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La Voz de Galicia
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PILDORAS DE AUTOESTIMA

17 de octubre de 2017 a las 11:50

Conversaba con un paciente que afirmaba haber desconectado de todo cuanto le trasmitiera información sobre el mono tema que asola nuestro país. Se mostraba triste y angustiado por un futuro incierto y tener la sensación de que su autoestima estaba por los suelos.

Llevo trabajando cuarenta años, pagado mis impuestos, cumplido todos los requisitos administrativos para poder sacar mi familia adelante. ¿Y para qué? España se deshace, mis hijos están condenados al paro, la corrupción, la mediocridad y la ignorancia infectan todas las estructuras del Estado. La leyenda negra de la España pícara y atrasada, holgazana e insolidaria, sigue viva. No tenemos remedio, estamos condenados a ser un pueblo de mercadillo, sangrías y vertederos incontrolados, maestros en subsidios y puentes laborales.

La ciencia dice que estamos hechos de átomos pero en realidad estamos hechos de historias. Cuando uno se cuenta su historia en la forma que lo hacía mi paciente lo de menos son los átomos; por supuesto que estos están por los suelos cuando uno se siente así, pero su precariedad no es la causa del relato sino su consecuencia.

Una dosis de psicofármacos puede ser eficaz para aliviar el dolor de la realidad, pero si esta persiste volverá a desmoronarnos. No hay píldoras de autoestima.

Sólo si somos capaces de vislumbrar  un relato capaz de cambiar nuestra percepción de la realidad tendremos esperanza.

La ONU informa acerca de España: la mayor obra de ingeniería civil del mundo -el nuevo canal de Panamá- la están  haciendo españoles, los que están construyendo el AVE Meca-Medina también, la mayor multinacional del mundo de la moda está en Galicia.

Son españoles los que están desarrollando el programa más ambicioso de control aéreo del mundo y líderes en trasplantes de órganos.

En España se producen menos de 300 asesinatos al año, lo que nos hace el quinto país más seguro del mundo. El segundo país en esperanza de vida y la tercera tasa de mortalidad infantil menor del mundo  gracias a un sistema sanitario  excelente, gratuito y universal. Somos el octavo país en aportación del PIB al estado del bienestar, por delante de Alemania y EEUU y  la tercera potencia mundial en turismo.

El deporte español hace podium en todas las disciplinas. La enseñanza del español sube más que el chino y el inglés..

Tenemos un patrimonio cultural, literario, artístico, y gastronómico asombroso. Una riqueza natural  admirable, líderes en el cuidado de la biosfera,  la utilización de gas y energías renovables.

Uno de los países más tolerantes y el  que más emigrantes ha  legalizado en Europa, además de la decima potencia económica mundial.

Este también es nuestro País.

Elija usted el relato que  más le tranquilice y deje las pastillas.

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EN EL DIA D

1 de octubre de 2017 a las 20:34

La definición de angustia más sencilla que ofrece la Psicopatología europea es  “El miedo a no saber qué” o “La tensa espera”, haciendo referencia a los síntomas físicos y psíquicos que la incertidumbre nos produce frente a un peligro real o imaginario, ” No son las cosas las que nos asustan sino las ideas que nos hacemos de las cosas” -Epícteto dixit– .

Borges definía la angustia como “la brecha que separa el antes del después”.

El prefijo “angst”  (agobio, angostura, angina etc..) señala la sensación de ahogo o presión en el pecho que estas situaciones desatan en nosotros.

El delirio no se tiene, en el delirio se está. El delirio es un pensamiento irrefutable a la argumentación lógica que se presenta como una certeza incuestionable y excluyente  para quien se instala en él. Quienes viven en el delirio no dudan, tienen la certeza de que las cosas son y serán como ellos piensan,  en ell@s  no hay angustia, si acaso ira y  violencia a la hora de imponer su realidad.

La democracia  es el sistema de gobierno menos malo, pero lo bueno que tiene es que nos protege precisamente de quienes quieren imponer sus delirios a los demás sin atenerse a las reglas consensuadas entre todos, a las Leyes capaces de embridar  todas las ideas.

Soy hijo, nieto, bisnieto  y tataranieto de gente catalana. En mi casa se hablaba catalán a pesar de ser la primera generación que nació y creció fuera de Cataluña cuando mis padres emigraron a Madrid, como tantos otros catalanes. La papilla cultural en que me crié  fue catalana.

