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Todas quieren ser como «Forbrydelsen»

28 de abril de 2013 a las 15:31

Dos policías que son polos opuestos investigan un traumático asesinato. ¿Forbrydelsen? ¿The Killing? No, hoy no toca hablar de ninguna de ellas. La serie danesa ha creado escuela y ha puesto de moda un nuevo modo de abordar los thrillers policiales. Las series en las que en cada capítulo se resolvía un caso, aquellas que causaban furor tras el fenómeno CSI, se han quedado anticuadas. Ahora lo que se lleva es afrontar los casos con calma,  conviviendo con la policía pero también con los familiares e ir poco a poco deshojando la margarita y descartando sospechosos.

Con sus diferencias y cada uno dentro de sus posibilidades, un buen número de series han tratado de imitar el modelo Forbrydelsen en los últimos años. En esta primavera del 2013 se han estrenado dos nuevas series, las dos muy recomendables, que comparten elementos con la investigación de la muerte de Nana Larsen.

Broadchurch

 

Broadchurch, un pueblo ficticio de 15.000 habitantes en la costa británica, se convierte un buen día, mejor dicho un mal día, en uno de los focos de atención de los medios de comunicación nacionales. Danny Latimer aparece muerto en la playa de esta población turística y la policía descarta pronto la posibilidad de un suicidio. Esa fatídico jornada marca el arranque de esta serie británica, que además de la investigación policial y drama familiar, nos muestra cómo el asesinato condiciona todo lo que ocurre en una localidad de estas dimensiones.

Poco novedosa  en su planteamiento, Broadchurch es muy efectiva y consigue enganchar al espectador con algunos de los trucos  que ya disfrutamos junto a la detective Sarah Lund y la familia Larsen . La serie narra la historia que todos nos podemos imaginamos tras ver el primer capítulo pero bien desarrollada y con elementos novedosos que la hacen atractiva. Uno de ellos es que introduce un nuevo punto de vista al caso, el de los medios de comunicación. La muerte de Danny y el policía que se encarga de investigarlo animan a que se acerque hasta la localidad una periodista de un medio nacional que recurre al sensacionalismo para llenar portadas. Con ella, y el pequeño periódico local, se completa el círculo. Información sin escrúpulos, todo un pueblo en vilo y un dúo policial que debe evitar que la presión social dificulte la investigación.

Como ocurre en muchas de las series que siguen los pasos de Forbrydelsen, la relación entre los dos policías es un asunto clave.  Ellie Miller vuelve al trabajo precisamente el día que aparece el cuerpo de Danny. Vecina de la familia y madre del mejor amigo del niño, Ellie aporta cercanía e incredulidad a todo lo que sale a luz durante la investigación. Ella es de Broadchurch y no se imagina que nadie del pueblo fuese capaz de hacer algo así.  La actriz Olivia Colman, a las que muchos reconocerán por papeles cómicos en series como Twenty Twelve o The Office,  saca en este papel  su faceta más dramática, algo que  ya había hecho en Exile, y de nuevo con grandes resultados.  Su contrapunto es el detective Alec Hardy, que eligió la localidad como un destino tranquilo y apartado del mundanal ruido tras un polémico y fracasadp caso que aún le provoca estrés postraumático. Desconfiado y quizás algo insensible, chocará con su compañera, sobre todo, en la manera de afrontar los interrogatorios e incluir a vecinos de la localidad en la lista de sospechosos. David Tennant, actor que interpreta al inspector Hardy, se esfuerza en sacar su lado menos empático aunque con el paso de los episodios también sacará a la luz sus debilidades.

Broadchurch estaba pensada para una única temporada. El propio creador de la serie, bastante abrumado con el éxito de su ficción, reconocía hace unas semanas en una entrevista que no veía posibilidad de una segunda entrega.  El éxito de audiencia y las buenas críticas han conseguido que se tenga que arrepentir de sus palabras. Broadchurch ha sido renovada aunque prometen que la segunda temporada será totalmente diferente.

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Top of the lake

De Danny Latimer saltamos a Tui, pero no al que está a orillas del Miño sino a una que se encuentra más bien en las antípodas.  Tui no es la población que se nos viene a la mente sino una menor embarazada desaparecida y a la que buscará una de las actrices más emblemáticas de Mad Men  Elisabeth Moss abandona temporalmente el papel de Peggy Olsen para dar vida a la agente Robin Griffin, la detective que protagoniza esta miniserie británica-australiana que recibió grandes críticas en el festival de Sundance.

Top of the lake  se aleja más del patrón marcado por Forbrydelsen. Hay una investigación policial, una menor implicada pero su historia esconde mucho más. No es un caso cualquiera y tampoco un lugar cualquiera, asegura una de los anuncios de promoción de la serie.  Y es que en Top of the lake es casi tan importante la historia como la atmósfera. Nueva Zelanda  muestra su mejor cara en esta producción, que algunos critican por intensa pero que no tiene miedo a romperle los esquemas al espectador y sorprende con momentos surrealistas y cómicos.

Elisabeth Moss no tiene un compañero inseparable en su búsqueda. Robin es el eje de la historia y ocupa en ocasiones más minutos de los que debería. Su vuelta al lugar donde se crió y el caso de Tui le harán revivir el desagradable acontecimiento que le obligó a abandonar ese lugar que en tantas y tantas escenas de la serie nos invita a perdernos. Se trata de lago Wakapu, en cuyos alrededores los creadores de la serie encontraron el Paraíso, esa finca donde se instalan un grupo de mujeres que siguen a una peculiar guía espiritual, a la que da vida una Holly Hunter irreconocible.

Esta peculiar caravana de mujeres, la historia de la niña desaparecida, el negocio de la droga y el pasado de la detective se unen en el cóctel de Top of the lake,  que a pesar de tanto material y tanta desgracia es capaz de transmitir paz  y calidez al espectador.  Quizás crea demasiadas expectativas en su arranque y al final la historia se vuelve un poco irregular pero cautiva con su originalidad.

