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Diez motivos para ver series en el 2013

2 de enero de 2013 a las 15:51

El 2012 no ha sido un año muy fructífero en cuanto a series se refiere.  A mi agenda semanal se han incorporado pocos estrenos y espero que el recién estrenado 2013 se ponga las pilas. A la espera de lo que vaya deparando el año, así a bote pronto ya se me ocurren diez motivos para pasar parte del tiempo libre pendiente de la pantalla.

 

4 motivos que empiezan por 3

La primera temporada pone una serie en el mapa, la segunda lo consolida (o no) y en la tercera se juega no caer en la monotonía. En el 2013  cuatro grandes series tendrán que afrontar este reto:  Juego de Tronos, Luther, Sherlock y Homeland.  La que menos se hará esperar es la adaptación de las novelas de George R. Martin que ya ha confirmado que estrenará el primer capítulo el 31 de marzo y llegará a España, para los que tengan Canal+, con nueve días de retraso. El resto se harán esperar un poco más.  Lo más probable es que no sepamos nada de ellas hasta el otoño y eso, si la agenda de sus protagonistas, sobre todo en el caso de Sherlock , no retrasa más el rodaje.

 

3 adioses

Las últimas temporadas nunca dejan indiferentes. Finales inolvidables, inesperados, apresurados, abiertos… Hemos visto de todo y lo que nos queda. Este año les toca a tres series ya con muchos episodios a sus espaldas. La que más, Dexter  que tras su octava temporada se despedirá definitivamente. El declive de la serie de Showtime es imparable. Sectas, fé, sexo, mafias e incluso amor, los guionistas lo han intentado todo para recuperar el interés pero la historia, desde el final de la cuarta temporada, está gastada. Sólo queda saber cómo resuelven ese capítulo final y esperemos que, por variar, no aparezca Debra en el último minuto. En el caso de Breaking Bad solo queda media temporada. AMC apostó por el método de la midseason, al igual que ha hecho con la tercera temporada de The Walking Dead, y ya emitió en el 2012 los primeros ocho y en verano emitirá los ocho restantes.  A los guionistas le quedan unas ocho horas para cerrar la trama que abrieron con esa escena en el retrete de la casa de Walter White, así que tendrán que darse prisa.  El tercer adiós del 2013 será el de Treme, que se despedirá con su cuarta temporada, y nos dejará huérfanos de sus historias humanas y su banda sonora. A David Simon se le puede ocurrir cualquier manera para poner broche final a su homenaje y retrato de la ciudad de Nueva Orleans tras el huracán Katrina. Con una buena mirada de LaDonna  sobraría.

 

2 estrenos, por ahora

Las cadenas todavía tienen su agenda de estrenos en pañales pero ya están desvelando alguna de sus apuestas para el primer trimestre del 2013.  Las que más me han convencido son Banshee y The Americans. La primera, que se estrena el 11 de enero, supone el regreso de Alan Ball, el creador de A dos metros bajo tierra y True Blood, que ahora se traslada a Pensilvania para seguir los pasos de un  ex convicto que adopta la identidad de sheriff para tomarse la justicia por su mano.  The Americans, serie que estrenará FX a finales de enero, vuelve a explotar el filón de los espías aunque se traslada a la época de la Guerra Fría.

 

…Y un regreso muy esperado

Para muchos fue la sensación del 2012. Una apuesta arriesgada que fue creciendo como la espuma.  Black Mirror consiguió, con tres episodios, dejarnos a muchos impactados y con material para reflexionar durante semanas. Charlie Brooker ya tiene preparados otros tres capítulos que serán de nuevo totalmente independientes. Ni él ni la cadena han querido desvelar mucho sobre la segunda temporada aunque parece que el poder de las tecnologías volverá tener un papel protagonista en los nuevos episodios. El primero llegará a Reino Unido antes de que acabe enero y TNT lo estrenará en España el 25 de febrero.

Feliz 2013 seriéfilo a todos

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Mis tres nombres

3 de septiembre de 2012 a las 14:43

Los que hayan visto la segunda temporada de «Game of Thrones» ya podrán imaginarse por dónde van los tiros.  Sólo pronunciar sus nombres será suficiente para que desaparezcan.  La pequeña Arya Stark se ganó la moneda que le concedía ese poder y con susurrarle al oído de Jaqen H’ghar  un nombre y apellido, su dueño tendría las horas contadas.

