Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es
La Voz de Galicia
Blogs de lavozdegalicia.es

TURISMOFOBIA

12 de Agosto de 2017 a las 16:07

La canción que petaba en el verano de finales de los sesenta cantada por los stop o los tres sudamericanos -no lo recuerdo bien- era: “el turista un millón novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve”,  que contaba la desdicha del turista que por salir deprisa del avión, perdió las atenciones que le brindaron al turista dos millones.

La versión actual sería la fatalidad del turista diecinueve millones novecientos noventa y nueve mil. La cosa cambia.

Nuestro país vive del turismo y cuanto más haya mejor nos irá a todos, es verdad. Pero para seguir siendo atractivos al mundo tenemos que mantener nuestra esencia y  si la sacrificamos a invasiones incontroladas de turistas la acabaremos perdiendo y siendo un sitio más pero con sol, alcohol barato y permisividad para el desmadre. Mucha gente ha tenido que huir de barrios de Barcelona tomados por los apartamentos turísticos, término eufemístico que oculta una cubanización de la hostelería y que llena el ambiente de incomodidad destrozando la tranquilidad y las rutinas de los vecinos.

El debate sobre cómo tenemos que gestionar la gallina de los huevos de oro para que -sino más lustrosa y rentable, al menos sobreviva- es más que pertinente y no podemos dejarlo al pairo de las consecuencias que pueda tener la falta de planificación.

Es evidente que una cuestión de tanta importancia debe debatirse en el Parlamento y se hace tarde que ningún grupo político haya puesto este asunto encima de la mesa para legislarlo mejor.

Lo que no es de recibo es que grupos de jóvenes radicales se dediquen a espantar a los turistas asaltando buses turísticos, puertos deportivos, coches de alquiler y terrazas de verano como si fueran velutinas invasivas a las que hay que exterminar.

Estos hechos vienen a ser una expresión más del intento posmoderno de chavales acomodados para escapar del vacío de una sociedad auto satisfecha: “Plutôt la barbarie que l´ennui” afirmaba Théophile Gautier. Estos actos delictivos no obedecen a la lógica de jóvenes desesperados que buscan cambiar una sociedad imperfecta y represiva, sino más bien a unos hijos de la clase media que se mueren de tedio y hayan en el grupo radical el amparo para excitarse con una violencia con causa pero sin razón.

Cuando falla la Política, aparece la política de tuiter y algarada.

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

TERTULIAS

8 de Agosto de 2017 a las 8:39

En el café Levante de Madrid -allá por el año 1904- existía  una tertulia dirigida por Don Ramón Maria del Valle Inclán a la que asistía lo más notable de la intelectualidad capitalina. En sus mesas recalaban para platicar sobre lo humano y lo divino gentes de la talla de Ignacio Zuloaga, Santiago Rusiñol, Rafael Penagos y gran parte de la llamada generación del 98.

Cualquiera sabe cómo  eran  esas fértiles reuniones informales con sólo haber visto o leído La Colmena de Camilo José Cela. Ese tipo de tertulia, abierta, sin membrecía remunerada, sin temas prefijados, espontáneas,  salpicadas de café, “sol y sombras” y  mirones, son un género extinguido que  ha mudado en una versión mediática que inunda las pantallas de todos los colores políticos para consumo de afines entregados. Nada que ver.

En las tertulias de antaño no había otro interés que el interés de sus participantes por comunicarse y debatir la realidad desde los más diversos conocimientos y puntos de vista.

Sería fantástico poder asistir a una de aquellas reuniones del café  Levante y escuchar a gentes de esa talla debatir sobre la realidad actual. Poder presenciar escenas del calibre de la que protagonizó una noche de mayo de 1904 Don Pio Baroja.

Aquella noche, los contertulios hablaban de los españoles y de las distintas formas de ser español -temática a la que dedicó un libro que lleva ese mismo nombre el siempre atento Julio Camba-. Don Pío permanecía callado y circunspecto, con una inseparable xapela calada hasta la mitad de la frente y su mirada quirúrgica. El médico y novelista vasco hablaba poco, pero ese día sorprendió a todos tomando la palabra y dijo: La verdad es que en España hay siete clases de españoles…sí, como los siete pecados capitales.

A saber:  los que no saben, los que no quieren saber, los que odian el saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, los que triunfan sin saber y los que viven gracias a lo que los demás no saben; estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”. !Genial el vasco! como casi siempre.

