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«House of cards», un traje a medida para Kevin Spacey

17 de marzo de 2013 a las 10:53

Como los buenos trajes, cuando los personajes se hacen a medida se nota. El de Frank J. Underwood , el protagonista de House of  Cards,  está perfectamente tejido para que se luzca Kevin Spacey. El traje de congresista vengativo no le hace ninguna arruga al actor, que incluso se defiende bien en los cara a cara con el espectador, una fórmula a la que nunca le he encontrado mucho sentido.  Estratega, rencoroso, manipulador, orgulloso y adicto al poder, Francis es todo aquello que le presuponemos a los políticos de traje y corbata. Aun así, Spacey no lo tenía fácil porque el personaje era un regalo envenenado.  Tenía difícil convencernos de que existen una persona capaz de analizar hasta la última consecuencia de cada una de sus palabras e ir siempre por delante de lo que van a pensar sus compañeros de partido, ahora más que nunca, la mayoría enemigos.

Francis Underwood es la persona que maneja todo los hilos en el Congreso. Este demócrata del Estado de Carolina del Sur se encarga de asegurarse que todas la iniciativas cuentan con los apoyos necesarios, que las leyes cuentan con el apoyo de los sectores más críticos y de mantener contentos  a los congresistas independientes.  Su don es conseguir que todo salga bien pero con la elección del nuevo presidente, a Frank le habían prometido que dejaría la fontanería del Congreso para saltar a la primera línea de la política, como diría Esperanza Aguirre, y asumir el puesto de Secretario de Estado.  No será así. Con una de esas argumentaciones políticamente correctas- “te necesitamos más que nunca en el Congreso”, le dice la mano derecha del presidente- a Frank le comunican que el presidente ha dado marcha atrás y no será el encargado de dirigir la diplomacia estadounidense. Y ahí sale a la luz el verdadero Francis J. Underwood,  el que diseña una estrategia para vengarse desde dentro, aprovechando su posición y su poder.

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Kevin Spacey lo es casi todo en House of Cards. De hecho, si el protagonista fuese un congresista soltero lo sería todo. Ni el presidente, ni el resto de congresistas, ni tampoco la joven periodista a la que le filtra información, personaje que debería ser el contrapunto de Frank pero se desinfla a partir del cuarto capítulo.  Nadie le hace un poco de sombra, excepto Robin Wright. La actriz interpreta a la mujer de Frank y en ocasiones le eclipsa con un personaje casi más ambicioso que el de Kevin Spacey y que combina  magistralmente sus ansias de poder con dosis de frialdad, elegancia y dureza. Perfecta en cada uno de los planos y con un flequillo inamovible en más de diez horas de serie, Claire es cualquier cosa menos una mujer florero. Es parte esencial de los planes de su marido, esos que entre diseñan sentados sobre el altillo de uno de los ventanales de su casa mientras comparten un cigarrillo. Les une el amor por el poder y la ambición, saben aprovecharse uno del otro y esa es la pieza básica de una relación inverosímil al principio pero que vas a asimilando y entendiendo con el paso de los capítulos.

House of Cards es la primera apuesta de Netflix, una plataforma que permite ver contenidos en streaming en Estados Unidos.  La serie, que flojea en varios capítulos y en el final de temporada, es una adaptación de una ficción británica de principios de los 90 que narraba un caso similar tras el gobierno de Margaret Thatcher. La adpatación, además de con un buen elenco, cuenta con otro aval tras las cámaras, David Fincher, el director de Seven o El Club de la Lucha.  Con ellos recorremos de nuevo los pasillos del Congreso y de la Casa Blanca aunque con una visión totalmente opuesta a la que daba El Ala Oeste de la Casa Blanca. Amenazas, engaños, puñaladas traseras y campañas ocultas. Esa es la política de Frank J. Underwood y su manera de conseguir que las cosas siempre salgan bien, porque como repite en varias ocasiones durante la serie, «el fracaso no es una opción».

 

 

House of Cards 

Estrenada el 1 de febrero en Estados Unidos, la primera temporada de la serie cuenta con 13 capítulos de aproximadamente una hora de duración.

Netflix ya ha confirmado su renovación y la serie tendrá una segunda temporada, ya en fase de producción.

En España, la serie se puede ver en Canal+  

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Mis tres nombres

3 de septiembre de 2012 a las 14:43

Los que hayan visto la segunda temporada de «Game of Thrones» ya podrán imaginarse por dónde van los tiros.  Sólo pronunciar sus nombres será suficiente para que desaparezcan.  La pequeña Arya Stark se ganó la moneda que le concedía ese poder y con susurrarle al oído de Jaqen H’ghar  un nombre y apellido, su dueño tendría las horas contadas.