Dándole vueltas a todo lo que ocurrió en la segunda entrega de la adaptación de HBO, esas escenas en las que la pequeña guerrera Stark se las ingeniaba para sobrevivir en terreno hostil con la ayuda de H’ghar siempre acababan colándose en mi mente . El de los tres nombres es uno de los grandes momentos de «Game of Thrones» y también un gran poder… Sin ánimo de fomentar la violencia,  el odio y mi lado más incívico, me han entrado ganas de ponerme en el pellejo de Arya y usar el poder para hacer desaparecer a tres individuos. Ni criminales, ni políticos ni economistas. Me conformo con personajes de ficción. Sería suficiente con librarme de esos seres de ficción, algunos incluso diseñados intencionadamente para sacarme de quicio, que consiguen que no disfrute plenamente de algunas de mis series favoritas.  No hace falta que sea algo doloroso, su desaparición incluso puede ser progresiva y el actor no tiene ni por qué enterarse. Dicho todo esto, Jaqen H’ghar toma nota que van los tres seguidos.

Pyat Pree («Game of Thrones»)

 No puedo abandonar los Siete Reinos sin deshacerme de uno de sus personajes. Que me perdone la HBO e incluso George R.R. Martin pero no soporto a uno de los personajes que más minutos ha ocupado en los últimos episodios de la serie. El brujo Pyat Pree, interpretado por un irreconocible Ian Hanmore, no me gustó desde el principio. No es problema de interpretación ni de guión pero su simple aparición en pantalla me desagradaba (en parte, me imagino que es algo que buscaban).  Este personaje de aspecto enfermizo logra ser inquietante pero también aburrido. De hecho, desde su aparición, la trama protagonizada por Daenerys Targaryen se me hizo pesada. Nunca creí que diría esto pero, gracias a su insistencia en que visitase la Casa de los Eternos,  incluso me cansé de Khaleesi

Marie Schrader («Breaking Bad») 

La hermana de Skyler amarga ligeramente mi relación con «Breaking Bad». No consigo conectar con un personaje que consigue sacarle a bastante de los seguidores de la serie unas cuantas sonrisas. Marie y esa personalidad a medio camino entre lo odioso y lo adorable no me convence.  Me quedo con el primer adjetivo y cada vez que los guionistas le dieron un poco de espacio para que se luciese la actriz, yo sufrí. Su cleptomanía, sus visitas interesadas a las casas en venta, su sufrimiento por un Hank sin movilidad ni ánimos y un largo etcétera pusieron a prueba mi capacidad de resistencia antes de pulsar el botón de fast forward.  Hay personajes odiosos, que precisamente por ello, le empiezas a coger cariño. A mucha gente le pasó con la cuñada de Walter pero a mí no.  Necesitaría más neurotismo y licenciarse en puñaladas traperas

Mycroft Holmes («Sherlock»)

Que al polifacético Mark Gatiss no lo aguante en el papel de hermano de Sherlock Holmes no quiere decir que no valore lo que ha hecho por la serie británica, de la que él es -además de actor- creador, productor y guionista. Le estaré muy agradecido por su granito de arena en adaptar y renovar un clásico como el del detective de Baker Street. No tanto, por la decisión de reservarse uno de los papeles destacados.  A su Mycroft también le cogí manía desde el primer momento y me resultaba incluso un pelín ingrata su presencia en pantalla. Esa forma de hablar, esos aires al andar y los planos cortos amargaron mis horas con «Sherlock». Tengo la sensación de que ha querido darle más protagonismo del que ya tiene el hermano de Sherlock y, por eso, ha sobrecargado un personaje que debería ser algo más enigmático.  Nuestra relación pudo haber mejorado, como me ocurrió con el personaje de Moriarty, pero al contrario que con el villano no conseguí cogerle ni un poco de aprecio.

Éstos son mis tres nombres. Al resto de personajes intencionada o des-intencionadamente odiosos podré aguantarlos. Por lo menos, por ahora. Y tú, ¿a qué personajes eliminarías de una serie si pudieses?

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«Inside Men», una nueva joya británica

3 de abril de 2012 a las 19:22

«Sherlock», «Black Mirror», «The Hour», «Hustle», «Luther»… Todo son alegrías con la ficción británica.  La factoría de tramas de la BBC, a pesar de los recortes anunciados, no para de cosechar éxitos y ha dado una nueva lección de poderío con una miniserie de sólo cuatro capítulos. Menos de cuatro horas que le bastan y le sobran para narrar el mayor robo de la historia de Reino Unido.

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Con mono de obrero y bien armados, un grupo de enmascarados consigue acceder a un depósito de seguridad de Bristol por el que cada día pasan millones de libras. En menos de una hora, salen del recinto en un camión de pequeñas dimensiones pero con un botín multimillonario. Es el robo del siglo y, por supuesto, los primeros investigados son los trabajadores del propio depósito. Esos que cada día ven pasar miles de libras en efectivo por delante de sus narices y que saben que después del recuento se acumulan en la sala acorazada. Esos empleados que se saben al dedillo la ruta que habría que hacer para llegar desde donde las empresas dejan el dinero hasta el búnker donde se almacena. Como el propio nombre de la serie indica, y no desvelo nada, había hombres en el interior.

