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¿Por qué engancha tanto «Homeland»?

10 de abril de 2013 a las 7:58

Hoy, al fin, es el día. Tras meses de anuncios, Cuatro estrena hoy en abierto Homeland. Llega al gran público español, mejor dicho, a los que no la hayan visto todavía, la serie revelación de los últimos años. La cadena nos ha recordado hasta la saciedad que se ha llevado seis premios Emmy,  tres Globos de Oro y que es la serie que tiene en vilo al mismísimo presidente de Estados Unidos pero a estas alturas a Homeland no le hacen falta presentaciones. La pregunta ahora es qué tendrá esta serie para gustar a todo tipo de públicos y  ¿por qué nos engancha tanto? Estos son algunos de sus puntos fuertes y posibles motivos

1. Cosas de espías

Las tramas de espionaje siempre han funcionado bien. Al ser humano le encanta fantasear con los sistemas de inteligencia y con lo que ocurre en los despachos de la CIA. Hollywood ha sabido aprovechar toda esa curiosidad. Primero fueron los espías norteamericanos y rusos pero desde el 11-S ha surgido un nuevo objetivo, el terrorismo islamista.  Homeland parte de esa baza aunque ha querido alejarse del discurso tradicional de buenos contra malos. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Es todo una cuestión de matices pero sin llegar a incomodar al público norteamericano, muy sensibilizado con la causa. Sobre todo en la primera temporada, la serie juega con esa  delgada línea que separa el bien del mal pero ese espejismo desaparece con el paso de los capítulos. Después los bandos se van aclarando y la serie deja claro de qué lado tendrías que estar. Sí que es una serie de buenos y malos pero algo mejor camuflada que otras.

2. Pasión por Carrie

Desequilibrada, imprevisible, frágil e incansable. Así es Carrie Mathison. En la vida real probablemente no querríamos tener nada que ver con una persona así pero en Homeland el espectador aprende a querer a Carrie en sus momentos de locura y disfrutar con su manera de afrontar su trabajo, que en realidad, es toda su vida. El manejo de la actriz Claire Danes de su rostro y especialmente su habilidad para desencajar los ojos son unos de los culpables de que nos creamos este personaje, que pensándolo en frío, no duraría más de dos días en una agencia de inteligencia por muy buena que fuese. La actriz se pone el traje de chaqueta, cara lavada con ojeras y apura el paso y aparece Carrie Mathison, con sus intuiciones y sus arrebatos. Me atrevería a decir que ella es más de la mitad del éxito de Homeland. La serie podría resistir sin Brody, sin Abu Nazir e incluso sin Saul, pero nunca sin esa rubia chiflada que nos enseñó la importancia de un bolígrafo verde y a la que siempre recordaré feliz como unas castañuelas huyendo por los puestos de un mercado de Beirut.

3. Ritmo de infarto

Existe un antes y un después de la serie. Nos ha malacostumbrado y ahora nos cuesta creer que en otras series tarden 16 capítulos en contarnos lo que Homeland es capaz de resolver en dos y sobrándole unos minutos para que los protagonistas coqueteen.  En la primera temporada puede dar la sensación de que la historia se iba a estirar como un chicle y que evitarían avanzar en la trama. Pero no es así y  han dejado claro que hay material de sobra y están dispuestos a romperle los esquemas al espectador las veces que haga falta. Sólo en el arranque de la segunda temporada, esos primeros cinco capítulos de infarto, se ventilan una tras otra todas aquellas situaciones que los espectadores, y muchos críticos, esperaban que se reservasen para el episodio final. En Homeland siempre hay un guionista dispuesto a pisar el acelerador.

4. Trabajo de guión

Los guionistas de Homeland son unos auténticos expertos en darle un vuelco a la trama capítulo tras capítulo. A los encargados de elaborar el guión de la serie pocos peros se le pueden poner. Se podría debatir y criticar si la trama es creíble pero no se puede negar que el desarrollo es prácticamente impecable. Capítulos intensos, con un buen dominio del ritmo y con constantes giros inesperados.  Se nota que Homeland es el resultado de muchas horas de trabajo de guión y muy bien empleadas. No sólo por todo lo que ocurre en sus dos temporadas sino por cómo abren y cierran conflictos sin trompicones ni pasos en falso. No hay apenas altibajos, ni cabos sueltos, ni palos de ciego. Todo lo que ocurre tiene un sentido, antes o después.

5.Tensión sexual ¿bien resuelta?

Aunque me duela reconocerlo, la tensión entre Carrie y Brody es una parte importante del gancho de Homeland. No soy nada amigo de todo lo que Hollywood nos vende como romanticismo/pasión pero en este caso está claro que la relación entre la agente de la CIA y el marine es clave. No por el hecho de saber si acabarán juntos o no, detalle que en realidad no me preocupa, sino porque los vaivenes en la relación entre ambos condicionan buena parte de lo que ocurre en la serie y la manera de actuar, sobre todo, de la inestable Carrie. Aunque es un útil recurso, también creo que en ocasiones el ‘te quiero pero no te debería querer’ ocupa demasiados minutos y un buen ejemplo de ello es el último episodio de la segunda temporada.

