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La “excepción” marroquí

Escrito por David Alvarado
1 de mayo de 2011 a las 5:05h

La última vez que se produjo un atentado en Marraquech fue el 24 de agosto de 1994. Aquel fatídico día, varios hombres armados irrumpieron en el hotel Asni abriendo fuego contra un grupo de turistas, acabando con la vida de dos españoles. El comando asesino estaba compuesto por tres franceses de origen argelino. Ya en manos de la policía, los terroristas confesaron que otros grupos preparaban atentados similares en Casablanca, Tánger y Fez. Este ataque, además de suponer el cierre de la frontera terrestre con Argelia, que aún hoy permanece bloqueada, marcó el fin de «la excepción marroquí», habida cuenta de que el reino jerifiano se había mantenido impermeable hasta entonces a la violencia yihadista.

En virtud de la calma reinante en el país, sobre todo en comparación con lo que se vivía en Estados vecinos, Argelia principalmente, Marruecos se siguió viendo como una «excepción». El mito se derrumbó definitivamente el 16 de mayo del 2003, cuando once kamikazes, todos ellos marroquíes, se hicieron explotar, casi simultáneamente al caer la noche en el centro de Casablanca, provocando la muerte de 45 personas, entre ellas ocho europeos. El modus operandi, la selección de objetivos, el tipo de explosivos empleados, la magnitud de los daños y la mediatización de la acción hicieron creer ya entonces que era Al Qaida la que estaba detrás de los atentados.

Una de las consecuencias de aquellos ataques fue que se frenó la cadencia de reformas democráticas y aperturistas emprendidas apenas unos años antes con el acceso al trono de Mohamed VI, en 1999.

Caza de brujas

Con absoluto apoyo de Occidente, ante la amenaza de Osama Bin Laden, Rabat primó a partir de entonces las consideraciones de seguridad y ralentizó la marcha de su proceso de transición. Se desató una caza de brujas en los medios islamistas. Unas tres mil personas fueron detenidas tras el 16-M, resultando condenadas por los tribunales 634 por su implicación, directa o indirecta, en los ataques en la capital económica marroquí. Los excesos en la actuación de las fuerzas del orden fueron legitimados por la nueva ley antiterrorista.

El cambio sin ruptura iniciado en 1999 fue retomado estas últimas semanas gracias, de modo indirecto, a la primavera árabe. Mohamed VI atendió la voz de la calle y, retomando las inercias reformistas unos años antes, en su discurso del 9 de marzo anunció «profundos cambios». Entre los gestos del monarca destaca la puesta en marcha de un Consejo Consultivo para la Reforma de la Constitución, que deberá presentar un proyecto de Carta Magna que sancione la efectiva separación de poderes, el refuerzo de los derechos y libertades, y el reconocimiento del amazigh (bereber). Además, a instancias del Consejo Nacional de Derechos del Hombre, el 14 de abril tuvo lugar la liberación de 190 presos políticos, en su mayoría islamistas.

¿Qué pasará si se confirma la pista islamista tras el último atentado? ¿Asistiremos a la enésima ralentización del proceso de reformas? ¿Por qué precisamente ahora, en los albores del cambio en Marruecos? ¿Por qué cuando está más cerca la liberación de todos y cada uno de los islamistas injustamente condenados? La elección de la plaza de Yemaa el-Fna, centro turístico y cosmopolita por antonomasia del reino, para perpetrar el ataque no es gratuita. El mundo observa. A los marroquíes toca ahora sublevarse contra la violencia y continuar demostrando, como han hecho durante manifestaciones pacíficas que tienen lugar desde el 20 de febrero, que siguen siendo la «excepción» y que nada ni nadie puede ya parar el cambio.

Franciáfrica, en el punto de mira de Al Qaida

Escrito por David Alvarado
23 de septiembre de 2010 a las 13:16h

Empleada por vez primera en 1955 por Félix Houphouët-Boigny, entonces presidente de Costa de Marfil, la expresión Franciáfrica hace alusión a las redes de influencia de París en sus antiguas colonias africanas. La política de la Franciáfrica implicó el apoyo a dictadores, asesinatos políticos y la apropiación indebida de fondos en beneficio de una clase política y militar que, a cambio, permitía a las multinacionales francesas un acceso directo a los vastos recursos naturales africanos.

