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Ian Fletcher ficha por la BBC

7 de marzo de 2014 a las 20:52

¿Recordáis la serie Twenty Twelve?  La sitcom de la BBC, ganadora de un premio BAFTA y que tuvo solamente dos temporadas de seis capítulos, hizo gala del mejor humor inglés mofándose de la organización de los Juegos Olímpicos de Londres.  Aunque aquel variopinto e incompetente equipo que se encargaba de los preparativos de las Olimpiadas se deshizo, al líder del equipo le han encargado una nueva tarea. Renovar la BBC será la nueva mete de Ian Fletcher, ese ejecutivo inútil al que da vida el actor Hugh Bonneville.

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Fletcher y su colaboradora Siobhan Sharpe, la publicista y diseñadora de la marca olímpica en Twenty Twelve,  se incorporan al equipo directivo de la BBC con el objetivo de pensar a lo grande y redefinir por completo la televisión pública británica. Lo que harán, en realidad, es tener maratonianas reuniones de las que saldrán proyectos e iniciativas abocadas al fracaso, porque precisamente eso es lo que se les da mejor.

W1A, nombre elegido para la serie por el distrito en el que está ubicada la sede central de la BBC, se estrena el próximo 19 de marzo. Dirigida y escrita por John Morton, el creador de Twenty Twelve,  la serie se enfrenta al complicado reto de burlarse de la BBC en una serie de la propia BBC. Las primeras imágenes dejan buen sabor de boca pero habrá que ver cómo resuelven lo que Morton ha preferirdo definir una «carta de amor» a la institución.

Avance
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El enigmático puzzle de «True Detective»

5 de marzo de 2014 a las 20:06

Algunos la tachan de lenta e intensa, pero en mi opinión True Detective es de lo mejor de la televisión actual; HBO en estado puro. Un thriller policial de calidad, con una fotografía impresionante y una gran narrativa. Partiendo de algunos elementos que le han funcionado  bien a un buen puñado de series (un crimen sin resolver y dos policías muy diferentes al cargo), la serie da un paso más allá y juega permanentemente con la atención del espectador, los saltos en el tiempo y con dudas sobre la actuación de los agentes.

La trama de True Detective nos traslada al sur del estado de Luisiana, un lugar que nos presenta como triste y desangelado, para investigar una serie de crímenes que se han repetido en la zona durante dos décadas, pero nunca se han llegado a esclarecer. Menores desaparecidas, rituales de santería y un clan religioso de dudosa reputación que podría estar involucrado. Todo se va descubriendo poco a poco tras la aparición del cadáver de Dora Lange en 1995 y la investigación puesta en marcha por los agentes Hart y Cohle. Pero todo esto, la serie no lo cuenta así. Su guionista ha convertido la  historia en un puzzle, del que nos van desvelando las piezas poco a poco y a través de continuos saltos en el tiempo.

Los agentes narran lo ocurrido 17 años después durante un interrogatorio por separado. Responden a las preguntas de otra pareja de policías y dan todos los detalles de la investigación, mejor dicho, la versión oficial de lo ocurrido. Además, desvelan como el caso fue marcando sus carreras  y acabando con sus vidas. El espectador aprovecha este largo interrogatorio, que ocupa completamente los primeros capítulos de la temporada, para conocer bien a los protagonistas, tanto en el pasado como en el presente. Y es que esos dos personajes son el 95%  de la serie.

En una de sus apuestas estrellas para la temporada, HBO no quiso arriesgar y apostó por dos actores reconocidos, aunque ninguno de ellos frecuentase las series de televisión. Aunque Woody Harrelson borda el papel del detective Marty Hart, su compañero de reparto le hace sombra. Matthew McCounaghey, ese actor que cambió las comedias románticas por películas de bajo coste, la HBO y el Óscar, destaca en su papel de Rust Cohle, un detective  fuera de los cánones y al que nadie en esa pequeña comisaría de Luisiana comprende. Inteligente, asocial y acostumbrado a hacer las cosas a su manera, Cohle es el ejemplo del policía que resuelve casos pero da permanentes dolores de cabezas a sus jefes.  Eficaz en los interrogatorios y en las escenas del crimen, al personaje de McCounaghey le falta don de gentes y un filtro que evite que suelte por la boca todo lo que pasa por su complicada  y oscura mente.  