La verdad es que si uno lanza una mirada parabólica a la actualidad no sólo española sino mundial, cabría una categoría más a las descritas por Baroja: la de los que no saben y además viven de  que los demás tampoco saben.

Son tipos como Donald Trump, Nicolás Maduro, Kim Jong-Un…y tantos otros más domésticos a los que no quiero molestar con comentarios eruditos porque esto no es una tertulia del siglo pasado.

Por desgracia para todos.

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Honor y Fama

30 de Julio de 2017 a las 15:45

El mundo de cantina y cristal  en que vivimos tiene sus daños colaterales. Esta semana se cobró dos bajas: La Campanario y  Miguel Blesa, una en clave de amor y el otro de honor calderoniano.

Hace años que la estrella de la Campanario agonizaba, lejos quedan los tiempos en  que su relación con el “im-presionante” Jesulín  cebaba el mundo paralelo de los realitys, la prensa amarilla y la blablosfera de gente tan insólita como Jorge Javier -esa loca milonguera que ha vendido cien veces más libros que la última novela de Vargas Llosa y no para de enseñar el culo en las redes sociales. ¿Qué verá cuando se mira?

La Campanario no es de ese mundo y se equivocó dejándose seducir por la fama y simpatía del torero.

Pero para ser famoso hay que valer y hay que tener muy claro que uno es su personaje y va vivir con él y de él toda la vida. Ser famoso hoy es un oficio.

Cuando a Maria José se le cayó el velo del enamoramiento y vio la cara oscura de la fama  se escapó a Portugal para hacerse dentista, olvidando los versos de Kavafis que alertan: “maldices la ciudad, donde quiera que vayas la ciudad irá contigo”. Así que fue y regresó sin haberse ido nunca.

El malestar de la persistente realidad de la que huía y la constatación de que, aún siendo la doctora Campanario, el precio que tenía que pagar por su amor es no ser otra cosa  que la mujer de Jesulín,  la derrumbó.

Ese dolor sin fuga posible se encarnó en ella en forma de Fibromialgia -término acuñado por los reumatólogos pero que tratamos los psiquiatras- que conocemos desde hace mucho tiempo con otros nombre como tales como depresión enmascarada.  Campanario está sumida en el profundo abatimiento que  produce  una realidad en la que no hay lugar dónde esconderse, ni siquiera internándose en un psiquiátrico.

En el caso de Blesa no importaron tanto las pérdidas reales como la simbólica de haber perdido el honor. Su personaje ostentaba un poder político y económico en el que si pierdes la honorabilidad lo pierdes todo. Es una muerte social.

Como buen samurai -el concepto de honor japonés y el nuestro es muy semejante- veló armas y se hizo  el sepuku al amanecer con un rifle de caza.

Puede que el señor Blesa fuera un bandido pero tenía que ser un caballero para tomar una decisión en la forma y manera que sólo lo hacen aquellos para quienes “el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. El suicidio de Blesa fue un acto lúcido y meditado, no desesperado.

Habrá más víctimas.

Sin categoría
Escrito por luisferrer 2 Comentarios
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Don Estanislao

23 de Julio de 2017 a las 7:30

En la España de 1868 reinaba la reina sálica Isabel II entre las broncas con su tío Carlos María -que reclamaba derechos dinásticos y que dieron inicio a las guerras carlistas-, múltiples amoríos y una corrupción de las instituciones que acabaron con ella.

La reina casó con su primo Francisco de Asís de Borbón del que dijo: «Qué puedo esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo». Un desastre de época que coronó con la castiza reina saliendo por patas a Francia y abdicando en su hijo Alfonso XII, ¿dónde vas triste de ti?

Mientras Alfonso no llegaba, los intereses de partido de siempre hicieron un casting para rey y eligieron a un italiano: Amadeo I de Saboya, progresista y civilizado que nunca imaginó lo que aquí había y no tardó dos años en renunciar. Fue entonces cuando se fundó la Primera República, que apenas duró un año y tuvo cuatro presidentes, el primero, don Estanislao Figueras y Moragas.

 

Allí se las vio don Estanislao con España: atrasada, feroz, corrupta, cuajada de intrigas políticas, con fiebre federalista, movimientos cantonalistas y una Cataluña separatista al frente del lío -conflictos coloniales aparte-. Al día siguiente de su toma de posesión, la Diputación de Barcelona cumplió su amenaza y declaró el «Estado catalán». Poco tiempo después, Cartagena bombardeó Alicante.

Don Estanislao era un hombre serio, preparado, de buen talante y paciencia que intentó poner orden en el gallinero nacional dejándose la levita en ello.

