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Grata sorpresa con «The Following»

29 de enero de 2013 a las 14:45

Hacía tiempo que no escribía sobre una serie tras ver el episodio piloto y no creía que fuese precisamente The Following la que me hiciese recuperar esa  mala costumbre.  La suma de un creador de la saga Scream, Kevin Bacon como protagonista y la cadena Fox, en principio, no despertó mi interés. Tras su estreno en Estados Unidos,  comenzaron a llegar a mis oídos buenas críticas y, este fin de semana, le di una oportunidad al primer capítulo y debo reconocer, que al menos el arranque, merece la pena.

The Folllowing  recupera a un clásico de la literatura para ponerlo en manos de un asesino en serie. Joe Carroll está obsesionado con la obra de Edgar Allan Poe. Cada uno de sus crímenes es un homenaje a sus relatos y entiende la muerte como expresión artística. Tras ocho años en prisión, este exprofesor universitario consigue escapar y para capturarlo piden ayuda al agente que logró encarcelarlo tras asesinar a catorce universitarias.

Ese exagente es Ryan Hardy, al que da vida el actor Kevin Bacon. Hace años que ha dejado el cuerpo, se ha dado a la bebida y vive de las rentas que genera el libro que ha escrito sobre el asesino. Capturar a Carroll fue el caso de su vida y acepta colaborar con la policía en una misión que no sólo consistirá en conseguir que el asesino vuelva a estar entre rejas. Ya  no está sólo. Joe Carroll ha conseguido crear una red de colaboradores que imitan sus acciones y colaboran en sus macabros planes.

El episodio piloto de la serie mezcla toda esta historia con momentos que nos recuerdan que su creador, Kevin Williamson, también trabajó en películas como Scream o Sé lo que hicisteis el último verano. Casas a oscuras, ruidos inexplicables y apariciones por detrás, todo esos recursos de película de miedo para adolescentes, también se cuelan en la serie. Pero lo que realmente consigue que The Following funcione es que tiene una trama potente detrás y la intensidad de los cara a cara entre Kevin Bacon y James Purefoy, actor que da vida al psicópata.

The Following arranca con buen ritmo y con una buena presentación de los personajes. La serie consigue en sus diez primeros minutos más que Banshee, lo nuevo de Allan Ball, en todo un capítulo. Yo apostaba por la segunda pero está claro que con las primeras impresiones no siempre se acierta.

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The Following comenzó a emitirse el pasado 21 de enero en Estados Unidos y llega a España con una semana de retraso. Esta noche se podrá ver el capítulo piloto en el canal TNT

 

 

Primeras impresiones
Escrito por David Suárez 2 Comentarios
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«Alcatraz», la gran decepción

5 de marzo de 2012 a las 19:10

Cinco capítulos han sido suficiente para decir basta. No quiero saber más. Lo que pasó en Alcatraz en 1963 no me interesa. El famoso misterio no me intriga y no estoy dispuesto a seguir perdiendo el tiempo viendo como la detective rubia y el nuevo personaje de Jorge García capturan uno a uno a los presos desaparecidos. «Alcatraz» es, sin lugar a duda, la gran decepción de lo que va de año y confirma, junto con «Person of Interest», que no es oro todo que lo que lleva el sello de J.J. Abrams.

La serie ha querido aprovechar el tirón de «Lost» pero no ha conseguido crear la atmósfera que enganchó a millones de persona en todo el mundo. «Alcatraz» parece la versión descafeinada de lo que pudo ser una buena historia. Tenía buen punto de partida y con sus intros había conseguido generar bastante expectación. La gente se imaginaba un buen puzzle bien construido sobre el misterioso cierre de la prisión situada en la bahía de San Francisco. Las historias entre rejas siempre han dado alegrías al cine y a la televisión pero la FOX ha conseguido desaprovechar una de las prisiones más emblemáticas. ¿Cómo? Principalmente, con tres fallos fundamentales.

1.Los protagonistas. ¿Quién ha hecho el cásting de esta serie? La pareja protagonista parece una parodia de «Cruz y Raya» y da la sensación de que está mejor trazada la personalidad de personajes que sólo aparecen en un capítulo. La mayoría de los presos tienen más tirón que la detective a la que da vida Sarah Jones. No tengo nada personal contra la actriz, a la que apenas conocía, pero no consigo encajarla fuera de una película de Disney. Y aún por encima pretenden que nos creamos que es una chica dura. ¿Dura? No me cuesta nada imaginarme a Rebecca Madsen tomando té con pastas con las protagonistas de «Sexo en Nueva York» cuando, por ejemplo, el personaje de Ana Lucía, por no abandonar el universo «Lost», no aguantaría más de cinco minutos sin dar un puñetazo sobre la mesa y largarse.

