculares, esas que a Dexter le pillan muchas veces en plena faena. La serie de Showtime muestra una ciudad que es todo violencia, criminalidad y sangre pero con un toque de clase y distinción. Abundan los crímenes de barrios acomodados, esos que forman bonitas casas de dos plantas con porche y que tienen aparcado delante un coche de esos que no cabe en las plazas de la mayoría de los párkings gallegos. Al “oscuro pasajero” del protagonista no le importa de vez en cuando hacer escapadas a los barrios latinos, contenedores del puerto o cabañas a las afueras pero se mueve mejor en South Beach y Ocean Drive. Miami es cálido y agradable pero tras siete temporadas todavía no han mostrado esos encantos ocultos que llevaron a Alejandro Sanz y Julio Iglesias a instalarse en esta metropoli del estado de Florida
El Chicago de «Boss»

Fuera de los despachos del consistorio del alcalde Kane, Boss muestra un Chicago industrial y con un aspecto decaído. Escapan de los rascacielos y de la imagen que se nos dio de la ciudad durante el apogeo del fenómeno Obama. Prefieren rodar en naves abandonadas, descampados y barrios marginales. Chicago parece una ciudad gris, sucia y un destino que difícilmente visitaría un turista. Es el ambiente perfecto para todo el entramado de corrupción y para que el tráfico de influencias fluya a la perfección. Con la rehabilitación del barrio de Lennox Gardens en la segunda y última temporada, la serie gana interés y vida exterior. Un barrio donde las bandas y la droga han ganado la batalla y que el alcalde quiere rehabilitar para colmarse de gloria. Ese es el Chicago de Boss, que no parece el mismo en el que viven los protagonistas de The Good Wife, con sus oficinas de lujo y sus viviendas acomodadas en la periferia. Son dos caras muy diferentes de una misma moneda, aunque queda claro que en el Estado de Illinois los políticos nunca salen bien parados.
El Seattle de «The Killing»

La ciudad de Seattle tampoco sale especialmente favorecida en la adaptación americana de la serie Forbrydelsen. La investigación de la muerte de Rosie Larsen transcurre en una ciudad bajo una constante neblina y lluvia. La fotografía nos traslada a unos años atrás y el ambiente está medido para que siempre sea oscuro, decadente y nos transmita frío. Los creadores han querido mantener las características de esos parajes nórdicos en los que se rodó la serie original y le han hecho una mala campaña de promoción a la ciudad de Seattle. Pocos querrán viajar hasta allí para pasear por las calles en las que los detectives Linden y Holder se rompen la cabeza para descifrar ese puzzle que nos mantuvo en vilo durante dos temporadas (rompecabezas que se podría volver a desplegar porque se están planteando hacer una tercera entrega). Lo único que anima a plantarse en Seattle para hacer algo de turismo son esas largas extensiones de bosque por las que la policía busca alguna pista tras la desaparición de Rosie. Dan ganas de correr hasta donde ni siquiera se vea el Space Needle, ese pirulí que domina el cielo de la ciudad, y perderse.
El Nueva Orleans de «Treme»

La serie no solo está ambientada en Nueva Orleans, la reconstrucción de la ciudad y sus gentes tras el Katrina es su verdadera historia. Barrios totalmente destruídos, calles cerradas y negocios a la deriva. Un ambiente desolador pero que mantiene parte de su esencia. A pesar de los efectos del huracán, el Nueva Orleans de Treme sigue siendo una ciudad que no duerme y en la que las penas se ahogan con música. Lo ha vivido todo y parte de su atractivo es que supo aprovechar lo mejor de los que pasaron por allí. David Simon nos propone vivir Nueva Orleans de noche y despertarnos con tiempo para poder pasear por las orillas del Missisipi antes de que anochezca. Como ya había hecho con Baltimore en The Wire, Simon hace un recorrido exhaustivo por muchos barrios de la ciudad y por algunos de sus elementos más identificables. Mientras los habitantes de ficción recuerdan al mundo que Nueva Orleans sigue ocupando un hueco en el mapa, los que nunca han pisado sus calles descubren que la ciudad es mucho más que el Mardi Gras.
El Albuquerque de «Breaking Bad»

Nuevo México es otro mundo. Pertenece a Estados Unidos pero va a otro ritmo. Albuquerque no es una gran ciudad y el desierto que la rodea anima a tomarse la vida con calma, precisamente lo que no puede hacer Walter White. Desde el barrio residencial donde vive el profesor de química con su mujer hasta donde le llevan sus negocios ocultos, la serie muestra una de esas ciudades en las que el exterior anima poco a salir del coche. Calor asfixiante poco movimiento en las calles y un vacío permanente en el horizonte. Sin embargo, parece que la serie ha ayudado a colocar a esta ciudad de 500.000 habitantes en el mapa y ha conseguido cierto movimiento de turistas dispuestos a conocer la ciudad de White y Pinkman. En Internet son muchos los que ya han recurrido a la cuenta de una vecina de la ciudad en la que muestra alguna de las localizaciones que se han colado en las cinco temporadas de la serie de AMC. Eso sí, por si alguien se lo plantea, que no pregunte por «Los Pollos Hermanos» porque en realidad el establecimiento se llama «Twisters».
El Atlantic City de «Boardwalk Empire»