 

Homeland no es una serie perfecta, así que no sería justo dejarlo aquí. También tiene sus defectos. La serie no brilla cuando le dedican minutos a la familia de Brody, especialmente con ese intento de darle más protagonismo a Dana.  Además, en Carrie se confunden rasgos del trastorno bipolar y la psicosis y en muchas ocasiones parece que los guionistas se olvidan de que en Estados Unidos existen medidas de seguridad y que no es tan fácil colarse en un edificio del Gobierno con una bomba o un arma. Detalles como estos últimos le restan verosimilitud, algo que con el paso del tiempo podría volverse en su contra.  De todos modos, es ficción y hay que asumirlo. Por eso, todos aquellos que todavía no lo hayan hecho, deberían darle una oportunidad a Carrie, Brody, Abu Nazir, Saul y al resto de los que han convertido Homeland en la serie de la que todo el mundo habla. Cuatro emite hoy en primetime los dos primeros episodios pero veremos cuánto dura el experimento. Con dos años de retraso, espero que no cuenten con reventar audímetros.

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Escrito por David Suárez 9 Comentarios
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Ciudades de serie

24 de noviembre de 2012 a las 12:21

Visitar ciudades sin moverse del sofá y sin españoles que han tenido que emigrar por amor o por la crisis. Las calles las pisan personajes de ficción pero los espectadores aprovechamos sus pasos para conocer mundo. Los escenarios de las series nos permiten trasladarnos a urbes, muchas de ellas reales, que aportan personalidad y carácter a la trama. Nueva York siempre ha sido la preferida y sus rincones, parques y monumentos aparecen en buena parte de las ficciones que se importan. Pero cada vez le salen más competidores y con ellos nuevos paisajes que recorrer.

El Washington de «Homeland»

Me quedo con Homeland siempre con el permiso de El Ala Oeste de la Casa Blanca, que excepto en las campañas presidenciales, poco salía de las dependencias del presidente Bartlet y su equipo. Sin haber pisado la capital de Estados Unidos, gracias al poder ilimitado de Hollywood, nos hacemos una idea bastante aproximada de cómo es el Capitolio, la Casa Blanca o el Congreso. Homeland aporta algo más. Además de los pasillos de la sede de la CIA y del Congreso, la serie también nos muestra ciudad. La recorremos en coche con Jessica y los niños, en metro siguiendo a los objetivos de la agencia de inteligencia y también en alguna caminata a pie. Washington  aparece como una ciudad agradable y repleta de zonas verdes, esas por las que sale a correr Brody y en las que queda con Roya.  A Carrie la trama la sitúa en el barrio de Georgetown, menos solemne pero con más vida. Una zona ideal para una mujer que pisa poco su casa y que lo que necesita es cubrir apuros: supermercado, comida india y salir a tomar una copa. De la mano de Abu Nazir y de su séquito, la serie nos permite hacer escapadas hasta Afganistán o el Líbano, aunque las autoridades de este último país ya se han quejado de la visión que dio de Beirut en los primeros capítulos de la segunda temporada. Así que mejor nos quedamos únicamente con la imagen de Washington.

El Miami de «Dexter»

El Miami de Dexter huele al mejor café, ese que con sólo olerlo ya te despierta.  El clima asfixiante y esa humedad que a veces se convierte incluso en pegajosa, la ciudad nos la compensa con unas puestas de sol espectaculares, esas que a Dexter le pillan muchas veces en plena faena.  La serie de Showtime muestra una ciudad que es todo violencia, criminalidad y sangre pero con un toque de clase y distinción.  Abundan los crímenes de barrios acomodados, esos que forman bonitas casas de dos plantas con porche y que tienen aparcado delante un coche de esos que no cabe en las plazas de la mayoría de los párkings gallegos. Al “oscuro pasajero” del protagonista no le importa de vez en cuando hacer escapadas a los barrios latinos, contenedores del puerto o cabañas a las afueras pero se mueve mejor en South Beach y Ocean Drive. Miami es cálido y agradable pero tras siete temporadas todavía no han mostrado esos encantos ocultos que llevaron a  Alejandro Sanz y Julio Iglesias a instalarse en esta metropoli del estado de Florida

El Chicago de «Boss»

Fuera de los despachos del consistorio del alcalde Kane, Boss muestra un Chicago industrial y con un aspecto decaído. Escapan de los rascacielos y de la imagen que se nos dio de la ciudad durante el apogeo del fenómeno Obama.  Prefieren rodar en naves abandonadas, descampados y barrios marginales. Chicago parece una ciudad gris, sucia y un destino que difícilmente visitaría un turista. Es el ambiente perfecto para todo el entramado de corrupción y para que el tráfico de influencias fluya a la perfección. Con la rehabilitación del barrio de Lennox Gardens en la segunda y última temporada, la serie gana interés y vida exterior. Un barrio donde las bandas y la droga han ganado la batalla y que el alcalde quiere rehabilitar para colmarse de gloria. Ese es el Chicago de Boss, que  no parece el mismo en el que viven los protagonistas de The Good Wife, con sus oficinas de lujo y sus viviendas acomodadas en la periferia. Son dos caras muy diferentes de una misma moneda, aunque queda claro que en el Estado de Illinois los políticos nunca salen bien parados.