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Tras la emisión de siete capítulos ya se puede decir sin ningún tipo de reparo que es una de las series del año. El proyecto de HBO cuenta con un aliciente más. Conscientes del daño que ha hecho estirar las tramas cuando se renuevan este  tipo de series, los responsables de True Detective decidieron, desde un principio, que la segunda temporada no tendrá nada que ver con el caso que investigan Hart y Cohle.  Habrá un nuevo caso y los actores, como ya se había confirmado antes de que el exgalán de Hollywood ganase un Óscar, no estarán en la segunda temporada. Una idea, que a bote pronto, suena bien, casi tanto como la música que acompaña a la cabecera de la serie.

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El año en el que decepcionó «Homeland»

30 de diciembre de 2013 a las 15:57

364 días y 15 post después (prometo esmerarme más en el 2014), llega el momento de despedir un 2013 que ha consolidado muchas series novatas pero que ha dejado malheridas a muchas veteranas, incluso algunas que ya no tendrán oportunidad de recuperarse. Ha sido el año del adiós de Walter White, del huracán Netflix, de los episodios 11 y de un Homeland que nada tenía que ver con el que nos esperábamos. No tengo por costumbre usar el plural para convertir mis reflexiones en las de todos pero, esta vez, es así. Homeland ha decepcionado y ese podría ser prácticamente un buen resumen del año. Pero en el 2013 ha pasado mucho más y aquí van unas cuantas pinceladas.

La serie del 2013:  Porque  nunca  más podrá serlo, por saber decir adiós con dignidad, por todo lo que nos ha aportado en los últimos años y, sobre todo, por lo que añoraremos el dúo Walter White- Jesse Pinkman. Por estos motivos y algunos más, Breaking Bad se merece ser la serie del año. Quizás la estrategia de dividir la última temporada no les salió del todo bien pero, de todos modos, Vince Gilligan y su equipo demostraron que se puede mantener el interés del público hasta el último minuto, incluso habiendo desvelado en capítulos anteriores algunos detalles sobre cómo acabarían las peripecias del profesor de química más temido de Nuevo México. Poner punto final a una serie no es nada fácil pero la despedida azul de Walter White estuvo a la altura y supo rendir un merecido homenaje a lo que fue durante años.

El capítulo:  Reconozco que aquí  he tenido mis dudas. Creo que la segunda temporada de Black Mirror, en concreto su segundo capítulo, bien se lo merecía. Pero pensándolo bien, el capítulo del año ha sido ese del que han hablado incluso los que no seguían Juego de Tronos. En realidad lo que marcó la diferencia fue esa boda roja que demostró, una vez más, que en esta serie de HBO todo es posible y todos los personajes están en peligro de extinción. A algunos le pilló por sorpresa y otros tenían sus dudas de si los guionistas se atreverían a dar un golpe así en una de las sagas más consolidadas en la historia. El desenlace de ese famoso enlace dio mucho que hablar y Juego de Tronos volvió a escalar varios escalones. De todos modos, la adaptación de la saga de George R.R. Martin deberá aplicarse en la cuarta temporada porque en esta prometió mucha más acción de la que dio, desveló demasiado material antes de que arrancase y se quedó a medio camino en los primeros capítulos.

La sorpresa: Este año, más que nunca, he tenido que recurrir a la ficción europea para encontrar series que realmente me sorprendiesen (en positivo). De hecho, mis dos apuestas del año no proceden de Estados Unidos y tampoco de Gran Bretaña, mi gran valor seguro. La alemana Unsere Mütter, unsere Väter consiguió atraparme con su relato diferente de la Segunda Guerra  Mundial. Tres episodios largos, unos personajes bien construidos, un relato con muchos matices y mucho material para darle vueltas a la mente.  Pero me quedo además con la doble sorpresa que me ha dado en el 2013  la serie nórdica Bron/Bröen.  La descubrí tarde y su primera temporada me dejó boquiabierto a principios de año. Una trama original, un caso bien desarrollado, dos protagonistas perfectamente antagónicos y un final que resuelve bien. En la segunda entrega, esta coproducción sueco-danesa ha demostrado que tiene su propia manera de contar las cosas, un estilo propio y que, tan solo por eso, se merece haber sido adaptada ya en dos ocasiones (The Bridge y  The Tunnel). Sus guionistas son unos expertos en disfrazar los criminales bajo ese denominado terrorismo de la verdad que rompe esquemas, esos de los que carece Saga y sólo con Martin logra entender.

