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Todas quieren ser como «Forbrydelsen»

28 de abril de 2013 a las 15:31

Dos policías que son polos opuestos investigan un traumático asesinato. ¿Forbrydelsen? ¿The Killing? No, hoy no toca hablar de ninguna de ellas. La serie danesa ha creado escuela y ha puesto de moda un nuevo modo de abordar los thrillers policiales. Las series en las que en cada capítulo se resolvía un caso, aquellas que causaban furor tras el fenómeno CSI, se han quedado anticuadas. Ahora lo que se lleva es afrontar los casos con calma,  conviviendo con la policía pero también con los familiares e ir poco a poco deshojando la margarita y descartando sospechosos.

Con sus diferencias y cada uno dentro de sus posibilidades, un buen número de series han tratado de imitar el modelo Forbrydelsen en los últimos años. En esta primavera del 2013 se han estrenado dos nuevas series, las dos muy recomendables, que comparten elementos con la investigación de la muerte de Nana Larsen.

Broadchurch

 

Broadchurch, un pueblo ficticio de 15.000 habitantes en la costa británica, se convierte un buen día, mejor dicho un mal día, en uno de los focos de atención de los medios de comunicación nacionales. Danny Latimer aparece muerto en la playa de esta población turística y la policía descarta pronto la posibilidad de un suicidio. Esa fatídico jornada marca el arranque de esta serie británica, que además de la investigación policial y drama familiar, nos muestra cómo el asesinato condiciona todo lo que ocurre en una localidad de estas dimensiones.

Poco novedosa  en su planteamiento, Broadchurch es muy efectiva y consigue enganchar al espectador con algunos de los trucos  que ya disfrutamos junto a la detective Sarah Lund y la familia Larsen . La serie narra la historia que todos nos podemos imaginamos tras ver el primer capítulo pero bien desarrollada y con elementos novedosos que la hacen atractiva. Uno de ellos es que introduce un nuevo punto de vista al caso, el de los medios de comunicación. La muerte de Danny y el policía que se encarga de investigarlo animan a que se acerque hasta la localidad una periodista de un medio nacional que recurre al sensacionalismo para llenar portadas. Con ella, y el pequeño periódico local, se completa el círculo. Información sin escrúpulos, todo un pueblo en vilo y un dúo policial que debe evitar que la presión social dificulte la investigación.

Como ocurre en muchas de las series que siguen los pasos de Forbrydelsen, la relación entre los dos policías es un asunto clave.  Ellie Miller vuelve al trabajo precisamente el día que aparece el cuerpo de Danny. Vecina de la familia y madre del mejor amigo del niño, Ellie aporta cercanía e incredulidad a todo lo que sale a luz durante la investigación. Ella es de Broadchurch y no se imagina que nadie del pueblo fuese capaz de hacer algo así.  La actriz Olivia Colman, a las que muchos reconocerán por papeles cómicos en series como Twenty Twelve o The Office,  saca en este papel  su faceta más dramática, algo que  ya había hecho en Exile, y de nuevo con grandes resultados.  Su contrapunto es el detective Alec Hardy, que eligió la localidad como un destino tranquilo y apartado del mundanal ruido tras un polémico y fracasadp caso que aún le provoca estrés postraumático. Desconfiado y quizás algo insensible, chocará con su compañera, sobre todo, en la manera de afrontar los interrogatorios e incluir a vecinos de la localidad en la lista de sospechosos. David Tennant, actor que interpreta al inspector Hardy, se esfuerza en sacar su lado menos empático aunque con el paso de los episodios también sacará a la luz sus debilidades.

Broadchurch estaba pensada para una única temporada. El propio creador de la serie, bastante abrumado con el éxito de su ficción, reconocía hace unas semanas en una entrevista que no veía posibilidad de una segunda entrega.  El éxito de audiencia y las buenas críticas han conseguido que se tenga que arrepentir de sus palabras. Broadchurch ha sido renovada aunque prometen que la segunda temporada será totalmente diferente.

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Top of the lake

De Danny Latimer saltamos a Tui, pero no al que está a orillas del Miño sino a una que se encuentra más bien en las antípodas.  Tui no es la población que se nos viene a la mente sino una menor embarazada desaparecida y a la que buscará una de las actrices más emblemáticas de Mad Men  Elisabeth Moss abandona temporalmente el papel de Peggy Olsen para dar vida a la agente Robin Griffin, la detective que protagoniza esta miniserie británica-australiana que recibió grandes críticas en el festival de Sundance.

Top of the lake  se aleja más del patrón marcado por Forbrydelsen. Hay una investigación policial, una menor implicada pero su historia esconde mucho más. No es un caso cualquiera y tampoco un lugar cualquiera, asegura una de los anuncios de promoción de la serie.  Y es que en Top of the lake es casi tan importante la historia como la atmósfera. Nueva Zelanda  muestra su mejor cara en esta producción, que algunos critican por intensa pero que no tiene miedo a romperle los esquemas al espectador y sorprende con momentos surrealistas y cómicos.

Elisabeth Moss no tiene un compañero inseparable en su búsqueda. Robin es el eje de la historia y ocupa en ocasiones más minutos de los que debería. Su vuelta al lugar donde se crió y el caso de Tui le harán revivir el desagradable acontecimiento que le obligó a abandonar ese lugar que en tantas y tantas escenas de la serie nos invita a perdernos. Se trata de lago Wakapu, en cuyos alrededores los creadores de la serie encontraron el Paraíso, esa finca donde se instalan un grupo de mujeres que siguen a una peculiar guía espiritual, a la que da vida una Holly Hunter irreconocible.