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¿Por qué engancha tanto «Homeland»?

10 de abril de 2013 a las 7:58

Hoy, al fin, es el día. Tras meses de anuncios, Cuatro estrena hoy en abierto Homeland. Llega al gran público español, mejor dicho, a los que no la hayan visto todavía, la serie revelación de los últimos años. La cadena nos ha recordado hasta la saciedad que se ha llevado seis premios Emmy,  tres Globos de Oro y que es la serie que tiene en vilo al mismísimo presidente de Estados Unidos pero a estas alturas a Homeland no le hacen falta presentaciones. La pregunta ahora es qué tendrá esta serie para gustar a todo tipo de públicos y  ¿por qué nos engancha tanto? Estos son algunos de sus puntos fuertes y posibles motivos

1. Cosas de espías

Las tramas de espionaje siempre han funcionado bien. Al ser humano le encanta fantasear con los sistemas de inteligencia y con lo que ocurre en los despachos de la CIA. Hollywood ha sabido aprovechar toda esa curiosidad. Primero fueron los espías norteamericanos y rusos pero desde el 11-S ha surgido un nuevo objetivo, el terrorismo islamista.  Homeland parte de esa baza aunque ha querido alejarse del discurso tradicional de buenos contra malos. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Es todo una cuestión de matices pero sin llegar a incomodar al público norteamericano, muy sensibilizado con la causa. Sobre todo en la primera temporada, la serie juega con esa  delgada línea que separa el bien del mal pero ese espejismo desaparece con el paso de los capítulos. Después los bandos se van aclarando y la serie deja claro de qué lado tendrías que estar. Sí que es una serie de buenos y malos pero algo mejor camuflada que otras.

2. Pasión por Carrie

Desequilibrada, imprevisible, frágil e incansable. Así es Carrie Mathison. En la vida real probablemente no querríamos tener nada que ver con una persona así pero en Homeland el espectador aprende a querer a Carrie en sus momentos de locura y disfrutar con su manera de afrontar su trabajo, que en realidad, es toda su vida. El manejo de la actriz Claire Danes de su rostro y especialmente su habilidad para desencajar los ojos son unos de los culpables de que nos creamos este personaje, que pensándolo en frío, no duraría más de dos días en una agencia de inteligencia por muy buena que fuese. La actriz se pone el traje de chaqueta, cara lavada con ojeras y apura el paso y aparece Carrie Mathison, con sus intuiciones y sus arrebatos. Me atrevería a decir que ella es más de la mitad del éxito de Homeland. La serie podría resistir sin Brody, sin Abu Nazir e incluso sin Saul, pero nunca sin esa rubia chiflada que nos enseñó la importancia de un bolígrafo verde y a la que siempre recordaré feliz como unas castañuelas huyendo por los puestos de un mercado de Beirut.

3. Ritmo de infarto

Existe un antes y un después de la serie. Nos ha malacostumbrado y ahora nos cuesta creer que en otras series tarden 16 capítulos en contarnos lo que Homeland es capaz de resolver en dos y sobrándole unos minutos para que los protagonistas coqueteen.  En la primera temporada puede dar la sensación de que la historia se iba a estirar como un chicle y que evitarían avanzar en la trama. Pero no es así y  han dejado claro que hay material de sobra y están dispuestos a romperle los esquemas al espectador las veces que haga falta. Sólo en el arranque de la segunda temporada, esos primeros cinco capítulos de infarto, se ventilan una tras otra todas aquellas situaciones que los espectadores, y muchos críticos, esperaban que se reservasen para el episodio final. En Homeland siempre hay un guionista dispuesto a pisar el acelerador.

4. Trabajo de guión

Los guionistas de Homeland son unos auténticos expertos en darle un vuelco a la trama capítulo tras capítulo. A los encargados de elaborar el guión de la serie pocos peros se le pueden poner. Se podría debatir y criticar si la trama es creíble pero no se puede negar que el desarrollo es prácticamente impecable. Capítulos intensos, con un buen dominio del ritmo y con constantes giros inesperados.  Se nota que Homeland es el resultado de muchas horas de trabajo de guión y muy bien empleadas. No sólo por todo lo que ocurre en sus dos temporadas sino por cómo abren y cierran conflictos sin trompicones ni pasos en falso. No hay apenas altibajos, ni cabos sueltos, ni palos de ciego. Todo lo que ocurre tiene un sentido, antes o después.

5.Tensión sexual ¿bien resuelta?

Aunque me duela reconocerlo, la tensión entre Carrie y Brody es una parte importante del gancho de Homeland. No soy nada amigo de todo lo que Hollywood nos vende como romanticismo/pasión pero en este caso está claro que la relación entre la agente de la CIA y el marine es clave. No por el hecho de saber si acabarán juntos o no, detalle que en realidad no me preocupa, sino porque los vaivenes en la relación entre ambos condicionan buena parte de lo que ocurre en la serie y la manera de actuar, sobre todo, de la inestable Carrie. Aunque es un útil recurso, también creo que en ocasiones el ‘te quiero pero no te debería querer’ ocupa demasiados minutos y un buen ejemplo de ello es el último episodio de la segunda temporada.

 

Homeland no es una serie perfecta, así que no sería justo dejarlo aquí. También tiene sus defectos. La serie no brilla cuando le dedican minutos a la familia de Brody, especialmente con ese intento de darle más protagonismo a Dana.  Además, en Carrie se confunden rasgos del trastorno bipolar y la psicosis y en muchas ocasiones parece que los guionistas se olvidan de que en Estados Unidos existen medidas de seguridad y que no es tan fácil colarse en un edificio del Gobierno con una bomba o un arma. Detalles como estos últimos le restan verosimilitud, algo que con el paso del tiempo podría volverse en su contra.  De todos modos, es ficción y hay que asumirlo. Por eso, todos aquellos que todavía no lo hayan hecho, deberían darle una oportunidad a Carrie, Brody, Abu Nazir, Saul y al resto de los que han convertido Homeland en la serie de la que todo el mundo habla. Cuatro emite hoy en primetime los dos primeros episodios pero veremos cuánto dura el experimento. Con dos años de retraso, espero que no cuenten con reventar audímetros.