La decepción:  Han sido muchas pero la decepción con mayúsculas ha sido Homeland. Su tercera temporada ha estado muy por debajo del ritmo y calidad a las que nos tenía acostumbrados. Tramas que no llevan a ninguna parte, Dana acaparando demasiados minutos, capítulos totalmente prescindibles, giros de guión que llegan muy tarde  y un final que tampoco deja con ganas de más. Ha pasado de ser la serie de la que todo el mundo habla a la que todo el mundo critica aunque, también hay que reconocerlo,  ya le gustaría a muchas otras series lograr una temporada floja como la tercera de Homeland.  De los primeros seis capítulos se salvan una decena de escenas y cuando se olvidan de la familia de Brody y el plan se pone en marcha ya es tarde. Apresuran en tres capítulos el desenlace de lo que debería haber sido el hilo principal de la tercera temporada pero que se disfrazó y ocultó (entiendo que a propósito) entre escapadas de Dana, idas y venidas de Carrie y Quinn, el matrimonio de Saúl y todo lo que tuvo que ver con Venezuela. En privado ya lo he dicho en varias ocasiones y ahora también lo digo aquí, el capítulo 11 es el único realmente bueno de la tercera temporada de Homeland.

La temporada:  Su trayectoria es prácticamente impecable pero con esta temporada se han superado. Los guionistas de The Good Wife saben  aprovechar la actualidad, son los mejores creando personajes secundarios y consiguen mantener interesante, tras un centenar de episodios, una serie con capítulos de esquema fijo. Aunque aborrezca las tramas sobre el triángulo amoroso Alicia-Peter-Will, siempre encuentro algún motivo para darle una oportunidad más a este serie .Los casos, por supuesto, son el principal pero también esa familia de personajes que aparecen con cierta frecuencia y que te sacan una sonrisa con sólo verlos. En la quinta temporada la historia coge un nuevo rumbo, se intensifican las intrigas legales, se incorporan nuevos personajes y  aprietan el acelerador para colocar a Alicia y su equipo en una posición totalmente diferente.

El personaje:  Que un personaje lo sea todo en una serie puede salir muy bien o ser un auténtico fracaso. En el caso de House of Cards, la interpretación de Kevin Spacey salva la gran apuesta de Netflix, con permiso de Orange is the new black. Frank J. Underwood es uno de esos personajes que todo actor espera, lleno de rabia, maldad  pero a la vez con multitud de matices. Cada vez que mira a cámara sabes que está tramando algo y con el gesto de su cara puedes intuir que normalmente no es nada bueno. La versión americana de House of Cards, cuya segunda temporada se estrena ya en enero, tiene sus defectos de guión pero a su protagonista no se le puede achacar nada, Spacey es la viva imagen del personaje ruin que le pusieron sobre el papel.

El secundario: Decir que Jon Voight es un secundario en Ray Donovan, en realidad, es prácticamente mentir. El veterano actor  destaca en su papel de Michael Donovan, ese hombre que sale de la cárcel y trata de ganarse, a su manera, el cariño de sus hijos. Lo difícil del personaje, y que  Voight hace que parezca tan sencillo y natural, es conseguir que ese vividor sea capaz de despertar tanta ternura y odio a la vez. La serie depende mucho de sus apariciones, de sus intenciones, de su trayectoria e incluso de sus chascarrillos. Sus bailes con Claudette, su relación con el FBI, sus enfrentamientos con Ray y sus lecciones de vida a Bunchy son lo que hacen grande una serie que gana fuerza con el paso de los capítulos.

… y la espinita: El retraso de Sherlock. El que era uno de los regresos más esperados del 2013 se convertirá en un buen  motivo para celebrar el inicio del 2014.  Lo mejor, es que no habrá que esperar más de 24 horas, y ya se puede disfrutar de un miniepisodio como adelanto.

