«House of cards», un traje a medida para Kevin Spacey
Como los buenos trajes, cuando los personajes se hacen a medida se nota. El de Frank J. Underwood , el protagonista de House of Cards, está perfectamente tejido para que se luzca Kevin Spacey. El traje de congresista vengativo no le hace ninguna arruga al actor, que incluso se defiende bien en los cara a cara con el espectador, una fórmula a la que nunca le he encontrado mucho sentido. Estratega, rencoroso, manipulador, orgulloso y adicto al poder, Francis es todo aquello que le presuponemos a los políticos de traje y corbata. Aun así, Spacey no lo tenía fácil porque el personaje era un regalo envenenado. Tenía difícil convencernos de que existen una persona capaz de analizar hasta la última consecuencia de cada una de sus palabras e ir siempre por delante de lo que van a pensar sus compañeros de partido, ahora más que nunca, la mayoría enemigos.
Francis Underwood es la persona que maneja todo los hilos en el Congreso. Este demócrata del Estado de Carolina del Sur se encarga de asegurarse que todas la iniciativas cuentan con los apoyos necesarios, que las leyes cuentan con el apoyo de los sectores más críticos y de mantener contentos a los congresistas independientes. Su don es conseguir que todo salga bien pero con la elección del nuevo presidente, a Frank le habían prometido que dejaría la fontanería del Congreso para saltar a la primera línea de la política, como diría Esperanza Aguirre, y asumir el puesto de Secretario de Estado. No será así. Con una de esas argumentaciones políticamente correctas- “te necesitamos más que nunca en el Congreso”, le dice la mano derecha del presidente- a Frank le comunican que el presidente ha dado marcha atrás y no será el encargado de dirigir la diplomacia estadounidense. Y ahí sale a la luz el verdadero Francis J. Underwood, el que diseña una estrategia para vengarse desde dentro, aprovechando su posición y su poder.
Kevin Spacey lo es casi todo en House of Cards. De hecho, si el protagonista fuese un congresista soltero lo sería todo. Ni el presidente, ni el resto de congresistas, ni tampoco la joven periodista a la que le filtra información, personaje que debería ser el contrapunto de Frank pero se desinfla a partir del cuarto capítulo. Nadie le hace un poco de sombra, excepto Robin Wright. La actriz interpreta a la mujer de Frank y en ocasiones le eclipsa con un personaje casi más ambicioso que el de Kevin Spacey y que combina magistralmente sus ansias de poder con dosis de frialdad, elegancia y dureza. Perfecta en cada uno de los planos y con un flequillo inamovible en más de diez horas de serie, Claire es cualquier cosa menos una mujer florero. Es parte esencial de los planes de su marido, esos que entre diseñan sentados sobre el altillo de uno de los ventanales de su casa mientras comparten un cigarrillo. Les une el amor por el poder y la ambición, saben aprovecharse uno del otro y esa es la pieza básica de una relación inverosímil al principio pero que vas a asimilando y entendiendo con el paso de los capítulos.
House of Cards es la primera apuesta de Netflix, una plataforma que permite ver contenidos en streaming en Estados Unidos. La serie, que flojea en varios capítulos y en el final de temporada, es una adaptación de una ficción británica de principios de los 90 que narraba un caso similar tras el gobierno de Margaret Thatcher. La adpatación, además de con un buen elenco, cuenta con otro aval tras las cámaras, David Fincher, el director de Seven o El Club de la Lucha. Con ellos recorremos de nuevo los pasillos del Congreso y de la Casa Blanca aunque con una visión totalmente opuesta a la que daba El Ala Oeste de la Casa Blanca. Amenazas, engaños, puñaladas traseras y campañas ocultas. Esa es la política de Frank J. Underwood y su manera de conseguir que las cosas siempre salgan bien, porque como repite en varias ocasiones durante la serie, «el fracaso no es una opción».
House of Cards
Estrenada el 1 de febrero en Estados Unidos, la primera temporada de la serie cuenta con 13 capítulos de aproximadamente una hora de duración.
Netflix ya ha confirmado su renovación y la serie tendrá una segunda temporada, ya en fase de producción.
En España, la serie se puede ver en Canal+
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