Esta peculiar caravana de mujeres, la historia de la niña desaparecida, el negocio de la droga y el pasado de la detective se unen en el cóctel de Top of the lake,  que a pesar de tanto material y tanta desgracia es capaz de transmitir paz  y calidez al espectador.  Quizás crea demasiadas expectativas en su arranque y al final la historia se vuelve un poco irregular pero cautiva con su originalidad.

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¿Por qué engancha tanto «Homeland»?

10 de abril de 2013 a las 7:58

Hoy, al fin, es el día. Tras meses de anuncios, Cuatro estrena hoy en abierto Homeland. Llega al gran público español, mejor dicho, a los que no la hayan visto todavía, la serie revelación de los últimos años. La cadena nos ha recordado hasta la saciedad que se ha llevado seis premios Emmy,  tres Globos de Oro y que es la serie que tiene en vilo al mismísimo presidente de Estados Unidos pero a estas alturas a Homeland no le hacen falta presentaciones. La pregunta ahora es qué tendrá esta serie para gustar a todo tipo de públicos y  ¿por qué nos engancha tanto? Estos son algunos de sus puntos fuertes y posibles motivos

1. Cosas de espías

Las tramas de espionaje siempre han funcionado bien. Al ser humano le encanta fantasear con los sistemas de inteligencia y con lo que ocurre en los despachos de la CIA. Hollywood ha sabido aprovechar toda esa curiosidad. Primero fueron los espías norteamericanos y rusos pero desde el 11-S ha surgido un nuevo objetivo, el terrorismo islamista.  Homeland parte de esa baza aunque ha querido alejarse del discurso tradicional de buenos contra malos. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Es todo una cuestión de matices pero sin llegar a incomodar al público norteamericano, muy sensibilizado con la causa. Sobre todo en la primera temporada, la serie juega con esa  delgada línea que separa el bien del mal pero ese espejismo desaparece con el paso de los capítulos. Después los bandos se van aclarando y la serie deja claro de qué lado tendrías que estar. Sí que es una serie de buenos y malos pero algo mejor camuflada que otras.

2. Pasión por Carrie

Desequilibrada, imprevisible, frágil e incansable. Así es Carrie Mathison. En la vida real probablemente no querríamos tener nada que ver con una persona así pero en Homeland el espectador aprende a querer a Carrie en sus momentos de locura y disfrutar con su manera de afrontar su trabajo, que en realidad, es toda su vida. El manejo de la actriz Claire Danes de su rostro y especialmente su habilidad para desencajar los ojos son unos de los culpables de que nos creamos este personaje, que pensándolo en frío, no duraría más de dos días en una agencia de inteligencia por muy buena que fuese. La actriz se pone el traje de chaqueta, cara lavada con ojeras y apura el paso y aparece Carrie Mathison, con sus intuiciones y sus arrebatos. Me atrevería a decir que ella es más de la mitad del éxito de Homeland. La serie podría resistir sin Brody, sin Abu Nazir e incluso sin Saul, pero nunca sin esa rubia chiflada que nos enseñó la importancia de un bolígrafo verde y a la que siempre recordaré feliz como unas castañuelas huyendo por los puestos de un mercado de Beirut.

3. Ritmo de infarto

Existe un antes y un después de la serie. Nos ha malacostumbrado y ahora nos cuesta creer que en otras series tarden 16 capítulos en contarnos lo que Homeland es capaz de resolver en dos y sobrándole unos minutos para que los protagonistas coqueteen.  En la primera temporada puede dar la sensación de que la historia se iba a estirar como un chicle y que evitarían avanzar en la trama. Pero no es así y  han dejado claro que hay material de sobra y están dispuestos a romperle los esquemas al espectador las veces que haga falta. Sólo en el arranque de la segunda temporada, esos primeros cinco capítulos de infarto, se ventilan una tras otra todas aquellas situaciones que los espectadores, y muchos críticos, esperaban que se reservasen para el episodio final. En Homeland siempre hay un guionista dispuesto a pisar el acelerador.

4. Trabajo de guión

Los guionistas de Homeland son unos auténticos expertos en darle un vuelco a la trama capítulo tras capítulo. A los encargados de elaborar el guión de la serie pocos peros se le pueden poner. Se podría debatir y criticar si la trama es creíble pero no se puede negar que el desarrollo es prácticamente impecable. Capítulos intensos, con un buen dominio del ritmo y con constantes giros inesperados.  Se nota que Homeland es el resultado de muchas horas de trabajo de guión y muy bien empleadas. No sólo por todo lo que ocurre en sus dos temporadas sino por cómo abren y cierran conflictos sin trompicones ni pasos en falso. No hay apenas altibajos, ni cabos sueltos, ni palos de ciego. Todo lo que ocurre tiene un sentido, antes o después.

5.Tensión sexual ¿bien resuelta?

Aunque me duela reconocerlo, la tensión entre Carrie y Brody es una parte importante del gancho de Homeland. No soy nada amigo de todo lo que Hollywood nos vende como romanticismo/pasión pero en este caso está claro que la relación entre la agente de la CIA y el marine es clave. No por el hecho de saber si acabarán juntos o no, detalle que en realidad no me preocupa, sino porque los vaivenes en la relación entre ambos condicionan buena parte de lo que ocurre en la serie y la manera de actuar, sobre todo, de la inestable Carrie. Aunque es un útil recurso, también creo que en ocasiones el ‘te quiero pero no te debería querer’ ocupa demasiados minutos y un buen ejemplo de ello es el último episodio de la segunda temporada.