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Tres nuevos motivos para engancharse a las miniseries británicas

23 de diciembre de 2013 a las 20:18

Black Mirror marcó un antes y un después. Hasta la aparición en escena de Charlie Brooker con sus reflexiones sobre la doble cara de la era tecnológica, muchos no se habrían atrevido con un género, el de las miniseries, en el que los británicos se han convertido en una auténtica referencia. A medio camino entre las series al uso y las películas,  las  miniseries serán siempre las grandes desconocidas de la ficción televisiva y sólo unas pocas, las elegidas, conseguirán hacerse un nombre.  Lo ha logrado la citada Black Mirror, un éxito más que merecido, pero tanto como otras miniseries tan buenas, pero quizás menos sorprendentes en su planteamiento, como ExileInside MenPara acabar con este limbo de las miniseries, últimamente las cadenas británicas se han inventado un nuevo recurso, convertir miniseries en series cuando consiguen el respaldo del público. Esto ya le ha pasado, por ejemplo, a Broadchurch o a The Fall, ambas muy recomendables. A esta pequeña lista de joyas británicas de cuatro o cinco capítulo, hay que añadir otras tres miniseries estrenadas en los últimos meses y a las que  merece la pena hacerle un hueco estas Navidades.

The Escape Artist

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Dos mismas personas se enfrentan en tres juicios, uno por capítulo, pero uno de ellos en cada uno está en una posición diferente. William Burton, un prestigioso abogado interpretado por David Tennant (Doctor Who, Broadchurch), vive en primera personas las diferentes caras de la justicia, esa que ejerce con mucho éxito y poco resentimiento. De abogado defensor, a testigo y de testigo a acusado, siempre con un mismo enemigo, Liam Foyle, un perturbante criminal que domina los recobecos de la ley y consigue quedar en libertad tras dos crímenes. Es probablemente la mejor miniserie del año, buena historia, ritmo ágil, dos buenos protagonistas y tres actos diferenciados pero en un mismo escenario.

What remains

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La BBC quiso jugar al Cluedo y se sacó de la manga una serie sencilla pero de buenos resultados, en la que el espectador se dedica durante horas a buscar al asesino de Melissa Young. Los sospechosos son sus vecinos, esos con los que parecía no tener ningún tipo de relación. Poco a poco y de la mano de un inspector a punto de retirarse, la serie va desvelando las relaciones de la víctima con los que vivían en los apartamentos del pequeño edificio. Entretenida, bien desarrollada y con personajes tan inquietantes como el que interpreta Indira Varma (LutherRome y Hunted), la despiada y egoista Elaine .  Quizás el principal incoveniente de la serie es que quiso ir más allá en su final y se les fue un poco de las manos… Unos ocho minutos para ser más exacto.

Southcliffe

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Como en Broadchurch, Channel 4 vuelve a trasladarnos a una pequeña localidad británica ficticia marcada por la tragedia. En este caso, un hombre, conocido y humillado en el pueblo, recorre medio pueblo con un arma y mata a una decena de personas.  Pero eso es sólo el punto de partida.  La serie se interesa por las causas y los efectos de una tragedia así, por cómo se llega a una matanza y cómo se reacciona. A pesar de ser una historia de sólo cuatro capítulos, la parte final pierde intensidad, algo que  juega un poco en su contra. De todos modos, merece la pena asomarse hasta esta localidad y, sobre todo, conocer a sus gentes.  Southcliffe va de más a menos y se mueve constamente en el tiempo.

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El gatillazo de «Masters of sex»

4 de diciembre de 2013 a las 21:20

Dicen que es la serie revelación de la temporada y, si es así, prefiero no ver el resto de estrenos. Showtime ha logrado que se me atragante y me aburra la  historia de los pioneros en convertir el sexo en objeto de un estudio científico. Tenía buena pinta, una buena historia detrás pero cuando ha llegado el momento de la verdad… Masters of Sex me ha resultado de todo, menos atractiva.

Ante las buenas críticas,  le he dado más oportunidades de las que debería a la serie. Década de los 60, un ginecólogo de renombre y un proyecto que rompía cánones, conseguir saber qué ocurría en realidad en nuestro cuerpo cuando dos personas practicaban sexo. Hasta ahí todo bien. Pero William Masters y Virginia Johnson, y su particular estudio,  no están solos en la serie y es ahí cuando llegan los problemas. Cada vez que aparecen en pantalla la esposa de Masters, su madre o el rector Scully me entran ganas de cambiar de canal o irme directamente para cama. Personajes simples, tramas rozando lo estúpido, estereotipos, tópicos y culebrones amorosos con poco interés. Quisieron convertir una historia que estaba  destinada para un público elegido, por no decir algo elitista, en una dramedia, un concepto que empiezo a destestar, para todos los públicos. El resultado es  un auténtico esperpento en el que, para más inri, han involucrado a una de las actrices que mejores momentos ha dado a la ficción televisiva. Allison Janney, a la que siempre recordaré como la secretaria de prensa del presidente Barlet en El Ala Oeste de la Casa Blanca, interpreta a la mujer del rector universitario y entra, como dignamente puede, en este extraño juego de mezclar una historia a la altura de Mad Men con subtramas más propias de Mujeres DesesperadasSexo en Nueva York.