El Seattle  de «The Killing»

La ciudad de Seattle tampoco sale especialmente favorecida en la adaptación americana de la serie Forbrydelsen.  La investigación de la muerte de Rosie Larsen transcurre en una ciudad bajo una constante neblina y lluvia. La fotografía nos traslada a unos años atrás y el ambiente está medido para que siempre sea oscuro, decadente y nos transmita frío.  Los creadores han querido mantener las características de esos parajes nórdicos en los que se rodó la serie original y le han hecho una mala campaña de promoción a la ciudad de Seattle.  Pocos querrán viajar hasta allí para pasear por las calles en las que los detectives Linden y Holder se rompen la cabeza para descifrar ese puzzle que nos mantuvo en vilo durante dos temporadas (rompecabezas que se podría volver a desplegar porque se están planteando hacer una tercera entrega). Lo único que anima a plantarse en Seattle para hacer algo de turismo son esas largas extensiones de bosque por las que la policía busca alguna pista tras la desaparición de Rosie. Dan ganas de correr hasta donde ni siquiera se vea el Space Needle, ese pirulí que domina el cielo de la ciudad, y perderse.

El Nueva Orleans de «Treme»

La serie no solo está ambientada en Nueva Orleans,  la reconstrucción de la ciudad y sus gentes tras el Katrina es su verdadera historia.  Barrios totalmente destruídos, calles cerradas y negocios a la deriva. Un ambiente desolador pero que mantiene parte de su esencia. A pesar de los efectos del huracán, el Nueva Orleans de Treme sigue siendo una ciudad que no duerme y en la que las penas se ahogan con música. Lo ha vivido todo y parte de su atractivo es que supo aprovechar lo mejor de los que pasaron por allí.  David Simon nos propone vivir Nueva Orleans de noche y despertarnos con tiempo para poder pasear por las orillas del Missisipi antes de que anochezca. Como ya había hecho con Baltimore en The Wire, Simon hace un recorrido exhaustivo por muchos barrios de la ciudad y por algunos de sus elementos más identificables. Mientras los habitantes de ficción recuerdan al mundo que Nueva Orleans sigue ocupando un hueco en el mapa, los que nunca han pisado sus calles descubren que la ciudad es mucho más que el Mardi Gras.

El Albuquerque de «Breaking Bad»

Nuevo México es otro mundo. Pertenece a Estados Unidos pero va a otro ritmo. Albuquerque no es una gran ciudad y el desierto que la rodea anima a tomarse la vida con calma, precisamente lo que no puede hacer Walter White.  Desde el barrio residencial donde vive el profesor de química con su mujer hasta donde le llevan sus negocios ocultos, la serie muestra una de esas ciudades en las que el exterior anima poco a salir del coche. Calor asfixiante  poco movimiento en las calles y un vacío permanente en el horizonte. Sin embargo, parece que la serie ha ayudado a colocar a esta ciudad de 500.000 habitantes en el mapa y ha conseguido cierto movimiento de turistas dispuestos a conocer la ciudad de White y Pinkman. En Internet  son muchos los que ya han recurrido a  la cuenta de una vecina de la ciudad en la que muestra alguna de las localizaciones que se han colado en las cinco temporadas de la serie de AMC. Eso sí, por si alguien se lo plantea, que no pregunte por «Los Pollos Hermanos» porque en realidad el establecimiento se llama «Twisters».

El Atlantic City de «Boardwalk Empire»

Ese paseo de madera sobre la playa, los locales con sus alfombras rojas y los primeros grandes carteles luminosos. La serie de Nucky Thompson nos muestra un Atlantic City anterior a las moles a pie de playa y el furor por los neones. Una ciudad en la que se respiraba elegancia y clase sobre el paseo marítimo, aunque tras los locales se ocultaba comercio ilegal, contrabando y pobreza.  Gracias a Boardwalk Empire nos trasladamos a principios de siglo, allá por la década de los 20, esa en la que se aprendió a disfrutar de la vida y a vivir, como algunos repiten tanto ahora, por encima de nuestras posibilidades. Aunque probablemente llamen más la atención sus espectaculares interiores, de la mano de Jimmy Darmody visitamos la playa, con Margaret recorrimos los barrios y con Nucky los mejores y peores tugurios. Gracias a sus contactos, aliados y, sobre todo, gracias a sus enemigos también tenemos la oportunidad de pisar Nueva York, Philadelphia y Chicago.