Hasta que en un consejo de ministros de junio de 1873, don Estanislao protagonizó uno de los episodios nacionales más lúcidos de nuestra historia, de esos que solo es capaz la gente grande sin otro interés que servir a la verdad.

Aquel día, don Estanislao se incorporó elegante sobre su asiento presidencial y sentenció: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros». Y con la misma se largó.

Los ministros Castelar y Pi y Margall quedaron estupefactos, pero no fueron a buscarlo hasta el día siguiente, cuando don Estanislao no acudió a su despacho.

Los criados relataron la hazaña: don Estanislao llegó a casa y, sin pronunciar palabra, hizo las maletas y se fue a Francia. Chapeau.

No me digan que no es desalentador que cien años después, volvamos a estar en las mismas con los mismos. Los mismos garrotazos, la misma incapacidad de encontrar un consenso, buscando enemigos en lugar de hacer amigos, incapaces de bajar la voz y, por supuesto, incapaces de dimitir.

Haría falta más gente que señalara a todos la verdad haciendo un Estanislao y no perdiera un minuto más con esta tropa levantisca: ¡Que os den!

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Progreso y novedad

16 de Julio de 2017 a las 9:15

Una cosa es el progreso y otra, la novedad. El progreso siempre necesita de un pasado presente al que referirse, bien sea porque significa algo que supera lo existente o porque supone el logro de algo históricamente anhelado. Las nuevas tecnologías de la comunicación pertenecen al primer gremio, y volar en un avión, al segundo.

La novedad, sin embargo, es algo que se da en el presente inmediato y que nunca se puede considerar como eterno. Tenemos la vida llena de novedades que no duran una temporada y de las que jamás se vuelve a tener noticias.

Conforme maduramos valoramos más el progreso y nos cuesta más la novedad. La generación del baby boom -o del «ginkasdelarios» que les comentaba la semana pasada- es fiel ejemplo de lo difícil que puede llegar a ser la novedad.

Valgan como ilustración tres escenas verídicas relatadas por un buen amigo representante de su generación, culto, viajado, inteligente y con querencia al ginkasdelarios:

 

De vacaciones en el corazón del glamuroso Milán, sufrió un apretón inmisericorde que le obligó acudir al excusado de uno de esos locales cool, hit o como se llamen en modernés; una vez aliviado, fue a tirar de la cadena escaneando el inodoro como un orfebre a calzón bajado sin encontrar rastro alguno de cadena, manilla o palanca que pusiera en marcha la desaparición del desastre. Al final claudicó entreabriendo la puerta y suplicando al personal que guardaba cola hacía tiempo: «¿Alguien sabe cómo se tira de la cadena?» (en italiañol, claro). Un hombretón salido de Mad Max lo miró con indolencia y le espetó: «Tiene un botón en el suelo, píselo». Sin comentarios a su paseíllo triunfal por el túnel de podrigorios.

En otra ocasión, visitando el Tirol, se alojó en un bucólico hotel regentado por Heidi y al entrar en la habitación sintió la llamada de la naturaleza saliendo a la terraza para contemplar el valle, momento en que la ventana se desplomó sobre su cabeza. Pasado el susto, consiguió sujetar la ventana con el cuello y las manos como un Atlas picheleiro y marcar el numero de recepción con el pie pidiendo socorro. El botones lo auxilió rápidamente explicándole cómo funcionaban las ventanas oscilobatientes. «Isto no noso aínda non chegou», se excusaba.

Y en otro local nacional sufrió los rigores de las células fotoeléctricas en el w. c. Sentarse en la taza y quedarse completamente a oscuras fue todo uno. Comenzó entonces a dirigir una sinfonía invisible de manotazos arriba, abajo, a derecha, a izquierda; en pie, sentando, adelante, atrás… nada. Solo el instinto lo liberó de las tinieblas mientras maldecía el inadmisible invento.

Hay gente que se lleva muy mal con las novedades.

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

GINKASDELARIOS

9 de Julio de 2017 a las 11:05

Verano  propicio para estar  con amigos, charlar y ponerse hasta más allá de lo inocuo rebasada cierta edad donde los excesos pagan una cuota más cara en el fielato de las resacas, igual que los seguros, que cuando más lo necesitas más costosos resultan.

Pero merece la pena espabilar el sentido hablando con gente diferente a los habitantes habituales de las rutina invernales.

Recientemente una velada  con entrañables amigos de  la llamada generación del “baby-boom” – rango de edad entre los cuarenta y setenta años- resultó estimulante.