Dándole vueltas a todo lo que ocurrió en la segunda entrega de la adaptación de HBO, esas escenas en las que la pequeña guerrera Stark se las ingeniaba para sobrevivir en terreno hostil con la ayuda de H’ghar siempre acababan colándose en mi mente . El de los tres nombres es uno de los grandes momentos de «Game of Thrones» y también un gran poder… Sin ánimo de fomentar la violencia,  el odio y mi lado más incívico, me han entrado ganas de ponerme en el pellejo de Arya y usar el poder para hacer desaparecer a tres individuos. Ni criminales, ni políticos ni economistas. Me conformo con personajes de ficción. Sería suficiente con librarme de esos seres de ficción, algunos incluso diseñados intencionadamente para sacarme de quicio, que consiguen que no disfrute plenamente de algunas de mis series favoritas.  No hace falta que sea algo doloroso, su desaparición incluso puede ser progresiva y el actor no tiene ni por qué enterarse. Dicho todo esto, Jaqen H’ghar toma nota que van los tres seguidos.

Pyat Pree («Game of Thrones»)

 No puedo abandonar los Siete Reinos sin deshacerme de uno de sus personajes. Que me perdone la HBO e incluso George R.R. Martin pero no soporto a uno de los personajes que más minutos ha ocupado en los últimos episodios de la serie. El brujo Pyat Pree, interpretado por un irreconocible Ian Hanmore, no me gustó desde el principio. No es problema de interpretación ni de guión pero su simple aparición en pantalla me desagradaba (en parte, me imagino que es algo que buscaban).  Este personaje de aspecto enfermizo logra ser inquietante pero también aburrido. De hecho, desde su aparición, la trama protagonizada por Daenerys Targaryen se me hizo pesada. Nunca creí que diría esto pero, gracias a su insistencia en que visitase la Casa de los Eternos,  incluso me cansé de Khaleesi

Marie Schrader («Breaking Bad») 

La hermana de Skyler amarga ligeramente mi relación con «Breaking Bad». No consigo conectar con un personaje que consigue sacarle a bastante de los seguidores de la serie unas cuantas sonrisas. Marie y esa personalidad a medio camino entre lo odioso y lo adorable no me convence.  Me quedo con el primer adjetivo y cada vez que los guionistas le dieron un poco de espacio para que se luciese la actriz, yo sufrí. Su cleptomanía, sus visitas interesadas a las casas en venta, su sufrimiento por un Hank sin movilidad ni ánimos y un largo etcétera pusieron a prueba mi capacidad de resistencia antes de pulsar el botón de fast forward.  Hay personajes odiosos, que precisamente por ello, le empiezas a coger cariño. A mucha gente le pasó con la cuñada de Walter pero a mí no.  Necesitaría más neurotismo y licenciarse en puñaladas traperas

Mycroft Holmes («Sherlock»)

Que al polifacético Mark Gatiss no lo aguante en el papel de hermano de Sherlock Holmes no quiere decir que no valore lo que ha hecho por la serie británica, de la que él es -además de actor- creador, productor y guionista. Le estaré muy agradecido por su granito de arena en adaptar y renovar un clásico como el del detective de Baker Street. No tanto, por la decisión de reservarse uno de los papeles destacados.  A su Mycroft también le cogí manía desde el primer momento y me resultaba incluso un pelín ingrata su presencia en pantalla. Esa forma de hablar, esos aires al andar y los planos cortos amargaron mis horas con «Sherlock». Tengo la sensación de que ha querido darle más protagonismo del que ya tiene el hermano de Sherlock y, por eso, ha sobrecargado un personaje que debería ser algo más enigmático.  Nuestra relación pudo haber mejorado, como me ocurrió con el personaje de Moriarty, pero al contrario que con el villano no conseguí cogerle ni un poco de aprecio.

Éstos son mis tres nombres. Al resto de personajes intencionada o des-intencionadamente odiosos podré aguantarlos. Por lo menos, por ahora. Y tú, ¿a qué personajes eliminarías de una serie si pudieses?

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Walter White existe

19 de agosto de 2012 a las 10:09

Walter White tiene 55 años y se dedica a «cocinar» metanfetamina. ¿«Breaking bad»? No, no estamos hablando del protagonista de la serie sino de un Walter White que existe en realidad. Estaba en libertad condicional en Alabama y, coincidencias a parte,  se ha convertido en uno de los delincuentes más buscados por el sheriff del condado de Tuscaloosa.

El nombre Walter y el apellido White facilitaba mucho las cosas,  era como buscar en España a un Pedro Gutiérrez.  Pero la cuestión no es sólo el nombre. A parte de sus labores  narcóticas, las coincidencias no acaban ahí. Si tenemos en cuenta que el Walter de ficción cumple 50 años en el primer capítulo de la serie, hoy ya rondaría esos 55 años, que cumplió a principios de años el delincuente que mantiene en vilo a las fuerzas de seguridad del estado de Alabama.