Los que manejan los hilos desde dentro son tres empleados, entre los que figura el propio director del depósito, que facilitan las cosas y participan activamente en la planificación del robo. Buscan la fecha en la que el depósito está a rebosar y preparan la acción como si fuese una obra de teatro. Miden los pasos que deben dar, los golpes, las reacciones e incluso las caras que deben poner cuando uno de los ladrones contratados le ponga una pistola en la cabeza. Llegan incluso a contabilizar el tiempo que deben tardar en dar su clave de acceso para que todo parezca real. No puede quedar ningún cabo suelto, porque cualquier detalle puede delatarles.

Pero «Inside Men» no sólo nos cuenta como se gesta un golpe de estas características, además consigue que nos pongamos en la piel de cada uno de esos trabajadores y las circunstancias que les llevan a ponerse manos a la obra para robar en su propio centro de trabajo.

Para los más seriéfilos,  «Inside Men» cuenta también con el atractivo de poder volver a ver juntos en acción a dos de los actores más carismáticos de la serie «Luther», con el permiso del gran Idris Elba. «Inside Men» vuelve a reunir a Steve Mackintosh y Warren Brown aunque destaca claramente el primero con una actuación soberbia que demuestra su versatilidad.  John Coniston, el personaje que interpreta en esta miniserie, es una constante caja de sorpresas. Pasa de un extremo al otro en menos de cuatro capítulos. Del empleado leal al delincuente más despiadado. Del estricto supervisor que despide a una empleada que se guarda 20 libras en un bolsillo, a un hombre que sería capaz de hacer cualquier cosa por conservar su parte del botín. La codicia puede con el bueno de John y los espectadores son testigos de cómo sale a la luz su peor faceta.

Por ponerle un pero, diría que el final no fue lo que me esperaba. La evolución de la serie consiguió superar mis expectativas en todo momento pero los tres minutos finales me dejaron algo frío.  No optaron por el final cerrado que le auguraba después de cuatro horas de continuos  saltos en el tiempo pero, de todos modos, merece la pena.

 

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Hasta aquí hemos timado

14 de febrero de 2012 a las 19:30


Me cuesta hacerme a la idea. No habrá más temporadas, por lo menos durante un tiempo y con los personajes que han conseguido timar, en la ficción, a media Inglaterra. «Hustle» se da un respiro y lo poco que ha dicho uno de sus creadores suena a adiós definitivo.

Hace unas semanas comenzó la octava temporada, la que podría ser la última de esta serie de la BBC, una de las que más ha conseguido entretenerme en los últimos años. Sencilla en el planteamiento pero con muy buenos resultados. Los timadores liderados por Mickey Bricks han conseguido mantenerme siempre pendiente de sus planes y no agotarme a pesar de repetir siempre la misma estructura (búsqueda del objetivo, anzuelo, diseño de la estrategia, la banda entra en acción, solución y giro inesperado en el último momento). Sus golpes están siempre muy bien pensados, su planteamiento visual es atractivo, la trama veloz y sin uno darse cuenta, el capítulo ya ha acabado.

Los episodios les salían a los guionistas como churros, prácticamente iguales pero no por ello menos apetitosos. Quizás cuando trasladaron a la banda a Estados Unidos y cuando trataron de darle más peso a los timadores que a los engaños, la magia no funcionó tan bien. Se les fue un poco de las manos pero con los cambios en la formación y los nuevos aires de los hermanos Kennedy se acabó recuperando el rumbo. Volvieron a la esencia y, aunque costó olvidarse de Stacie y Danny Blue, con el paso de los capítulos afianzaron su química y volvieron a poner la máquina de hacer dinero a pleno rendimiento.

El ocho se ha convertido en el número maldito de la temporada. El seis pudo con «Lost» y «Los Soprano», el cinco con «The Wire» y «A dos metros bajo tierra» pero este 2012 está acabando con las series que emiten sus octavas temporadas, como «House» o «Hustle».

Echaré de menos la logística de Ash, los guiños de Albert cuando tiende un anzuelo y esas largas conversaciones en la suite de un hotel londinense o en el bar de Eddie. El arte del timo, ese que tantas alegrías ha dado al mundo del cine, pierde a unos de sus grandes defensores en la actualidad. Ocean y los suyos -los once, los doce o los trece- no le llegan a la suela del zapato a los protagonistas de «Hustle». La banda británica robaba con clase y criterio. Elegían a sus víctimas gracias a un código y sólo robaban a los ricos y codiciosos. «Somos como Robin Hood», bromean en una de las conversaciones de los últimos capítulo. «Sí, robamos a los ricos pero nosotros no se lo damos a los pobres y nos lo gastamos en ropa elegante», concluye la conversación. Lo dicho, cuestión de clase.