Desde la independencia de los países africanos, el acceso a recursos estratégicos se mantiene como una prioridad para el Estado francés. Con el fin de la guerra fría, la liberalización global de la economía hace que algunos proclamen el fin de las interdependencias francoafricanas, como el propio Sarkozy, que en el 2006 declaró que «Francia, económicamente, no necesita de África». Otros, en cambio, aún sostienen la validez de la fórmula como Omar Bongo, presidente de Gabón desde 1967 hasta su muerte, en el 2009: «África sin Francia es un coche sin chófer y Francia sin África es un coche sin carburante».

África posee el 8% de las reservas mundiales de petróleo, el 40% del potencial hidroeléctrico, el grueso de los diamantes y de cromo, el 50% del oro, el 90% del cobalto, el 50% de los fosfatos y el 40% del platino y del uranio. Cuenta, además, con unos mil millones de habitantes, un mercado gigantesco que abre apetitos de todo tipo, no solo para la venta de bienes de consumo, sino también en cuanto a las crecientes necesidades inherentes a la modernización de África, donde casi todo está por hacer.

Las filiales de los grandes grupos franceses son omnipresentes en sectores como la energía (Total, Elf, Norelec, Alstom, Vinci), la construcción (Bouygues, Spie, Fougerolles, Dumez, Sogea, Razel, Lefèvre), la gran distribución (Cfao), el transporte (Air France), los servicios (Accor, BNP Paribas, Société Générale, Crédit Lyonnais, Véolia, Saur), la agroindustria (Cfdt, Saupiquet, Castel, Cemoi, Lesaffre), la industria (Lafargue, Air Liquide, Vicat, Dagruis) o las telecomunicaciones (France Télécom, Alcatel, Satom).

El secuestro de los trabajadores de Areva en una zona de Níger rica en uranio ha puesto de relieve la magnitud de los intereses de Francia en África. En el comunicado reivindicativo, Al Qaida hizo especial hincapié en este aspecto, acusando a Francia de «saquear desde hace décadas los recursos» del país. Más que un «simple» secuestro, AQMI busca generar temor en el denso tejido de intereses occidentales en liza a través de su actor ponderado en la región, Francia.

Publicado en La Voz de Galicia el 23/09/2010.

La Jamahiriya, un régimen absolutista que se apoya en el petróleo

Escrito por David Alvarado
3 de septiembre de 2009 a las 12:16h

La normalización de relaciones con la comunidad internacional y la batalla por la sucesión en el poder marcan la actualidad libia cuarenta años después del advenimiento del “rey de reyes”, el coronel Muammar Gadafi. Las esperanzas suscitadas el 1 de septiembre de 1969, cuando el régimen monárquico fue derrocado y Gadafi se hizo con las riendas del poder, han dado paso a una amarga decepción. Tras abolir la república, en 1977, Gadafi puso en marcha la Jamahiriya, un particular “régimen de masas” dirigido por él mismo en su calidad de Guía Supremo, basando su legitimidad en el apoyo de los Comités Populares, según lo establecido en el Libro Verde, la sacrosanta constitución del país.

Desde su llegada al poder hace cuarenta años el coronel Muammar Gadafi no ha hecho sino consolidar cada vez más su poder en un país donde la brecha entre ricos y pobres es enorme

Desde su llegada al poder hace cuarenta años el coronel Muammar Gadafi no ha cesado de consolidar su poder, en un país donde la brecha entre ricos y pobres es enorme

Bajo esta Jamahiriya los partidos están prohibidos, la disidencia es castigada con la muerte y la justicia no es independiente, siendo la libertad de prensa una quimera. Este poder absoluto se apoya sobre las tribus, controlando la familia del coronel y sus aliados el ejército, los comités revolucionarios, el gobierno y la economía, entre otros. Cualquier movimiento de contestación es reprimido, estimándose en 1.200 los muertos y desaparecidos por “motivos políticos”.

A pesar de que las cifras oficiales dan la imagen de un país próspero, la riqueza petrolera se encuentra desigualmente repartida. Unas 180.000 familias viven con menos de 75 dólares al mes, no llegando el salario medio a los 200 dinares (apenas 200 dólares). La tasa oficial de paro se eleva al 20,7%, si bien otras fuentes lo sitúan en el 30%. Así, no es de extrañar que a pesar del anuncio de medidas populistas como la repartición de los beneficios del petróleo entre la población, las revueltas sociales estén hoy más que nunca al orden del día en el país magrebí.