Ficha del Walter White real colgada por la oficina del sheriff del condado de Tuscaloosa

Walter Eddy White, el delincuente real, fue detenido en el 2008, año en el que se estrenó la serie,  por producir y traficar con anfetaminas. Llevaba en libertad desde principios del 2010 pero en enero fue arrestado de nuevo tras violar la condicional. Los cargos,  los mismos.  Hace un par de semanas se debería haber presentado en los juzgados pero no asistió a la cita. Entonces la oficina del sheriff del condado metió su nombre y su foto  en la lista de los más buscados y algunos medios locales se hicieron eco de la curiosa coincidencia.

Gracias a «Breaking bad», a la que por cierto le quedan apenas unas semanas para despedirse, su imagen ha dado la vuelta al mundo.  La ficción debe estar harta de que siempre le supere la realidad y ha decidido jugarle una mala pasada. Así que al White de Alabamá le resultará algo más difícil mantenerse fuera del radar policial.

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¿Qué pasó con Scofield y compañía?

19 de junio de 2012 a las 19:19

En agosto del 2005 se estrenaba en Estados Unidos, una de esas series que marcó época.  El arranque nos cautivó a muchos, con un argumento sencillo, directo y, por qué no decirlo, bastante manido. «Prison Break» era simplemente una revisión de un género, el carcelario, que había ya dado muchas alegrías a Hollywood. Aportaba algo nuevo,  esa manera de contar las cosas que tanto está funcionando en televisión y que consigue enganchar al espectador, a pesar de que en muchas ocasiones ya sabe como acabará todo. Aunque su tercera y, sobre todo, la cuarta temporada no estuvieron a la altura, muchos aún nos acordamos de los momentos que vivimos con Scofield y compañía. ¿Pero qué ha sido de ellos? ¿Se han estancado sus carreras?

Wentworth Miller, el que durante años fue Michael Scofield, no logró deshacerse fácilmente de todos sus tatuajes y apenas se le ha podido ver en televisión y cine. Hizo cameos en capítulos de «House» o «Law&Order» y lo intentó en el cine pero su principal aportación  ha  sido un papel en la saga «Resident Evil»

Sarah Wayne Callies, en «Prison Break» la doctora Sarah Tancredi, fue la actriz  que mejor ha conseguido colocarse en televisión.  Tras finalizar su contrato con la FOX con una aparición en un capítulo de «House», la actriz fichó por la AMC para convertirse en una de las estrellas de «The Walking Dead». En la serie de zombis, la actriz da vida a Lori Grimes, la mujer del protagonista y una de las supervivientes del ataque de los «walkers».

Dominic Purcell, en la ficción Lincoln Burrows, dio el salto al cine aunque su carrera no ha sido especialmente prolífica. «Town Creeks», «Elite Killers» o «Straw Dogs», son algunos de los títulos en los que ha participado.

Amaury Nolasco, que compaginó la serie con la grabación de la película «Transformers», tampoco logró  sacarle mucho provecho a la popularidad de Fernando Sucre.  Apareció en la segunda temporada de «Southland» y a principios de este año tuvo el dudoso orgullo de protagonizar la serie «Work it».

El agente de la Compañía Paul Kellerman es uno de los pocos que ha conseguido un papel fijo en una serie tras el final de«Prison Break». El actor Paul Adelstein abandonó las pistolas para convertirse en el pediatra de «Private Practice», la spin-off de «Anatomía de Grey»

La cara de Robert Knepper, actor con larga experiencia en teatro, cine y televisión, se quedó grabada en las retinas del gran público gracias al papel de T-Bag. Tras su paso por Fox River, el actor ha enlazado varios proyectos televisivos, aunque ninguno con mucho éxito. Primero se embarcó en «Heroes», aunque llegó cuando su cancelación ya era inminente,  y después hizo un curioso cambio  con «Stargate Universe».

Wade Williams, que daba vida al capitán Bellick ,  ha hecho cameos en series como «El Mentalista» o «Chase» y consiguió ponerle voz a uno de los villanos de la última película de  Batman.

La carrera de William Fichtner, el actor que daba vida al agente Mahone, ya estaba consolidada cuando llegó a «Prison Break» para capturar a los presos fugados. Desde el fin de la serie, en televisión, sólo se ha dejado ver en una decena de capítulos de «Entourage».

¿Maldición «Prison Break»? ¿Demasiado pronto para relanzar sus carreras? Salvando un par de excepciones, a la mayoría del elenco les hubiese compensado poner una excusa para no huir de Fox River. Al fin y al cabo, con la huida también comenzó ael declive de la serie.