2. Planteamiento. La idea de que cada capítulo esté centrado en la búsqueda y captura de uno de los presos de Alcatraz, al principio no me disgustó. Aportaba agilidad y conseguía ordenar todo lo que se contaba en cada capítulo manteniendo el desarrollo clásico. El problema es que esta estructura también puede acabar aburriendo al espectador, cosa que ha ocurrido. Cuando empezaba el capítulo ya sabías perfectamente como iba a acabar. Una vez conocías un poco al malo en cuestión ya podías imaginarte al agente de la CIA al que da vida Sam Neil, actor al que no entiendo aún como han conseguido convencer para participar en esta serie, encerrándole en esa cárcel subterránea de máxima seguridad. Y en la mayoría de los capítulos no pasa mucho más. Así que pase lo que pase y haga lo que haga el preso fugado sabes que acabará entre rejas y que la rubia y el friki de los cómics conseguirán salirse con la suya. Para que no fuese tan predecible y funcionase algo mejor, cada episodio debería aportar más detalles y píldoras que te mantuviesen interesado en el hilo central de la trama. Apenas sueltan prenda de ese gran misterio y los flashback acaban pareciendo simple relleno y momentos para lucir el trabajo de producción, ambientación y vestuario.

3. Banda sonora. Lo peor de la música de la serie es que no se le puede poner ni una sola pega. «Alcatraz» suena a «Lost». Con unos cuantos acordes y una mirada de Benjamin Linus conseguían hacer magia. En la historia de la prisión han usado el mismo planteamiento musical, mismos trucos pero por defectos de la trama, los compases de acompañamiento suenan exagerados. La trama no consigue alcanzar la intensidad que sugieren los acordes. Hay momentos en que incluso parece que nos están tomando el pelo. No se puede usar una banda sonora tan potente si lo que está descubriendo la protagonista es que su abuelo y el guardia que le crió eran amigos.

Hay quien cree que la sombra de «Lost» ha podido con «Alcatraz». Está claro que las comparaciones la dejan en muy mal lugar y cuando sus creadores las fomentaron corrieron demasiados riesgos. Personalmente, cada vez que oía a Jorge García, el actor que daba vida a Hurley, hablar de la isla, me parecía casi una ofensa. De todos modos, «Alcatraz» sería una gran decepción aunque el vuelo 815 de Oceanic nunca se hubiese estrellado. La historia cae por su propio peso y mucho tendría que mejorar en los próximos capítulos para conseguir llegar al nivel que hoy en día se le exige a una serie que se emite en prime time.

Primeras impresiones
Escrito por David Suárez 43 Comentarios
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Drama con la comedia

18 de enero de 2012 a las 19:25

Lo intento de nuevo. Trato de olvidarme de mis prejuicios, decido darle una oportunidad y tratar simplemente de entretenerme. Mientras le doy al play me repito mentalmente: «Esta vez va a ser diferente, te vas reír y podrás comentar con todo el mundo lo mucho que te ha gustado». Me acomodo con ánimo y buenas expectativas, abro bien los ojos y permanezco atento a cada detalle. Pasados cinco minutos, ya soy el de siempre. Juego con el móvil, inicio conversaciones y le presto más atención a la comida que a la serie.

Lo mío con las comedias americanas no tiene nombre. Es una manía de la que se han librado muy pocas. «Two Broke Girls» no ha entrado, ni por asomo, en ese selecto grupo. El primer capítulo de la serie consiguió acabar sin hacerme reír. Ni una risa, de ningún tipo. Y es que con el paso del tiempo he descubierto que las series consiguen hacerme reír de dos formas diferentes. La primera es una risa abierta, una de esas que después te deja como descansado. La segunda es esa que se escapa y que te avergüenza en cierta medida. Mi chica, que la pobre ya ha tenido que sufrir unas cuantas comedias sin gracia por mi culpa, tiene un don especial para detectar estos momentos. Se gira, me mira y dice con cara de espanto: «¿De verdad qué te hizo gracia eso?». Y aunque te duele reconocerlo, te ha hecho gracia, que visto lo visto ya es mucho.

Las camareras rubia y morena del bar cutre no consiguieron ni una de esas risas que no reconocería ni bajo amenaza. Ni ellas, ni su caballo, ni el propietario chino, ni las contestaciones descaradas a los clientes… Y podría seguir con los ni-ni un buen rato. Los personajes son demasiado simples, los estereotipos exagerados y no le encuentro ese algo especial del que hablan muchos críticos. Yo no veo más que la típica comedia facilona que se agota antes de la segunda temporada. En fin, una de esas que no vería a no ser que mi cansancio me impidiese pulsar los botones del mando.