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Lo que la memoria esconde

19 de agosto de 2011 a las 13:24

Tom Ronstadt abandonó su hogar después de una paliza de su padre, por el que siempre sintió admiración. El joven quería ser periodista como él y pasaba buena parte de su tiempo libre en su despacho viendo como tecleaba su vieja máquina de escribir. Tras el episodio violento, Tom se fue de Ramstbotton, una pequeña población al norte de Manchester, para buscarse la vida en Londres. Durante unos cuantos años no le fue nada mal (revista de prestigio, apartamento de lujo y cochazo) pero cuando le despiden no le queda más remedio que volver al hogar familiar. Un hogar en el que le espera un padre totalmente diferente. Un padre prácticamente sin memoria a causa del alzheimer.

Con la vuelta a casa del personaje de John Simm, el mismo actor que daba vida al Sam Tyler de la muy recomendable serie «Life on Mars», arranca la trama de «Exile», una miniserie de la BBC que refleja la dureza del día a día de esta enfermedad mental, que afecta en todo el mundo a más de 20 millones de personas. Pero la serie no es sólo eso. Su trama mantiene a los espectadores enganchados mediante una investigación que Sam, el padre de Tom, dejó a medias. Los viejos ficheros del periodista, sus conversaciones grabadas y unos extraños pagos irán dando pistas para que el hijo pueda descubrir aquello que su padre indagó y nunca llegó a publicar.

Antes de conseguir acceder a la información del despacho, el protagonista tendrá que ganarse de nuevo a su hermana Nancy, quien lleva años cuidando de su padre mientras él vivía en Londres sin importarle nada. La actriz Olivia Colman abandona su lado más cómico, al que nos tenía acostumbrados su papel de secretaria en «Twenty Twelve», y da vida a una mujer que ya no se acuerda de lo que es salir de marcha o tener vida propia. Se ha convertido en cuidadora 24 horas del día y soporta sin inmutarse las bofetadas que le da su padre cuando se da cuenta de que no es su mujer Edith, que murió hace unos cuantos años.

Aunque John Simm y Olivia Colman no lo hacen nada mal, buena parte del mérito de «Exile» está en la gran interpretación de Jim Broadbent, actor al que muchos reconocerán por su papel de padre de Bridget Jones o por sus apariciones en las películas de Harry Potter. En esta ocasión el reto era duro, uno de esos que les encanta premiar a las academias de cine. Tenía que hacernos creer que padecía alzheimer y lo consigue. Sus ojos están constantemente perdidos en otro lugar, su comportamiento en ocasiones recuerda al de un niño y en sus reacciones se refleja una persona a la que todo le resulta nuevo. El alzheimer no para de jugarle malas pasadas. Borra su memoria y le convence de que está en otras épocas de su vida. No reconoce a sus hijos pero ve a su madre en la mujer que tiene al lado en la cola del supermercado. Y después llegan las rabietas y pataletas. Pero la clave del personaje de Sam está en su mirada, que es transparente. El actor es capaz de transmitir con sus ojos desorientación, miedo a tanto desconocido, la alegría que supone recordar un dato y la rabia que le recorre el cuerpo cuando tratan de hacerle ver que ni su mujer ni su madre están vivas.

El alzheimer no es lo único que ha borrado ciertos recuerdos de la memoria de Sam Ronstadt. Antes de que la enfermedad llegase a sus vidas, la suya y la de su familia, el periodista ya había decidido que la información relacionada con el caso Metzler no saldría de su cabeza. Aunque trató de borrarlo de su mente todavía quedan datos. Frases sueltas, respuestas confusas y algunos nombres propios. Todo un puzzle que deberá ir encajando pieza a pieza su hijo para saber qué es eso que nunca se atrevió a publicar su padre, aquel que sobre la mesa de su despacho tenía una placa con una de las máximas del periodismo; decir la verdad y avergonzar al diablo, como decía Walter Lippman.

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«Exile»
Miniserie de tres capítulos emitida por BBC
Más información en su página oficial

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Diez series para un agosto de nubes y claros

15 de agosto de 2011 a las 9:00

Encerrarse en casa a ver series no es un plan muy veraniego pero este año es diferente. El tiempo no se aclara y los que están de vacaciones ya no saben si se pidieron días en agosto o en octubre. Para los que nos toca trabajar la cosa tampoco mejora, ya que siempre que se acerca el fin de semana aparecen las nubes. Con un tiempo así, no está de más un maratón nocturno de series. Es una alternativa como otra cualquiera para amenizar esos días en los que el tiempo nos chafó los planes. Este post está escrito con esa intención. Diez series para un agosto atípico. Que nadie entienda estas sugerencias como un ranking o un top ten de las mejores series. Se trataba de buscar las historias que por sus características se adaptasen mejor para el consumo veraniego. No hablan de amores de verano ni están ambientadas en paraísos tropicales pero son historias entretenidas, no especialmente complicadas y que pueden conseguir abstraernos de nuestras vacaciones frustradas o hacernos más fácil el verano en el chollo.

