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Fuera de serie

Bienvenidos al Miramar Playa

27 de mayo de 2012 a las 12:39


Miami, 1959. Todo el que quiere ser alguien, o por lo menos aparentarlo, debe pasar al menos una noche en el «Miramar Playa». Su nombre es sinónimo de lujo y el mármol y los corales que adornan su hall lo dejan claro. Como siempre, no es oro todo lo que reluce y tras ese palacio dorado se oculta un castillo de naipes que sustentan las apuestas ilegales, la mafia y la prostitución. Todo esto y Ike Evans.

Jeffrey Dean Morgan, actor que daba vida al marido de Nancy Botwin en «Weeds», se estrena como protagonista en la nueva apuesta de la cadena Starz, «Magic City».  El actor, tras unas cuentas sesiones de solarium, se pone en la piel de Evans, el propietario del hotel y uno de los hombres más influyentes de Miami al final de la década de los 50 (Sí, otra serie retro).  Un hombre que ha conseguido convertir los terrenos de la familia de su primera mujer en el sueño de cualquier promotor hotelero, un edificio de siete plantas frente a una de las mejores playas del sureste de Florida.  Por si todo esto fuera poco, además, Evans puede presumir de haberse casado con una belleza cubana que conoció cuando era una de las estrellas del Tropicana, Vera Cruz ahora Sra. de Evans, a la que, como sólo podría pasar en Estados Unidos,  da vida la actriz de origen ucraniano y ex chica Bond, Olga Kurylenko.

Ike Evans, junto a su familia, debería ser el auténtico eje de «Magic City»  pero su principal socio, Ben Diamonds (Danny Huston), le roba buena parte de ese protagonismo.  Al multimillonario Diamonds no le llaman el carnicero porque se dedique al sector cárnico sino porque él, y no Dexter Morgan, inventó el arte de ocultar cadáveres en el  fondo de la bahía de Miami.  Un detalle importante les diferencia. El personaje de «Magic City» no  fue criado por Harry y no tiene código, así que cualquiera que le lleve la contraria o se interponga en el camino de alguno de sus proyectos puede acabar criando malvas entre corales. Prostitutas, sindicalistas, matones… Cualquiera puede entrometerse en las maniobras de un hombre que sólo tiene un objetivo vital; lograr más. Más dinero, más poder, más lujo y más beneficios. Nada es suficiente para Diamonds, que dedica la mayor parte de su tiempo a conspirar desde su tumbona y con un puro en la boca.  No puede soportar tener sólo la mitad del más lujoso hotel de Miami ni que un puñado de políticos le impidan meter mano, legalmente, en el siempre polémico negocio de las tragaperras y los casinos. No hace falta decir, que hará cualquier cosa para conseguirlo.

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Con un cigarro en la boca, en la barra del bar del hotel y prácticamente de espaldas. El final de la cabecera de «Magic City» me trae a la mente a Don Draper. «Magic City» no es «Mad Men» y tampoco «Los Soprano» aunque sus creadores no han podido evitar hacer una mezcla entre ambos éxitos. El resultado lo salva el duelo entre Jeffrey Dean Morgan y Danny Huston, que está espléndido en su papel de malo malísimo.  Probablemente no será una serie que marque época pero «Magic City» convence en una temporada floja en estrenos. La cadena Starz ya ha garantizado su continuidad y tendrá una segunda temporada en la que podrá mejorar su trama argumental. El conflicto con Cuba es, por ahora, un simple decorado histórico, las escenas sin Ike, Diamonds o el fiscal del Estado se hacen largas y abusa en ocasiones de planos con finalidades únicamente estéticas.

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Escrito por David Suárez Comentar
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