Lo peor de todo es que tras este nuevo fracaso, en mi mente vuelve a presentarse la necesidad de ver una serie que me haga reír. Mi agenda semanal está llena de misterios, tramas, investigaciones, algún que otro drama pero muy pocas risas. Hubo un tiempo que el Reino Unido conseguía con sus producciones suplir ese vacío pero últimamente ni eso. Habrá que seguir buscando, no desistiré.

Al margen; Los fans de «Two broke girls» que no se lo tomen a mal. Me ha ocurrido prácticamente lo mismo con «Raising Hope», «Parks and Recreation», «Community», «Harry’s law» o «Web Therapy». Siempre lo digo, con las comedias soy difícil de contentar.

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Lo peor de la política sale a la luz en «Boss»

22 de noviembre de 2011 a las 11:35

Si confían en la política, mejor no vean «Boss». En plena jornada de reflexión decidí ver algunos de los primeros episodios de la serie y no me quedaron muchas ganas de acercarme a mi colegio electoral el día siguiente para depositar mi confianza en los políticos. La nueva serie de la cadena Starz desengrana lo peor del poder. Estrategias encubiertas y chanchullos, esos detalles que se entreveían y desidealizaban la historia del «El Ala Oeste de la Casa Blanca», son anécdotas sin importancia en comparación con lo que ocurre en esta serie ambientada en la alcaldía de Chicago, ciudad que se ha puesto de moda en las ficciones americanas. Escándalos, tratos de favor, algo de corrupción y muchos trapos sucios. La ciudad más poblada del estado de Illinois que nos muestra «Boss» en ocasiones recuerda al turbio Atlantic City de Nucky Thompson. Lo mejor, es que este nuevo Chicago, tan sucio y corrupto, ha conseguido engancharme tanto como «Boardwalk Empire» hace poco más de un año.

La serie arranca sin contemplaciones. Inicio duro y directo. Una nave abandonada, dos sillas y un diagnóstico sin rodeos. La puesta en escena estaba perfectamente planificada y al gusto del protagonista Tom Kane, alcalde de la ciudad de Chicago. La doctora confirma que le han detectado demencia de cuerpos de Lewy, una enfermedad degenerativa que en poco tiempo dejará al protagonista sin apenas conciencia de lo que ocurre a su alrededor y con parte de su cuerpo atrofiado. Su pronóstico, en el mejor de los casos cuatro años. Un seco «gracias doctora», un recordatorio de que debe mantener la confidencialidad y apenas un minuto para llorar antes de volver a subirse al coche oficial y colocarse de nuevo ante los flashes y cámaras.

Con este genial arranque los guionista dejan claro, ya desde el principio, que el peso de la serie recaerá sobre un espléndido e irreconocible Kelsey Grammer. Ya no queda en el actor nada de aquel Doctor Frasier al que conocimos en «Cheers» y luego consiguió independizarse para presentarnos a toda su familia. La comedia es cosa del pasado y por las venas de su nuevo personaje no corre ni una gota de humor. A Tom Kane sólo se le ve sonreír en los actos oficiales y cuando hay una cámara grabándole. En la privacidad de su despacho es categórico, duro y no duda sea cual sea la decisión que deba adoptar para mantener lo que más le importa; el poder. Kane es mucho más que el alcalde de Chicago, la tercera ciudad más poblada de Estados Unidos. Es un político que se mantiene atado a un modelo de gestión quizás poco ético, pero fructífero. Amenazas, presiones, tratos de favor y acuerdos ilícitos ocupan el día a día de un hombre al que no la tiembla la voz al reconocer que no se considera una buena persona. Aprendió una forma diferente de hacer política, se cultivó con los peores de la vieja guardia y aunque ahora se rodea de colaboradores, asesores de imagen y constantes encuestas, sigue tirando de los viejos recursos.

Tom Kane toma la decisión de mantener en secreto su diagnóstico y luchará por mantener todo bajo control mientras la enfermedad no se lo impida pero las primeras secuelas no se hacen esperar. Que se quede en blanco durante unos minutos en sus discursos y en algunas conversaciones de despacho levantará sospechas entre sus colaboradores más directos, los únicos que podrán darse cuenta de lo que le está pasando a su jefe, al «Boss». El alcalde no tiene familia y únicamente puede contar con su esposa para que le acompañe a actos oficiales y galas benéficas. De puertas adentro, la realidad es muy diferente. No queda nada de matrimonio y tampoco de familia, a pesar de que tienen una hija en común. Meredith Kane, a la que da vida Connie Nielsen, podría parecer inicialmente la víctima de esta situación pero poco a poco uno se da cuenta que ella no es sólo cómplice y que su amor por el poder también le ha cegado.