En mi familia  disfrutábamos de  todos los rituales entrañables que esa cultura posee. Mi padre nos llevaba al Círculo Catalán de Madrid del que era socio activo a ver Els Pastorets  en Navidad, hacíamos “cagar al tió”, comíamos canalones y carn d´olla el día de San Silvestre, coca en San Juan y calçots en primavera. Mis tíos nos mandaban el aceite, la butifarra, la llonganisa, los panadóns, la ratasía y demás petiscadas en un paquete anhelado una vez  al año. Y bebíamos cava con porrón.

Veraneábamos en Cambrils y subíamos al pueblo de mi madre en la fiestas patronales a bailar la sardana y faenar en la recogida de avellanas y almendras.

Mi padre era catalán hasta las cachas y siempre resultaba enigmático oírle decir  que “lo dificil no era ser independentista, sino ser catalán fuera de Cataluña”.

Desde la angustia de un día como hoy le entiendo perfectamente.

A él y a todos los catalanes que amamos esa tierra tanto como aquellas otras Españas dónde vivimos, trabajamos y en las que probablemente moriremos.

Siso y Seny por favor, acaben con esta angustia.

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CONVERSACIONES DE CANTINA

24 de septiembre de 2017 a las 17:04

La cantina de la estación era el punto de encuentro de los jóvenes del pueblo al acabar el día, a última hora de la tarde la gente no jugaba al dominó ni a las cartas, únicamente bebía cerveza en botellines, miraba la televisión y conversaba sobre las noticias del día.

El ambiente olía a tajo y fatiga pero era acogedor de complicidades y discrepancias de todo tipo.

Joan regentaba el local con la displicencia cercana de quien no tiene más frontera que una pequeña barra de bar.

Aquella tarde el murmullo parroquiano era más sonoro que el habitual, Jordi, un joven fontanero currante y con hijos, contaba haber leído que un tal Peter Turchin, predecía a través de un algoritmo con el big data que el 2020 iba a ser un año muy malo para todos nosotros. ¿Te parece raro? -replicó Esteve- era visto ¿ o pensabais que los huracanes premium que han asolado Centro America y los terremotos de Méjico son una casualidad? No tíos, es un aviso a navegantes.

Laura, una fisioterapeuta de la C.U.P, vital y morena abundó: pues algo tendrán que ver la bomba H del gordito norcoreano en su particular pelea de gallos machistas con el del musgo pelirrojo en la frente. Digo yo! ¿o no?

El big data de Turchin contempla muchas más variables. El lío de religiones, el cambio climático, las hambrunas y la vuelta al pasado, unos a vengar las cruzadas, otros a exhumar a Lluis Companyns a Franco y a Dalí, al revisionismo de todo como solución a un futuro incierto que no sabemos inventar y nos devuelve al pasado.

Estamos congelados  porque no tenemos leña, ideas ni ideologías nuevas que quemar  y lo que hay no calienta nada; la única solución que encontramos es atizar la leña del pasado y seguir viviendo en blanco y negro. Lo malo es que el pasado está cargado de un combustible de errores y atrocidades de alto voltaje que  a nada que lo soplas estalla. Es una lástima pero yo, que soy neurólogo -confesó ante sus viejos amigos y una woll damm en la mano- os aseguro que no existen  pastillas para el  olvido y que cuando se soplan los rescoldos arde todo otra vez. Quizás estemos llegando a un punto sin avance y tengamos que extinguirnos como los dinosaurios, que es lo que predice Turchin que además es ruso y los rusos, cuando se ponen serios, son temibles.

 

Daniel, el alcalde del Pdecat, cabizbajo e inmóvil, escuchaba la conversación sin mover un músculo. De pronto rompió el silencio y mirándose el dedo índice  dijo : “me cago en deu, tinc una puncha al dit que me fa molt mal”.

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ALGUNAS PRECISIONES

17 de septiembre de 2017 a las 16:14

En el totum revolutum agobiante y cansinero del asunto catalán que nos ha robado el verano y amenaza con amargarnos el otoño, no podemos minusvalorar el problema que supone no reconocer las fuentes de autoridad en una sociedad que ha torpedeado su propia tradición de saber común, convirtiendo en ídolo todo tipo de ignorancias y pasiones.

Palabras tan manoseadas estos días como, desobediencia, autoridad, autoritarismo, libertad, legalidad, miedo, diálogo…se usan y abusan tocando de oído, sin otra partitura que la del cliché enlatado que vale igual para un roto que para un descosido, vaciándose de contenidos y de capacidad de orientación.