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«Juego de Tronos» regresa con más sangre y nuevas dosis de fantasía

27 de marzo de 2013 a las 18:05

 

Internet está repleto de cuervos. Las aves negras viajan casi a diario desde los Siete Reinos para traernos pinceladas de lo que nos espera a partir del domingo. Se acerca el 31-03-13,  el regreso de Juego de Tronos.  La serie de HBO ha apostado por una campaña de promoción sin precedentes, no tanto por espectacular sino por la cantidad de contenidos que han publicado en su  canal oficial en las últimas semanas. Varios tráilers, imágenes de producción, entrevistas con los protagonistas pero siempre intentando no desvelar muchos detalles de la trama. Sólo una cosa queda clara. Todo está listo para esa guerra que se lleva cocinando desde el primer capítulo.

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«Desde el principio siempre aspiramos llegar a la tercera temporada», asegura uno de los productores de la serie. Basada en la primera parte del tercer libro de George R.R. Martin, la tercera temporada llega cargada de giros que harán que buena parte de los principales personajes acaben en unas circunstancias muy diferentes a con las que arrancarán en el primer episodio.  Los que se hayan leído los libros ya sabrán buena parte de lo que ocurrirá pero  sus creadores prefieren mantener en secreto la trama y anuncian que habrá cambios. Por ejemplo, en el peso que tendrán determinados personajes y en la solución de algunos conflictos, porque el libro que comienzan a adaptar es uno de los más intensos de la saga. Habrá más batallas,  nuevas luchas de poder, más enemigos y también más romances, tal y como aseguran dos de los productores en una entrevista en  Los Angeles Times.

En la lucha por el trono de hierro aparece un nuevo aspirante, Mance Rayder, el líder de los salvajes, una de las principales incorporaciones de la temporada. Ha conseguido crear un ejército fuera del muro y unir a los diferentes clanes para preparar una ofensiva y tratar de acceder al interior del muro.  «Es radical y peligroso», nos advierten los productores, que en un pequeño avance ya desvelan que consiguió unir fuerzas asegurando a los diferentes grupos que viven más allá del gran muro que si no acceden a los dominios de Westeros, todos morirán. «Si atacáis el muro, moriréis todos», les advierte John Snow, aunque Mance sabe perfectamente como funciona la Guardia de la Noche.

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Con su tercera temporada, Juego de Tronos  se consolida como uno de los platos fuertes de HBO, en un género en el que nunca había alcanzado tanto éxito. Entre sus bazas está la labor de producción. Los escenarios, las localizaciones y la ambientación son impecables, cuidando hasta el más mínimo detalle. Los nuevos capítulos se  han rodado entre Irlanda del Norte, Croacia, Islandia, Marruecos y Croacia. Se incorporan nuevos sets y el equipo de producción ha tenido que esforzarse más porque habrá más fantasía que las anteriores entregas. Aquellos pequeños dragones que se posaban sobre los hombros de Daenerys Targaryen ya han alcanzado el tamaño de un perro y les han tenido que construir unas jaulas específicas para las grandes caminatas por el desierto. No es el único reto. La vida más allá del muro, los nuevos ejércitos y los barcos también han supuesto horas de trabajo para el equipo.

Otro de los pocos detalles desvelados de la nueva temporada figura el cameo de George R.R. Martin, que según informaba esta semana Deadline, aparecerá en uno de los capítulos, aunque sin poder confirmar que papel interpretará.  Martin también dirige uno de los capítulos de la temporada y, al parecer, está negociando con la cadena la posibilidad de emitir una precuela de Juego de Tronos porque en HBO ya temen que se les agote el filón. De momento, todavía les queda mucho por contar. El conflicto está al rojo vivo.  Todo está listo para la lucha del fuego contra el hielo, «civilizados» entre ellos y contra los «salvajes», en los campos de batalla y fuera de ellos.  Todos buscan los mismo, el trono de Joffrey.  «Acabaremos cuando hayamos terminado con todos nuestros enemigos», le dice su madre Cersei Lannister a su hermano Tyrion.  «Tomemos su hogar, tomemos su oro, hagámonos con su poder», comenta Rob Stark con su madre. «No tendré piedad», sentencia Daenerys. La  gran batalla ya está aquí y nadie parece estar dispuesto a ceder.

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«House of cards», un traje a medida para Kevin Spacey

17 de marzo de 2013 a las 10:53

Como los buenos trajes, cuando los personajes se hacen a medida se nota. El de Frank J. Underwood , el protagonista de House of  Cards,  está perfectamente tejido para que se luzca Kevin Spacey. El traje de congresista vengativo no le hace ninguna arruga al actor, que incluso se defiende bien en los cara a cara con el espectador, una fórmula a la que nunca le he encontrado mucho sentido.  Estratega, rencoroso, manipulador, orgulloso y adicto al poder, Francis es todo aquello que le presuponemos a los políticos de traje y corbata. Aun así, Spacey no lo tenía fácil porque el personaje era un regalo envenenado.  Tenía difícil convencernos de que existen una persona capaz de analizar hasta la última consecuencia de cada una de sus palabras e ir siempre por delante de lo que van a pensar sus compañeros de partido, ahora más que nunca, la mayoría enemigos.