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Tascioni, esa abogada en la que no confiarías y harías mal

5 de febrero de 2012 a las 9:47

«Es buena, no te dejes engañar por la primera impresión». Alicia Florrick se lo deja claro a Will cuando le recomienda que confíe en la letrada Elsbeth Tascioni para defenderle. Bolsos de flores, pegatinas de colores en el portátil, insegura en sus movimientos e incapaz de llamar a su secretaria por el interfono. ¿Una abogada de confianza? Más bien, todo lo contrario.

El adjetivo peculiar se queda corto para hablar de Tascioni, a la que los guionistas de «The Good Wife» han recurrido ya en cinco ocasiones. La abogada pelirroja, esa que no para de rascarse la cabeza para pensar mejor, es uno de esos personajes que logra colocarme una sonrisa en la cara en cuanto aparece en pantalla. A medio camino entre el despiste y la extravagancia, es la antítesis de la imagen de letrado elegante con clase que vende constantemente la serie. Su vestuario y su aspecto están siempre medidos para que nos dé esa sensación de que no confiaríamos en ella ni para defendernos de no haber pagado a tiempo una multa de la ORA. Con sus movimientos, su forma de expresarse y su incapacidad para establecer una conversación, se completa un secundario único. Eres capaz de ver cómo va creando sus esquemas mentales mientras habla y cuando menos te lo esperas, otra idea se cruza en su camino. «¡Qué chaqueta más bonita!», le suelta a Florrick, mientras ella esperaba alguna repuesta coherente sobre cómo iba a conseguir librarle de una difícil encrucijada legal. Tascioni sería capaz de ganar el pleito más enrevesado pero después le costaría salir del aparcamiento del juzgado. No es raro que duden de sus capacidades. Cuesta creerse que tras esa sonrisa constante, cara de no haber roto un plato y su supuesta fragilidad se oculte una máquina de ganar caso. No es una mujer que pise fuerte, de esas que oyes su taconeo aunque estés a metros de distancia. No tiene pizca de arrogancia, competitividad y le falta carisma. Y es que la pobre de Tascioni, por muy buena que sea, no se sabe vender.

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El personaje al que da vida la actriz Carrie Preston, pareja en la vida real de Michael Emerson («Lost» y «Person of Interest»), estrena una nueva sección de este blog. Un apartado, que pecando de original, he bautizado como secundarios de lujo. «The Good Wife» tenía que ser la serie que lo inaugurase porque puede y debe presumir de trabajo bien hecho. El círculo que rodea al despacho de Lockhart&Gardner está nutrido por grandes actores y personajes que a pesar de no aparecer en todos lo capítulos están muy bien logrados. Esa dura labor perfilando sus personalidades, les permite recuperarlos con cierta frecuencia y que el espectador los recuerde perfectamente. En las primeras temporadas ya lo hicieron con la dura abogada embarazada a la que daba vida la actriz Virginia Chance y últimamente también han explotado al letrado de Michael J Fox y sus constantes artimañas para ganarse al jurado. La jefa del Dr.House tuvo también su momento de gloria al principio de la tercera temporada dando vida a Celeste y la serie también ha recurrido en varias ocasiones a esa joven abogada rubia que se ruboriza con frecuencia, pinta corazones en su libreta y se hace muy bien la tonta para lograr la ternura de juez y jurado. Todos ellos podrían consolidarse y convertirse en un personaje del elenco pero se mantienen en un tercer plano y nos sorprenden y alegran con su intermitentes apariciones. Sin duda, una buena estrategia para no aburrirnos aunque me imagino que multiplicará, y bastante, la labor de los guionistas.

Personajes, Secundarios de lujo
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Un villano con cara de pardillo

13 de diciembre de 2011 a las 18:32

Cuando debutó en el 2002 en la película «Orange County» quizás era menos evidente pero, nueve años después, los cambios en su rostro no dejan lugar a duda. No hace falta consultar el apellido, se ve a leguas que Collin es hijo de Tom Hanks. Le delata la forma del rostro, la mirada, algunos gestos e incluso la forma de sus orejas. En muchas de sus escenas es difícil no acordarse de su padre, así que en su carrera como actor no va a tener fácil deshacerse del estigma de «hijo de». No tendrá más remedio que seguir arriesgando para dejar de ser el primogénito de Forrest Gump.

A Hanks (hijo) lo de experimentar no parece que le suponga un problema y lo ha vuelto a demostrar en la sexta temporada de «Dexter», que a falta de un capítulo, todo apunta a que pasará sin pena ni gloria. Su personaje, Travis Marshall, es un restaurador de arte obsesionado con el Apocalipsis que, con la inestimable ayuda de otros tronados, comienza a hacerse notar en Miami con una serie de asesinatos. Aunque dicho así la cosa no suena mal, el desarrollo de la historia no logra convencer y enganchar como anteriores temporadas. De hecho, me atrevería a decir que el personaje de Hanks es lo mejor de una temporada en la que los guionistas no han conseguido sorprender, han tenido que recurrir a monstruos del pasado para mantener el interés y se han excedido en sus maniobras para descargar en el personaje de Deb parte del peso de la serie.