Antes de seguir con esta tragicomedia convendría hacer algunas consideraciones previas.

En su análisis sobre el poder D.M. Wrong clasifica las diferentes modalidades de ejercicio del mismo según sea el tipo de  relación: asimétrica o de igualdad. En las primeras se recurre a la fuerza y la manipulación a la hora de ejercerlo, en las segundas a la persuasión y la autoridad. El vocablo autoridad proviene del verbo augure que significa aumentar, crecer, progresar. Muy lejos del sentido con el que se maneja.

Mientras que el poder que se ejerce por la fuerza tiene su sustento en la violencia, la manipulación es un poder que se ejerce ocultando las intenciones mediante un esfuerzo deliberado de influir en la sociedad a la que no se le  comunica explícitamente las intenciones del poderoso.

La autoridad es legítima cuando se sustenta en leyes consensuadas y sólo en el contexto de actividades gobernadas por reglas compartidas tiene sentido hablar de la libertad de elección.

Desobedecer las reglas no es obtener la libertad perfecta, sino crear una situación donde la noción de libertad no tiene asidero, resultando contradictoria la afirmación de que para asegurarse la libertad de elección, es necesario desobedecer la autoridad.

La libertad verdadera acepta la autoridad de la misma forma que la autoridad verdadera reconoce la libertad. La libertad que no reconoce la autoridad es una libertad arbitraria y viceversa, la autoridad que no reconoce la libertad es autoritarismo. “Venceréis pero no convenceréis” le dijo la autoridad al autoritarismo.

En la medida en que la autoridad implica que la obediencia a los ordenamientos no sea impuesta sino que tenga sustento legítimo se puede afirmar que la crisis de la democracia de  y de Cataluña es una crisis de autoridad en el sentido auténtico de la palabra autoridad.

Escuchar a la impacientada Anna Gabriel decir que “no es verdad eso de que sin violencia se pueda hablar de todo” es una afirmación tan autoritaria y peligrosa como ignorante.

Intentar persuadir a la gente vendiéndole una Arcadia de humo o pretender ejercer la autoridad sólo a golpes de querellas,  también.

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SEÑORA MARTINEZ

10 de septiembre de 2017 a las 8:57

En medio del espectáculo bananero escenificado estos días en el Parlament de Cataluña dónde se han dinamitado las más mínimas normas democráticas, la señora Martinez puso el broche de oro al esperpento.

Una señora de edad y trayectoria política suficiente como para conocer el valor de los símbolos y lo que representa cualquier diputado electo, no tuvo reparo en levantarse y “limpiar” de banderas españolas los escaños vacios dejados por el grupo popular. Gesto que expresa el más ciego fanatismo de quienes, una vez despreciadas todas las normas democráticas, son capaces de eliminar sin más razón que su delirio a todo aquello que represente una idea u opinión contraria a su verdad.

La señora Angels Martinez, diputada de siqueespot y anteriormente militante del PSUC, se vino arriba jaleada por los antisistema de la CUP y eliminó sin miramientos a sus adversarios políticos y los más de un millón de catalanes a los que representan. Da mucho miedo pensar que haría esta señora con  todos los que no comparten sus ideas si algún día llegara detentar poder.

Señora Martinez, con todo el respeto que me infunden sus canas y su artrosis, le ruego se pare a pensar qué está haciendo con la democracia que tanto anheló y que le permitió estar sentada donde está incluso  envuelta en la bandera que quiera.

Señora Martinez cálmese, ya sé que le tiene ganas a todos sus adversarios ancestrales y que ya le tarda derrotarlos, pero la democracia se basa precisamente en eso, en combatir las ideas con ideas, no con salidas de pata de bancada, y las victorias con votos legales no de Monopoly.

Señora Martinez, entienda que por muchas banderas incómodas que retire y por mucho que lave los escaños con lejía, las ideas no de disuelven. A no ser que con su gesto nos quiera dar entender que si por usted fuera, no tendría reparo en hacer desaparecer  a cualquiera que no piense como usted.

Señora Martinez, ya es usted mayorcita como para entender en qué consiste  la democracia, por muy estupenda que se ponga mientras la jalean un seis por ciento antisistema de la población catalana.

Piénselo bien Señora Martinez, “no es aixó”, ni son estas las maneras que la mayoría del  pueblo de Cataluña quiere y necesita para conseguir sus anhelos.