Entiendo el objetivo de los gui0nistas y la cadena pero no entiendo que haya convencido el resultado. Masters of Sex ha cometido muchos de los errores de Pan Am, esa gran promesa que duró tan poco, pero en este caso con el respaldo de público, crítica y de la cadena, que ya ha comprometido una segunda temporada. Dicen sus defensores que es divertida, original y atrevida pero no encuentro ninguno de esos ingredientes. Con la temporada bastante avanzada y con la certeza de que no me acordaré de Masters of sex dentro de un año, me quedo con una única cosa, su cabecera. Una introducción que juega con el espectador con metáforas y sensaciones y que muestra lo que realmente podría ser esta serie.  En cierto modo, recuerda a la que durante siete acompañó a Dexter y a la que con el paso de las temporadas, sobre todo al final, le pasó lo mismo. Ese minuto inicial era lo mejor de los cincuenta que duraba la serie.

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Primeras impresiones
Escrito por David Suárez 15 Comentarios
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«Peaky Blinders», los gánsteres de barrio obrero

2 de diciembre de 2013 a las 21:03

Con el nuevo éxito de la BBC, Peaky Blinders, viajamos desde el Atlantic City de Nucky Thompson hasta Birminghan. Cambiamos los aires de grandeza y la elegancia del tesorero norteamericano interpretado por Steve Buscemi por un clan de gánsteres británico más modesto. Son los Shelby, los auténticos amos del barrio obrero de  la ciudad, uno de los motores de Gran Bretaña tras la I Guerra Mundial.

Robos, amenazas, peleas y apuestas. El negocio de los Peaky Blinders es diverso y muy rentable pero Tommy Shelby, con importantes secuelas de la guerra, toma el mando del clan con altas aspiraciones. Quiere que la familia controle las apuestas hípicas de forma legal. Solicitar permisos y negociar no va con los Shelby, ellos consiguen las cosas de otra manera, mejor dicho, a su manera.

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Mientras Tommy trata de lograr ese objetivo, la policía  le pisa los talones. Churchill coloca al mando de la policía de Birgmingham a un inspector que había logrado éxito en la batalla contra el IRA y que será capaz de infiltrar a una de sus agentes en el clan familiar. Su único objetivo es encontrar un cargamento de armas del Ejército robadas y evitar que acabe en manos del IRA y acabar con los responsables del golpe.  Por supuesto, aunque ni toda la familia lo sabe, detrás del robo están genes de los Shelby.

Los puntos fuertes de la serie son su ambientación, su punto de partida y el buen hacer de algunas de los actores que dan vida a los miembros del clan y a los encargados de devolver la paz a la ciudad. Quizás la serie pierde fuerza en la resolución de algunos conflictos, le faltan dosis de violencia para ser una serie de gánsteres y nos vende una versión demasiado amable de un clan familiar, que existió en realidad, y que mantuvo a raya a buena parte de la población de la ciudad. Eran conocidos por su falta de escrupulos y por sus habilidades con las armas blancas, algo a lo que la serie no le dedica demasiado tiempo. Aún así, Peaky Blinders,  para la que la BBC ya ha confirmado una segunda temporada a finales del 2014, merece la pena.

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La guerra que no acabó en Navidad

23 de octubre de 2013 a las 15:39

Verano de 1941. Cinco jóvenes de Berlín se abrazan y prometen que volverán a brindar en Nochebuena. Una enfermera, dos soldados, una camarera con vocación de artista y un sastre judío se emborrachan esa noche creyendo que ya no queda nada para que finalice la guerra. Son los jóvenes a los que la II Guerra Mundial les cambió la vida y los protagonistas de Unsere Mütter, unsere Väter, la miniserie alemana que pronto llegará a España bajo el título de Hijos del tercer Reich .