El Londres  de «Hustle»

El bar de Eddie nos conecta con la vida de a pie de la capital británica. El resto en Hustle es el Londres que sólo se puede conocer a golpe de talonario. Los mejores hoteles, las oficinas de la City, rascacielos y palacetes en las afueras.  Los timadores de la banda de Mickey Bricks saben vivir y nos muestran la parte más glamurosa de la capital londinense. Son timadores pero de los que manejan cantidades acompañadas de un buen número de ceros, al menos cinco. De ahí que siempre frecuenten los mejores restaurantes, los clubes más selectos y las tiendas sólo aptas para sirs y lords.  Para los que lleguen a la ciudad en vuelos de bajo coste y no vayan a gastar más de 20 libras en el alojamiento, probablemente no podrán visitar ninguno de los sitios que aparece en la serie. Como mucho, alguno de los museos en los que la banda ha robado.  Para conocer un Londres más asequible,  siempre podemos irnos a patrullar con Luther, serie que acaba de empezar a rodar su tercera temporada, o investigar algún caso con Sherlock.

El Manchester de «Shameless»

Y seguimos en Reino Unido aunque pasando de lo más exclusivo de Londres a lo menos recomendable de Manchester. No creo que nadie viaje a este ciudad británica por lo que haya visto en la serie de Paul Abott. Shameless nos muestra esa parte de las ciudades que no suelen pisar los turistas, esos barrios en los que lo difícil es llegar a mitad de mes. Los Gallagher viven en uno de ellos y entre todos  se encargan de que conozcamos bien el día a día de los que viven en esas zonas de jardines descuidados, aceras incompletas y calles poco iluminadas. Con un humor sin tapujos, la serie nos habla de desempleo, familias desestructuradas y chavales que aprenden casi antes a delinquir que a hablar. Descampados, callejones y pasos subterráneos son sus escenarios habituales, tanto en la versión británica como en la americana, que traslada a la familia Gallagher a los arrabales de Chicago. Para  los que quieran completar su visión de Manchester, otra buena opción es la serie Life on Mars, que recorre las calles del centro y barrios con mejor aspecto en el 2006 y en los años setenta.

 

Como pertenecen a series, las ciudades también son de ficción. Sí hay partes de realidad en ellas pero la mayoría de las series que he mencionado no se ruedan habitualmente en la ciudad en la que está ambientada su historia. El Miami de Dexter está en California, el Chicago de The Good Wife en Nueva York y el Washington de Homeland a medio camino entre Virgina y Carolina del Norte. Son ciudades de serie, que sólo existen en la ficción y en unos cuantos decorados. De todos modos, merece la pena conocerlas porque sus creadores se han esforzado para que incluso sus vecinos no sean conscientes de que están siendo engañados. Si algunos de ellos se lo han creído porque no lo podemos hacer los que vivimos a miles de kilómetros.

 

Gran parte de esta entrada llevaba bastantes semanas escrita y el blog casi el mismo tiempo sin actualizar. Es por un motivo que se escribe con mayúscula. En las últimas semanas he viajado a muchas de estas ciudades de serie acompañado por un serón del que en ocasiones asomaba un pequeño brazo y salían sonidos, que aunque me duela reconocerlo, se parecen mucho a los de los zombies de «The Walking Dead». Todavía es pronto para que ella pueda disfrutar de esta forma tan económica de hacer turismo pero espero que algún día la sepa apreciar. En este mundo en el que le ha tocado vivir, unas buenas dosis de ficción e imaginación no le vendrán nada mal.

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Drama con la comedia

18 de enero de 2012 a las 19:25

Lo intento de nuevo. Trato de olvidarme de mis prejuicios, decido darle una oportunidad y tratar simplemente de entretenerme. Mientras le doy al play me repito mentalmente: «Esta vez va a ser diferente, te vas reír y podrás comentar con todo el mundo lo mucho que te ha gustado». Me acomodo con ánimo y buenas expectativas, abro bien los ojos y permanezco atento a cada detalle. Pasados cinco minutos, ya soy el de siempre. Juego con el móvil, inicio conversaciones y le presto más atención a la comida que a la serie.

Lo mío con las comedias americanas no tiene nombre. Es una manía de la que se han librado muy pocas. «Two Broke Girls» no ha entrado, ni por asomo, en ese selecto grupo. El primer capítulo de la serie consiguió acabar sin hacerme reír. Ni una risa, de ningún tipo. Y es que con el paso del tiempo he descubierto que las series consiguen hacerme reír de dos formas diferentes. La primera es una risa abierta, una de esas que después te deja como descansado. La segunda es esa que se escapa y que te avergüenza en cierta medida. Mi chica, que la pobre ya ha tenido que sufrir unas cuantas comedias sin gracia por mi culpa, tiene un don especial para detectar estos momentos. Se gira, me mira y dice con cara de espanto: «¿De verdad qué te hizo gracia eso?». Y aunque te duele reconocerlo, te ha hecho gracia, que visto lo visto ya es mucho.

Las camareras rubia y morena del bar cutre no consiguieron ni una de esas risas que no reconocería ni bajo amenaza. Ni ellas, ni su caballo, ni el propietario chino, ni las contestaciones descaradas a los clientes… Y podría seguir con los ni-ni un buen rato. Los personajes son demasiado simples, los estereotipos exagerados y no le encuentro ese algo especial del que hablan muchos críticos. Yo no veo más que la típica comedia facilona que se agota antes de la segunda temporada. En fin, una de esas que no vería a no ser que mi cansancio me impidiese pulsar los botones del mando.