Las primarias para elegir al candidato a Gobernador del Estado de Illinois y los movimientos de un periodista que huele que algo ocurre con el alcalde completan el guión de la que está llamada a ser una de las grandes series corte político. «Boss» no es precisamente el prototipo de trama familiar y, por eso, inicialmente no entendía por qué la hija del matrimonio Kane acaparaba tantos minutos. El personaje de Emma, interpretada por la actriz Hannah Ware, incluso me llegó a aburrir pero en tres capítulos ya se ha justificado su importancia. Ella es la única que sabe lo que ocurre dentro del domicilio familiar y que conoce lo que han llegado a hacer sus padres para conseguir mantenerse en el poder. Todo en «Boss» es cuestión de poder. Muestra el lado más mezquino de la política, ese que hace que los que consiguen un cargo público no puedan respirar tranquilos hasta que consiguen que en el resto de cámaras también esté uno de los suyos. A Tom Kane ya le ocurría pero desde que le diagnosticaron la enfermedad neurodegenerativa tiene muchos más motivos para no poder pegar ojo.

Boss
Serie estrenada en la cadena Starz a finales de octubre.
Más información en su web oficial

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«Homeland», la delgada línea entre el bien y el mal

10 de noviembre de 2011 a las 17:45

Aún me quedan pendientes algunos estrenos de la temporada, como «Boss», pero una de las sorpresas ha sido, sin duda, «Homeland». No le auguraba muchas posibilidades a una serie de Showtime sobre la CIA y la guerra de Irak pero me equivoqué de pleno. «Homeland» es de lo mejorcito que he visto últimamente en este género y mantiene al espectador enganchado con una buena trama bélica, dosis de espionaje y la historia personal del soldado y su principal vigilante.

¿Héroe de guerra o una amenaza? Esa es la duda que plantea la serie desde su arranque. Una operación de la CIA encuentra en Irak a un marine americano que llevaba más de siete años de cautiverio y que, sorprendentemente, sigue vivo. El agente Nicholas Brody vuelve a Estados Unidos convertido en héroe nacional y se postula además como una pieza fundamental del Gobierno para recordar que el terrorismo sigue en activo y que la guerra todavía tiene sentido.

El marine, interpretado por un gran Damian Lewis, sufre todo tipo de secuelas. Indiferencia, mirada perdida, incapacidad para expresar sus sentimientos y una sensación constante de que está en otro mundo. Su cuerpo está de vuelta en casa pero buena parte de su mente sigue en Irak. Mientras estuvo encerrado y aislado tuvo que soportar todo tipo de torturas y humillaciones. En sus retinas permanecen grabadas duras imágenes que no podrá olvidar nunca y en su piel aún no han cicatrizado las heridas de las largas sesiones de palos para hacerle hablar. En este estado, Brody deberá recuperar lo que queda de su vida personal. Su familia ya se había hecho a la idea de que estaba muerto y el marine vuelve a convivir con dos hijos a los que prácticamente no había visto y una esposa que estaba comenzando a rehacer su vida.

A pesar de que se puede imaginar todo lo que ha vivido el agente Brody, hay una agente de la CIA que no puede quitarse de la cabeza la posibilidad de que en realidad esté a las órdenes de terroristas. Esa controvertida agente es Carrie Mathison, un personaje hecho a medida para la actriz Claire Danes, que algunos recordarán aún por dar vida a la adolescente convulsa que protagonizaba la serie de los noventa «Es mi vida». Más rubia y delgada, Danes nos convence ahora de que es una agente de la CIA harta de cómo se hacen la cosas, cansada de estar encerrada en una oficina rodeada de documentos y que está siempre dispuesta a dar un paso más, aunque no sea precisamente legal, para llegar al meollo de la cuestión. Carrie es una mujer con las ideas claras, muy eficaz en su trabajo y capaz de ver una trama detrás de un simple gesto. Es perspicaz, testaruda e insistente, algo que le ha permitido conseguir salirse casi siempre con la suya. Aun así, tiene sus dificultades para convencer a su único protector en la agencia, Saul, para mantener vigilados los movimientos del agente Brody, al que la mente de Carrie ya ha conectado con el terrorista Abu Nazir.