 

Homeland no es una serie perfecta, así que no sería justo dejarlo aquí. También tiene sus defectos. La serie no brilla cuando le dedican minutos a la familia de Brody, especialmente con ese intento de darle más protagonismo a Dana.  Además, en Carrie se confunden rasgos del trastorno bipolar y la psicosis y en muchas ocasiones parece que los guionistas se olvidan de que en Estados Unidos existen medidas de seguridad y que no es tan fácil colarse en un edificio del Gobierno con una bomba o un arma. Detalles como estos últimos le restan verosimilitud, algo que con el paso del tiempo podría volverse en su contra.  De todos modos, es ficción y hay que asumirlo. Por eso, todos aquellos que todavía no lo hayan hecho, deberían darle una oportunidad a Carrie, Brody, Abu Nazir, Saul y al resto de los que han convertido Homeland en la serie de la que todo el mundo habla. Cuatro emite hoy en primetime los dos primeros episodios pero veremos cuánto dura el experimento. Con dos años de retraso, espero que no cuenten con reventar audímetros.

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«Juego de Tronos» regresa con más sangre y nuevas dosis de fantasía

27 de marzo de 2013 a las 18:05

 

Internet está repleto de cuervos. Las aves negras viajan casi a diario desde los Siete Reinos para traernos pinceladas de lo que nos espera a partir del domingo. Se acerca el 31-03-13,  el regreso de Juego de Tronos.  La serie de HBO ha apostado por una campaña de promoción sin precedentes, no tanto por espectacular sino por la cantidad de contenidos que han publicado en su  canal oficial en las últimas semanas. Varios tráilers, imágenes de producción, entrevistas con los protagonistas pero siempre intentando no desvelar muchos detalles de la trama. Sólo una cosa queda clara. Todo está listo para esa guerra que se lleva cocinando desde el primer capítulo.

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«Desde el principio siempre aspiramos llegar a la tercera temporada», asegura uno de los productores de la serie. Basada en la primera parte del tercer libro de George R.R. Martin, la tercera temporada llega cargada de giros que harán que buena parte de los principales personajes acaben en unas circunstancias muy diferentes a con las que arrancarán en el primer episodio.  Los que se hayan leído los libros ya sabrán buena parte de lo que ocurrirá pero  sus creadores prefieren mantener en secreto la trama y anuncian que habrá cambios. Por ejemplo, en el peso que tendrán determinados personajes y en la solución de algunos conflictos, porque el libro que comienzan a adaptar es uno de los más intensos de la saga. Habrá más batallas,  nuevas luchas de poder, más enemigos y también más romances, tal y como aseguran dos de los productores en una entrevista en  Los Angeles Times.

En la lucha por el trono de hierro aparece un nuevo aspirante, Mance Rayder, el líder de los salvajes, una de las principales incorporaciones de la temporada. Ha conseguido crear un ejército fuera del muro y unir a los diferentes clanes para preparar una ofensiva y tratar de acceder al interior del muro.  «Es radical y peligroso», nos advierten los productores, que en un pequeño avance ya desvelan que consiguió unir fuerzas asegurando a los diferentes grupos que viven más allá del gran muro que si no acceden a los dominios de Westeros, todos morirán. «Si atacáis el muro, moriréis todos», les advierte John Snow, aunque Mance sabe perfectamente como funciona la Guardia de la Noche.

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Con su tercera temporada, Juego de Tronos  se consolida como uno de los platos fuertes de HBO, en un género en el que nunca había alcanzado tanto éxito. Entre sus bazas está la labor de producción. Los escenarios, las localizaciones y la ambientación son impecables, cuidando hasta el más mínimo detalle. Los nuevos capítulos se  han rodado entre Irlanda del Norte, Croacia, Islandia, Marruecos y Croacia. Se incorporan nuevos sets y el equipo de producción ha tenido que esforzarse más porque habrá más fantasía que las anteriores entregas. Aquellos pequeños dragones que se posaban sobre los hombros de Daenerys Targaryen ya han alcanzado el tamaño de un perro y les han tenido que construir unas jaulas específicas para las grandes caminatas por el desierto. No es el único reto. La vida más allá del muro, los nuevos ejércitos y los barcos también han supuesto horas de trabajo para el equipo.

Otro de los pocos detalles desvelados de la nueva temporada figura el cameo de George R.R. Martin, que según informaba esta semana Deadline, aparecerá en uno de los capítulos, aunque sin poder confirmar que papel interpretará.  Martin también dirige uno de los capítulos de la temporada y, al parecer, está negociando con la cadena la posibilidad de emitir una precuela de Juego de Tronos porque en HBO ya temen que se les agote el filón. De momento, todavía les queda mucho por contar. El conflicto está al rojo vivo.  Todo está listo para la lucha del fuego contra el hielo, «civilizados» entre ellos y contra los «salvajes», en los campos de batalla y fuera de ellos.  Todos buscan los mismo, el trono de Joffrey.  «Acabaremos cuando hayamos terminado con todos nuestros enemigos», le dice su madre Cersei Lannister a su hermano Tyrion.  «Tomemos su hogar, tomemos su oro, hagámonos con su poder», comenta Rob Stark con su madre. «No tendré piedad», sentencia Daenerys. La  gran batalla ya está aquí y nadie parece estar dispuesto a ceder.