Lo peor de todo es que tras este nuevo fracaso, en mi mente vuelve a presentarse la necesidad de ver una serie que me haga reír. Mi agenda semanal está llena de misterios, tramas, investigaciones, algún que otro drama pero muy pocas risas. Hubo un tiempo que el Reino Unido conseguía con sus producciones suplir ese vacío pero últimamente ni eso. Habrá que seguir buscando, no desistiré.

Al margen; Los fans de «Two broke girls» que no se lo tomen a mal. Me ha ocurrido prácticamente lo mismo con «Raising Hope», «Parks and Recreation», «Community», «Harry’s law» o «Web Therapy». Siempre lo digo, con las comedias soy difícil de contentar.

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Si con Grey salvó una vida…

7 de diciembre de 2011 a las 18:11

Ni los mejores publicistas hubiesen conseguido idear una campaña con tanto impacto. Medios de todo el mundo se han hecho eco de la historia de dos niñas de Wisconsin que consiguieron reanimar a la madre de una de ellas gracias a los conocimientos que habían aprendido viendo la serie «Anatomía de Grey». Sí, han leído bien. Ni «House» ni «Emergencias», a estas dos niñas, de diez y doce años, les llegó con lo que vieron en «Anatomía de Grey» para salvar una vida. El mundo es así, un experto en sorprendernos cada día. Quién les iba a decir a los creadores del culebrón médico que iban a conseguir mantener con vida a una persona. Ellos que llevan años preocupados porque las posibilidades matemáticas de liar a sus personajes se les está agotando y resulta que hay espectadores que atienden cuando hay tramas médicas.

Además de sorprendente, la noticia es al menos sospechosa. No pongo en duda la fiabilidad de los bomberos de Wisconsin, que corroboran los hechos, ni la labor del medio local que dio la exclusiva. Aun así, no estoy al 100% convencido. ¿Se acuerdan del niño del globo? Pues cada vez que me encuentro con noticias como esta me sigo acordando de aquel famoso montaje que mantuvo en vilo durante unas horas a medio mundo. Recuerdo a Pepa Bueno conectando en directo con Denver en el Telediario y como todos los medios tuvieron que dar marcha atrás días después y reconocer que todo había sido una farsa. Ya desde antes, pero especialmente desde ese caso, tengo una desconfianza plena en todas las noticias que consiguen cruzar el océano atlántico por el simple hecho de ser «curiosas». La mayoría chirrían, huelen a montaje y tienen un protagonista al que el periodista de la televisión americana de turno no tarda ni cinco segundos en bautizarle como héroe.

Las niñas de Wisconsin seguro que ya son las heroínas de Sheboygan, la localidad de 49.000 habitantes donde residen. Los bomberos aseguran que gracias a la rapidez con la que actuaron, la señora Syferth sobrevivió a un ataque de asma que le dejó casi sin respiración. «Mi madre y yo vemos la serie cada jueves y lo aprendí de ahí», le explicó Madysin Kestell a los servicios de emergencia. Y es que mientras el resto de adolescentes se recreaban con los flirteos de médicos, internos, residentes y pacientes, ella y su amiga Katelynn no pestañeaban cuando Ellen Pompeo, esa actriz cuarentona que no dudó en aceptar un papel de residente, practicaba una maniobra de respiración cardiopulmonar.

La gran beneficiada por lo ocurrido, la madre de Madysin, es también la más perjudicada porque se queda sin parte de sus poderes. Ya no podrá pronunciar la frase: «En la próxima publicidad te vas a la cama». ¿Quién se atrevería a mandar a cama a semejante portento? Su hija, que debe absorber más conocimientos que agua una esponja, deberá estar atenta a lo que hacen los cirujanos de ficción por si algún día la emergencia es más grave. Aunque la serie siga recurriendo a la testosterona, tabletas de chocolate y cuerpos operados, la madre no podrá nunca vetar la serie. Es cuestión de vida o muerte y por el bien de todos deberá cumplir con su cita semanal con la serie de ABC.

A Madysin y a su amiga Katelynn nadie podrá convencerles ya de que la televisión entretiene pero no educa. Será imposible controlarles las horas delante de la pantalla porque siempre tendrán una buena excusa para quedarse en el sofá. Si con diez años han conseguido salvar una vida gracias a Meredith Grey no quiero imaginar lo que podrán hacer las niñas de Wisconsin si se aficionan a «Misfits», «Gossip Girl» o «Revenge». Visto lo visto, podrán ganar un pleito si se tragan dos episodios de «The Good Wife», resolver homicidios con unas pequeñas dosis de «Bones» y gobernar Estados Unidos con una de las siete temporadas de «El Ala Oeste de la Casa Blanca».