Los que hayan seguido el blog sabrán ya cuáles son mis debilidades y por no repetirme en exceso no he incluido algunas de mis favoritas. No están, por ejemplo, «Dexter», «Boardwalk Empire» o «Luther», no porque no se lo merezcan, sino porque son series más adecuadas para las tardes de otoño. Había que quedarse sólo con diez y quería que en la selección hubiese una mezcla entre los últimos estrenos, series que nadie debe perderse y un toque de humor que permita sobrellevar mejor las lluvias veraniegas.

De otro tiempo. Para volver al trabajo sin saber en qué año vivimos

Del gran estreno de la temporada poco queda por decir. Incluso los que aborrezcan el género fantástico y las historias de caballeros y castillos deben ver «Game of Thrones». Es una historia de esas que se escriben con mayúsculas, las de HBO, y que consigue que el espectador se involucre totalmente en las luchas de poder por el Trono de Hierro. Tiene ingredientes para convencer a todo tipo de espectadores. Grandes batallas, buenos diálogos, entramados amorosos y familiares e intriga. En una escena ruedan cabezas y en la siguiente vemos como las puñaladas traperas campan a sus anchas por los pasillos de la corte del rey. Diez episodios de una hora supieron a poco pero habrá que esperar un año para saber cómo se resuelve la guerra abierta entre las familias Lannister y Stark.

Aunque apenas ha tenido tiempo para mostrar todas sus armas, se estrenó a finales de julio, otra que apunta fuerte es «The Hour». Ambientada en los años 50, esta serie de la BBC arranca con la puesta en marcha de un nuevo programa de televisión, un informativo que reúne a un grupo de periodistas hartos de dar siempre el mismo tipo de noticias. «The Hour» es algo más que la típica serie de periodistas. Un asesinato en el metro de Londres abrirá una investigación en la que saldrá a la luz una conspiración en la que está implicada más gente de la que podrían sospechar.

Décadas semejantes, sectores parecidos, mujeres con panoramas similares, cortesía y elegancia. «The Hour» no pudo evitar, incluso antes de su estreno, las comparaciones con «Mad Men», otra de las series que nadie se debería perder. Los que todavía no se hayan hecho un hueco en la oficina de los publicistas de Madison Square no sé a qué están esperando. Don Draper y los suyos han unido a crítica y público, incluso poniendo de moda una televisión que va a un ritmo diferente. Las series ya no tienen por qué desvelar todas sus bazas en un capítulo. Pueden cocinarse a fuego lento, como las mejores recetas.

Nueva vida. Para los que recopilan propósitos de cara a septiembre

No es sólo una serie, «Treme» es un merecido homenaje. Un homenaje a la ciudad Nueva Orleáns por lo que era antes y por lo que ha sido después del Katrina. La serie, que dirige uno de los creadores de «The Wire», arranca tres meses después del huracán y muestra cómo sus habitantes afrontan la reconstrucción de sus vidas y de la propia ciudad. Se habla de la catástrofe con mucho tacto, sin dejar de lado la verdad y denunciando el abandono del que tanto se quejaban sus habitantes. Todo acompañado por una banda sonora inmejorable, que para eso la ciudad más grande del estado de Louisiana es la cuna del jazz. Aunque durante la segunda temporada la audiencia de la serie bajó, HBO ha decidido renovarla.

Aunque de una forma totalmente diferente, Alicia Florrick también tuvo que plantearse de nuevo su vida cuando salieron a la luz los trapos sucios de su marido. Así arranca «The Good Wife» una serie de abogados que ha conseguido hacerse un hueco en mi agenda gracias a casos que, en ocasiones, recuerdan mucho a la realidad. El despacho donde trabaja Alicia ha tenido que enfrentarse a situaciones como las que vivió Strauss-Kahn, el creador de Facebook o incluso una reclamación contra el gobierno de Hugo Chávez. Aunque los guionistas se empeñen en alargar hasta el infinito el triángulo amoroso, eso es lo de menos. De hecho, recomendaría saltarse la escena final de la segunda temporada. El juego del ascensor es totalmente prescindible.