Los baby-booms son hijos de posguerras , de esa época en que no había mucho tiempo ni dinero que perder comprando fantasías y entretenimientos, tiempo en que los niños eran un bien de producción y de inversión, no de lujo y consumo como lo  son   hoy en día.

Gentes que merendaban bocadillos de chocolate grumoso, compraban regaliz, pipas y bazukkas de fresa en las extintas  piperas.

Gentes más de compartir saliva y sudor  que de comunicarse por wasap y que, con la que ha caído,  siguen abrazados a sus ideas como a una tabla de salvación, que es para lo que sirven los ideales.

Los baby-booners no jugaron con casi nada que no pudieran construir ellos mismos: aros, pelotas, muñecas de trapo, tacones, cuerdas y tizas que nunca se quedaron si batería.

Gentes que aguantaron los capones, los tirones de patillas o las ostias directamente de sus mayores mientras soñaban cambiar el mundo y conquistar la libertad.

Los baby booms son más de asamblea, de  música de los sesenta a los ochenta, que es quizás la última música clásica: Beatles, Rolling Clapton , Dylan… Y todas esas joyas  las compusieron siendo una generación reprimida y mal follada que, además de la democracia, también conquistaron la libertad sexual . El  mecanismo que convierte la pulsión sexual en obra de arte es lo que Freud llamó sublimación y debe ser eso lo que produjo tal explosión de talento.

Los baby-booners que leían a Freud, Marcusse, Lovecraft o Sartre, siguen creyendo en el buen salvaje y  observan incrédulos cómo sus retoños -nacidos en el mundo que  cambiaron-  se rebelan contra ellos ninguneando sus conquistas y queriéndoles engañar con preferentes o revoluciones bolivarianas.

Soportaron la tiranía de los padres y ahora soportan la de sus hijos. Lucharon por independizarse del padre y ahora luchan por hacerlo de sus hijos. Para ellos su afán era irse de casa, para sus crías quedarse a mesa puesta.

Pero los  baby-boom son hombres y mujeres indomables que resisten  lo efímero manteniéndose  fieles a los ideales a pesar de su denostada revolución y las modas.

Capaces de salir de copas y seguir pidiendo sin pudor  un “Ginkasdelarios”.

Con un par.

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

El Club de la Ocurrencia

2 de Julio de 2017 a las 7:48

A pesar de que muchos padres del pensamiento y la civilización ya advirtieron de la cantidad de tontos que nos acechan: «Stultorum sunt plena omnia» -todo está lleno de tontos-, Cicerón; «Stultorum infinitus est numerus» -el numero de tontos es infinito-, Eclesiastés, 1-15; «Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana y del universo no estoy seguro», Albert Einstein; etcétera. A pesar de eso, continúa sorprendiendo la cantidad de estulticias que brotan por todo el país como si de una epidemia se tratase, al punto de que cada mañana nos desayunamos con una nueva boutade más estrambótica si cabe. Esto comienza a ser una especie de Club de la Ocurrencia donde algunos pugnan por ganar el premio a la parida más ingeniosa.

Algunas perlas ejemplares de estos días: mientras los médicos y sanitarios valencianos echan humo por la precariedad de recursos y el caos de su sanidad, la consejera del ramo de la Generalitat Valenciana, licenciada en Medicina sin más ejercicio que trabajar toda la vida en el partido, publica una Guía breve para un uso no sexista del lenguaje en el ámbito sanitario -prioritaria sin duda desde su particular análisis de las necesidades del colectivo sanitario-, aconsejando que se utilice la expresión «persona preñada» en lugar de «mujer embarazada» para no ofender y discriminar a los transexuales. ¿Eso les ofende? También sugiere utilizar el genérico del servicio de cada especialidad para no discriminar a sus miembros y miembras sustituyendo por ejemplo «pruebas realizadas por el ginecólogo» por «pruebas realizadas por Ginecología».

 

El Ayuntamiento de Madrid pone semáforos con tortolitos y pide a su homóloga de París que le preste el título de Ciudad del Amor durante las celebraciones del orgullo. ¿Se puede ser más ñoño teniendo los problemas que tiene Madrid?

El alcalde de Blanes ilustra la cuestión del procés catalán comparando la diferencia que hay entre un catalán y un español con la que hay entre un noruego y un magrebí. Y yo, que llevo ocho apellidos catalanes en la sangre, no me siento ni noruego ni magrebí; algo falla, señor alcalde, y debe de ser que usted es de Granada, es decir, más noruego que ninguno.