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«House of cards», un traje a medida para Kevin Spacey

17 de marzo de 2013 a las 10:53

Como los buenos trajes, cuando los personajes se hacen a medida se nota. El de Frank J. Underwood , el protagonista de House of  Cards,  está perfectamente tejido para que se luzca Kevin Spacey. El traje de congresista vengativo no le hace ninguna arruga al actor, que incluso se defiende bien en los cara a cara con el espectador, una fórmula a la que nunca le he encontrado mucho sentido.  Estratega, rencoroso, manipulador, orgulloso y adicto al poder, Francis es todo aquello que le presuponemos a los políticos de traje y corbata. Aun así, Spacey no lo tenía fácil porque el personaje era un regalo envenenado.  Tenía difícil convencernos de que existen una persona capaz de analizar hasta la última consecuencia de cada una de sus palabras e ir siempre por delante de lo que van a pensar sus compañeros de partido, ahora más que nunca, la mayoría enemigos.

Francis Underwood es la persona que maneja todo los hilos en el Congreso. Este demócrata del Estado de Carolina del Sur se encarga de asegurarse que todas la iniciativas cuentan con los apoyos necesarios, que las leyes cuentan con el apoyo de los sectores más críticos y de mantener contentos  a los congresistas independientes.  Su don es conseguir que todo salga bien pero con la elección del nuevo presidente, a Frank le habían prometido que dejaría la fontanería del Congreso para saltar a la primera línea de la política, como diría Esperanza Aguirre, y asumir el puesto de Secretario de Estado.  No será así. Con una de esas argumentaciones políticamente correctas- “te necesitamos más que nunca en el Congreso”, le dice la mano derecha del presidente- a Frank le comunican que el presidente ha dado marcha atrás y no será el encargado de dirigir la diplomacia estadounidense. Y ahí sale a la luz el verdadero Francis J. Underwood,  el que diseña una estrategia para vengarse desde dentro, aprovechando su posición y su poder.

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Kevin Spacey lo es casi todo en House of Cards. De hecho, si el protagonista fuese un congresista soltero lo sería todo. Ni el presidente, ni el resto de congresistas, ni tampoco la joven periodista a la que le filtra información, personaje que debería ser el contrapunto de Frank pero se desinfla a partir del cuarto capítulo.  Nadie le hace un poco de sombra, excepto Robin Wright. La actriz interpreta a la mujer de Frank y en ocasiones le eclipsa con un personaje casi más ambicioso que el de Kevin Spacey y que combina  magistralmente sus ansias de poder con dosis de frialdad, elegancia y dureza. Perfecta en cada uno de los planos y con un flequillo inamovible en más de diez horas de serie, Claire es cualquier cosa menos una mujer florero. Es parte esencial de los planes de su marido, esos que entre diseñan sentados sobre el altillo de uno de los ventanales de su casa mientras comparten un cigarrillo. Les une el amor por el poder y la ambición, saben aprovecharse uno del otro y esa es la pieza básica de una relación inverosímil al principio pero que vas a asimilando y entendiendo con el paso de los capítulos.

House of Cards es la primera apuesta de Netflix, una plataforma que permite ver contenidos en streaming en Estados Unidos.  La serie, que flojea en varios capítulos y en el final de temporada, es una adaptación de una ficción británica de principios de los 90 que narraba un caso similar tras el gobierno de Margaret Thatcher. La adpatación, además de con un buen elenco, cuenta con otro aval tras las cámaras, David Fincher, el director de Seven o El Club de la Lucha.  Con ellos recorremos de nuevo los pasillos del Congreso y de la Casa Blanca aunque con una visión totalmente opuesta a la que daba El Ala Oeste de la Casa Blanca. Amenazas, engaños, puñaladas traseras y campañas ocultas. Esa es la política de Frank J. Underwood y su manera de conseguir que las cosas siempre salgan bien, porque como repite en varias ocasiones durante la serie, «el fracaso no es una opción».

 

 

House of Cards 

Estrenada el 1 de febrero en Estados Unidos, la primera temporada de la serie cuenta con 13 capítulos de aproximadamente una hora de duración.

Netflix ya ha confirmado su renovación y la serie tendrá una segunda temporada, ya en fase de producción.

En España, la serie se puede ver en Canal+  

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Los crímenes de Oresund

3 de marzo de 2013 a las 10:58

Un mismo caso y cinco realidades incómodas tienen en vilo a  las policías de Dinamarca y Suecia.  El conocido como asesino de la verdad se las ingenió para involucrar a ambos cuerpos colocando un cadáver en el centro del puente Oresund, el que une Copenhague y Malmö,  de manera que  el torso queda en territorio danés y las piernas en sueco. Así arranca Bron/Broen, una serie escandinava que, al igual que ocurrió con Forbydelsen, pronto tendrá remake americano.

El thriller policial parece ser un género que dominan en el norte de Europa. De nuevo, los protagonistas son los agentes encargados de la investigación, una peculiar pareja formada por una policía sueca fuera de lo normal, Saga Noren, y el detective danés Martin Rhode, que asume el caso pocos días después de someterse a una vasectomía.  Saga y Martin son polos opuestos. Ella metódica, inagotable, estricta y parca en palabras. Él, en cambio, de carácter pausado, descuidado y acostumbrado a saltarse a las normas. Son Suecia y Dinamarca, o así nos las presentan. Los agentes, muy a su pesar, tendrán que unirse para resolver el crimen del puente, que en realidad, es sólo la primera pieza de un plan perfectamente diseñado para denunciar  injusticias de la sociedad actual. La desigualdad entre ricos y pobres,  el problema de los sintecho, la inmigración o  la explotación infantil son algunas de las realidades que sacará a la luz el criminal con sus acciones. Él crea un nuevo concepto, el terrorismo de la verdad. Ese disfraz de justiciero le permitirá lograr gran repercusión en los medios de comunicación, con la inestimable colaboración de Daniel Ferbé, e incluso un cierto nivel de aceptación en Internet.