Francis Underwood es la persona que maneja todo los hilos en el Congreso. Este demócrata del Estado de Carolina del Sur se encarga de asegurarse que todas la iniciativas cuentan con los apoyos necesarios, que las leyes cuentan con el apoyo de los sectores más críticos y de mantener contentos  a los congresistas independientes.  Su don es conseguir que todo salga bien pero con la elección del nuevo presidente, a Frank le habían prometido que dejaría la fontanería del Congreso para saltar a la primera línea de la política, como diría Esperanza Aguirre, y asumir el puesto de Secretario de Estado.  No será así. Con una de esas argumentaciones políticamente correctas- “te necesitamos más que nunca en el Congreso”, le dice la mano derecha del presidente- a Frank le comunican que el presidente ha dado marcha atrás y no será el encargado de dirigir la diplomacia estadounidense. Y ahí sale a la luz el verdadero Francis J. Underwood,  el que diseña una estrategia para vengarse desde dentro, aprovechando su posición y su poder.

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Kevin Spacey lo es casi todo en House of Cards. De hecho, si el protagonista fuese un congresista soltero lo sería todo. Ni el presidente, ni el resto de congresistas, ni tampoco la joven periodista a la que le filtra información, personaje que debería ser el contrapunto de Frank pero se desinfla a partir del cuarto capítulo.  Nadie le hace un poco de sombra, excepto Robin Wright. La actriz interpreta a la mujer de Frank y en ocasiones le eclipsa con un personaje casi más ambicioso que el de Kevin Spacey y que combina  magistralmente sus ansias de poder con dosis de frialdad, elegancia y dureza. Perfecta en cada uno de los planos y con un flequillo inamovible en más de diez horas de serie, Claire es cualquier cosa menos una mujer florero. Es parte esencial de los planes de su marido, esos que entre diseñan sentados sobre el altillo de uno de los ventanales de su casa mientras comparten un cigarrillo. Les une el amor por el poder y la ambición, saben aprovecharse uno del otro y esa es la pieza básica de una relación inverosímil al principio pero que vas a asimilando y entendiendo con el paso de los capítulos.

House of Cards es la primera apuesta de Netflix, una plataforma que permite ver contenidos en streaming en Estados Unidos.  La serie, que flojea en varios capítulos y en el final de temporada, es una adaptación de una ficción británica de principios de los 90 que narraba un caso similar tras el gobierno de Margaret Thatcher. La adpatación, además de con un buen elenco, cuenta con otro aval tras las cámaras, David Fincher, el director de Seven o El Club de la Lucha.  Con ellos recorremos de nuevo los pasillos del Congreso y de la Casa Blanca aunque con una visión totalmente opuesta a la que daba El Ala Oeste de la Casa Blanca. Amenazas, engaños, puñaladas traseras y campañas ocultas. Esa es la política de Frank J. Underwood y su manera de conseguir que las cosas siempre salgan bien, porque como repite en varias ocasiones durante la serie, «el fracaso no es una opción».

 

 

House of Cards 

Estrenada el 1 de febrero en Estados Unidos, la primera temporada de la serie cuenta con 13 capítulos de aproximadamente una hora de duración.

Netflix ya ha confirmado su renovación y la serie tendrá una segunda temporada, ya en fase de producción.

En España, la serie se puede ver en Canal+  

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Los crímenes de Oresund

3 de marzo de 2013 a las 10:58

Un mismo caso y cinco realidades incómodas tienen en vilo a  las policías de Dinamarca y Suecia.  El conocido como asesino de la verdad se las ingenió para involucrar a ambos cuerpos colocando un cadáver en el centro del puente Oresund, el que une Copenhague y Malmö,  de manera que  el torso queda en territorio danés y las piernas en sueco. Así arranca Bron/Broen, una serie escandinava que, al igual que ocurrió con Forbydelsen, pronto tendrá remake americano.

El thriller policial parece ser un género que dominan en el norte de Europa. De nuevo, los protagonistas son los agentes encargados de la investigación, una peculiar pareja formada por una policía sueca fuera de lo normal, Saga Noren, y el detective danés Martin Rhode, que asume el caso pocos días después de someterse a una vasectomía.  Saga y Martin son polos opuestos. Ella metódica, inagotable, estricta y parca en palabras. Él, en cambio, de carácter pausado, descuidado y acostumbrado a saltarse a las normas. Son Suecia y Dinamarca, o así nos las presentan. Los agentes, muy a su pesar, tendrán que unirse para resolver el crimen del puente, que en realidad, es sólo la primera pieza de un plan perfectamente diseñado para denunciar  injusticias de la sociedad actual. La desigualdad entre ricos y pobres,  el problema de los sintecho, la inmigración o  la explotación infantil son algunas de las realidades que sacará a la luz el criminal con sus acciones. Él crea un nuevo concepto, el terrorismo de la verdad. Ese disfraz de justiciero le permitirá lograr gran repercusión en los medios de comunicación, con la inestimable colaboración de Daniel Ferbé, e incluso un cierto nivel de aceptación en Internet.

El desarrollo de la serie es magistral. Sus creadores son capaces de aportar en cada episodio los alicientes suficientes para mantener un ritmo constante y que no se te quiten las ganas de ver el siguiente. En diez entregas de una hora, la trama se complica en miles de ocasiones, la investigación avanza y retrocede, la falta de química entre los protagonistas empieza a convertirse en sintonía y el asesino de la verdad muestra su verdadera cara. Quizás, es en este aspecto, donde los guionistas no se lucen especialmente. Para no desvelar detalles importantes de la serie, sólo diré, que cuando llega el momento de descubrir al asesino es demasiado obvio, parece menos planificado que el resto de  las tramas y le falta algo más de relación con todo ese armazón que rodeaba su figura.  De todos modos, merece, y mucho, la pena aguantar hasta el desenlace que, al igual que el resto de la serie, se cocina poco a poco en las últimas dos horas.

