¿Por qué engancha tanto «Homeland»?
Hoy, al fin, es el día. Tras meses de anuncios, Cuatro estrena hoy en abierto Homeland. Llega al gran público español, mejor dicho, a los que no la hayan visto todavía, la serie revelación de los últimos años. La cadena nos ha recordado hasta la saciedad que se ha llevado seis premios Emmy, tres Globos de Oro y que es la serie que tiene en vilo al mismísimo presidente de Estados Unidos pero a estas alturas a Homeland no le hacen falta presentaciones. La pregunta ahora es qué tendrá esta serie para gustar a todo tipo de públicos y ¿por qué nos engancha tanto? Estos son algunos de sus puntos fuertes y posibles motivos
1. Cosas de espías
Las tramas de espionaje siempre han funcionado bien. Al ser humano le encanta fantasear con los sistemas de inteligencia y con lo que ocurre en los despachos de la CIA. Hollywood ha sabido aprovechar toda esa curiosidad. Primero fueron los espías norteamericanos y rusos pero desde el 11-S ha surgido un nuevo objetivo, el terrorismo islamista. Homeland parte de esa baza aunque ha querido alejarse del discurso tradicional de buenos contra malos. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Es todo una cuestión de matices pero sin llegar a incomodar al público norteamericano, muy sensibilizado con la causa. Sobre todo en la primera temporada, la serie juega con esa delgada línea que separa el bien del mal pero ese espejismo desaparece con el paso de los capítulos. Después los bandos se van aclarando y la serie deja claro de qué lado tendrías que estar. Sí que es una serie de buenos y malos pero algo mejor camuflada que otras.
2. Pasión por Carrie
Desequilibrada, imprevisible, frágil e incansable. Así es Carrie Mathison. En la vida real probablemente no querríamos tener nada que ver con una persona así pero en Homeland el espectador aprende a querer a Carrie en sus momentos de locura y disfrutar con su manera de afrontar su trabajo, que en realidad, es toda su vida. El manejo de la actriz Claire Danes de su rostro y especialmente su habilidad para desencajar los ojos son unos de los culpables de que nos creamos este personaje, que pensándolo en frío, no duraría más de dos días en una agencia de inteligencia por muy buena que fuese. La actriz se pone el traje de chaqueta, cara lavada con ojeras y apura el paso y aparece Carrie Mathison, con sus intuiciones y sus arrebatos. Me atrevería a decir que ella es más de la mitad del éxito de Homeland. La serie podría resistir sin Brody, sin Abu Nazir e incluso sin Saul, pero nunca sin esa rubia chiflada que nos enseñó la importancia de un bolígrafo verde y a la que siempre recordaré feliz como unas castañuelas huyendo por los puestos de un mercado de Beirut.
3. Ritmo de infarto
Existe un antes y un después de la serie. Nos ha malacostumbrado y ahora nos cuesta creer que en otras series tarden 16 capítulos en contarnos lo que Homeland es capaz de resolver en dos y sobrándole unos minutos para que los protagonistas coqueteen. En la primera temporada puede dar la sensación de que la historia se iba a estirar como un chicle y que evitarían avanzar en la trama. Pero no es así y han dejado claro que hay material de sobra y están dispuestos a romperle los esquemas al espectador las veces que haga falta. Sólo en el arranque de la segunda temporada, esos primeros cinco capítulos de infarto, se ventilan una tras otra todas aquellas situaciones que los espectadores, y muchos críticos, esperaban que se reservasen para el episodio final. En Homeland siempre hay un guionista dispuesto a pisar el acelerador.
4. Trabajo de guión
Los guionistas de Homeland son unos auténticos expertos en darle un vuelco a la trama capítulo tras capítulo. A los encargados de elaborar el guión de la serie pocos peros se le pueden poner. Se podría debatir y criticar si la trama es creíble pero no se puede negar que el desarrollo es prácticamente impecable. Capítulos intensos, con un buen dominio del ritmo y con constantes giros inesperados. Se nota que Homeland es el resultado de muchas horas de trabajo de guión y muy bien empleadas. No sólo por todo lo que ocurre en sus dos temporadas sino por cómo abren y cierran conflictos sin trompicones ni pasos en falso. No hay apenas altibajos, ni cabos sueltos, ni palos de ciego. Todo lo que ocurre tiene un sentido, antes o después.
5.Tensión sexual ¿bien resuelta?
Aunque me duela reconocerlo, la tensión entre Carrie y Brody es una parte importante del gancho de Homeland. No soy nada amigo de todo lo que Hollywood nos vende como romanticismo/pasión pero en este caso está claro que la relación entre la agente de la CIA y el marine es clave. No por el hecho de saber si acabarán juntos o no, detalle que en realidad no me preocupa, sino porque los vaivenes en la relación entre ambos condicionan buena parte de lo que ocurre en la serie y la manera de actuar, sobre todo, de la inestable Carrie. Aunque es un útil recurso, también creo que en ocasiones el ‘te quiero pero no te debería querer’ ocupa demasiados minutos y un buen ejemplo de ello es el último episodio de la segunda temporada.
Homeland no es una serie perfecta, así que no sería justo dejarlo aquí. También tiene sus defectos. La serie no brilla cuando le dedican minutos a la familia de Brody, especialmente con ese intento de darle más protagonismo a Dana. Además, en Carrie se confunden rasgos del trastorno bipolar y la psicosis y en muchas ocasiones parece que los guionistas se olvidan de que en Estados Unidos existen medidas de seguridad y que no es tan fácil colarse en un edificio del Gobierno con una bomba o un arma. Detalles como estos últimos le restan verosimilitud, algo que con el paso del tiempo podría volverse en su contra. De todos modos, es ficción y hay que asumirlo. Por eso, todos aquellos que todavía no lo hayan hecho, deberían darle una oportunidad a Carrie, Brody, Abu Nazir, Saul y al resto de los que han convertido Homeland en la serie de la que todo el mundo habla. Cuatro emite hoy en primetime los dos primeros episodios pero veremos cuánto dura el experimento. Con dos años de retraso, espero que no cuenten con reventar audímetros.
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