Si con Grey salvó una vida…
Ni los mejores publicistas hubiesen conseguido idear una campaña con tanto impacto. Medios de todo el mundo se han hecho eco de la historia de dos niñas de Wisconsin que consiguieron reanimar a la madre de una de ellas gracias a los conocimientos que habían aprendido viendo la serie «Anatomía de Grey». Sí, han leído bien. Ni «House» ni «Emergencias», a estas dos niñas, de diez y doce años, les llegó con lo que vieron en «Anatomía de Grey» para salvar una vida. El mundo es así, un experto en sorprendernos cada día. Quién les iba a decir a los creadores del culebrón médico que iban a conseguir mantener con vida a una persona. Ellos que llevan años preocupados porque las posibilidades matemáticas de liar a sus personajes se les está agotando y resulta que hay espectadores que atienden cuando hay tramas médicas.
Además de sorprendente, la noticia es al menos sospechosa. No pongo en duda la fiabilidad de los bomberos de Wisconsin, que corroboran los hechos, ni la labor del medio local que dio la exclusiva. Aun así, no estoy al 100% convencido. ¿Se acuerdan del niño del globo? Pues cada vez que me encuentro con noticias como esta me sigo acordando de aquel famoso montaje que mantuvo en vilo durante unas horas a medio mundo. Recuerdo a Pepa Bueno conectando en directo con Denver en el Telediario y como todos los medios tuvieron que dar marcha atrás días después y reconocer que todo había sido una farsa. Ya desde antes, pero especialmente desde ese caso, tengo una desconfianza plena en todas las noticias que consiguen cruzar el océano atlántico por el simple hecho de ser «curiosas». La mayoría chirrían, huelen a montaje y tienen un protagonista al que el periodista de la televisión americana de turno no tarda ni cinco segundos en bautizarle como héroe.
Las niñas de Wisconsin seguro que ya son las heroínas de Sheboygan, la localidad de 49.000 habitantes donde residen. Los bomberos aseguran que gracias a la rapidez con la que actuaron, la señora Syferth sobrevivió a un ataque de asma que le dejó casi sin respiración. «Mi madre y yo vemos la serie cada jueves y lo aprendí de ahí», le explicó Madysin Kestell a los servicios de emergencia. Y es que mientras el resto de adolescentes se recreaban con los flirteos de médicos, internos, residentes y pacientes, ella y su amiga Katelynn no pestañeaban cuando Ellen Pompeo, esa actriz cuarentona que no dudó en aceptar un papel de residente, practicaba una maniobra de respiración cardiopulmonar.
La gran beneficiada por lo ocurrido, la madre de Madysin, es también la más perjudicada porque se queda sin parte de sus poderes. Ya no podrá pronunciar la frase: «En la próxima publicidad te vas a la cama». ¿Quién se atrevería a mandar a cama a semejante portento? Su hija, que debe absorber más conocimientos que agua una esponja, deberá estar atenta a lo que hacen los cirujanos de ficción por si algún día la emergencia es más grave. Aunque la serie siga recurriendo a la testosterona, tabletas de chocolate y cuerpos operados, la madre no podrá nunca vetar la serie. Es cuestión de vida o muerte y por el bien de todos deberá cumplir con su cita semanal con la serie de ABC.
A Madysin y a su amiga Katelynn nadie podrá convencerles ya de que la televisión entretiene pero no educa. Será imposible controlarles las horas delante de la pantalla porque siempre tendrán una buena excusa para quedarse en el sofá. Si con diez años han conseguido salvar una vida gracias a Meredith Grey no quiero imaginar lo que podrán hacer las niñas de Wisconsin si se aficionan a «Misfits», «Gossip Girl» o «Revenge». Visto lo visto, podrán ganar un pleito si se tragan dos episodios de «The Good Wife», resolver homicidios con unas pequeñas dosis de «Bones» y gobernar Estados Unidos con una de las siete temporadas de «El Ala Oeste de la Casa Blanca».
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