La vida de una marroquí no mereció un visado de Francia

Escrito por David Alvarado
31 de agosto de 2009 a las 0:01h

Víctima de un cáncer de huesos, Aicha Mokhtari, una marroquí de 62 años de edad originaria de Oujda, localidad al este del país, fronteriza con Argelia, ha muerto el pasado 15 de agosto ante la indiferencia de las autoridades de Marruecos y Francia. Esta mujer ha pasado sus últimos años de vida inmersa en una doble batalla, contra su propia enfermedad, diagnosticada en marzo de 2007, y contra los servicios consultares franceses de Fez, que una y otra vez han rechazado su demanda de visado para ir a tratarse al Hexágono, donde contaba con el visto bueno del parisino Instituto de Oncología Gustave Roussy para su hospitalización, habiendo sido ya sufragados por anticipado los eventuales los gastos clínicos por uno de los hermanos de Aicha, residente en Francia. Según ha denunciado hasta la saciedad otro de los hermanos de la fallecida, Abdelziz, el impedimento para la obtención del visado habría sido la homonimia de Aicha Mokhtari con una ciudadana argelina que en su momento tuvo problemas con el consulado francés de Orán, un error que las autoridades galas no han reconocido en ningún momento.

Aicha Mokhtari en su domicilio de Oujda, donde pereció a la espera de un visado para ser hospitalizada en Francia

Aicha Mokhtari pereció mientras esperaba un visado de Francia víctima de un osteosarcoma de fémur que sólo puede ser tratado en Europa.

Ante la indiferencia de las autoridades, la familia Mokhtari llegó a presentar una demanda ante los tribunales, creyendo en vano que la justicia sería más receptiva que la burocracia a la vida de una persona. Tras 16 meses de lucha, el visado nunca llegó y Aicha no pudo esperar más. Tras una lenta agonía, víctima de su enfermedad y de la pasividad de los responsables franceses y marroquíes, finalmente perdió su otra gran batalla, la del cáncer, un osteosarcoma de fémur que actualmente sólo puede ser tratado en Europa y Estados Unidos. París no dio ningún tipo de respuesta a las demandas e intervenciones de los próximos de Aicha, mostrándose impertérritos ante los artículos de denuncia publicados en Marruecos, así como ante la ola de solidaridad y múltiples iniciativas civiles en pro de la obtención del tan necesario visado. La familia Mokhtari no dudó en llamara a todas las puertas posibles, interpelando entre otros a Fadela Amara, Bernard Kouchner o Brice Hortefeux, algunas de las caras más visibles y mediáticas del gobierno francés. El colofón a esta deriva, la respuesta dada el 17 de junio de 2008 por el propio Nicolás Sarkozy, quien lamentaba responder negativamente a su demanda, ya que “la Presidencia no puede sustituir la decisión de las autoridades consulares, que ya se han pronunciado”.

Junto a la indiferencia francesa, en Marruecos no se obvia la responsabilidad de sus propios gobernantes, esos que, según se lamenta aquí, han demostrado ser mucho más solícitos y eficientes para otras cosas, “Aicha no significaba nada para ellos”, como han invocado algunos de los principales editorialistas del país magrebí y no pocos internautas durante los últimos días. “Esta mujer que procedía de un medio modesto, por lo cual no era nada ante los ojos de nuestras autoridades. Ni miembro de la familia real, ni próxima a esta, ni cortesana, ni potentada económica, ni opositora susceptible de ser recuperada por el Makhzen (el régimen tradicional marroquí), Aicha ha dejado indiferente a este nuestro poder, tan raudo ante otras circunstancias en la que le gusta jugar a los grandes señores. Es inútil recordar que si estos hubieran actuado, los pequeños diplomáticos franceses hubieran acordado enseguida su tan indispensable visado”, destaca el periodista Khalid Jamai en una carta abierta dirigida al embajador de Francia en Marruecos que, bajo el título “La ignominia”, ha sido publicado por el rotativo arabófono Al Jarida Al Oula. “El error fue flagrante y este vino también de la arrogancia, el desprecio y la suficiencia de las autoridades francesas a los indígenas”, concluye Jamai.