El desarrollo de la serie es magistral. Sus creadores son capaces de aportar en cada episodio los alicientes suficientes para mantener un ritmo constante y que no se te quiten las ganas de ver el siguiente. En diez entregas de una hora, la trama se complica en miles de ocasiones, la investigación avanza y retrocede, la falta de química entre los protagonistas empieza a convertirse en sintonía y el asesino de la verdad muestra su verdadera cara. Quizás, es en este aspecto, donde los guionistas no se lucen especialmente. Para no desvelar detalles importantes de la serie, sólo diré, que cuando llega el momento de descubrir al asesino es demasiado obvio, parece menos planificado que el resto de  las tramas y le falta algo más de relación con todo ese armazón que rodeaba su figura.  De todos modos, merece, y mucho, la pena aguantar hasta el desenlace que, al igual que el resto de la serie, se cocina poco a poco en las últimas dos horas.

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Estrenada en septiembre del 2011 y ganadora del premio a la mejor serie europea del 2012, Bron/Broen ha ido poco a poco haciéndose un nombre en el panorama del viejo continente. Contribuyó y mucho la BBC, que al igual que con Forbydelsen, se atrevió ya el año pasado a emitirla en versión original con subtítulos.  Ahora, cuando ya están rodando la segunda temporada de la serie original, los americanos, poco amigos de subtítulos y tramas fuera de sus dominios, preparan además una adaptación. La serie danesa-sueca cruzará el charco y se convertirá en The Bridge, una de las grandes  apuestas de la cadena FX . El remake,que estará ubicado en la frontera entre Estados Unidos y México,  lo protagonizarán Diane Kruger, Demián Bichir y cuenta además con el aval de una de las guionistas de Homeland, Meredith Stiehm.

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Duelo de encasillados en «A Young Doctor’s Notebook»

17 de febrero de 2013 a las 8:35

Ver a John Hamm fumando un cigarro  y no acordarse de Don Draper es prácticamente imposible. Aunque la trama le sitúe en Rusia a principios del siglo XX, cuando el actor saca el tabaco y comienza a dar caladas reaparece el publicista de Madison Avenue. Figiendo el acento británico, con menos gomina e instalado en Rusia pero Don Draper.  Así de claro nos lo deja la miniserie británica A Young Doctor’s Notebook, en la que comparte protagonismo con otro actor encasillado,  Daniel Radcliffe, al que los espectadores seguirán buscándole durante años la cicatriz de Harry Potter.

Hamm y Radcliffe, o si prefieren Draper y Potter, se marcan un cara a cara en este experimento británico de apenas dos horas (cuatro capítulos que no alcanzan los 25 minutos).  Los actores dan vida, en diferentes épocas,  a un mismo personaje, un recién licenciado en medicina al que destinan a un pequeño pueblo ruso en plena revolución bolchevique. Inspirada en una de las obras del escrito Mikhail Bulgakov,  la serie muestra sus dificultades del joven doctor para adaptarse a su destino y cambiar las luces de Moscú por un paisaje en el que hay poco más que nieve.

La historia obliga a Daniel Radcliffe a mostrar su faceta más cómica. Sus peculiares compañeros de trabajo y pacientes consiguen desquiciar al joven doctor. La faceta de inexperto e  inseguro le viene como anillo al dedo pero el actor gana en las escenas en las que le sacan de sus casillas. John Hamm también abandona la seriedad pero, como ya ocurrió en una de las últimas temporadas de Mad Men,  le toca intrepretar el papel de cuarentón en decadencia. Aunque son el mismo personaje y no coinciden en el tiempo, el doctor inexperto se deja aconsejar por el médico en decadencia y posteriormente trata de alejarse de la que se le viene encima, aunque ya algo tarde.

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A Young Doctor’s  Notebook  no es una obra maestra pero sus cuatro capítulos, nada pretenciosos, consiguen entretener. Tramas sencillas, personajes que únicamente buscan que se te escape una risa y muchas escenas que sólo se mantienen gracias al buen hacer del dúo de protagonistas. Eso es  a lo que uno se expone cuando le da al play.   Los británicos, a los que muchos espectadores siguen considerando demasiado intensos, también saben hacer comedias resultonas aunque, para que lleguen hasta el gran público, tengan que recurrir a estrellas encasilladas. A ellos y, por supuesto, a Leopold Leopoldovich A Young Doctor’s  Notebook se lo debe todo.

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Diez motivos para ver series en el 2013

2 de enero de 2013 a las 15:51

El 2012 no ha sido un año muy fructífero en cuanto a series se refiere.  A mi agenda semanal se han incorporado pocos estrenos y espero que el recién estrenado 2013 se ponga las pilas. A la espera de lo que vaya deparando el año, así a bote pronto ya se me ocurren diez motivos para pasar parte del tiempo libre pendiente de la pantalla.

 

4 motivos que empiezan por 3

La primera temporada pone una serie en el mapa, la segunda lo consolida (o no) y en la tercera se juega no caer en la monotonía. En el 2013  cuatro grandes series tendrán que afrontar este reto:  Juego de Tronos, Luther, Sherlock y Homeland.  La que menos se hará esperar es la adaptación de las novelas de George R. Martin que ya ha confirmado que estrenará el primer capítulo el 31 de marzo y llegará a España, para los que tengan Canal+, con nueve días de retraso. El resto se harán esperar un poco más.  Lo más probable es que no sepamos nada de ellas hasta el otoño y eso, si la agenda de sus protagonistas, sobre todo en el caso de Sherlock , no retrasa más el rodaje.