Buena cara. Risas para no amargarse las vacaciones

La semana pasada ya hablaba un poco de «Weeds», sin duda, una buen candidata para los que busquen una serie para reírse del mal tiempo. La traficante chapuzas Nancy Botwin lleva ya siete temporadas tratando de consolidar su negocio, trayectoria en la que se ha especializado en meterse en líos cada vez más grandes. Su ritmo frenético, pasan muchas cosas en apenas media hora, y la velocidad con la que resuelven determinadas tramas nos sitúa en una especie de montaña rusa llena de altibajos. Merece la pena esperar porque su creadora siempre está preparada para dar un giro inesperado.

La otra propuesta cómica tiene nombre de mujer. Se llama «Miranda» como su protagonista, una inglesa con una capacidad increíble para reírse de sí misma. Con apenas dos temporadas de seis episodios se ha convertido en todo un fenómeno en Internet. Es una serie sin grandes pretensiones, con los escenarios básicos de una sitcom y con compañeros de reparto que no son capaces de mantener el nivel de Miranda Hart. Ella es la auténtica protagonista y sabe cómo conseguir una carcajada incluso antes de poner la cabecera. Quizás su personaje abuse un poco de las carantoñas, caídas y de sus pocas dotes para la canción pero sabe como compensarlo con grandes detalles.

Chorizos. Para quienes buscan formas de ganar dinero sin volver a la oficina

Para la siguiente recomendación no hace falta ni doblaje ni subtítulos. Hace unos meses ya hablé sobre Misent, una localidad que no es Marbella pero podría serlo. Tampoco es Miami pero corrupción no le falta. Este municipio ficticio del Levante es el escenario de «Crematorio», una serie de temporada única emitida por Canal + y una de las mejores producciones nacionales de los últimos tiempos. Urbanismo, corrupción, mafia y mucho dinero, una combinación muy peligrosa.

Los que prefieran los ladrones de guante blanco deben darle una oportunidad a la banda de Mickey Bricks. Los protagonistas de «Hustle», una serie de la BBC que lleva ya siete temporadas, son unos auténticos artistas del timo. Como ocurre con Dexter Morgan, son unos delincuentes con principios. Sólo estafan a personas ruines y codiciosas, es parte de su código. En cada episodio se desarrolla un timo y sus guionistas tratan de engañar a los espectadores hasta el último momento. Los que quieran ver un poco el tono de la serie que traten de buscar el segundo episodio de la tercera temporada, que es uno de los mejores. Mickey y Danny se retan para ver quién debe liderar la banda y para ello partiendo de cero, desnudos en el centro de Londres, tienen que lograr el máximo dinero posible.

¿Final? Para los que ven acercarse el 31 de agosto

No podía faltar. Este verano hace diez años que se estrenó, un motivo más para volver a verla. «A dos metros bajo tierra» es una de esas historias que ayudan a entender por qué unos cuantos nos hemos aficionado al mundo de las series. Alan Ball consiguió hacer arte de la muerte y convertir una funeraria en el lugar favorito de mucha gente para pasar sus ratos libres. Han pasado ya unos cuantos años y sigo añorando a los Fisher.

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Luther sin Alice

15 de julio de 2011 a las 12:51

A lo ya dicho sobre «Luther» hace unos meses, debo añadir un par de comentarios tras ver la segunda temporada. Aunque el buen nivel de la serie se mantiene he leído ya varias críticas negativas. Dicen que la serie ha perdido interés y que se mantiene gracias al tirón y el papelón de Idris Elba. No estoy de acuerdo. Creo que se echa de menos a Alice en esta segunda temporada, desgraciadamente el personaje de Ruth Wilson solo aparece en el primer capítulo, pero se desvía el interés de los espectadores hacia los casos. «Luther» tenía que cambiar para ser una serie con más recorrido. El personaje debía evolucionar para poder garantizar su continuidad pero también las tramas, había que buscar casos con más jugo.

Uno de los fallos de la primera temporada eran que Luther y la psicópata Alice copaban tanto la trama que el resto parecía que no tenía importancia. Muy pocos de los investigados tenían relevancia suficiente para que nos acordásemos de ellos dos semanas después. Pero eso, en la segunda temporada, ha cambiado. Los guionistas se inventaron dos buenas piezas para el investigador Luther y su equipo. Los cuatro capítulos están centrados en esas dos investigaciones. La primera, en la que los policías londinenses buscan a un asesino enmascarado, promete mucho al principio pero se desinfla en su final, que para mi gusto está apurado y poco argumentado. Con la otra ocurre lo contrario. El caso va ganando interés poco a poco. Pieza a pieza van descubriendo un macabro juego de roll en el que matar con un martillo a los empleados de una oficina puntúa alto.