Aicha Mokhtari convalenciente en la vivienda familiar días antes de su muerte, el pasado 15 de agosto

Aicha Mokhtari convalenciente en la vivienda familiar de Oujda pocos días antes de su muerte, el pasado 15 de agosto

¿Creía Francia realmente que, en su estado, esta mujer constituía un peligro para la seguridad de su país o que acaso buscaba un visado para instalarse definitivamente en territorio francés? ¿Cómo justificar el rechazo galo ante una mujer cuya única esperanza de permanecer con vida dependía de su hospitalización en el instituto de oncología Gustave Roussy? Es por esto que ahora se han levantado no pocas voces en Marruecos y en Francia para reclamar justicia ante lo que se considera un delito, a saber, la no asistencia a una persona cuya vida corría peligro. En Internet, desde Facebook hasta Twitter pasando por un sinfín de foros y toda la rica y variada blogosfera marroquí, han arreciado las condenas hacia el gobierno de Sarkozy y su política al encuentro de la emigración clandestina y sus múltiples efectos perversos. Asimismo, se arremete contra las autoridades marroquíes en virtud de su “ausencia de compasión por las pequeñas gentes”. A esta ola de solidaridad se ha unido recientemente la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, que ha iniciado una campaña de movilización para que este delito no quede impune y que no puedan volverse a repetir hechos similares.

“Tenga la conciencia tranquila, señor embajador (de Francia en Marruecos), no se trata más que de una tal Aicha Mokhtari, una mujer que para nuestros gobernantes sólo era una bouzabelle (una que busca en la basura), una khorotovski (una currante). Ella no era de la familia de este antiguo consejero del rey que ha pegado impunemente a una policía. No era tampoco esa tía del rey que rajó en público el rostro de una abogada con total impunidad. No era el hijo de aquel gobernador que, completamente borracho durante el mes de ramadán, provocó un accidente mortal y que fue posteriormente liberado por los jueces al ser tachado de ‘desequilibrado’. Tampoco era esa otra tía del rey cuyo marido disparó a un policía que cumplía con su deber en pleno centro de Casablanca”, lanza Khalid Jamai en “La ignominia”. Para éste periodista, “si usted ha actuado con tanta desenvoltura es porque ha sido animado por la inacción de los responsables y gobernantes marroquíes, por su laxismo, por su desprecio hacia sus propios compatriotas. Aicha no era sino un sujeto entre millones de otros sujetos y, por desgracia, no una ciudadana con derechos”.

La amenaza terrorista a nuestras puertas

Escrito por David Alvarado
7 de abril de 2009 a las 8:30h

Además de qué nos encontrábamos ante un acto de terrorismo islamista, poco se ha sabido del atentado que hace algunas semanas segó la vida de una joven turista francesa en El Cairo. Ante el vacío informativo, a estas alturas todavía no se ha confirmado si éste fue obra de un grupo aislado o de una organización más estructurada vinculada con Al Qaeda. Con fondo de crisis económica y social, sin lugar para la expresión democrática de las disidencias al régimen moubarakiano, en un contexto de inestabilidad regional y con el estigma de haber traicionado a los “hermanos palestinos” durante la reciente invasión israelí de Gaza, Egipto es, hoy más que nunca, un terreno fértil para el extremismo.

Desde la revolución naseriana de 1952, el país siempre ha vivido confrontado al terrorismo. Un comando islamista mató a Anouar el-Sadate en 1981, mientras su sucesor, Hosni Moubarak, ya ha logrado salir airoso de una decena de atentados. Sólo en los noventa unas 1.300 personas perecieron víctimas de la violencia integrista. Tras estas muertes, al lado de grupúsculos “familiares”, sustentados ideológicamente por los Hermanos Musulmanes, se encuentran organizaciones como Al-Yihad, fundada por el lugarteniente de Ben Laden, Ayman Al-Zawahiri, y Al-Gamaa Al-Islamiyya. Represaliados, arrestados o exiliados, sus militantes han conformando con el paso de los años el núcleo duro de Al Qaeda, convirtiéndose en su élite dirigente de mando.

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A la derecha Abdelmalek Droudkel, emir del GSPC, gran reponsable del acercamiento de su organización a Al Qaeda

Aún en ausencia de informaciones fidedignas fruto de la investigación policial todavía en curso, no podemos dejar de vincular estos hechos con la reorientación estratégica del argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). Franquiciado desde principios de 2007 a la marca Al Qaeda, el GSPC ha logrado coordinar buena parte de la acción terrorista en el norte de África, desde la península del Sinaí hasta los confines mauritanos. Intensificando sus acciones violentas, secuestros y amenazas, es en el no man’s land saheliano donde Al Qaeda ha encontrado su nuevo Afganistán, una plataforma propicia para sus fechorías en el Magreb y en Europa. Acosados en otras partes del globo, con una creciente capacidad operativa y favorecidos por la crisis internacional, la hipótesis de un recrudecimiento terrorista a nuestras puertas ha dejado de ser algo plausible para ser, a golpe de dura realidad, un hecho consumado.

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