 

3 adioses

Las últimas temporadas nunca dejan indiferentes. Finales inolvidables, inesperados, apresurados, abiertos… Hemos visto de todo y lo que nos queda. Este año les toca a tres series ya con muchos episodios a sus espaldas. La que más, Dexter  que tras su octava temporada se despedirá definitivamente. El declive de la serie de Showtime es imparable. Sectas, fé, sexo, mafias e incluso amor, los guionistas lo han intentado todo para recuperar el interés pero la historia, desde el final de la cuarta temporada, está gastada. Sólo queda saber cómo resuelven ese capítulo final y esperemos que, por variar, no aparezca Debra en el último minuto. En el caso de Breaking Bad solo queda media temporada. AMC apostó por el método de la midseason, al igual que ha hecho con la tercera temporada de The Walking Dead, y ya emitió en el 2012 los primeros ocho y en verano emitirá los ocho restantes.  A los guionistas le quedan unas ocho horas para cerrar la trama que abrieron con esa escena en el retrete de la casa de Walter White, así que tendrán que darse prisa.  El tercer adiós del 2013 será el de Treme, que se despedirá con su cuarta temporada, y nos dejará huérfanos de sus historias humanas y su banda sonora. A David Simon se le puede ocurrir cualquier manera para poner broche final a su homenaje y retrato de la ciudad de Nueva Orleans tras el huracán Katrina. Con una buena mirada de LaDonna  sobraría.

 

2 estrenos, por ahora

Las cadenas todavía tienen su agenda de estrenos en pañales pero ya están desvelando alguna de sus apuestas para el primer trimestre del 2013.  Las que más me han convencido son Banshee y The Americans. La primera, que se estrena el 11 de enero, supone el regreso de Alan Ball, el creador de A dos metros bajo tierra y True Blood, que ahora se traslada a Pensilvania para seguir los pasos de un  ex convicto que adopta la identidad de sheriff para tomarse la justicia por su mano.  The Americans, serie que estrenará FX a finales de enero, vuelve a explotar el filón de los espías aunque se traslada a la época de la Guerra Fría.

 

…Y un regreso muy esperado

Para muchos fue la sensación del 2012. Una apuesta arriesgada que fue creciendo como la espuma.  Black Mirror consiguió, con tres episodios, dejarnos a muchos impactados y con material para reflexionar durante semanas. Charlie Brooker ya tiene preparados otros tres capítulos que serán de nuevo totalmente independientes. Ni él ni la cadena han querido desvelar mucho sobre la segunda temporada aunque parece que el poder de las tecnologías volverá tener un papel protagonista en los nuevos episodios. El primero llegará a Reino Unido antes de que acabe enero y TNT lo estrenará en España el 25 de febrero.

Feliz 2013 seriéfilo a todos

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Bienvenidos al Miramar Playa

27 de mayo de 2012 a las 12:39


Miami, 1959. Todo el que quiere ser alguien, o por lo menos aparentarlo, debe pasar al menos una noche en el «Miramar Playa». Su nombre es sinónimo de lujo y el mármol y los corales que adornan su hall lo dejan claro. Como siempre, no es oro todo lo que reluce y tras ese palacio dorado se oculta un castillo de naipes que sustentan las apuestas ilegales, la mafia y la prostitución. Todo esto y Ike Evans.

Jeffrey Dean Morgan, actor que daba vida al marido de Nancy Botwin en «Weeds», se estrena como protagonista en la nueva apuesta de la cadena Starz, «Magic City».  El actor, tras unas cuentas sesiones de solarium, se pone en la piel de Evans, el propietario del hotel y uno de los hombres más influyentes de Miami al final de la década de los 50 (Sí, otra serie retro).  Un hombre que ha conseguido convertir los terrenos de la familia de su primera mujer en el sueño de cualquier promotor hotelero, un edificio de siete plantas frente a una de las mejores playas del sureste de Florida.  Por si todo esto fuera poco, además, Evans puede presumir de haberse casado con una belleza cubana que conoció cuando era una de las estrellas del Tropicana, Vera Cruz ahora Sra. de Evans, a la que, como sólo podría pasar en Estados Unidos,  da vida la actriz de origen ucraniano y ex chica Bond, Olga Kurylenko.

Ike Evans, junto a su familia, debería ser el auténtico eje de «Magic City»  pero su principal socio, Ben Diamonds (Danny Huston), le roba buena parte de ese protagonismo.  Al multimillonario Diamonds no le llaman el carnicero porque se dedique al sector cárnico sino porque él, y no Dexter Morgan, inventó el arte de ocultar cadáveres en el  fondo de la bahía de Miami.  Un detalle importante les diferencia. El personaje de «Magic City» no  fue criado por Harry y no tiene código, así que cualquiera que le lleve la contraria o se interponga en el camino de alguno de sus proyectos puede acabar criando malvas entre corales. Prostitutas, sindicalistas, matones… Cualquiera puede entrometerse en las maniobras de un hombre que sólo tiene un objetivo vital; lograr más. Más dinero, más poder, más lujo y más beneficios. Nada es suficiente para Diamonds, que dedica la mayor parte de su tiempo a conspirar desde su tumbona y con un puro en la boca.  No puede soportar tener sólo la mitad del más lujoso hotel de Miami ni que un puñado de políticos le impidan meter mano, legalmente, en el siempre polémico negocio de las tragaperras y los casinos. No hace falta decir, que hará cualquier cosa para conseguirlo.