El final de la temporada, que se les fue un poco de las manos a los guionistas, vuelve a colocar a Luther como superhéroe, rol que contrasta con su existencia sin sentido. La decadencia sigue siendo la tónica en la vida del personaje de Idris Elba, cada vez más asqueado con su trabajo, y al que consiguen buscarle nuevos contrapuntos femeninos. Por un lado, está la nueva agente que entra en su equipo y que no entiende ni comparte su forma de trabajar. También aparece Jenny, una joven problemática con la que se implicará más de lo que desearía y que volverá a poner a Luther en situaciones comprometidas.

Aunque muchos digan que la segunda temporada es peor que la primera, merece la pena verla. Tiene grandes momentos y con apenas cuatro capítulos no da tiempo a aburrirse. Al final queda todo preparado para poder dar una vuelta de tuerca en una posible, pero no confirmada, tercera temporada. Por ahora, todo son conjeturas. Como la posible vuelta de Alice. En su despedida de Luther, después de pedirle que se fuese con ella a conocer mundo, le susurra algo al oído. Teniendo en cuenta como los guionistas miden todos los detalles de sus conversaciones, véase la manzana del primer episodio, creo que algo tenían ya en mente. Hoy se ha confirmado que la actriz Ruth Wilson va a debutar en el cine, algo que podría estropear esos posibles planes.

Al margen: Sé que me estoy repitiendo un poco con un par de series y prometo que en próximos posts hablaré de algunas nuevas (novedades y viejas conocidas que todavía no han sido mencionadas en el blog).

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Dos nuevas series que se apuntan a las grabaciones retro

5 de julio de 2011 a las 9:16

El éxito de «Mad Men» ha puesto de moda escarbar en el pasado en busca de historias. Lo que interesa no es tanto encontrar tramas interesantes sino escenarios y épocas que den juego y supongan un reto para las productoras. Sin irse a las series de época, que nunca han pasado ni pasarán de moda muy a mi pesar, están dando mucho juego las décadas de los 50, 60 y 70. Dos de las series que más prometen en Estados Unidos y Reino Unido también se suman a esta ola de pasión por lo retro.

ABC, la cadena que ha conseguido colocar en todo el mundo series como «Lost», «Modern Family» o «Mujeres Deseperadas», ha hecho la apuesta más fuerte. Se han propuesto seguir a aquellas azafatas que en la década de los sesenta navegaban a 9.000 metros de altura a bordo de los aviones de Pam Am. Aquellas mujeres vestidas de azul claro eran el símbolo de la modernidad, representaban el lujo y eran el sueño de cualquier chico. La serie promete reflejar toda la energía y emoción de la «era del jet», como la han bautizado en Estados Unidos, en un drama que tendrá también pasión, celos y espionaje. Eso es lo que dicen sus autores y también lo que se intuye en los minutos de avance que nos han dejado ver de «Pam Am». Christina Ricci ya se ha puesto la minifalda azul y el gorrito para volar a ritmo de Frank Sinatra pero el avión no despegará hasta el 25 de septiembre.

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Del otro lado del Atlántico, allí hasta donde solo podían viajar aquellos que pagaban los viajes de Pan Am, preparan otra serie ambientada unas cuantas décadas atrás. En realidad, «The Hour» ya debería estar prácticamente lista porque su estreno en BBC 2 está previsto para finales de este mes. La historia nos lleva al backstage de un informativo de televisión de 1956. Ambición, rivalidad y la investigación de un asesinato centrarán la trama de esta serie de seis capítulos que cuenta entre sus protagonistas con Dominic West, más conocido por su papel de detective Jimmy McNulty en la serie «The Wire».

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Las dos series ya han sido comparadas con el fenómeno «Mad Men» pero habrá que esperar para saber si son capaces de no defraudar con todas las expectactivas creadas. Ya se sabe, las comparaciones son odiosas.

Avance
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Las esperas

14 de junio de 2011 a las 18:12

Veintitrés citas y te dejan. Eso si son americanas porque a las británicas probablemente les bastará con seis para abandonarte. Después tendrás que esperar cerca de un año para poder verlas de nuevo. Es parte de la esencia del fenómeno de las series. Nos enganchan y después nos dejan el tiempo suficiente para que podamos reposar y mordernos bien las uñas.

Los grandes defensores del «panzadismo», religión consistente en verse en un día toda la temporada de una serie, no entienden a los que tratamos de llevar al día las series que nos gustan. Sí, lo confieso soy uno de ellos. Nos llaman los del día después, tiempo suficiente para que se emita en su país de origen en primicia y después pueda cruzar el mundo entero.

Reconozco que tendría su gracia haber podido ver el arranque de la sexta temporada de Dexter sin que pasasen meses de por medio, descubrir el destino de Michael Scofield en «Prison Break» al instante o saber la decisión de Alicia Florrick sin tener que darle tiempo a los guionistas para que lo argumentasen, se rodase y después se editase. Pero ¿lo habría disfrutado del mismo modo? Me imagino que por ese miedo y un punto de impaciencia no puedo resistirme y cada vez que hay un capítulo nuevo de mis series favoritas acabo dándole al play en el primer rato libre que tengo.