Travis supone para Hanks un nuevo reto. Ya me había sorprendido su papel de cura en la segunda temporada de «Mad men» y ahora vuelve a hacerlo poniéndose en la piel de un villano. El propio actor reconoció en varias entrevistas que le hacía ilusión verse como malo, una faceta que no había explorado hasta el momento. Sus rasgos físicos siempre le han llevado a personajes al borde del fracaso, poco espabilados y con poco éxito entre las mujeres . Aunque no da del todo el perfil de empollón, encaja muy bien en los papeles de buenazo, aprendiz o pardillo. Así debutó y así lo han encasillado en un sector en el que los menos agraciados siempre quieren acceder los papeles de los guapos y los que podrían ser modelos se empeñan en ponerse feos para destacar sus dotes interpretativas.

Entre los méritos del personaje está conseguir algo, en principio, difícil. Sobre todo al principio, es capaz de hacernos creer que es tan pardillo como peligroso. Fácilmente influenciable y manipulable, comienza como poco más que una marioneta pero con el paso de los capítulos evoluciona. Travis gana protagonismo y Colin demuestra de lo que es capaz. Sale a la luz su verdadera personalidad, sus dudas y, prácticamente al final, descubre una faceta totalmente diferente, al que no le tiemblan apenas la manos, ni cuando planea ni cuando ejecuta. Sea acatando órdenes divinas, basándose en falsos testimonios o simplemente porque está loco, cada vez que Colin Hanks arruga su frente podemos estar seguros de que algo malo ocurrirá. No es Trinity y quizás recurre en exceso al truco de fruncir el ceño. Aun así, es un buen villano.

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La nueva vida de las doctoras preferidas de House

3 de noviembre de 2011 a las 18:28

Le aguantaron todo tipo de impertinencias y excentricidades pero llegó un día que las compañeras que más tenían que lidiar con el Doctor House decidieron independizarse. Su decisión de abandonar la serie hizo que muchos fieles temblasen durante unos meses. ¿Qué sería de House sin la Doctora Cuddy? ¿Qué pasaría con Lisa Edelstein tras abandonar su personaje de «House»? Los estrenos otoñales han recuperado a las doctoras Cuddy y Cameron aunque ambas están ahora muy lejos de hospitales y diagnósticos.

A la encargada de mantener a raya al doctor House no le ha costado recolocarse. El nuevo puesto de la que conocíamos como doctora Cuddy es de abogada y se une a la familia de Lockhart & Gardner, es decir, el despacho de abogados en el que se desarrolla la serie «The Good Wife». Lisa Edelstein explora un nuevo perfil con su personaje de Celeste Serano. Ambiciosa, ligeramente prepotente, sin escrúpulos y dispuesta a hacer cualquier cosa para ganar un juicio. Es toda una experta en manipular a sus oponentes y, sobre todo, en meter cizaña para conseguir dividir a sus oponentes. Pero Celeste es algo más, la tercera en discordia. Su objetivo está claro y se llama Alicia Florrick. Ya tuvo una relación en el pasado con Will y sabe perfectamente cuáles son sus puntos débiles dentro y fuera del despacho. Con Alicia tratará de jugar la baza de los celos y le pondrá a prueba, sobre todo, fuera del terreno laboral. Celeste dará mucho juego. Su relación con Diane puede ser muy interesante y tengo ganas de que los guionistas creen un pique entre el personaje de Edelstien y el de Archie Panjabi ,la gran Kalinda Sharma.

La alumna aventajada de House cambia medicina por fantasía. Jennifer Morrison es una de las protagonistas de «Once upon a time», la nueva apuesta de la ABC. Tuvieron que pasar unos cuantos minutos del episodio piloto hasta que me di cuenta de que la rubia de la chaqueta roja era la misma actriz que interpretaba a la doctora Cameron. Su nuevo personaje es una chica dura, todo lo dura que se puede ser en un cuento convertido en serie. Desconectada del mundo, solitaria y centrada en su trabajo, Emma Swam es la parte más realista de una serie que recupera a muchos de los personajes de las fábulas infantiles y los traslada a una especie de limbo entre la ficción y la realidad. El tiempo no pasa en Storybrooke, el pueblo de Maine en el que la bruja del espejito mágico ha dejados encerrados a personajes como Blancanieves, Caperucita o Pepito Grillo, que para más inri, ni siquiera se acuerdan de quienes son en realidad. Emma, el personaje de Morrison, es la única persona que puede acabar con este hechizo. Aunque sólo se han emitido dos capítulos de este cuento-serie, ya se puede decir, como mínimo, que es un experimento atrevido.