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Estrenada en septiembre del 2011 y ganadora del premio a la mejor serie europea del 2012, Bron/Broen ha ido poco a poco haciéndose un nombre en el panorama del viejo continente. Contribuyó y mucho la BBC, que al igual que con Forbydelsen, se atrevió ya el año pasado a emitirla en versión original con subtítulos.  Ahora, cuando ya están rodando la segunda temporada de la serie original, los americanos, poco amigos de subtítulos y tramas fuera de sus dominios, preparan además una adaptación. La serie danesa-sueca cruzará el charco y se convertirá en The Bridge, una de las grandes  apuestas de la cadena FX . El remake,que estará ubicado en la frontera entre Estados Unidos y México,  lo protagonizarán Diane Kruger, Demián Bichir y cuenta además con el aval de una de las guionistas de Homeland, Meredith Stiehm.

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Duelo de encasillados en «A Young Doctor’s Notebook»

17 de febrero de 2013 a las 8:35

Ver a John Hamm fumando un cigarro  y no acordarse de Don Draper es prácticamente imposible. Aunque la trama le sitúe en Rusia a principios del siglo XX, cuando el actor saca el tabaco y comienza a dar caladas reaparece el publicista de Madison Avenue. Figiendo el acento británico, con menos gomina e instalado en Rusia pero Don Draper.  Así de claro nos lo deja la miniserie británica A Young Doctor’s Notebook, en la que comparte protagonismo con otro actor encasillado,  Daniel Radcliffe, al que los espectadores seguirán buscándole durante años la cicatriz de Harry Potter.

Hamm y Radcliffe, o si prefieren Draper y Potter, se marcan un cara a cara en este experimento británico de apenas dos horas (cuatro capítulos que no alcanzan los 25 minutos).  Los actores dan vida, en diferentes épocas,  a un mismo personaje, un recién licenciado en medicina al que destinan a un pequeño pueblo ruso en plena revolución bolchevique. Inspirada en una de las obras del escrito Mikhail Bulgakov,  la serie muestra sus dificultades del joven doctor para adaptarse a su destino y cambiar las luces de Moscú por un paisaje en el que hay poco más que nieve.

La historia obliga a Daniel Radcliffe a mostrar su faceta más cómica. Sus peculiares compañeros de trabajo y pacientes consiguen desquiciar al joven doctor. La faceta de inexperto e  inseguro le viene como anillo al dedo pero el actor gana en las escenas en las que le sacan de sus casillas. John Hamm también abandona la seriedad pero, como ya ocurrió en una de las últimas temporadas de Mad Men,  le toca intrepretar el papel de cuarentón en decadencia. Aunque son el mismo personaje y no coinciden en el tiempo, el doctor inexperto se deja aconsejar por el médico en decadencia y posteriormente trata de alejarse de la que se le viene encima, aunque ya algo tarde.

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A Young Doctor’s  Notebook  no es una obra maestra pero sus cuatro capítulos, nada pretenciosos, consiguen entretener. Tramas sencillas, personajes que únicamente buscan que se te escape una risa y muchas escenas que sólo se mantienen gracias al buen hacer del dúo de protagonistas. Eso es  a lo que uno se expone cuando le da al play.   Los británicos, a los que muchos espectadores siguen considerando demasiado intensos, también saben hacer comedias resultonas aunque, para que lleguen hasta el gran público, tengan que recurrir a estrellas encasilladas. A ellos y, por supuesto, a Leopold Leopoldovich A Young Doctor’s  Notebook se lo debe todo.

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Grata sorpresa con «The Following»

29 de enero de 2013 a las 14:45

Hacía tiempo que no escribía sobre una serie tras ver el episodio piloto y no creía que fuese precisamente The Following la que me hiciese recuperar esa  mala costumbre.  La suma de un creador de la saga Scream, Kevin Bacon como protagonista y la cadena Fox, en principio, no despertó mi interés. Tras su estreno en Estados Unidos,  comenzaron a llegar a mis oídos buenas críticas y, este fin de semana, le di una oportunidad al primer capítulo y debo reconocer, que al menos el arranque, merece la pena.

The Folllowing  recupera a un clásico de la literatura para ponerlo en manos de un asesino en serie. Joe Carroll está obsesionado con la obra de Edgar Allan Poe. Cada uno de sus crímenes es un homenaje a sus relatos y entiende la muerte como expresión artística. Tras ocho años en prisión, este exprofesor universitario consigue escapar y para capturarlo piden ayuda al agente que logró encarcelarlo tras asesinar a catorce universitarias.

Ese exagente es Ryan Hardy, al que da vida el actor Kevin Bacon. Hace años que ha dejado el cuerpo, se ha dado a la bebida y vive de las rentas que genera el libro que ha escrito sobre el asesino. Capturar a Carroll fue el caso de su vida y acepta colaborar con la policía en una misión que no sólo consistirá en conseguir que el asesino vuelva a estar entre rejas. Ya  no está sólo. Joe Carroll ha conseguido crear una red de colaboradores que imitan sus acciones y colaboran en sus macabros planes.

El episodio piloto de la serie mezcla toda esta historia con momentos que nos recuerdan que su creador, Kevin Williamson, también trabajó en películas como Scream o Sé lo que hicisteis el último verano. Casas a oscuras, ruidos inexplicables y apariciones por detrás, todo esos recursos de película de miedo para adolescentes, también se cuelan en la serie. Pero lo que realmente consigue que The Following funcione es que tiene una trama potente detrás y la intensidad de los cara a cara entre Kevin Bacon y James Purefoy, actor que da vida al psicópata.

The Following arranca con buen ritmo y con una buena presentación de los personajes. La serie consigue en sus diez primeros minutos más que Banshee, lo nuevo de Allan Ball, en todo un capítulo. Yo apostaba por la segunda pero está claro que con las primeras impresiones no siempre se acierta.