Las series de primavera están a punto de finalizar y el periodo estival no suele venir cargado de producciones muy brillantes. El verano, salvo excepciones como «Weeds», es tiempo para esperas. Las que peor estoy llevando son dos:

1. «Dexter»: Todo un clásico ya en mis esperas. El asesino en serie más metódico de Miami consiguió engancharme desde el primer capítulo. Sus cacerías nocturnas, la meticulosidad con la que empapela los cuartos, la relación con su hermana Deb y, sobre todo, su frialdad inalterable hacen grande al personaje de Michael C. Hall. Tanto me ha ganado la serie que aguanté e incluso defendí, algo de lo que me podría arrepentir, su dudosa tercera temporada. Después las cosas volvieron a su cauce. Persiguiendo a Trinity se encumbró y aunque la sexta temporada empezó con mucho morbo después simplemente mantuvo el tipo. Los guionistas tendrán que estrujarse el coco y dar un nuevo golpe de efecto en la séptima temporada, que arrancará en otoño.
Esperar meses a que Dexter vuelva a mi televisor ya se ha convertido en parte de mi rutina. Para tratar de hacer más llevadera la espera he intentado de todo. Me hecho fan en Facebook y Twitter para seguir sus novedades, me he visto videos de sus guionistas explicando el éxito de la serie y también me leí varios de los libros de Jeff Lindsay en los que se inspiraron. Por cierto, por una vez puedo romper el tópico y decir que la serie es bastante mejor que el libro. Para que os hagáis una idea de lo tarado que me volví en su día con esta serie, he de confesar que mi primera mascota se llamaba Dexter y la segunda Morgan. Y aún a día de hoy me pregunto por qué ninguna de ellas ha salido especialmente sociable…

2. «Boardwalk Empire»: Con una temporada han logrado mi dependencia total. Obra maestra de HBO que se podría escribir en mayúsculas. Nucky Thompson y su querida Margaret tienen parte del mérito de su éxito. La pareja encabeza una historia coral en el Atlantic City de 1920. El voto femenino, la Ley Seca, la carrera presidencial y la mafia son ingredientes de una serie que arrancó con un nombre propio: Martin Scorsese. Él mismo dirigió el primer capítulo, en su momento el más caro de la historia, y su estilo impregnó toda la temporada. La trama se desarrolla entre esa mezcla de crudeza y banalidad que domina el director. En un mismo capítulo se pasa con clase y elegancia del burdel al despacho del tesorero. De un asesinato a los barrios de queridas. Del contrabando de alcohol a las convenciones republicanas. Todo sin perder el interés. De ahí, que como yo, miles de personas ya le han preguntado a Google cuándo se estrenará su esperada segunda temporada. Lo más cercano que hay a una respuesta habla de otoño. No parece oficial pero más le vale que sea así.

Por cierto, hoy vuelve «Luther» a la BBC. Arranca su segunda temporada y no habrá que esperar más para saber cómo se las ingenia el inspector interpretado por Idris Elba para salir del embolado con el que finalizó la primera. Una menos en la lista.

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Escrito por David Suárez 3 Comentarios
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Tres apuntes para recuperar el ritmo

25 de mayo de 2011 a las 17:39

Después de un par de semanas apartado, vuelvo al mundo de las series. Para recuperar el tiempo perdido, ahí va un pequeño repaso.

- En la tercera temporada de «United States of Tara» las cosas se ponen cada vez más interesantes. El nuevo «alter» de Toni Collette es más peligroso que Buck y está dando mucho juego. La pena es que la figura de su suegra no ha vuelto a aparecer. ¿Sería únicamente un cameo?

- Estos día he comenzado a ver «Twenty Twelve», una comedia inglesa en la que se mofan, y muy bien por cierto, de la organización de los Juegos Olímpicos del 2012. Cada capítulo se centra en un objetivo del equipo directivo, que no se caracteriza precisamente por su efectividad. Caricaturas al puro estilo del humor inglés pero también una dura crítica a cómo se gasta el dinero en este tipo de eventos. Insuperable la escena en que tratan de reubicar los edificios de la villa olímpica tras encontrar restos romanos en las obras del centro acuático.

-Por último, una buena noticia para acabar. En un mes estará de vuelta «Weeds». Esta inestable pero imprescindible comedia acabó muy bien la sexta temporada y los avances de la séptima (todo un hito en los tiempos que vivimos) prometen. Faltan treinta días para poder ver cómo se las arregla Nancy Botwin para salir de su enésimo enredo. ¿Cuántos lleva ya?

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