Ese paseo de madera sobre la playa, los locales con sus alfombras rojas y los primeros grandes carteles luminosos. La serie de Nucky Thompson nos muestra un Atlantic City anterior a las moles a pie de playa y el furor por los neones. Una ciudad en la que se respiraba elegancia y clase sobre el paseo marítimo, aunque tras los locales se ocultaba comercio ilegal, contrabando y pobreza. Gracias a Boardwalk Empire nos trasladamos a principios de siglo, allá por la década de los 20, esa en la que se aprendió a disfrutar de la vida y a vivir, como algunos repiten tanto ahora, por encima de nuestras posibilidades. Aunque probablemente llamen más la atención sus espectaculares interiores, de la mano de Jimmy Darmody visitamos la playa, con Margaret recorrimos los barrios y con Nucky los mejores y peores tugurios. Gracias a sus contactos, aliados y, sobre todo, gracias a sus enemigos también tenemos la oportunidad de pisar Nueva York, Philadelphia y Chicago.
El Londres de «Hustle»

El bar de Eddie nos conecta con la vida de a pie de la capital británica. El resto en Hustle es el Londres que sólo se puede conocer a golpe de talonario. Los mejores hoteles, las oficinas de la City, rascacielos y palacetes en las afueras. Los timadores de la banda de Mickey Bricks saben vivir y nos muestran la parte más glamurosa de la capital londinense. Son timadores pero de los que manejan cantidades acompañadas de un buen número de ceros, al menos cinco. De ahí que siempre frecuenten los mejores restaurantes, los clubes más selectos y las tiendas sólo aptas para sirs y lords. Para los que lleguen a la ciudad en vuelos de bajo coste y no vayan a gastar más de 20 libras en el alojamiento, probablemente no podrán visitar ninguno de los sitios que aparece en la serie. Como mucho, alguno de los museos en los que la banda ha robado. Para conocer un Londres más asequible, siempre podemos irnos a patrullar con Luther, serie que acaba de empezar a rodar su tercera temporada, o investigar algún caso con Sherlock.
El Manchester de «Shameless»

Y seguimos en Reino Unido aunque pasando de lo más exclusivo de Londres a lo menos recomendable de Manchester. No creo que nadie viaje a este ciudad británica por lo que haya visto en la serie de Paul Abott. Shameless nos muestra esa parte de las ciudades que no suelen pisar los turistas, esos barrios en los que lo difícil es llegar a mitad de mes. Los Gallagher viven en uno de ellos y entre todos se encargan de que conozcamos bien el día a día de los que viven en esas zonas de jardines descuidados, aceras incompletas y calles poco iluminadas. Con un humor sin tapujos, la serie nos habla de desempleo, familias desestructuradas y chavales que aprenden casi antes a delinquir que a hablar. Descampados, callejones y pasos subterráneos son sus escenarios habituales, tanto en la versión británica como en la americana, que traslada a la familia Gallagher a los arrabales de Chicago. Para los que quieran completar su visión de Manchester, otra buena opción es la serie Life on Mars, que recorre las calles del centro y barrios con mejor aspecto en el 2006 y en los años setenta.
Como pertenecen a series, las ciudades también son de ficción. Sí hay partes de realidad en ellas pero la mayoría de las series que he mencionado no se ruedan habitualmente en la ciudad en la que está ambientada su historia. El Miami de Dexter está en California, el Chicago de The Good Wife en Nueva York y el Washington de Homeland a medio camino entre Virgina y Carolina del Norte. Son ciudades de serie, que sólo existen en la ficción y en unos cuantos decorados. De todos modos, merece la pena conocerlas porque sus creadores se han esforzado para que incluso sus vecinos no sean conscientes de que están siendo engañados. Si algunos de ellos se lo han creído porque no lo podemos hacer los que vivimos a miles de kilómetros.
Gran parte de esta entrada llevaba bastantes semanas escrita y el blog casi el mismo tiempo sin actualizar. Es por un motivo que se escribe con mayúscula. En las últimas semanas he viajado a muchas de estas ciudades de serie acompañado por un serón del que en ocasiones asomaba un pequeño brazo y salían sonidos, que aunque me duela reconocerlo, se parecen mucho a los de los zombies de «The Walking Dead». Todavía es pronto para que ella pueda disfrutar de esta forma tan económica de hacer turismo pero espero que algún día la sepa apreciar. En este mundo en el que le ha tocado vivir, unas buenas dosis de ficción e imaginación no le vendrán nada mal.
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