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Batacazo con Mildred

2 de agosto de 2011 a las 20:26

Muy bien hecho pero un culebrón en toda regla. Cuando consiguió tantas y tantas nominaciones a los Emmys en la categoría de drama, se olvidaron de añadirle a «Mildred Pierce» un “on”, ese que diferencia drama de dramón. La miniserie, basada en la misma novela en la que se inspiró la película «Alma en suplicio» de 1945, cuenta con todos los ingredientes para ser una telenovela de esas que se emiten a media tarde. Madre recién divorciada que se tiene que buscar la vida, una hija condenademente mala y escarceos amorosos que saltan con facilidad de la cama al reproche. Todo aderezado con sus necesarias dosis extra de pasión, orgullo y, sobre todo, traición.

Kate Winslet, algo sobreactuada en ocasiones, da vida a la protagonista Mildred Pierce, una mujer con una constante preocupación: su hija Veda, a la que no puede dejar de querer a pesar de que lo lógico sería odiarla. La niña, que cuando crece y se cambia a una actriz adulta pierde mucho, es altiva, engreída, consentida y retorcida, adjetivos que también casan mejor con un culebrón que con una serie dramática. Su percepción de la vida y sus choques con su madre salvan los primeros capítulos pero no es lo suficientemente interesante como para dedicarle cinco horas. Por eso, creo que la adaptación se les fue de las manos. Se quiso potenciar tanto la vena dramática y sentimental del personaje de Winslet que el resto de cosas que le pasan parecen ser simples anécdotas. Había muchas tramas de donde poder tirar: vida nueva tras el divorcio, incorporación al mundo laboral, creación de una empresa, mujer en mundo de hombres, diferencia de clases, la Gran Depresión… Todos estos argumentos están en la historia pero se distribuyen en pequeñas píldoras de color entre las largas escenas que se le dedican a los altibajos de la relación madre-hija y a sus amoríos, con gigoló de postín incluido.

Después de ver «Mildred Pierce» tengo que decir algo difícil de digerir: HBO me ha fallado. Aunque la ambientación y buena parte del casting están a la altura, la trama es lenta y aburrida. La trayectoria de la cadena consiguió que me mantuviese durante los primeros episodios esperando a que ocurriese algo grande pero tras el arranque del tercer episodio empecé a sospechar que no había nada más. Los dos últimos episodios lo confirmaron. Puro cuore. Así que a quien le gusten las telenovelas, adelante.

Mildred Pierce
Miniserie estrenada en 2011 por HBO
Cinco capítulos de una hora de duración

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Los que faltan

14 de julio de 2011 a las 16:17

No soy muy amigo de nominaciones, galas y premios pero hoy es inevitable hablar de los Emmys. Es el día oficial de los «congrats» y las autofelicitaciones en el Twitter más seriéfilo. Todo el mundo presume de nominaciones. Las series felicitan a sus actores, recuerdan que están en el club de las nominadas al Emmy y las cadenas suman y suman para ver quién tiene más. Es parte del juego. Los premios son la mejor de las promociones y han conseguido que a los mortales, los que vemos en las series entretenimiento y no un negocio, también nos interese. Y es que en el fondo a todos nos gusta jugar a ser tan listos como los supertacañones de la academia y poder decir el día después «yo ya lo dije».

Por llevar un poco la contraria en vez de quinielas yo propongo análisis, que en este caso viene siendo el criticar de toda la vida. Hablar de aquellos que no han conseguido entrar en las nominaciones de los Emmys aunque se lo merecían. Como mi intención es que el blog sea interactivo, quiero que seáis vosotros los que digáis en qué no coincidís con las nominaciones. Podéis consultar la lista de los principales premios en esta noticia y el resto de categorías en aquí.

Empiezo yo: ¿Dónde está «Treme»?

Al margen; Ya me habían recomendado que viese la miniserie «Mildred Pierce» de HBO. Con las 21 nominaciones de hoy, más incluso que «Mad Men», me ha quedado claro que no puede pasar de este fin de semana.

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Dos martillos por 3.000 dólares

12 de julio de 2011 a las 18:58

No era nada raro tener que hacer cuentas al salir de la ferretería, aquella tienda que existía para vender herramientas cuando no había ni centros de bricolaje ni bazares chinos. Los precios no solían cuajar, por lo menos en la de al lado de mi casa. Una pequeña arandela podía costar prácticamente lo mismo que una bisagra, dependiendo del esfuerzo que le supusiese al dueño encontrarla. Aún así, nunca vi un martillo tan valioso como el que se ha subastado la semana pasada.

El flamante ganador de la puja, que ofreció más de 2.000 euros (3.049,99 dólares, para ser más exacto) en realidad se ha llevado a casa dos martillos. Uno de verdad, de esos con los que puedes clavar puntas en la pared, y otro de gomaespuma, con el que puedes golpear al actor de una serie sin hacerle daño. Precisamente esa, es la historia de la valiosa herramienta. El martillo subastado es el que usaba el personaje de Trinity, el asesino del que le costó deshacerse a Dexter en la cuarta temporada de la serie.

Casi un centenar de pujas consiguieron que el lote de martillos pasase de los 50 a los 3.000 dólares y todas ellas en apenas una semana. Pero ¿no estábamos en crisis? ¿A caso desgravan las subastas de Showtime? Aun así, sigo sin entender qué gran ventaja le puede ver alguien a tener en casa el martillo que se utilizó en el rodaje de una serie.