Carrie no tiene vida más allá de su trabajo, no sabe lo que es un amigo y sólo visita a su familia cuando está en plena crisis. Su dedicación completa a la lucha contra el terrorismo le está pasando factura a la agente de la CIA. Algo se les escapó hace diez años y no podría asumir un nuevo error. Por eso, se toma cualquier detalle tan a pecho que llega al punto de obsesionarse. En su día le susurraron al oído una frase que no para de escuchar en su mente y no conseguirá pegar ojo hasta que consiga averiguarlo todo. Abu Nazir es su principal objetivo y está convencida de que el hombre al que todos aplauden como héroe de guerra está de alguna manera conectado con el terrorista. ¿Cómo sobrevivió él tantos años de cautiverio y no su compañero de batallón? ¿Por qué lo mantuvieron con vida? ¿Reveló a los terroristas alguna información? ¿Está realizando algún tipo de misión para ellos? Para resolver todas estas preguntas, las mismas que no paran de rondarle a Carrie por la cabeza, sólo hay que darle una oportunidad a esta serie, que ya se ha garantizado su continuidad.

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Showtime anunció tras la emisión de sus cuatro primeros capítulos que «Homeland» tendrá una segunda temporada. Los buenos resultados de la serie adelantaron su renovación, decisión que también creó ciertas dudas entre los que estamos ya totalmente enganchados a su trama. ¿Habrá material suficiente para dos temporadas? ¿Cómo van a conseguir mantener el interés? Al igual que ocurre con «American Horror Story», «Homeland» parece una historia difícil de alargar. Han puesto ya demasiada carne en el asador y tendrán que buscar nuevos alicientes para convencernos de que merece la pena seguir vigilando al agente Brody.

Homeland
Serie estrenada por Showtime en 2011 y de la que se han emitido seis capítulos.
La cadena ya ha anunciado que tendrá una segunda temporada
Más información en su web oficial

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Benjamin Linus y sus personas de interés

19 de octubre de 2011 a las 11:51

Ya no es Ben. Ahora siempre viste traje, cojea ligeramente de una pierna y ya no maneja los hilos de una isla que no aparece en ningún mapa. Que le sigamos llamando Benjamin Linus no le gustará, de hecho, probablemente sea lo que más saque de sus casillas al actor Michael Emerson, que ahora ya sabe lo que es encasillarse. De esta manera, es imposible. Emerson intenta pasar página y enterrar a uno de los personajes más carismáticos de «Lost» con una nueva serie que, por casualidades de la vida, no hace otra cosa que conseguir que nos acordemos de Ben. Y es que si hubiese vida más allá de la isla, Benjamin Linus se podría llamar Mr. Finch.

Emerson da vida en «Person of Interest» a un multimillonario que ha conseguido desarrollar un sistema que aglutina todo tipo de información (e-mails, llamadas, conversaciones grabadas en la calle, correo postal y un largo etcétera) y consigue determinar situaciones de riesgo, principalmente, crímenes que aún no han ocurrido. Esto lo coloca, de nuevo, en una posición privilegiada. Vuelve a ser, como Ben, esa persona que sabe lo que va a pasar y juega con el resto. Mr. Finch quiere evitar los crímenes pero necesita un hombre de campo que desarrolle sus misiones para quedarse siempre en la sombra, al igual que su anterior personaje. Tras las gafas de cristal redondo y la cara de empollón, se oculta un nuevo hombre enigmático, que presume de saberlo todo del resto pero que no quiere que nadie sepa datos sobre él.

¿Simple coincidencia? No lo creo. «Lost» consiguió mantener en vilo a millones de personas en todo el mundo por muchos motivos pero, si hubiese que quedarse con un par de personajes, probablemente una inmensa mayoría nombrarían a Ben como uno de sus preferidos. A nadie dejaba indiferente ese villano con cara de no haber roto nunca un plato, retorcido y capaz de hacer cualquier cosa por mantener el status quo de su isla, esa que no dejaban de ocupar desconocidos que no paraban de ponerla en riesgo. Ben, mejor dicho Miachel Emerson, dejó grandes momentos. Pocos podrán olvidar la expresividad de sus ojos saltones cuando mataban a su hija, sus empujones para mover la isla y sus conversaciones con sus vigilantes durante su detención en la escotilla. Volvía locos a los guardianes de la celda y a los espectadores. Sólo por detalles como esos, es normal que no podamos olvidarnos de Benjamin Linus.