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The Following comenzó a emitirse el pasado 21 de enero en Estados Unidos y llega a España con una semana de retraso. Esta noche se podrá ver el capítulo piloto en el canal TNT

 

 

Primeras impresiones
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«Mad Men» afronta su penúltima temporada

23 de enero de 2013 a las 21:45

 

A los publicistas de Madison Avenue le quedan 26 episodios. Comienza la cuenta atrás para el final de Mad Men y su creador, Matthew Weiner, reconoce que ya siente la presión de los últimos capítulos.

La sexta temporada de la serie, la penúltima,  ya tiene fecha de estreno. AMC emitirá el próximo 7 de abril un capítulo de casi dos horas, un doble episodio que Weiner se ha planteado como una película. «Cuenta su propia historia y espero que también augure el resto de la temporada», explica. Toda la nueva temporada hace referencia a lo ocurrido en la anterior y su creador deja claro que no  se podrá entender sin controlar todos los detalles de la quinta.

Los nuevos episodios de Mad Men  estarán, de nuevo, centrados en el personaje de Don Draper y Weiner,  como reconoce en una entrevista en Entertainment Weekly, pretende aprovechar esta sexta temporada para contar una «historia completa» sin tener en cuenta las consecuencias.

El salto en el tiempo y el regreso de Peggy son dos de los misterios mejor guardados de la nueva temporada. Por las fotos que se han filtrado de las grabaciones, se sabe que la actriz Elisabeth Moss ha participado en el rodaje pero todavía no está claro que papel desarrollará. También que Don Draper viajará con Megan hasta Hawai pero habrá que esperar hasta abril para saber más detalles y disfrutar del principio del fin.

Avance
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Diez motivos para ver series en el 2013

2 de enero de 2013 a las 15:51

El 2012 no ha sido un año muy fructífero en cuanto a series se refiere.  A mi agenda semanal se han incorporado pocos estrenos y espero que el recién estrenado 2013 se ponga las pilas. A la espera de lo que vaya deparando el año, así a bote pronto ya se me ocurren diez motivos para pasar parte del tiempo libre pendiente de la pantalla.

 

4 motivos que empiezan por 3

La primera temporada pone una serie en el mapa, la segunda lo consolida (o no) y en la tercera se juega no caer en la monotonía. En el 2013  cuatro grandes series tendrán que afrontar este reto:  Juego de Tronos, Luther, Sherlock y Homeland.  La que menos se hará esperar es la adaptación de las novelas de George R. Martin que ya ha confirmado que estrenará el primer capítulo el 31 de marzo y llegará a España, para los que tengan Canal+, con nueve días de retraso. El resto se harán esperar un poco más.  Lo más probable es que no sepamos nada de ellas hasta el otoño y eso, si la agenda de sus protagonistas, sobre todo en el caso de Sherlock , no retrasa más el rodaje.

 

3 adioses

Las últimas temporadas nunca dejan indiferentes. Finales inolvidables, inesperados, apresurados, abiertos… Hemos visto de todo y lo que nos queda. Este año les toca a tres series ya con muchos episodios a sus espaldas. La que más, Dexter  que tras su octava temporada se despedirá definitivamente. El declive de la serie de Showtime es imparable. Sectas, fé, sexo, mafias e incluso amor, los guionistas lo han intentado todo para recuperar el interés pero la historia, desde el final de la cuarta temporada, está gastada. Sólo queda saber cómo resuelven ese capítulo final y esperemos que, por variar, no aparezca Debra en el último minuto. En el caso de Breaking Bad solo queda media temporada. AMC apostó por el método de la midseason, al igual que ha hecho con la tercera temporada de The Walking Dead, y ya emitió en el 2012 los primeros ocho y en verano emitirá los ocho restantes.  A los guionistas le quedan unas ocho horas para cerrar la trama que abrieron con esa escena en el retrete de la casa de Walter White, así que tendrán que darse prisa.  El tercer adiós del 2013 será el de Treme, que se despedirá con su cuarta temporada, y nos dejará huérfanos de sus historias humanas y su banda sonora. A David Simon se le puede ocurrir cualquier manera para poner broche final a su homenaje y retrato de la ciudad de Nueva Orleans tras el huracán Katrina. Con una buena mirada de LaDonna  sobraría.

 

2 estrenos, por ahora

Las cadenas todavía tienen su agenda de estrenos en pañales pero ya están desvelando alguna de sus apuestas para el primer trimestre del 2013.  Las que más me han convencido son Banshee y The Americans. La primera, que se estrena el 11 de enero, supone el regreso de Alan Ball, el creador de A dos metros bajo tierra y True Blood, que ahora se traslada a Pensilvania para seguir los pasos de un  ex convicto que adopta la identidad de sheriff para tomarse la justicia por su mano.  The Americans, serie que estrenará FX a finales de enero, vuelve a explotar el filón de los espías aunque se traslada a la época de la Guerra Fría.

 

…Y un regreso muy esperado

Para muchos fue la sensación del 2012. Una apuesta arriesgada que fue creciendo como la espuma.  Black Mirror consiguió, con tres episodios, dejarnos a muchos impactados y con material para reflexionar durante semanas. Charlie Brooker ya tiene preparados otros tres capítulos que serán de nuevo totalmente independientes. Ni él ni la cadena han querido desvelar mucho sobre la segunda temporada aunque parece que el poder de las tecnologías volverá tener un papel protagonista en los nuevos episodios. El primero llegará a Reino Unido antes de que acabe enero y TNT lo estrenará en España el 25 de febrero.

Feliz 2013 seriéfilo a todos

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Escrito por David Suárez 2 Comentarios
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Ciudades de serie

24 de noviembre de 2012 a las 12:21

Visitar ciudades sin moverse del sofá y sin españoles que han tenido que emigrar por amor o por la crisis. Las calles las pisan personajes de ficción pero los espectadores aprovechamos sus pasos para conocer mundo. Los escenarios de las series nos permiten trasladarnos a urbes, muchas de ellas reales, que aportan personalidad y carácter a la trama. Nueva York siempre ha sido la preferida y sus rincones, parques y monumentos aparecen en buena parte de las ficciones que se importan. Pero cada vez le salen más competidores y con ellos nuevos paisajes que recorrer.