Dicen que su creador, Philipp Kadelbach, llevaba una década trabajando y documentándose para este proyecto. Quería abordar un tema espinoso, una herida todavía reciente a la que siempre rodea la polémica. Su intención era mostrar algunas de esas historias personales que se escondían tras la barbarie nazi, lejos del aparato y también de los barrios judíos.  La serie es un pequeño homenaje a los que tenían veinte años, o incluso menos, cuando estalló la II Guerra Mundial, aquellos a los que el conflicto bélico les cambió la vida cuando les tocaba precisamente construirla. Pero no está dirigida a ellos, esos que hoy rondan los 80 años. Unsere Mütter, unsere Väter le habla a una generación que ya no vivió la guerra pero a la que aún le toca de cerca. Podrían ser vuestras madres o vuestros padres les recuerda el título y durante sus tres episodios desgrana cómo los jóvenes de la época tuvieron que luchar por sobrevivir, tanto en el campo de batalla como en la calle.

La serie, a los que algunos critican por humanizar el nazismo, reflexiona sobre propaganda, conciencia, implicación personal y culpa mientras narra como los que se veían superiores comienzan a asimilar una derrota de la que sus líderes no quieren hablar. El cine normalmente nos ha mostrado la guerra desde el otro bando. En Unsere Mütter, unsere Väter  hablan y actúan los derrotados. Un ejemplo son los hermanos Winter que pasan de un extremo a otro en el campo de batalla. El teniente convencido se rinde ante la fuerza del ejército ruso y llega a la conclusión de que no merece la pena lucha. Mientras su hermano, el que no quería ir a la guerra, se olvida de los libros y se convierte en el sanguinario ejecutor a los que los mandos nazis no quieren perder de vista.

TVE ha adquirido los derechos para emitir esta serie alemana, que ya estrenó Canal+.  Compuesta por tres capítulos de más de una hora, combina el relato bélico con las historias personales de los protagonistas. Sus buenos resultados en Alemania le han permitido viajar por media Europa con muy buenas críticas.  Su peor acogida fue en Polonia, país en el que incluso se trató de impedir su emisión.  En varios momentos de la trama se le atribuyen actitudes antisemitas a los grupos de resistencia polacos, un gesto que sus compatriotas interpretan como una estrategia de la serie para repartir culpas del Holocausto.

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Muchas caras conocidas en la «Mob City» de Frank Darabont

9 de septiembre de 2013 a las 18:14
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Estas imágenes son lo primero que podemos ver del nuevo proyecto de Frank Darabont, que vuelve a la televisión tras abandonar, como otros de sus colegas, a los zombies de The Walking Dead.  El guionista viaja ahora al pasado y se coloca en las década de los 40 para mostrarnos a una ciudad, Los Ángeles, en la que la policía tiene muy difícil pararle los pies a los imperios del crimen. Los primeros frames serie nos trasladan a Atlantic City, a Nucky Thompson y a todo el entramado mafioso del que ha sacado tanto partido la HBO.  Crimen, mafia y negocios sucios.

Darabont no hará este viaje al pasado sólo. Le acompañan un buen puñado de actores  a los que ya hemos visto en papeles importantes en otras series recientes. Jon Bertnthal y Jeffrey DeMunn les sonarán a muchos por sus papeles en The Walking Dead, Milo Ventemiglia por ser el Peter Petrelli de Héroes, Gregory Itzin por su papel de Charles Logan en 24 y Robert Knepper, que para algunos, entre los que me incluyo, será siempre el T-Bag de Prison Break. Todos ellos, junto a  Neal McDonough (Justified), Jeremy Luke, Edwards Burns y Alexa Davalos, harán que Los Ángeles reviva cargado de violencia. 

TNT probará suerte con Mob City a partir de diciembre. Es uno de los proyectos estrella de la cadena y cuenta con buen elenco y medios.  La serie está basada en el libro «L.A. Noir» de John Buntin en el que se desgrana como tras la imagen de una ciudad tranquila y dedicada al mundo del cine se esconde una auténtica batalla entre la policía, la corrupción, la mafia y el crimen organizado. Ingredientes le sobran para una buena historia.

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Conviviendo con el estrangulador de Belfast

12 de junio de 2013 a las 17:40

Con la serie británica The Fall nos adentramos, una vez más, en la captura de un asesino en serie. De nuevo, acompañamos a la policía en la búsqueda de la persona que está detrás del asesinato de varias mujeres de un mismo perfil que aparecen asfixiadas en su casa y en las que la policía ve un detonante sexual.  Hicieron falta tres casos para que la policía se diese cuenta de que era una misma persona y pusiese a Stella Gibson, interpretada por la actriz Gillian Anderson (Scully en Expediente X) al frente de la investigación.  Pero, esta vez, el espectador sabe más que la policía. La serie nos presenta ya en el arranque del primer capítulo al asesino y podemos observar cada uno de sus movimientos mientras los agentes siguen dando palos de ciego.