Aun así, los fans de «Lost» debemos hacernos a la idea de ver a sus personajes en nuevos papeles. Por ahora no ha habido muchos movimientos y de ahí que crease tanta expectación el papel protagonista de Michael Emerson en «Person of Interest», una serie que cuenta también con el respaldo de uno de los creadores, J.J. Abrams. CBS la estrenó hace unas semanas con grandes resultados de audiencia. Mr. Finch y su compañero de fatigas John Reese se han hecho un hueco en la parrilla, incluso desplazando a CSI. Aunque a muchos su planteamiento les puede parecer un poco sacado de contexto, esto no ha sido un impedimento. Al menos en Estados Unidos ha conseguido cuajar el pretexto de que el Gobierno estaba dispuesto a hacer cualquier cosa tras el 11-S para conseguir evitar situaciones de riesgo.

La imagen de la serie es correcta, las tramas no son maravillosas pero tampoco son como para dejar de verla y los personajes están bien trazados. Sin embargo, el conjunto no acaba de convencerme. Creo que uno de los problemas está en las escenas de acción. La serie cae en el error de poner a John Reese como un superhombre invencible. El ex agente de la CIA, por lo que hemos visto hasta el momento, sería capaz de salir sin un rasguño aunque se defendiese únicamente con una cucharrilla de plástico de quince villanos armados hasta las cejas. Con detalles así da la sensación de que estás ante una auténtica fantasmada pero después se esfuerzan en convencernos con un giro de guión de que estamos ante una serie de calidad. Habrá que darle un margen de confianza, aunque simplemente sea por la memoria de Benjamin Linus.

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Person of interest
Serie estrenada hace unas semanas por la CBS. Cuatro capítulos emitidos.
Más información en su página web

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«American Horror Story», inquietantemente atractiva

13 de octubre de 2011 a las 10:44

Una casa con un oscuro pasado a la que se muda una nueva familia. Todo un clásico de las historias de terror que sigue funcionando. Cada año salen un par de películas que utilizan este matrimonio como hilo argumental y ahora también se ha hecho un hueco este fenómeno entre las series. Los ingleses recuperaron el género con la serie «Marchlands», que emitió este verano Antena 3. Desde el otro lado del Atlántico no han tardado en apuntarse y el resultado es la tan promocionada «American Horror Story», que ha conseguido convencerme a pesar de volver a contar la misma historia. Su cuidada imagen, interesantes juegos narrativos, grandes interpretaciones y su empeño por desconcertar en todo momento al espectador han conseguido que tenga ganas de ver más de lo mismo.

«American Horror Story» es rompedora. No hay otro calificativo. Aunque no descubre nada nuevo, utiliza por primera vez en televisión muchos de los recursos que se han usado en el cine de terror. Los junta todos y los mezcla sin miedo, de manera que no haya un momento de tregua. Aun así, el espectador no acabará gritando. Sus creadores no lo quieren, prefieren conmover, fijar ciertas imágenes en su retina, meterle cierto temor en el cuerpo y que se le revuelva el estómago. Ryan Murphy y Brad Falchuk conseguirán su objetivo si incluso sientes algo de angustia cuando decidas poner la serie. Y todo esto, sin dejar de engancharte. Para los que aún no sepan de lo que hablo, sólo hay que echarle un vistazo a su cabecera. El espectador tiene que estar dispuesto a aguantar semanalmente sonidos molestos, juegos de luces duramente soportables y bucles de imágenes desagradables que, aún por encima, han dejado a propósito demasiado cortas.

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Todo lo innovador que tiene la serie en su aspecto, lo tiene de clásico en la trama. El arranque no podría serlo más. La serie empieza con un «flashback» de esos en los que sabes que el que entra en la casa no va a salir vivo. Después los creadores, de cuyas mentes salieron otras series como «Nip/Tuck» o «Glee», nos presentan a los auténticos protagonistas, los Hammon, un matrimonio con una hija adolescente que, al contrario de lo que suele ocurrir, ya llegan a la vivienda con bastantes problemas. En los últimos meses les han ocurrido muchas cosas, la mayoría negativas, y pretenden con la mudanza a la mansión victoriana de Los Ángeles empezar de cero. La trágica muerte de sus anteriores inquilinos ha conseguido bajarle el precio pero en el primer capítulo ya nos desevelan que no es lo único malo que le ha ocurrido en las últimas décadas. Y ahí lo dejo para no desvelar más.

Uno de los motivos por los que tenía ganas de ver esta serie era su casting y, aunque un capítulo no es material suficiente para pronunciarme sobre las interpretaciones, el intenso episodio piloto ya deja entrever qué personajes darán más juego. Destacan la ama de llaves, interpretada (en ocasiones) por la gran Frances Conroy, Jessica Lange en el papel de vecina, y Tate, un joven paciente de Ben Harmon que parece estar dispuesto a aportar mucho a la trama. No ha aparecido Zachary Quinto, el actor que daba vida Sylar en «Heroes», aunque se intuye cual puede ser su papel y, si es así, poco se le va a ver la cara.