Y los martillos no eran los únicos elementos de attrezzo que se subastaron a través de la página web de Showtime. En la subasta específica de elementos usados por Trinity también se podían adquirir la urna que mantenía oculta en su garaje, el mapa con el que el investigador Lundy rastreaba sus pasos o el informe policial sobre su asesinato. Aunque las herramientas fueron el objeto estrella de la subasta, el resto de pujas ganadoras tampoco se quedaron muy por debajo. Definitivamente, muy por encima de lo que yo estaría dispuesto a pagar por tener alguno de estos objetos en mi casa.

Por cierto, aunque no está confirmado oficialmente, parece que «Dexter» regresará el 2 de octubre. Los expertos calculan la fecha de estreno de la sexta temporada en base a cuando se ha programadio la reposición de los capítulos de la quinta. Como no soy amigo de los spoilers, las suposiciones y la rumorología solo añadiré que se incorporan a la serie actores como Mariana Klaveno, el cantante de hip-hop Mos Def, Colin Hanks, al que cada vez se le nota más físicamente quién es su padre, o Brea Grant, la rubia mensajera ultrarrápida de «Héroes».

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Dudas con C mayúscula

11 de julio de 2011 a las 8:35

La canción de las que os hablaba en el anterior post es la de la cabecera de «The Big C»

Imagen de previsualización de YouTube

Una intro genial aunque con la serie mantengo algunas dudas. No le quito mérito porque consigue algo muy difícil, hacer reír con una situación que no tiene nada de comedia, el cáncer. Es la c mayúscula que da nombre a la serie y el factor que convierte en arte conseguir una simple sonrisa. Sin embargo, después de ver el arranque de la segunda temporada me da la sensación de que poco a poco ha ido perdiendo su fuerza, su originalidad y ganando en «ñoñería».

Los primeros segundos de la serie lo decían todo. Cathy quería una piscina en su jardín y la quería ese mismo verano. Necesitaba tiempo para enseñar a su hijo Adam a tirarse al agua como ella y su hermano hacían cuando eran pequeños. Sabía que le quedaba poco tiempo, le acababan de detectar un melanoma en fase cuatro, y quería aprovecharlo para vivir a su manera. La protagonista había asumido la enfermedad a medias y apostó por ser alocada, abandonar lo políticamente correcto, alimentarse a base de postres y comprarse un descapotable.

Laura Linney, como ya se lo reconocieron con un Globo de Oro, está inmejorable en su papel de Cathy pero además cuenta con dos buenos compañeros. Su hermano Sean es el contrapunto ideal para una mujer entregada a hacer las cosas bien. John Benjamin Hickey borda un papel excéntrico donde los haya que aporta grandes momentos a la serie gracias a su filosofía de vida: lucha contra el sistema viviendo en la calle, sin ducharse y alimentándose de lo que otros tiran. La otra pieza clave es Andrea, interpretada por la protagonista de la película «Precious», una alumna sin pelos en la lengua y que se convertirá en una de las mejores aliadas de Cathy en sus locuras. Para muestra, un botón.

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Mis dudas sobre la serie llegaron según se acercaba el final de la primera temporada. Aparecieron todos los ingredientes que los americanos añaden para hacer dramas al ritmo de hamburguesas: triángulo amoroso, embarazo inesperado, reconciliación y una muerte. No quiero entrar en muchos detalles para no estropearle la trama a nadie pero es que algunos de estos ingredientes incluso parecen metidos con calzador. Es por eso que mi aprecio por la labor de los guionistas comenzó a caer en picado y la incorporación de Cynthia Nixon, una de las protagonistas de «Sexo en Nueva York», tampoco es que me ayudase a recuperar la confianza. Su papel aporta más bien poco aunque cada vez tenga más minutos en pantalla.

Espero que la serie recupere un poco el rumbo y vuelva a sus orígenes porque no me gustaría dejarla antes de que tuviese un final. Es una de esas series en las que desde el capítulo uno sabes lo que va a tener que acabar ocurriendo y me intriga saber cómo van a resolver la situación los guionistas. Han tenido que pasar los trece capítulos de la primera temporada para que la protagonista le contase a sus familiares que tiene cáncer. Así que, si la cadena y las audiencias no lo impiden, habrá Cathy para rato. Esperemos que sea la que prometen en sus anuncios.

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El «prime time» de las dos de la madrugada

23 de junio de 2011 a las 9:22

Leo que Jon Hamn ha llegado a un acuerdo para seguir tres años interpretando al publicista Don Draper. Es una noticia de la que se hacen eco hoy la mayoría de los periódicos aunque aquí debería interesarle a poca gente. «Mad Men» es en España una de esas series minoritarias que si se emiten en abierto quedan relegadas a las dos de la madrugada de un miércoles. Es el hueco que se merece en la parrilla española una producción de esas que no paran de recibir premios en Estados Unidos y que lleva negociando con sus protagonistas duramente, sobre todo en lo económico, para tratar de garantizar que llegarán hasta las siete temporadas. Una de esas series en las que se cuida hasta el último detalle y que consiguen situarnos a los espectadores más jóvenes en épocas en las que ni siquiera éramos un proyecto. Y podría seguir y seguir halagando sus personajes, su estructura, el guión, la fotografía, las tramas… Pero ¿para qué? Aquí ya tenemos grandes series con las que cubrir los horarios de máxima audiencia.