Tómese un té con un Aromas del Monserrat o póngase a calcetar para calmar esos nervios y esa furia, pero deje las banderas en su sitio, las suyas y las de los demás.

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LA HORMIGA

4 de septiembre de 2017 a las 8:38

En medio de este  final agónico de verano desconcertante en noticias, sucesos, tormentas y despacitos, se ha colado una noticia diminuta que no deja de ser fabulosa: la presencia  de una hormiga paseando con ese tumbao de robot atáxico que tienen las hormigas al caminar, dentro de la vitrina  estanca que guarda el busto de la Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional. La  joya del arte ibérico  del siglo V a. C. protegida por las más sofisticadas medidas de seguridad y controles medioambientales, veía pasearse por su antiquísima nariz a una intrépida, despreocupada y tenaz hormiga.

Las hormigas son fascinantes por  la fidelidad insobornable con que se entregan  a su programa genético; son solidarias, organizadas, “bienmandás” y de una voluntad pétrea.

Si a una sola hormiga se le mete en la cabeza que tiene que ir a explorar el más allá no hay quien la pare, únicamente que la aplasten como a una hormiga durante su particular aventura.

No fue este el caso de la hormiga de la Dama que fue capaz de colarse por un agujero del Ministerio del Tiempo para husmear lo que había hace veinte y seis siglos. Asombroso!

La hazaña es doblemente épica porque a la valentía que se requiere para atreverse a cruzar el tiempo, ha de añadirse la audacia necesaria  para eludir y derribar el tótem de la seguridad tecnologíca y científica que tanto nos enorgullece, las revisiones periódicas, los certificados oficiales,  los protocolos de prevención de riesgos y los expertos en seguridad.

Nadie piensa en una hormiga cuando planifica su defensa, por eso vencen, porque  nadie sospecha que algo tan pequeño pueda sobrepasar un tinglado tan grande; sólo hay que ver la cara de pulgón  que se les ha quedado a un nutrido números de funcionarios y técnicos de puturrú que no aciertan a dar una explicación solvente de la proeza que les dejó a todos con el culo al aire.

Siempre pasa lo mismo, sofisticado armamento defensivo que queda obsoleto frente a una furgona pilotada por una hormiga fanática. Flotas colosales destruidas por un imprevisto viento Kamikaze, hombres y mujeres insobornables desarbolados por una sola mirada de lujuria.

La hormiga es un ejemplo de estrategia. La táctica consiste en saber elegir la mejor opción, la estrategia en saber qué hacer  cuando no hay nada que hacer.

La hormiga de la Dama es una cura de humildad para estos tiempos en los que lo que vende es lo exageradamente grande, los miles de “me gusta” en las redes sociales, los centros comerciales faraónicos, los conciertos multitudinarios, los records Guiness, el tenesmo tecnológico aplicado a todos los aspectos de nuestra vida,  la enorme soberbia humana…

Preguntarle a las hormigas.

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TRES TRISTES DIAS

31 de agosto de 2017 a las 10:01

Hablaba en el último tonel de lo efímero y transparente que resulta el mal cuando disminuye la presión de los medios mostrando sus imágenes a tiempo real. La sobreexposición del mal narcotiza y genera indiferencia.

Pues bien, no han tardado ni tres días en desaparecer los cadáveres y aparecer de nuevo la política partidista; ni setenta y dos horas en empezar a tirarse los muertos y las instituciones a la cabeza, ni tres noches en hacer el duelo y empezar otra vez con los duelos de siempre -cuando digo de siempre me refiero a siglos, no a una pachanguita dominguera-.

Parecería que estas horas tras la conmoción debieran ser un tiempo de reflexión y recogimiento dedicado a llorar a las víctimas y pensar causas y soluciones, pero nada más lejos de la realidad. Nuestros representantes no se han dedicado a pensar sino , como afirmaba Sir Williams James, ha reorganizar sus prejuicios. Otra vez la vuelta al infierno de lo mismo que “dona mes por” que la masacre.

Tres días han tardado los unos y los otros en recopilar victorias y señalar errores. En importar más quién debe encabezar la manifestación que los muertos, en no preocuparse tanto de la amenaza global como en qué marcador apuntar los héroes y los difuntos… Patético.