Paul Spector es padre de familia, terapeuta y un perturbado asesino en serie. Lo suyo sí que es auténtica una doble vida. Cuando su mujer y sus hijos no le ven,  el psicólogo al que da vida Jamie Dornan se dedica a buscar víctimas para unas fantasías sexuales que siempre incluyen la muerte.  Paul disfruta invadiendo sus casas, robando su ropa interior pero, sobre todo,  lavando y colocando a sus víctimas para que posen como si fuesen modelos, una vez ya muertas. Y el espectador le acompaña en cada una de estas fases y convive con él en esa doble vida que se oculta en una pequeña libreta sobre un móvil de la habitación de su hija.

Pero The Fall es mucho más que eso gracias a Stella Gibson,  una detective que poco tiene que ver con Dana Scully. La actriz Gillian Anderson da vida a esta dura y exigente policía, la primera que ve conexiones entre los crímenes: mujeres de unos treinta años, pelo oscuro y que aparecen muertas en su casas y preparadas como si fuesen a posar. Gibson asume la investigación y trata de entender cuál es el objetivo del asesino y se obsesiona con encontrar cualquier pista que le acerque a ese hombre capaz de dedicarle todo el tiempo necesario a pintarle las uñas a una de sus víctimas. Quiere ponerse en su cabeza, saber qué busca y cuál es el objetivo de todo esta cruel fantasía.  No lo tendrá fácil porque, como bien dice su criminal favorito, «nadie puede saber lo que ocurre en la mente de otra persona».

Paul y Stella comparten más de lo que creen.  Les gusta el poder, controlar hasta el mínimo detalle y, de alguna manera, están intentando llamar la atención del otro. Su relación, manteniendo las distancias, se asemeja a la de Clarice Starling y Hannibal Lecter, aunque en los cinco capítulos de la primera temporada cruzan pocas palabras.

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Esta miniserie (en origen) de la BBC2 superó todas las expectativas.  Se presentó como una historia dividida en cinco capítulos de una hora pero, tras el éxito entre audiencia y crítica, la cadena decidió renovarla por una segunda temporada.  Este fenómeno extraño se está convirtiendo ya en costumbre. Una historia concebida como una trama sin continuidad que renueva por una segunda temporada. Hace unos meses, sin ir más lejos, la Itv hizo prácticamente lo mismo con Broadchurch, otra gran serie en la que también había un asesino implicado.

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Todas quieren ser como «Forbrydelsen»

28 de abril de 2013 a las 15:31

Dos policías que son polos opuestos investigan un traumático asesinato. ¿Forbrydelsen? ¿The Killing? No, hoy no toca hablar de ninguna de ellas. La serie danesa ha creado escuela y ha puesto de moda un nuevo modo de abordar los thrillers policiales. Las series en las que en cada capítulo se resolvía un caso, aquellas que causaban furor tras el fenómeno CSI, se han quedado anticuadas. Ahora lo que se lleva es afrontar los casos con calma,  conviviendo con la policía pero también con los familiares e ir poco a poco deshojando la margarita y descartando sospechosos.

Con sus diferencias y cada uno dentro de sus posibilidades, un buen número de series han tratado de imitar el modelo Forbrydelsen en los últimos años. En esta primavera del 2013 se han estrenado dos nuevas series, las dos muy recomendables, que comparten elementos con la investigación de la muerte de Nana Larsen.

Broadchurch

 

Broadchurch, un pueblo ficticio de 15.000 habitantes en la costa británica, se convierte un buen día, mejor dicho un mal día, en uno de los focos de atención de los medios de comunicación nacionales. Danny Latimer aparece muerto en la playa de esta población turística y la policía descarta pronto la posibilidad de un suicidio. Esa fatídico jornada marca el arranque de esta serie británica, que además de la investigación policial y drama familiar, nos muestra cómo el asesinato condiciona todo lo que ocurre en una localidad de estas dimensiones.