Llevo media semana sin ordenador y veo que me está afectando. No tengo como costumbre encender la televisión para disfrutar de su gran oferta (percíbase mi ironía) pero decidí aprovechar estos días para darle una oportunidad y, de paso, hacer una prueba. Con el mando comencé a pasar y pasar canales hasta que volví a aparecer en la primera cadena. Resultado: el único canal que tenía algo que me interesaría ver era uno de los de pago. Pero ¿esto no es iba a acabar con la TDT? ¿No nos hicieron gastarnos el dinero en nuevos aparatos y televisiones mucho más caras porque íbamos a tener una oferta inmejorable? Yo no la veo pero igual es solo cosa mía. Me imagino que al menos los fans de las series de José Luis Moreno sobre vecindades estarán encantados porque pueden verlas incluso en tres canales al mismo tiempo.

Menos mal que hablando con la gente, uno se da cuenta de que no es el único que ve series como «Mad Men» y que se rebela a lo que los más de treinta canales de la TDT española entienden como buena opción para el «prime time». No quiero que se entienda esto como un comentario clasista ni despreciativo hacia las series que se hacen aquí, que también las hay buenas. Es simplemente una crítica a lo que las televisiones, especialmente las privadas, han hecho con lo que debería ser su mayor oportunidad para contentar a todo tipo de públicos. Que el autodenominado canal de las series emita capítulos de «Primos Lejanos» y «Cosas de casa» deja claro que la cuestión es rellenar sin gastar. Lo peor de todo es que las cadenas españolas sí que han comprado los derechos de emisión de buenas series pero como en el caso de «Mad Men» pretenden conseguir grandes datos de audiencia emitiendo la primera temporada cuando ya se está empezando a hablar de la quinta.

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Piloto (T01 E01)

18 de abril de 2011 a las 17:57

Debo presentar bien las ideas para que el público se atreva a ver el segundo capítulo. En el fondo, la tarea de escribir por primera vez en este blog es semejante a lo que supone un piloto para cualquier serie. Ha llegado el momento de vender el producto y poner toda la carne sobre el asador. Así que, sin más dilación, cabecera y empezamos…

«Fuera de serie» es una ventana abierta a infinidad de historias bien contadas y pensadas para televisión, aunque en muchas ocasiones acaben reproduciéndose en un ordenador. Historias que nos desvelan por capítulos y que son capaces de dejarnos en vilo durante horas. Conmigo lo han conseguido muchas y, por eso, me considero serie-adicto. Me he involucrado con asesinos en serie, he vivido en una funeraria, he trabajado en un departamento de informática y me he perdido en varias ocasiones en una isla que no aparece en los mapas. No he hecho nada de eso y lo he vivido todo gracias a series que muchos ya habréis adivinado. Ahora con este blog quiero compartir lo que me aporten (o no) las series que vaya viendo o ya haya visto. Personajes inmejorables, actores que aparecen en todos lados, tramas imposibles y finales polémicos (a estas alturas mejor que ya no hable de lo que me pareció el de «Lost»).

El mundo global tiene sus ventajas y una de ellas es que podemos disfrutar no sólo de la ficción que se hace aquí. HBO y Showtime ya no sólo hacen magia para los que viven en Estados Unidos y las grandes producciones de la BBC traspasan fronteras, sin necesidad de adaptaciones. Si Antena 3 pudo estropear una serie como «Life on mars» y convertirla en «La chica de ayer», mejor que se esfuercen en las traducciones, aunque yo soy partidario de los subtítulos. Para saber si un actor es bueno hay que escuchar su voz original y para apreciar los matices también. El ejemplo más claro es Michael C. Hall en el pellejo de Dexter.

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Para no crear falsas esperanzas he de aclarar, ya desde el principio, varias cuestiones. Lo que se escriba en este blog es totalmente subjetivo. No soy crítico de televisión, ni guionista, ni experto en nada. Habrá personajes que hayan conseguido ganarme sólo a mí en la faz de la Tierra y habrá grandes series que hayan cautivado a todos los críticos y yo no haya pasado del segundo capítulo. No han conseguido engancharme ni «Los Soprano» ni «The Wire», así que unos cuantos ya tendrán material suficiente para ponerme verde.

Me comprometo a explicar por qué me gusta algo y quiero que los que leáis esto tengáis la misma oportunidad. Podéis usar los comentarios para puntualizar, valorar, añadir y criticar (sin hacer mucha pupa). Las recomendaciones serán bienvenidas y prometo darle un intento, dentro de mis posibilidades de tiempo. Nada más. Solo quería decir que esto ya está en marcha.

PD: Para los que aún no lo sepan T01 E01 no significa nada más que temporada 1 episodio 1.

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Escrito por David Suárez 16 Comentarios
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