Recomendaba Ortega y Gasset a los nuevos diputados de las cortes españolas en 1931 no incurrir en “inútiles vocingleos ni en la violencia del lenguaje” añadiendo: “hay algo que no podemos hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor ni el jabalí”, justo lo que nuestra casta política y los medios de comunicación  -de todos los colores- siguen haciendo, lo que no contribuye a alimentar la convivencia democrática.

Al final del carrusel de verano que estamos sufriendo y que puede despedazarnos como una madre de Satán de tanto manipularlo, algunos dirán aquello de que  no hay nada de qué arrepentirse porque todo lo hicimos entre todos, lo cual es rotundamente falso.

 

No es verdad que no tengamos miedo, no es verdad que no podamos convivir respetando todos las reglas que nos hemos dado, no es verdad que una bandera valga más que un sólo muerto, no es verdad que un minuto de silencio valga menos que miles de declaraciones tribales, no es verdad que los intereses de poder sean más importantes que el poder de la solidaridad y la convivencia.

Sí que tenemos miedo, miedo a no saber combatir esta  amenaza, miedo a los nacionalismos exacerbados, miedo a la ignorancia, miedo a la manipulación, miedo a dejar de ser lo que somos, miedo al buenismo ingenuo, miedo a volver a hacer del pasado un  futuro.

Miedo a los payasos, los tenores y los jabalíes.

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INCONSCIENTES

20 de agosto de 2017 a las 23:00

Más allá del inconsciente freudiano existen otros que, si bien no forman parte de nuestra historia individual o arquetípica, nos atañen tanto como este.

Cuenta el tristemente desaparecido Salvador Pániker que, el polifacético filósofo Walter Benjamin hablando de lo que supuso el tránsito de la pintura a la fotografía, decía que en la pintura todo responde a la elaboración consciente del pintor mientras que en la fotografía se registraban percepciones insospechadas para el propio fotógrafo. A todo eso que está ahí pero no se capta con la mirada consciente Benjamín lo llamó “inconsciente óptico”.

John Cages, otro polifacético músico y filósofo hablaba del “inconsciente acústico” haciendo referencia a esos ruidos de fondo que siempre nos acompañan y no percibimos conscientemente.

Ejemplos de cómo hay cosas apreciables que estando ahí no se perciben salvo que dirijamos la atención sobre ellas.

A  todos estos inconscientes cabría añadir el actual inconsciente informativo que genera la cantidad de tuiters, de wasaps con chistes, memes, panfletos, videos, libelos y ocurrencias que recibimos a diario. Muchos ni se abren, otros se leen en diagonal, otros se miran sin leer y algunos captan la atención, pero todos generan ruido y configuran un “inconsciente informativo” que nos hace saber sin conocer.

A veces el contenido de este inconsciente se vuelve explícito y relevante haciendo buena la viñeta de Castelao: “xa que o sabes, voucho dicir”, y hoy son los medios de comunicación quienes lo dicen.

El último atentado de Barcelona y Cambrils es un ejemplo de cómo toda esa papilla informativa del hiperespacio que nos lleva alimentando el inconsciente hace años acerca del peligro yihadista no se hace explícita hasta que irrumpe masivamente en los medios. Es como si la información no remitiera a un acontecimiento, sino a la promoción de la propia información como acontecimiento, de ahí el caso omiso que tanto los tuiteros como los medios de comunicación han hecho de la recomendación de los mossos de no difundir imágenes de las víctimas del atentado. Sólo cuando la información sobre el desastre se hace masiva en todos los medios es cuando somos conscientes del peligro con el que convivimos; conscientes de ese ruido de fondo que  se hace explícito  cuando se trasforma en un acontecimiento informativo y que, una vez cese, volverá a desaparecer de la consciencia, porque fuera de los medios el mal se vuelve transparente, inconsciente y fugaz.

Pero el contenido del inconsciente siempre regresa y el islamismo infiltrará Europa no por el terrorismo, sino por la demografía y la moderación de los que hoy ponemos velas y  gritamos que “no tenim por“.

El monstruo está ahí pero sólo se ve cuando nos despierta en forma de pesadilla.

Hoy duele Cataluña.

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TURISMOFOBIA

12 de agosto de 2017 a las 16:07

La canción que petaba en el verano de finales de los sesenta cantada por los stop o los tres sudamericanos -no lo recuerdo bien- era: “el turista un millón novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve”,  que contaba la desdicha del turista que por salir deprisa del avión, perdió las atenciones que le brindaron al turista dos millones.