Aunque Jennifer Morrison ha conseguido un papel protagonista, sigo creyendo que jugó mejor sus bazas Lisa Edelstein. «The Good Wife» sabe aprovechar los buenos personajes. Los jueces, abogados y acusados más pintorescos acaban reapareciendo en la serie y cualquier secundario puede conseguir un puesto fijo. El mejor ejemplo es el asesor de la campaña de Peter Florrick. Eli Gold, al que da vida el actor Alan Cumming, dio algunos de los mejores momentos de la segunda temporada y los guionistas además de apostar por su continuidad le han dado más protagonismo, aunque para ello fuese necesario tramar una artimaña de última hora para que se instalase en el bufete.

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¿Qué fue de los Fisher?

28 de octubre de 2011 a las 16:12

Quien haya consultado alguna vez mi cuenta de Twitter ya sabe que, exagerando un poco, suelo decir que volví a nacer el día que vi el primer episodio de «A dos metros bajo tierra». Hace ya diez años que Alan Ball puso en marcha la funeraria de los Fisher y aunque, a pesar de muchos, el negocio familiar cerró tras cinco temporadas, su legado permanece. La mayoría de los actores que protagonizaban la serie de HBO, algunos bastante desconocidos en aquel momento, se han convertido en estrellas consagradas de la televisión.

El que más partido le sacó a su paso por la funeraria ha sido el actor Michael C. Hall aunque su personaje de Dexter Morgan ya nos ha hecho olvidar a David Fisher. Aunque son papeles diferentes, tienen cierta conexión. En ambos, el actor da vida a personajes encorsetados y comedidos, que basan su día a día en una apariencia. En «A dos metros bajo tierra» aderezaba ese perfil con arrogancia, responsabilidad extrema y un continuo vaivén de dentro a fuera del armario. En «Dexter» su reto era conseguir que nos creamos que es un hombre sin sentimientos y ajeno a la mayoría de las sensaciones que experimentan el resto de humanos. Con la sexta temporada ya en emisión, el actor no se puede quejar.

A su hermano de ficción tampoco le ha ido mal. Peter Krause no ha dejado de trabajar desde que se quitó del pellejo de Nate Fisher. A pesar del batacazo de «Dirty Sexy Money», el actor ha conseguido estabilidad en el panorama televisivo como uno de los Braverman, la gran familia que protagoniza la serie «Parenthood», cuya tercera temporada se emite desde hace un mes en la NBC. Se ha alejado del papel de hijo rebelde para convertirse en un padre en apuros que, en ocasiones, también tiene que cuidar de alguno de sus hermanitos.

Claire's Artwork- HBO

En una familia numerosa también se recolocó la que actriz que interpretaaba a la pareja de Nate en «A dos metros bajo tierra». Rachel Griffiths, que interpretaba a la sorprendente Brenda, fue una de las protagonistas de «Brothers&Sisters», serie-culebrón de ABC hecha a medida para tratar de impulsar de nuevo la carrera de Calista Flockhart, actriz que para la mayoría seguirá siempre siendo Ally McBeal. Cinco temporadas le duró el papel pero en mayo se emitió el capítulo final y la actriz australiana está, por ahora, sin proyectos.

Frances Conroy, la actriz que interpretaba a Ruth Fisher, pasó un poco desapercibida tras el final de «A dos metros bajo tierra». Hizo algún papel en cine, participó en varios episodios de «Mujeres desesperadas» y en «Happy Town», un proyecto de la ABC fue cancelado sin finalizar la primera temporada. El 2011 ha supuesto su vuelta a la televisión. Primero fue su papel en «United States of Tara» y ahora participa en uno de los estrenos más prometedores de la temporada, «American Horror Story». En esta particular serie de terror, Conroy tiene un intenso duelo interpretativo con Jessica Lange y es la protagonista de uno de los juegos visuales más atractivos ideados por Ryan Murphy y Brad Falchuk.

Centrada en proyectos en Broadway y más alejada de la televisión se ha mantenido Lauren Ambrose, la pelirroja a la que siempre veremos como la inquieta y confundida Claire. En el 2008 su rostro asomó de nuevo en las pantallas americanas en un intento de comedia, bautizada como «The return of Jezebel James». La serie no tenía más calificativo que infumable y sólo pudo hacer de hermana descarriada en seis episodios. Ahora, en cambio, está teniendo más éxito con su incorporación al elenco de «Torchwood» como Jilly Kitzinger.

Seis años después de que la serie emitiese su capítulo final su recuerdo sigue vivo. En la web de HBO todavía continúan colgados los obituarios de sus protagonistas y cada vez que escucho la canción «Breathe Me» de Sia aún vienen a mi mente las imágenes de Claire recorriendo la carretera de su vida. Haced la prueba: dadle al play, cerrad los ojos y a ver qué pasa.