Poco novedosa  en su planteamiento, Broadchurch es muy efectiva y consigue enganchar al espectador con algunos de los trucos  que ya disfrutamos junto a la detective Sarah Lund y la familia Larsen . La serie narra la historia que todos nos podemos imaginamos tras ver el primer capítulo pero bien desarrollada y con elementos novedosos que la hacen atractiva. Uno de ellos es que introduce un nuevo punto de vista al caso, el de los medios de comunicación. La muerte de Danny y el policía que se encarga de investigarlo animan a que se acerque hasta la localidad una periodista de un medio nacional que recurre al sensacionalismo para llenar portadas. Con ella, y el pequeño periódico local, se completa el círculo. Información sin escrúpulos, todo un pueblo en vilo y un dúo policial que debe evitar que la presión social dificulte la investigación.

Como ocurre en muchas de las series que siguen los pasos de Forbrydelsen, la relación entre los dos policías es un asunto clave.  Ellie Miller vuelve al trabajo precisamente el día que aparece el cuerpo de Danny. Vecina de la familia y madre del mejor amigo del niño, Ellie aporta cercanía e incredulidad a todo lo que sale a luz durante la investigación. Ella es de Broadchurch y no se imagina que nadie del pueblo fuese capaz de hacer algo así.  La actriz Olivia Colman, a las que muchos reconocerán por papeles cómicos en series como Twenty Twelve o The Office,  saca en este papel  su faceta más dramática, algo que  ya había hecho en Exile, y de nuevo con grandes resultados.  Su contrapunto es el detective Alec Hardy, que eligió la localidad como un destino tranquilo y apartado del mundanal ruido tras un polémico y fracasadp caso que aún le provoca estrés postraumático. Desconfiado y quizás algo insensible, chocará con su compañera, sobre todo, en la manera de afrontar los interrogatorios e incluir a vecinos de la localidad en la lista de sospechosos. David Tennant, actor que interpreta al inspector Hardy, se esfuerza en sacar su lado menos empático aunque con el paso de los episodios también sacará a la luz sus debilidades.

Broadchurch estaba pensada para una única temporada. El propio creador de la serie, bastante abrumado con el éxito de su ficción, reconocía hace unas semanas en una entrevista que no veía posibilidad de una segunda entrega.  El éxito de audiencia y las buenas críticas han conseguido que se tenga que arrepentir de sus palabras. Broadchurch ha sido renovada aunque prometen que la segunda temporada será totalmente diferente.

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Top of the lake

De Danny Latimer saltamos a Tui, pero no al que está a orillas del Miño sino a una que se encuentra más bien en las antípodas.  Tui no es la población que se nos viene a la mente sino una menor embarazada desaparecida y a la que buscará una de las actrices más emblemáticas de Mad Men  Elisabeth Moss abandona temporalmente el papel de Peggy Olsen para dar vida a la agente Robin Griffin, la detective que protagoniza esta miniserie británica-australiana que recibió grandes críticas en el festival de Sundance.

Top of the lake  se aleja más del patrón marcado por Forbrydelsen. Hay una investigación policial, una menor implicada pero su historia esconde mucho más. No es un caso cualquiera y tampoco un lugar cualquiera, asegura una de los anuncios de promoción de la serie.  Y es que en Top of the lake es casi tan importante la historia como la atmósfera. Nueva Zelanda  muestra su mejor cara en esta producción, que algunos critican por intensa pero que no tiene miedo a romperle los esquemas al espectador y sorprende con momentos surrealistas y cómicos.

Elisabeth Moss no tiene un compañero inseparable en su búsqueda. Robin es el eje de la historia y ocupa en ocasiones más minutos de los que debería. Su vuelta al lugar donde se crió y el caso de Tui le harán revivir el desagradable acontecimiento que le obligó a abandonar ese lugar que en tantas y tantas escenas de la serie nos invita a perdernos. Se trata de lago Wakapu, en cuyos alrededores los creadores de la serie encontraron el Paraíso, esa finca donde se instalan un grupo de mujeres que siguen a una peculiar guía espiritual, a la que da vida una Holly Hunter irreconocible.

Esta peculiar caravana de mujeres, la historia de la niña desaparecida, el negocio de la droga y el pasado de la detective se unen en el cóctel de Top of the lake,  que a pesar de tanto material y tanta desgracia es capaz de transmitir paz  y calidez al espectador.  Quizás crea demasiadas expectativas en su arranque y al final la historia se vuelve un poco irregular pero cautiva con su originalidad.

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Escrito por David Suárez 2 Comentarios
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