Y ya, la guinda, un tipo se compra las prótesis mamarias de la pornoactriz Lucia Lapiedra por quinientos euros, las cuelga en la habitación como si fuera la cabeza del unicornio para enseñarlas orgulloso en la Red. Sin comentarios psicoanalíticos.

Tenían razón, el número de tontos es infinito, lo malo es que ahora se notan más, están en los medios, se meten en tu casa, en el hospital, en los juzgados, dirigen tu ciudad, gobiernan tu país… Y nadie les dice nada.

¡Qué fatiga!

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Blablablá

25 de Junio de 2017 a las 9:15

Desde una personal animadversión a celebrar los aniversarios -especialmente los de las promociones de estudios-, he tragado la novena del cuarenta aniversario de nuestra democracia sintiendo la misma perplejidad enajenada de las bodas de plata de la promoción fin de carrera.

Hay algo de siniestro en eso reencontrarse con gentes del pasado, una extraña sensación de impostura que deja escapar destellos del recuerdo. ¿Quién podría pensar que aquel hombretón que parecía haberse tragado a alguien era el apuesto Alvarito o que aquella Castafiori recargada de joyas y carmín era la deseada Malena? Siempre somos el mismo pero nunca somos lo mismo.

Estos días tuve que recordar al Felipe que ya había olvidado y verlo como es hoy, y a Landelino, Nicolás, Guerra, Martín Villa… El tiempo es una mano de humo que nos va caricaturizando hasta dejarnos pelados. Cuarenta años de aquello. !Jesús!

Los hombres y mujeres que hoy ocupan el escenario ni siquiera habían nacido, ni tienen más memoria de aquello que la que podemos tener del general Prim los que vivimos la Transición. Quizás por eso el menosprecio de algunos por una gesta de la que todos deberíamos sentimos orgullosos.

Hacer memoria es traer al presente la imagen muerta de un pasado que ya no es nada. Recordar, re-cordare, consiste en hacer pasar la memoria por el túnel del cordis, de los sentimientos.

Uno vive la realidad de hoy, esta mediocridad disfrazada de posverdad, con el recuerdo y la memoria de aquella época y dan ganas de salir corriendo.

Algunas respuestas a esta desazón las cobija la filosofía retroprogresiva de Salvador Pániker, que aconseja «ir simultáneamente hacia lo nuevo y hacia lo antiguo, hacia la complejidad y hacia el origen como la única forma de adaptarse al futuro. La idea fundamental es que hay que sustituir el mito canceroso del progreso por la noción más sutil de retroprogreso; tener en cuenta que a veces los costes del progreso exceden a sus ventajas. (…) Es necesario escapar a la inflación de signos que preside nuestra civilización; trascender la blablaosfera, donde la gente se mantiene exclusivamente a fuerza de triviales y tribales redundancias: blablablá».

Política de caseta de feria, debate de ocurrencias, estrategias ignorantes que pretenden cambiar la realidad cambiándole el nombre a la calle o llamando «régimen del 78» a aquello que les permite ejercer la libertad de su ignorancia; fusilar honores, prestigios e incluso la historia a golpe de tuits, llamar a los niños criaturas para no discriminarlos o rechazar, envueltos en un blablablá de manifa solidaria y calimocho embravecido, la generosidad de un hombre discreto, rico y trabajador que salva miles de vidas sin pretender salvar al mundo

Pura contradicción.

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

El despatarre

11 de Junio de 2017 a las 9:20

Conviven las tiernas ocurrencias de semáforos con parejas gais, de performances de paz y amor con velitas, de conciertos solidarios, de galletas de mantequilla, de policías sin porra y de gente guay, con la realidad subterránea de superhéroes sin capa ni máscara que solo llevan un monopatín cargado de imperativos morales que les hace ser capaces de defender la ciudad, aún a costa de que una cimitarra sarracena los parta en dos.

Esa es la gloria de los héroes actuales: cumplir el deber que les dicta una moral en medio de este decorado de Walt Disney. Fuera de la pantalla el mundo no es un parque temático, es una pena, pero es así. Podemos intentar dulcificarlo, apaciguarlo, soñar con cambiarlo pero… los que van a ver ese cambio aún no son siquiera partículas elementales en la evolución de ese nuevo genoma. Civilizar al ser humano no es fácil, requiere de una educación sólida tanto física como moral. Es lo que llevan intentando conseguir la religión, las ideologías y la filosofía desde tiempo inmemorial.