Los Hammon están muy acompañados en su nuevo hogar. El hombre de látex, los niños con brackets que reaparecen en la cocina, la vecina que no deja de colarse en su casa para anunciarles que todos van a morir, un preso recientemente liberado que quemó viva a su familia y un extraño ser que vive en el sótano. Si se lo proponen, los nuevos inquilinos no cenarán nunca solos. Tema aparte, es que después puedan pegar ojo.

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«American Horror Story»
Estrenada en el canal FX el pasado 5 de octubre. Llegará a España en noviembre y se podrá ver en FOX
La primera temporada tiene 13 capítulos, de los cuales se ha emitido sólo el piloto
Más información en su página web

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Volando entre algodón de azúcar

6 de octubre de 2011 a las 8:57

Un episodio piloto suele o gustarme o todo lo contrario. Es difícil que me deje indiferente y todavía más que consiga aburrirme. En este sentido, se puede decir que «Pan Am» ha hecho historia. El vuelo a Londres del primer capítulo de la serie se me hizo eterno y no podía dejar de pensar en cómo se habían cargado una historia que tenía un buen punto de partida.

Ni falta hace repetir que las series retro están de moda. El motivo lo sabemos todos y sólo hay que echarle un vistazo a los estrenos de la temporada para ver que, en lo que a ambientación se refiere, cualquier tiempo pasado parece mejor. «Pan Am» se apuntó a este fenómeno y eligió la década de los 60. Tenía un buen motivo para llevarnos 50 años atrás. La serie de ABC quería mostrarnos el lujo que suponía en aquella época coger los vuelos trasatlánticos de la aerolínea Pan Am, esa que muchos jóvenes sólo conocemos porque los mod llevan bolsos con su logotipo. La historia sonaba bien y algunos, aunque arrepentidos ahora, nos atrevimos incluso a dedicarle algunos piropos antes de que empezase. Pero llegó el día del estreno y se quedó en eso, en una serie que tenía buena pinta. Las tramas, los diálogos y el planteamiento general no estuvieron a la altura y los efectos especiales del despegue mejor ya ni mencionarlos.

Las historias de las azafatas podrían verse en una serie de Disney Channel, las tramas amorosas recuerdan a un buen culebrón y, por si fuera poco, acompañan los movimientos del avión con una música que recuerda al triunfalismo y patriotismo americano de películas de Hollywood poco recomendables. Eso sí, todo ello con una imagen muy cuidada y una ambientación que no escatima en detalles. Por eso, me imagino que los problemas de la serie no se deben a una ausencia de medios o de buenos guionistas sino que forman parte de una estrategia. Abc no quiere perder a sus espectadores del domingo, esos que llevan años fieles a «Mujeres Desesperadas» y que han sufrido al enterarse de que la temporada actual será la última. «Pan Am» parece que ha sido la elegida como sustituta y, de hecho, ya se emite justo después de las aventuras de las vecinas de Wisteria Lane.

Para garantizarse que no les abandonan todos esos espectadores han recurrido a un viejo truco, el de edulcorar las tramas. Se les ha ido la mano y han puesto tanto azúcar que han convertido la serie de pilotos y azafatas en no apta para diabéticos. Yo personalmente necesitaría unas cuantas dosis de insulina para poder aguantar una temporada entera de la serie. Aunque percibí que trataban de cautivar a los que no soportamos los dramones con pinceladas de espionaje y el flashback en tierras cubanas, el esfuerzo no fue suficiente. Una parte de mi mente sigue diciendo un rotundo no cada vez que la otra trata de darle una segunda oportunidad.

No voy a caer en el error de no recomendar a nadie esta serie porque seguro que ya tiene legiones de fans. De hecho, estoy convencido de que «Pan Am» será uno de los estrenos de la temporada que conseguirá hacerse un hueco en la parrilla. Me limitaré a decir que no es lo que me esperaba. Seré diabético, elitista o exagerado y tendré que aprender a convivir con ello. Lo bueno es que hay series para todos los gustos y puedo dedicarle mi tiempo libre a otras.

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De vuelta (season premiere)

3 de octubre de 2011 a las 17:49

No he tenido tiempo para mucho y por eso abro la segunda temporada de este blog simplemente con un par de apuntes. El primero, el más positivo. «Boardwalk Empire» ha conseguido con su arranque cumplir todas mis expectativas. Su primera temporada fue de lo mejor del año pasado y en los primeros minutos de la segunda se mantiene el mismo nivel. El contrabando de alcohol sigue generando todo tipo de intrigas en el Atlantic City de Nucky Thompson y sus creadores no han necesitado ni grandes incorporaciones ni giros para iniciar fuerte su nueva andadura. En un solo capítulo ya se han abierto varias tramas interesantes, dejando para los minutos finales esa guinda con la que nadie podrá evitar ver el siguiente capítulo.