El Washington de «Homeland»

Me quedo con Homeland siempre con el permiso de El Ala Oeste de la Casa Blanca, que excepto en las campañas presidenciales, poco salía de las dependencias del presidente Bartlet y su equipo. Sin haber pisado la capital de Estados Unidos, gracias al poder ilimitado de Hollywood, nos hacemos una idea bastante aproximada de cómo es el Capitolio, la Casa Blanca o el Congreso. Homeland aporta algo más. Además de los pasillos de la sede de la CIA y del Congreso, la serie también nos muestra ciudad. La recorremos en coche con Jessica y los niños, en metro siguiendo a los objetivos de la agencia de inteligencia y también en alguna caminata a pie. Washington  aparece como una ciudad agradable y repleta de zonas verdes, esas por las que sale a correr Brody y en las que queda con Roya.  A Carrie la trama la sitúa en el barrio de Georgetown, menos solemne pero con más vida. Una zona ideal para una mujer que pisa poco su casa y que lo que necesita es cubrir apuros: supermercado, comida india y salir a tomar una copa. De la mano de Abu Nazir y de su séquito, la serie nos permite hacer escapadas hasta Afganistán o el Líbano, aunque las autoridades de este último país ya se han quejado de la visión que dio de Beirut en los primeros capítulos de la segunda temporada. Así que mejor nos quedamos únicamente con la imagen de Washington.

El Miami de «Dexter»

El Miami de Dexter huele al mejor café, ese que con sólo olerlo ya te despierta.  El clima asfixiante y esa humedad que a veces se convierte incluso en pegajosa, la ciudad nos la compensa con unas puestas de sol espectaculares, esas que a Dexter le pillan muchas veces en plena faena.  La serie de Showtime muestra una ciudad que es todo violencia, criminalidad y sangre pero con un toque de clase y distinción.  Abundan los crímenes de barrios acomodados, esos que forman bonitas casas de dos plantas con porche y que tienen aparcado delante un coche de esos que no cabe en las plazas de la mayoría de los párkings gallegos. Al “oscuro pasajero” del protagonista no le importa de vez en cuando hacer escapadas a los barrios latinos, contenedores del puerto o cabañas a las afueras pero se mueve mejor en South Beach y Ocean Drive. Miami es cálido y agradable pero tras siete temporadas todavía no han mostrado esos encantos ocultos que llevaron a  Alejandro Sanz y Julio Iglesias a instalarse en esta metropoli del estado de Florida

El Chicago de «Boss»

Fuera de los despachos del consistorio del alcalde Kane, Boss muestra un Chicago industrial y con un aspecto decaído. Escapan de los rascacielos y de la imagen que se nos dio de la ciudad durante el apogeo del fenómeno Obama.  Prefieren rodar en naves abandonadas, descampados y barrios marginales. Chicago parece una ciudad gris, sucia y un destino que difícilmente visitaría un turista. Es el ambiente perfecto para todo el entramado de corrupción y para que el tráfico de influencias fluya a la perfección. Con la rehabilitación del barrio de Lennox Gardens en la segunda y última temporada, la serie gana interés y vida exterior. Un barrio donde las bandas y la droga han ganado la batalla y que el alcalde quiere rehabilitar para colmarse de gloria. Ese es el Chicago de Boss, que  no parece el mismo en el que viven los protagonistas de The Good Wife, con sus oficinas de lujo y sus viviendas acomodadas en la periferia. Son dos caras muy diferentes de una misma moneda, aunque queda claro que en el Estado de Illinois los políticos nunca salen bien parados.

El Seattle  de «The Killing»

La ciudad de Seattle tampoco sale especialmente favorecida en la adaptación americana de la serie Forbrydelsen.  La investigación de la muerte de Rosie Larsen transcurre en una ciudad bajo una constante neblina y lluvia. La fotografía nos traslada a unos años atrás y el ambiente está medido para que siempre sea oscuro, decadente y nos transmita frío.  Los creadores han querido mantener las características de esos parajes nórdicos en los que se rodó la serie original y le han hecho una mala campaña de promoción a la ciudad de Seattle.  Pocos querrán viajar hasta allí para pasear por las calles en las que los detectives Linden y Holder se rompen la cabeza para descifrar ese puzzle que nos mantuvo en vilo durante dos temporadas (rompecabezas que se podría volver a desplegar porque se están planteando hacer una tercera entrega). Lo único que anima a plantarse en Seattle para hacer algo de turismo son esas largas extensiones de bosque por las que la policía busca alguna pista tras la desaparición de Rosie. Dan ganas de correr hasta donde ni siquiera se vea el Space Needle, ese pirulí que domina el cielo de la ciudad, y perderse.

El Nueva Orleans de «Treme»

La serie no solo está ambientada en Nueva Orleans,  la reconstrucción de la ciudad y sus gentes tras el Katrina es su verdadera historia.  Barrios totalmente destruídos, calles cerradas y negocios a la deriva. Un ambiente desolador pero que mantiene parte de su esencia. A pesar de los efectos del huracán, el Nueva Orleans de Treme sigue siendo una ciudad que no duerme y en la que las penas se ahogan con música. Lo ha vivido todo y parte de su atractivo es que supo aprovechar lo mejor de los que pasaron por allí.  David Simon nos propone vivir Nueva Orleans de noche y despertarnos con tiempo para poder pasear por las orillas del Missisipi antes de que anochezca. Como ya había hecho con Baltimore en The Wire, Simon hace un recorrido exhaustivo por muchos barrios de la ciudad y por algunos de sus elementos más identificables. Mientras los habitantes de ficción recuerdan al mundo que Nueva Orleans sigue ocupando un hueco en el mapa, los que nunca han pisado sus calles descubren que la ciudad es mucho más que el Mardi Gras.