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Tanya, la proxeneta poeta

25 de octubre de 2011 a las 17:40

Acaba el tercer episodio de la tercera temporada de «Hung» y por mi mente empieza a pasar una pregunta: ¿cómo he llegado hasta aquí? Francamente la serie no es maravillosa e incluso se podría calificar como una de las más flojas de la programación de HBO. A pesar de ser consciente de esto, sigo dándole al play para saber qué le ocurre al bueno de Ray, ese profesor de Detroit reconvertido en gigoló para poder pagar las facturas. En realidad, su historia hace tiempo que ya no me interesa. En una temporada me contaron todo lo que necesitaba sobre él. Lo que me pirra es ver cómo se las apaña su socia y proxeneta eternamente en prácticas. Y es que el de Tanya es uno de esos personajes que sobresale en una serie que, de no ser por ella, seguramente, pasaría sin pena ni gloria.

Poeta, proxeneta, calculadora humana y consultora sexual. Tanya es todo eso y mucho más. Desaliñada, tímida, patosa y asustadiza, parece estar hecha para cualquier puesto menos el que ocupa. Pero a este ser eternamente incomprendido la oficina le asfixiaba. Entre tantas cuentas no era capaz de respirar y decidió darle una nueva oportunidad a su faceta artística. Tuvo la ocurrencia de acercar sus versos al mundo de una forma más dulce y cocinar unas galletas que en su interior escondían poemas. Su reinterpretación de las galletas chinas no funcionó pero la idea de todos modos le cambió la vida. El curso para emprendedores le sirvió para conocer a su media naranja en los negocios, Ray Drecker. La «pimp» ya tenía su «ho».

Tanya tuvo que trabajar mucho con Ray para que supiese cómo tratar a las mujeres y cómo venderles un servicio que a la mayoría les ruboriza. Pueden llamarle «Happiness consultant» o chico de compañía pero, en el fondo, siempre están hablando de sexo. Encuentros secretos, fantasías eróticas y muchas citas poco fructuosas marcaron el nuevo rumbo elegido por la peculiar pareja. El tándem Tanya-Ray consiguió implantar su modelo de negocio e ir tirando con una pequeña lista de clientas. Entonces se cruzó en sus vidas Leonor. Prototipo de la pija estilosa, ella sí que podría ser la mujer perfecta para el puesto. Se maneja en las altas esferas, sabe cómo vender los servicios y no tiene tapujos de ningún tipo. Pero, ya se sabe, tres son multitud y sobraba o Tania o Leonor.Y es precisamente en esa batalla donde la desastrosa y despeinada Tanya más destaca, con momentos como este.

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Tanya, ese bicho raro al que es imposible no cogerle cariño, se mueve en un continuo quiero y no puedo. Aunque no es una mujer de confrontación, tiene que pelear con uñas y dientes, literalmente, por mantenerse como capitana del barco. Tampoco es una mujer de amenazas pero acabará empleándolas para conseguir que a las clientas no se les olvide que hay que pagar después de las citas con Ray. Paso a paso se ve a una Tanya más orgullosa con su nueva faceta y dispuesta a comerse el mundo. Su última idea lo deja claro. Tanya se encargará de promocionar el estilo de vida orgásmico, sin duda, una nueva forma de vivir.

La actriz Jane Adams encaja perfectamente con el personaje. Su físico, que parece sacado de una ilustración de Tim Burton, potencia esa idea de mujer aparentemente frágil y su cara de despiste humano hace el resto. La cosa no queda ahí. Consigue clavar su mirada en los espectadores tanto cuando quiere darnos pena como cuando saca a la luz su parte oscura. Está claro que le resulta muy fácil hacernos reír y es el motivo principal por el que su personaje ha cautivado a la audiencia. Sin duda, Adams, que en su día también interpretó a la segunda mujer del hermano del protagonista de «Frasier», es lo mejor de «Hung». El protagonista masculino, muy a su pesar, no destaca ni para bien ni para mal. Y al resto del elenco femenino, Tanya se lo come con patatas; le da mil vueltas a Rebecca Creskoff en su papel de Leonor y no hace ni falta mencionar que es tremendamente mejor que Anne Heche en su insoportable papel de ex mujer de Ray.

«Hung» llamó la atención hace un par de años y fue una de esas series de verano que consiguió dejar buena sensación y ganarse su continuidad. Conseguía abordar la crisis desde una perspectiva diferente y trataba de hacernos reír con dos temas tabú: sexo y dinero. Este año, HBO ha decidido darle una oportunidad en otoño y la ha colocado los domingos después de «Boardwalk Empire» compitiendo con pesos pesados como «The Good Wife» o «Dexter». La serie, que en la segunda temporada tuvo sus altibajos, ha decidido aprovechar la ocasión y ha optado por recuperar la confrontación como eje principal. Tanya tendrá que volver a enseñar los dientes.