Tampoco me ha defraudado el regreso de «The Good Wife». El nuevo día, título del primer capítulo de la tercera temporada, llegó sin grandes bombazos pero dejando pinceladas de cómo van a funcionar las cosas a partir de ahora. Alicia Florrick, experta ya en que se mezcle su vida personal con la laboral, tendrá que reorganizar de nuevo las parcelas de su vida para acomodarse a ver más a Peter en los juzgados que en casa. El triángulo amoroso no será lo único a lo que tendrá que darle vueltas Alicia en su cabeza. Tendrá que plantearse cómo superar sus dificultades con uno de los personajes clave de la serie, la investigadora Kalinda.

De las series veraniegas cuyo final me había quedado pendiente solo voy a hacer un comentario. Aunque sé que me repito, no puedo dejar de reconocer el arte de la creadora de «Weeds». Cuando el último capítulo de la temporada está llegando a su fin por unos segundos te da la sensación de que estas viendo otra serie. Hay algo que no cuadra. Los Botwin están reunidos alrededor de una mesa para comer como hacen las familias del resto de las ficciones americanas. ¿Van a ser desde ahora una familia al uso? Pasan unos segundos y ya te olvidas de ese pensamiento. Buscando un poco más allá, entre unos árboles encuentras ese giro inesperado con el que se tenía que cerrar la séptima temporada de la serie. Sin duda, una de las mejores.

El apunte negativo me lo reservo para el próximo post, que no se hará esperar tanto como este. Fuera de serie vuelve a estar en marcha y septiembre ha dejado mucho material que comentar. Además, esta semana arranca una de las series en las que tengo más esperanzas puestas. Las intros de «American Horror Story» me dejaron boquiabierto y tengo ya muchas ganas de ver juntos a Jessica Lange, Frances Conroy, la actriz que interpretaba a la matriaca de «A dos metros bajo tierra», y a Zachary Quinto, actor que daba vida a Sylar en «Heroes».

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Los problemas de «Falling Skies»

26 de julio de 2011 a las 19:40

De la mano de Steven Spielberg, con un presupuesto que muchas otras producciones quisieran y con gran expectación. «Falling Skies» tenía todo para convertirse en una de esas series de las que todo el mundo iba a hablar bien, como ha ocurrido con «Game of Thrones». Pero, al final, a la invasión alienígena de Spielberg no le ha salido tan bien la cosa. Cuando apenas se habían emitido cuatro episodios, TNT ya anunció que la serie tendrá segunda temporada pero no por ello dejaron de lloverle las críticas. Lo cierto es que para ser una apuesta de las grandes tiene problemas importantes. Los principales, desde mi humilde punto de vista, son:

1. Del siglo pasado: A pesar de que los efectos especiales están bien logrados, da la impresión de que es una producción de los noventa. Creí que era sensación mía pero ya la leí en varios foros el mismo comentario. He llegado a la conclusión de que el problema está en el planteamiento y esa necesidad de forzar una sonrisa o una moralina cada quince minutos.

2. Atmósfera inadecuada: Teniendo en cuenta que la serie narra una invasión de extraterrestres, la producción necesitaba una fotografía y una atmósfera más oscura y decadente. La sensación de abandono de la ciudad no es suficiente y hace que la trama no resulte del todo creible. Falta en las calles un poco de ese vacío que tan bien desarrollaron los creadores de «The Walking Dead».

3. Personajes flojos: Es una serie coral en la que el espectador tiene que identificarse con un colectivo que lucha contra la invasión extraterrestre. El primer capítulo intenta meternos en su pellejo utilizando algunos recursos que recuerdan al inicio de «Lost» pero solo se salvan un par de personajes. El resto son practicamente prescindibles, aportan poco a la trama y tienen personalidades poco definidas. No tienen una historia detrás como la que se entreveía cuando nos presentaron a los viajeros del Oceanic 815.

Estos factores, y algunos más, hacen que las historias, cuando no hay skitters de por medio, resulten lentas e incluso un poco aburridas. Lo único que mantiene el interés, incluso para los no muy aficionados al género, es saber cómo funcionan esos aliens y ver cómo evolucionan las batallas con los humanos. Aunque con el paso de los capítulos parece que el resto de tramas mejoran, todavía queda mucho por hacer para que sea la gran serie que nos prometieron.

Primeras impresiones
Escrito por David Suárez 1 Comentario
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