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Con un cigarro en la boca, en la barra del bar del hotel y prácticamente de espaldas. El final de la cabecera de «Magic City» me trae a la mente a Don Draper. «Magic City» no es «Mad Men» y tampoco «Los Soprano» aunque sus creadores no han podido evitar hacer una mezcla entre ambos éxitos. El resultado lo salva el duelo entre Jeffrey Dean Morgan y Danny Huston, que está espléndido en su papel de malo malísimo.  Probablemente no será una serie que marque época pero «Magic City» convence en una temporada floja en estrenos. La cadena Starz ya ha garantizado su continuidad y tendrá una segunda temporada en la que podrá mejorar su trama argumental. El conflicto con Cuba es, por ahora, un simple decorado histórico, las escenas sin Ike, Diamonds o el fiscal del Estado se hacen largas y abusa en ocasiones de planos con finalidades únicamente estéticas.

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«Inside Men», una nueva joya británica

3 de abril de 2012 a las 19:22

«Sherlock», «Black Mirror», «The Hour», «Hustle», «Luther»… Todo son alegrías con la ficción británica.  La factoría de tramas de la BBC, a pesar de los recortes anunciados, no para de cosechar éxitos y ha dado una nueva lección de poderío con una miniserie de sólo cuatro capítulos. Menos de cuatro horas que le bastan y le sobran para narrar el mayor robo de la historia de Reino Unido.

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Con mono de obrero y bien armados, un grupo de enmascarados consigue acceder a un depósito de seguridad de Bristol por el que cada día pasan millones de libras. En menos de una hora, salen del recinto en un camión de pequeñas dimensiones pero con un botín multimillonario. Es el robo del siglo y, por supuesto, los primeros investigados son los trabajadores del propio depósito. Esos que cada día ven pasar miles de libras en efectivo por delante de sus narices y que saben que después del recuento se acumulan en la sala acorazada. Esos empleados que se saben al dedillo la ruta que habría que hacer para llegar desde donde las empresas dejan el dinero hasta el búnker donde se almacena. Como el propio nombre de la serie indica, y no desvelo nada, había hombres en el interior.

Los que manejan los hilos desde dentro son tres empleados, entre los que figura el propio director del depósito, que facilitan las cosas y participan activamente en la planificación del robo. Buscan la fecha en la que el depósito está a rebosar y preparan la acción como si fuese una obra de teatro. Miden los pasos que deben dar, los golpes, las reacciones e incluso las caras que deben poner cuando uno de los ladrones contratados le ponga una pistola en la cabeza. Llegan incluso a contabilizar el tiempo que deben tardar en dar su clave de acceso para que todo parezca real. No puede quedar ningún cabo suelto, porque cualquier detalle puede delatarles.

Pero «Inside Men» no sólo nos cuenta como se gesta un golpe de estas características, además consigue que nos pongamos en la piel de cada uno de esos trabajadores y las circunstancias que les llevan a ponerse manos a la obra para robar en su propio centro de trabajo.

Para los más seriéfilos,  «Inside Men» cuenta también con el atractivo de poder volver a ver juntos en acción a dos de los actores más carismáticos de la serie «Luther», con el permiso del gran Idris Elba. «Inside Men» vuelve a reunir a Steve Mackintosh y Warren Brown aunque destaca claramente el primero con una actuación soberbia que demuestra su versatilidad.  John Coniston, el personaje que interpreta en esta miniserie, es una constante caja de sorpresas. Pasa de un extremo al otro en menos de cuatro capítulos. Del empleado leal al delincuente más despiadado. Del estricto supervisor que despide a una empleada que se guarda 20 libras en un bolsillo, a un hombre que sería capaz de hacer cualquier cosa por conservar su parte del botín. La codicia puede con el bueno de John y los espectadores son testigos de cómo sale a la luz su peor faceta.

Por ponerle un pero, diría que el final no fue lo que me esperaba. La evolución de la serie consiguió superar mis expectativas en todo momento pero los tres minutos finales me dejaron algo frío.  No optaron por el final cerrado que le auguraba después de cuatro horas de continuos  saltos en el tiempo pero, de todos modos, merece la pena.

 

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Expectación y secretismo ante el regreso de «Mad Men»

24 de marzo de 2012 a las 15:18
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Con esta canción y unos cuantos enigmas en el aire nos dejó «Mad Men» hace ya un año y medio. 17 meses que a muchos se les han hecho eternos y cuya cuenta atrás, afortunadamente, ya ha comenzado. Mañana es el gran día. La serie más galardonada de los últimos años, cuatro Emmy’s a mejor ficción dramática consecutivos, arranca su quinta temporada con un capítulo doble que emitirá AMC en Estados Unidos. En España, excepto los que decidan trasnochar o acudir a algunos de los preestrenos en salas de cine, la espera se alargará un poco más. Aquí, las nuevas tramas de los publicistas de Madison Avenue, no se podrán ver hasta finales de mayo, cuando Canal + tiene previsto empezar a emitir la nueva temporada.

La cuarta temporada nos dejó con un Don Draper perdido y que no sabe qué hacer con su vida, nuevas luchas de poder en la agencia, maternidades inesperadas, una petición de matrimonio y la pérdida de un cliente clave. Después de año y medio de espera, la expectación por saber cómo resolverán todos estos enigmas es máxima y los productores de la serie han querido aprovecharla. La consigna es clara, que se sepa lo menos posible de lo que a ocurrir en esta nueva temporada. Mathew Wiener y su equipo han conseguido imponer un hermetismo inquebrantable y los actores, que no han dejado de hacer promoción en las últimas semanas, se van por los cerros de Úbeda cada vez que se les pregunta. Arrancan cada una de sus intervención con un «no puedo desvelar nada» y cuando acaba la entrevista lo único que se saca en claro es que su «personaje evolucionará mucho», es decir, nada.