Lo mucho o poco logrado en ese afán de civilizarnos se está yendo al carajo porque todo eso ya no importa un carajo, lo único sólido es el fanatismo, se están perdiendo los referentes universales a mucha más velocidad que se derrite el Ártico.

Una desorientación que hace que choquemos unos con otros y esto sea un sindiós planetario. Dentro de esta agonía de la civilización aparece la última ocurrencia: «Prohibido despatarrarse».

Una perversión machista más para la liga feminista de mujeres en lucha y el ala blanda de la CUP, que pretenden arreglar los cimientos de la casa decorando la habitación. !A mí que me registren! pero no creo que el delito del despatarre sea hoy una cuestión machista, más bien siento esa brisa igualitaria indiscriminada que nos va a llevar a ser todos iguales sí, pero todos hombres, que es lo peor. Despatarrase, comer con la boca abierta, sorber la sopa, hablar a voces o rascarse el quelque chose, no es cuestión de machismo invasivo, es cuestión de educación y civilidad y eso no se castiga, se aprende. ¿Pero dónde? Durante el siglo XIX y XX se popularizaron los manuales que enseñaban esas cosas, uno de los más consultados era el Manual de urbanidad y buenas maneras de Manuel Carreño.

Señalaba al respecto: «Al sentarnos, hagámoslo con suavidad, de modo que no caigamos de golpe sobre el asiento; y después que estemos sentados, conservemos una actitud natural, sin echar jamás los brazos por detrás del respaldo del asiento ni reclinar en él la cabeza, y sin despatarrar las piernas ni recogerlas demasiado».

Sería más eficaz regalar un Carreño actualizado que prohibir la mala educación.

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Chanel N.º 5

4 de Junio de 2017 a las 18:38

Hace poco salió a la luz un libro escrito por el podólogo de Joe DiMaggio, el famoso jugador de béisbol de los New York Yankees: Dinner with DiMaggio: Memoirs of an American Hero.

Me imagino que la conversación que se entabla con un callista debe de ser parecida a la que se desarrolla con el peluquero o la esteticién, son situaciones íntimas, con contacto físico y aderezadas de un cierto tormento, normal que uno alivie la tensión contándole su vida al operario.

Lo que me parece fatal es que DiMaggio largara al pedicuro su vida íntima con Marilyn Monroe, y que lo hiciera -según cuenta el susodicho- para que más adelante sus confesiones pudieran ser útiles al mundo. ¿Útiles para qué? ¿Acaso pretendía desnudarnos la desnudez áurea de Marilyn? ¿Desvelar que la Monroe era humana?

Según confesaba Joe, Marilyn tenía un serio problema con la higiene personal, pero él lo perdonaba argumentando que estaba peor porque estaba deprimida. Y no, resulta que Marilyn parece que era un poco descuidada en su aseo estuviera melancólica o no.

Décadas fantaseando con poder aspirar el aroma de su pijama: «Yo duermo desnuda con dos gotas de Chanel N.º 5», declaró a la prensa. Pero si hacemos caso a lo que el callista cuenta que le contó el lenguaraz DiMaggio, más que una filigrana del sofisticado glamur de Marilyn, se trataba de una añagaza para disimular el pestuzo.

Intento pensar que lo que le decía DiMaggio a su podólogo no es más que una bravuconada machista tendente a humillar a la aromática diosa californiana y así mostrarse condescendiente y superior a ella.

Buceando en los tejemanejes humanos con el olor corporal, descubrí que las estrategias para aplacar el tufo vienen de lejos, por ejemplo, que el origen del ramo de novias está en que las novias de antaño solían apestar, sobre todo si se casaban antes de mayo, que era la única vez que la gente se bañaba al año.

Y la capa y sombrero de ala ancha que Esquilache mandó recortar para desembozar a los canallas era lo que les salvaba de las desagradable consecuencias de ser alcanzado por un cubo de mierda y fluidos atómicos arrojados desde las ventanas al grito maorí de «¡agua va!».

Los cancanes, polisones, paniers, calzas, y demás capas de cebolla que vestían las damas y los caballeros no tenían otra función que la de encarcelar el olor de las partes íntimas. Fueron siglos donde los perfumistas dieron el pelotazo.

La verdad es que el Chanel N.º 5 tiene un aroma muy fuerte, pero para lo único que lo utilizaba Marilyn era para maridar mejor su exquisito aroma de mujer eterna.

El que huele mal es el podólogo

Sin categoría
Escrito por luisferrer Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net
Página 1 de 3012345...102030...Última »