El Albuquerque de «Breaking Bad»

Nuevo México es otro mundo. Pertenece a Estados Unidos pero va a otro ritmo. Albuquerque no es una gran ciudad y el desierto que la rodea anima a tomarse la vida con calma, precisamente lo que no puede hacer Walter White.  Desde el barrio residencial donde vive el profesor de química con su mujer hasta donde le llevan sus negocios ocultos, la serie muestra una de esas ciudades en las que el exterior anima poco a salir del coche. Calor asfixiante  poco movimiento en las calles y un vacío permanente en el horizonte. Sin embargo, parece que la serie ha ayudado a colocar a esta ciudad de 500.000 habitantes en el mapa y ha conseguido cierto movimiento de turistas dispuestos a conocer la ciudad de White y Pinkman. En Internet  son muchos los que ya han recurrido a  la cuenta de una vecina de la ciudad en la que muestra alguna de las localizaciones que se han colado en las cinco temporadas de la serie de AMC. Eso sí, por si alguien se lo plantea, que no pregunte por «Los Pollos Hermanos» porque en realidad el establecimiento se llama «Twisters».

El Atlantic City de «Boardwalk Empire»

Ese paseo de madera sobre la playa, los locales con sus alfombras rojas y los primeros grandes carteles luminosos. La serie de Nucky Thompson nos muestra un Atlantic City anterior a las moles a pie de playa y el furor por los neones. Una ciudad en la que se respiraba elegancia y clase sobre el paseo marítimo, aunque tras los locales se ocultaba comercio ilegal, contrabando y pobreza.  Gracias a Boardwalk Empire nos trasladamos a principios de siglo, allá por la década de los 20, esa en la que se aprendió a disfrutar de la vida y a vivir, como algunos repiten tanto ahora, por encima de nuestras posibilidades. Aunque probablemente llamen más la atención sus espectaculares interiores, de la mano de Jimmy Darmody visitamos la playa, con Margaret recorrimos los barrios y con Nucky los mejores y peores tugurios. Gracias a sus contactos, aliados y, sobre todo, gracias a sus enemigos también tenemos la oportunidad de pisar Nueva York, Philadelphia y Chicago.

El Londres  de «Hustle»

El bar de Eddie nos conecta con la vida de a pie de la capital británica. El resto en Hustle es el Londres que sólo se puede conocer a golpe de talonario. Los mejores hoteles, las oficinas de la City, rascacielos y palacetes en las afueras.  Los timadores de la banda de Mickey Bricks saben vivir y nos muestran la parte más glamurosa de la capital londinense. Son timadores pero de los que manejan cantidades acompañadas de un buen número de ceros, al menos cinco. De ahí que siempre frecuenten los mejores restaurantes, los clubes más selectos y las tiendas sólo aptas para sirs y lords.  Para los que lleguen a la ciudad en vuelos de bajo coste y no vayan a gastar más de 20 libras en el alojamiento, probablemente no podrán visitar ninguno de los sitios que aparece en la serie. Como mucho, alguno de los museos en los que la banda ha robado.  Para conocer un Londres más asequible,  siempre podemos irnos a patrullar con Luther, serie que acaba de empezar a rodar su tercera temporada, o investigar algún caso con Sherlock.

El Manchester de «Shameless»

Y seguimos en Reino Unido aunque pasando de lo más exclusivo de Londres a lo menos recomendable de Manchester. No creo que nadie viaje a este ciudad británica por lo que haya visto en la serie de Paul Abott. Shameless nos muestra esa parte de las ciudades que no suelen pisar los turistas, esos barrios en los que lo difícil es llegar a mitad de mes. Los Gallagher viven en uno de ellos y entre todos  se encargan de que conozcamos bien el día a día de los que viven en esas zonas de jardines descuidados, aceras incompletas y calles poco iluminadas. Con un humor sin tapujos, la serie nos habla de desempleo, familias desestructuradas y chavales que aprenden casi antes a delinquir que a hablar. Descampados, callejones y pasos subterráneos son sus escenarios habituales, tanto en la versión británica como en la americana, que traslada a la familia Gallagher a los arrabales de Chicago. Para  los que quieran completar su visión de Manchester, otra buena opción es la serie Life on Mars, que recorre las calles del centro y barrios con mejor aspecto en el 2006 y en los años setenta.

 

Como pertenecen a series, las ciudades también son de ficción. Sí hay partes de realidad en ellas pero la mayoría de las series que he mencionado no se ruedan habitualmente en la ciudad en la que está ambientada su historia. El Miami de Dexter está en California, el Chicago de The Good Wife en Nueva York y el Washington de Homeland a medio camino entre Virgina y Carolina del Norte. Son ciudades de serie, que sólo existen en la ficción y en unos cuantos decorados. De todos modos, merece la pena conocerlas porque sus creadores se han esforzado para que incluso sus vecinos no sean conscientes de que están siendo engañados. Si algunos de ellos se lo han creído porque no lo podemos hacer los que vivimos a miles de kilómetros.

 

Gran parte de esta entrada llevaba bastantes semanas escrita y el blog casi el mismo tiempo sin actualizar. Es por un motivo que se escribe con mayúscula. En las últimas semanas he viajado a muchas de estas ciudades de serie acompañado por un serón del que en ocasiones asomaba un pequeño brazo y salían sonidos, que aunque me duela reconocerlo, se parecen mucho a los de los zombies de «The Walking Dead». Todavía es pronto para que ella pueda disfrutar de esta forma tan económica de hacer turismo pero espero que algún día la sepa apreciar. En este mundo en el que le ha tocado vivir, unas buenas dosis de ficción e imaginación no le vendrán nada mal.

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Escrito por David Suárez Comentar
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