Imagen del rodaje de la quinta temporada- AMC

El único que se ha podido salir del guión y se ha mojado un poco es el protagonista, John Hamm, que en esta quinta temporada se incorpora como productor e incluso dirigirá un capítulo, el tercero. El actor que da vida a Don Draper ha repetido en varias entrevistas una idea interesante. Según Hamm, «de algún modo» la quinta temporada se parecerá más a la primera. Es una opinión, que al parecer, también comparte Weiner y que quizás pueda darnos alguna pista de cómo será la nueva entrega. El actor también ha desvelado que en la cuarta temporada su personaje tuvo que reconstruir su vida y en la quinta «todo estará relativamente estable».

La trama de «Mad Men» se reanuda en el 66, año de los Pactos de Nueva York y cuando se empezó a gestar el movimiento social que se oponía a la Guerra de Vietnam. Sterling, Cooper, Draper & Price tendrá que afrontar la perdida de Philip Morris y buscar nuevas cuentas. Nuevos productos, nuevas campañas y nuevas ideas. La máquina de la publicidad se tendrá que poner de nuevo en marcha mientras en las oficinas de Madison Avenue vuelven a aflorar «los secretos, las envidias y el adulterio», como apuntan en una de sus promociones. Son varios los avances que han colgado en Internet pero se limitan a recordar que vuelve «Mad Men» y sus personajes. Es tan poca la información que quieren dar a los espectadores que todos estos fragmentos son estéticamente muy atractivos pero tan poco reveladores como este.

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John Slattery, el actor que interpreta a Roger Sterling, reconocía en una entrevista a The Guardian que fue un «poco surrealista» volver a rodar pasado tanto tiempo. Los actores habían ya iniciado otros proyectos y les costaba hacerse a la idea de que volvían a ser uno de los trabajadores de la agencia publicitaria. El actor recordaba, en concreto, la primera escena que grabó con Elisabeth Moss, Peggy en la ficción, en la se quedaron durante unos segundos uno frente al otro tratando de recordar como hacían para fumar, beber e interpretar al mismo tiempo.

Los que han podido ver el primer capítulo, un selecto grupo de críticos estadounidenses, aseguran que en los primeros minutos ya se desarrollan las consecuencias de uno de los asuntos que quedó pendientes en la cuarta temporada. Al parecer, la trama da un salto en el tiempo pero no ha trascendido mucho mas. Excepto una anécdota. Al parecer, el creador de la serie mandó una carta a los que habían visto ese primer episodio para disculparse porque se había incluido una canción, de Dusty Springfield, que se grabó unos meses después del momento en el que transcurre la trama. En el capítulo que se emitirá mañana ese tema ya no sonará, detalle que demuestra una vez más el empeño que pone el equipo por cuidar hasta el último detalle y la ambientación.

Fiebre Mad Men

En Estados Unidos algunos medios se han atrevido a catalogar el regreso de «Mad Men» como el acontecimiento del año. La quinta temporada se retrasó por la falta de acuerdo en la negociación de los contratos. La productora quería reducir los gastos que suponía grabar cada uno de los episodios e incluso se llegó a hablar de que podría desaparecer. Tras meses de especulaciones y cruces de acusaciones, la cadena, la productora, el guionista y el elenco consiguieron ponerse de acuerdo para mantener abierta la agencia publicitaria. De ahí, que su regreso se haya convertido en un auténtico acontecimiento y que se esté celebrando con iniciativas de lo más variopintas. Los actores han abierto la jornada bursátil el pasado miércoles, se ha puesto a la venta un videojuego inspirado en la agencia, el hotel Roosevelt de Nueva York, en el que Draper vivió parte de su crisis matrimonial, ha creado una promoción para celebrar el regreso, bares de cócteles celebrarán mañana fiestas de los sesenta y emitirán el doble capítulo, se ha creado una guía para recibir la quinta temporada en casa como se merece y la revista Newsweek ha dedicado completamente su último número a «Mad Men», para lo que ha recuperado su diseño de la época y publicando anuncios de productos de hoy pero como se hubiesen hecho en la década de los 60.

Internet se ha encargado del resto. Desde hace semanas en Youtube y Vimeo no dejan de aparecer trailers no oficiales y parodias de la famosa cabecera de la serie, como este «Drunk Men». Gráficos de las mujeres de Don Draper, resúmenes de lo ocurrido hasta hoy en la serie y miles de entradas que calientan el ambiente para el regreso. En las redes sociales los avatares de los personajes de la serie se multiplican cada día y en Twitter, la última moda es el Draping, o lo que es lo mismo, hacerse una fotografía de espaldas y con el brazo extendido, como en la silueta de Don Draper en la última imagen que ve el espectador antes de que comience un capítulo.

 

En el sofá y frente al televisor. En el salón ya huele a Whiskey y empieza a traspasar la pantalla una intensa columna de humo. A lo lejos se oyen ya los taconeos de Joan, el sonido de las máquinas de escribir y las conversaciones de despacho. Estamos preparados. Que empiece ya «Mad Men», que este postre, que es con lo que ha comparado en varios ocasiones esta tardía quinta temporada, se ha hecho esperar demasiado.

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