La versión actual sería la fatalidad del turista diecinueve millones novecientos noventa y nueve mil. La cosa cambia.

Nuestro país vive del turismo y cuanto más haya mejor nos irá a todos, es verdad. Pero para seguir siendo atractivos al mundo tenemos que mantener nuestra esencia y  si la sacrificamos a invasiones incontroladas de turistas la acabaremos perdiendo y siendo un sitio más pero con sol, alcohol barato y permisividad para el desmadre. Mucha gente ha tenido que huir de barrios de Barcelona tomados por los apartamentos turísticos, término eufemístico que oculta una cubanización de la hostelería y que llena el ambiente de incomodidad destrozando la tranquilidad y las rutinas de los vecinos.

El debate sobre cómo tenemos que gestionar la gallina de los huevos de oro para que -sino más lustrosa y rentable, al menos sobreviva- es más que pertinente y no podemos dejarlo al pairo de las consecuencias que pueda tener la falta de planificación.

Es evidente que una cuestión de tanta importancia debe debatirse en el Parlamento y se hace tarde que ningún grupo político haya puesto este asunto encima de la mesa para legislarlo mejor.

Lo que no es de recibo es que grupos de jóvenes radicales se dediquen a espantar a los turistas asaltando buses turísticos, puertos deportivos, coches de alquiler y terrazas de verano como si fueran velutinas invasivas a las que hay que exterminar.

Estos hechos vienen a ser una expresión más del intento posmoderno de chavales acomodados para escapar del vacío de una sociedad auto satisfecha: “Plutôt la barbarie que l´ennui” afirmaba Théophile Gautier. Estos actos delictivos no obedecen a la lógica de jóvenes desesperados que buscan cambiar una sociedad imperfecta y represiva, sino más bien a unos hijos de la clase media que se mueren de tedio y hayan en el grupo radical el amparo para excitarse con una violencia con causa pero sin razón.

Cuando falla la Política, aparece la política de tuiter y algarada.

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TERTULIAS

8 de agosto de 2017 a las 8:39

En el café Levante de Madrid -allá por el año 1904- existía  una tertulia dirigida por Don Ramón Maria del Valle Inclán a la que asistía lo más notable de la intelectualidad capitalina. En sus mesas recalaban para platicar sobre lo humano y lo divino gentes de la talla de Ignacio Zuloaga, Santiago Rusiñol, Rafael Penagos y gran parte de la llamada generación del 98.

Cualquiera sabe cómo  eran  esas fértiles reuniones informales con sólo haber visto o leído La Colmena de Camilo José Cela. Ese tipo de tertulia, abierta, sin membrecía remunerada, sin temas prefijados, espontáneas,  salpicadas de café, “sol y sombras” y  mirones, son un género extinguido que  ha mudado en una versión mediática que inunda las pantallas de todos los colores políticos para consumo de afines entregados. Nada que ver.

En las tertulias de antaño no había otro interés que el interés de sus participantes por comunicarse y debatir la realidad desde los más diversos conocimientos y puntos de vista.

Sería fantástico poder asistir a una de aquellas reuniones del café  Levante y escuchar a gentes de esa talla debatir sobre la realidad actual. Poder presenciar escenas del calibre de la que protagonizó una noche de mayo de 1904 Don Pio Baroja.

Aquella noche, los contertulios hablaban de los españoles y de las distintas formas de ser español -temática a la que dedicó un libro que lleva ese mismo nombre el siempre atento Julio Camba-. Don Pío permanecía callado y circunspecto, con una inseparable xapela calada hasta la mitad de la frente y su mirada quirúrgica. El médico y novelista vasco hablaba poco, pero ese día sorprendió a todos tomando la palabra y dijo: La verdad es que en España hay siete clases de españoles…sí, como los siete pecados capitales.

A saber:  los que no saben, los que no quieren saber, los que odian el saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, los que triunfan sin saber y los que viven gracias a lo que los demás no saben; estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”. !Genial el vasco! como casi siempre.

La verdad es que si uno lanza una mirada parabólica a la actualidad no sólo española sino mundial, cabría una categoría más a las descritas por Baroja: la de los que no saben y además viven de  que los demás tampoco saben.

Son tipos como Donald Trump, Nicolás Maduro, Kim Jong-Un…y tantos otros más domésticos a los que no quiero molestar con comentarios eruditos porque esto no es una tertulia del siglo pasado.

Por desgracia para todos.

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