Nota al margen: Haciendo este post he descubierto que uno de los creadores de «Hung» es Dmitry Lipkin, de cuya mente también surgió la serie «The Riches». Su primera temporada merece la pena aunque sólo sea por las grandes intepretaciones de Minie Driver y Eddie Izzzard. En su segunda entrega, de la que solo se emitieron siete capítulos antes de su cancelación, la trama ya se les fue un poco de las manos.

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Los Stark, esos noblotes del norte

23 de agosto de 2011 a las 20:50


La familia es lo primero para los Stark. Por defender a los suyos, incluso al hijo bastardo, serían capaces de hacer cualquier cosa. Principalmente luchar, porque esa fama de robustos del norte que les precede tiene mucho de cierto. Son hombres y mujeres curtidos por el frío de Winterfell, un lugar donde nadie debería salir a dar un paseo sin llevar una buena capa puesta. Acostumbrados a luchar y aguantar, rendirse es una palabra que no entra en su vocabulario, aunque les cueste la vida.

La ciudad del norte de Poniente es la primera a la que uno se asoma cuando empieza a ver «Game of Thrones». Apenas sabes del resto de familias, ni siquiera de los Lannister, cuando el rey llega a Winterfell acompañado de todo su séquito. En cambio, en ese momento ya sabes muchos de los anfitriones, Eddard y Catelyn, y de todos sus hijos. Los Stark son un núcleo unido. Veneran y asumen todas las decisiones del patriarca, héroe de múltiples batallas ahora convertido en Lord. Eddard Stark, al que sus amigos y algunos enemigos llaman Ned, es el leal escudero que cualquiera querría tener, hábil con la espada y noble de carácter. El problema es que proviene del campo de lucha y no encaja lejos de allí.
Aun así, el patriarca de los Stark abandona su tierra sin dudarlo para cumplir el cometido de mano del rey. Asume el puesto a pesar de que tenía claro que podría ser una espina envenenada. En realidad, fue mucho más que eso. Su nuevo cargo cambió la estructura familiar, reabrió viejas rencillas y puso a la mayoría de sus hijos en el punto de mira. Muchos de ellos tuvieron que madurar a marchas forzadas. Robb, el hijo mayor, tuvo que comerse el mayor trozo del pastel ya que a él le corresponde gestionar la ciudad durante la ausencia de sus padres. Aprender a dirigir el ejército fue otra de sus tareas y todo para demostrar hasta dónde está dispuesto a llegar para limpiar el nombre de su padre. La evolución de Robb sorprenderá incluso a su madre. Aun así, Lady Stark no deja todo en sus manos. Se mantiene en segundo plano pero tomando algunas de las decisiones más duras. Para la segunda temporada queda una más, la determinante, ya que decidirá el futuro del hermano guaperas de la reina.
Catelyn no es la única mujer de la saga que tendrá que afrontar retos importantes. Su hija mayor, Sansa Stark, pasa de la tranquila vida de Winterfell a una corte hecha a medida para los Lannister. De la familia Stark, ella es la más adecuada. Parece no estar hecha de la misma pasta que su madre o su hermana. Ella jugaba a ser princesa mientras sus hermanos, incluida la pequeña Arya, practicaban con el arco. Sansa seguro que soñaba con que un día un príncipe, igual no Joffrey, la convirtiese en reina. Sus deseos se han cumplido pero con consecuencias que igual no había valorado. La pelirroja se debatirá entre si traiciona o no a su propia familia, en un entorno en el que su único apoyo sería su hermana. Arya es la niña que siempre quiso ser guerrera. Se mueve mejor con arcos y espadas que con un vestido. Las clases de baile solo las acepta si puede llevar una espada en la mano. No llega a los diez años y tampoco al metro y medio pero tiene carácter y le da igual enfrentarse al principito o al hijo de carnicero.

Los hijos de los Stark ganan protagonismo según se acerca el final de la temporada y parece que tendrán incluso más en la segunda (lo dice uno que no se ha leído los libros y no busca demasiado por Internet sobre el tema para evitar spoilers). Será el momento de la segunda generación y tendrán que mantener todo lo que han conseguido sus antecesores. Son los dueños del norte y una de esas familias a las que más vale tener de tu lado. Además, los Stark cuentan a su favor con que son los que están mejor preparados para afrontar el invierno, ese que puede durar años y que está a punto de llegar. Su posición es clave para la defensa del reino pero ahora sus principales enemigos están dentro. No son otros que los Lannisters, ese clan de rubitos que a base de oro y matrimonios han conseguido dominar la corte del rey. Por las venas del heredero corre su sangre, que además hierve a más temperatura de lo normal. Pero de ellos ya tocará hablar más adelante.

Personajes
Escrito por David Suárez 3 Comentarios
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