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Entradas para la categoría ‘General’

Una gran ruta por Touro que una mina ha contaminado

martes, octubre 2nd, 2018

Touro. He hecho una parte de una ruta de senderismo que discurre por el municipio coruñés de Touro. Una ruta impresionante, bien diseñada pegada a un río, preciosa, sin un ruido, sin un ladrillo, sin cemento, con molinos y una pequeña cascada de 10 metros con su respectiva fosa. Una maravilla. Pero el río parecía muerto, no he visto  ni un solo pez. Luego me fijé que en partes aparece rojizo. Y tiré de móvil: la cercana mina, esa que quieren ampliar con la falacia de que es segura para el medio ambiente, es la responsable de que ese río esté muerto. Que se prepare la ría de Arousa.

 

Estoy harto de la humillación a las mujeres musulmanas (y a mí)

domingo, agosto 26th, 2018

Aeropuerto de Heathrow. Cada viaje acabo más hasta las narices. No del cansancio, sino de ver más y más velos. En Heatrhow, Terminal 3, es hoy una invasión. Pero no solo de hiyabs y no solo de túnicas -o como se llamen- negras hasta los pies, sino de burkas. Con los maromos tan tranquilos vistiendo a la occidental y llevando su ganado personal como les da la gana, y la embotada aquiescencia de esas mujeres que no solo quieren ser consideradas como un animal doméstico sino que están dispuestas a educar a sus hijas para que también lo sean.

Y mire, si es gente de paso, pues qué quiere que le diga, allá ellos, pero por lo menos que al cruzar por los controles de seguridad las miren como a mí. Ni más ni menos. Pero qué va, nadie les dice nada, como a los sijs -o lo que diablos sean- que llevan su turbante o como se llame tapando pelos y clavas, y tampoco hay lo que hay que tener para pedirles que o se lo quitan o no pasan.

No. Los ciudadanos de segunda, en Europa, somos los europeos como yo, que cometemos el pecado de un con buf al cuello y a cara descubierta, ya que si con ese buf nos la tapamos, no pasamos. Mientras, las mujeres islámicas y los hombres islámicos deben estar partiéndose de risa. Son -y a este paso aún lo serán más- los amos, los puñeteros amos.

(La foto está tomada ahora en Heathrow)

En Inglaterra no protesta el primer indocumentado que aparece por la calle

viernes, agosto 24th, 2018

Buckden. Visto desde la distancia, que quizás no sea sólo demográfica (ando por el centro de Inglaterra), es difícil entender por qué en España la gente se dedica a protestar. No solo, sino principalmente.

Intentaba yo explicar en Facebook por qué me asombraba, desagradablemente, ante la protesta de ¡dos becarios! de la Televisión de Galicia (TVG). No entraba en el fondo del asunto, sino en el hecho de que el primer indocumentado que llega ya protesta y no le va a pasar nada. Marca de la casa, oiga: llego, protesto, me vanaglorio de ello si así lo deseo y voy de campeón.

No hay vergüenza social en España. Sí la hay en Inglaterra. Porque es mayoritariamente anglicana y por lo tanto uno no hace lo que le da la gana sino que responde ante la sociedad de lo que hace y de la imagen que genera de él, su familia y su empresa/club/ciudad. Es difícil ver aquí una de las habituales discusiones carpetovetónicas de barra de taberna. Porque aquí impera el respeto. La gente no echa la lengua a pacer. Tampoco en la calle las madres gritan a los niños ni los niños se rebelan a gritos. El silencio es (casi) total, las conversaciones se desarrollan en voz baja.

Y por eso los sectores antibrexit están horrorizados. Porque piensan. No polemizan. Quizás con más debate y menos noticias falsas el resultado del famoso referéndum hubiera sido otro, pero ni eso ni lo contrario los han impulsado a la protesta individual, al esto lo arreglo yo si me dejan.

Y en esas estamos. Porque excuso decir que excepto dos o tres de mis contertulios en Facebook, que discrepamos con respeto, me han llamado de todo. España en estado puro.

En Inglaterra también hay gente poco educada: por ejemplo, el dueño de Chequers Shoes, en Huntingdon

lunes, agosto 20th, 2018

Huntingdon (GB). Hay varias cosas en las que Galicia supera, sin despeinarse, a Inglaterra. Por ejemplo, el acceso y la calidad de la sanidad. Por ejemplo, la mayor cantidad de autovías (por desgracia). Por ejemplo, la preparación y amabilidad de quienes atienden tras el mostrador de un pequeño comercio.

Cierto es que en esto último hay que tener en cuenta que bastantes de las dependientas-pocos varones se ven- son estudiantes que se sacan su dinero en el verano, aunque principalmente buscan trabajo en la hostelería y aledaños. Pero luego está la mayoría, la gran tropa de féminas, cuyo expediente escolar dista años luz de la brillantez. Por eso están ahí.

A lo anterior hay que sumar la consecuencia casi lógica: los propietarios no son los más avispados del mundo, razón por la cual el pequeño comercio local cada vez tiene menos espacio. ¡Albricias!

Pensaba yo en todo eso cuanto tuve la al parecer funesta idea de tirar de móvil hacer dos fotografías (mi ética gana a mi estómago y no las reproduzco aquí) en el Chequers Shoes de Huntingdon, cerca de Cambridge: unos meros tenis. El sueño, sesentañero decadente, alto y prepotente, me prohibió seguir haciendo ni una más.

Me dirigí hacia él y le pregunté simple y educadamente por qué, dispuesto a explicarle que solo quería mandar la foto de aquellos tenis a mi hijo –a 3.000 kms- y, si le gustaba, comprarlos.

Y aquel ser humano, que parecía un rígido militar decimonónico, se convirtió en lo que en el fondo es, en un energúmeno. Elevando notoriamente la voz afirmó que aquel comercio era suyo –lo cual quizás sea cierto- y que lo prohibía porque le daba la gana y que allí se acababa la discusión.

No había discusión alguna, pero tuvo razón: lo que fuera, se acabó. Enfilé la puerta, di las buenas tardes y punto final. No iba a perder el tiempo explicándole que puedo comprar esos tenis por internet, que existe una empresa que se llama Amazon y que, en fin, tal y como se comportaba su negocio, Chequers Shores, en Huntingdon, va a la ruina inexorablemente. Algo que celebro de todo corazón.

La clave del éxito de Frosts, un centro de jardinería en Cambridgeshire

sábado, agosto 18th, 2018

Brampton (GB). El medio es el mensaje, decía McLuhan. Y cada vez está más claro que tenía razón. Se refería, claro, a los medios de comunicación de masas, pero no puede aplicarse a todo. Por ejemplo, a Frosts, el gran centro de jardinería de Brampton, punto de encuentro de una comunidad que ha hecho muy suya la petición de que se circule despacio y con precaución.

Porque en Frosts hay de todo, no sólo plantas, y colocado con gran elegancia. El café tiene dos partes: la que podríamos denominar restaurante y la que es café en sí, con sus sillones formando unos cubículos abiertos que incitan a reclinarse en ellos o a casi acostarse para charlar. Aquí no hay prisa, hay relaciones humanas. Porque ese es el mensaje: construye un medio donde todo el mundo se sienta cómodo y… tus ventas aumentarán.

(Foto de Google, sin identificar su autor)

Buckden, un enclave histórico inglés, está en peligro de dejar de ser una villa

viernes, agosto 10th, 2018

Buckden (GB). Hace 22 años que vengo a Buckden siempre que puedo, un minúsculo pueblo con historia, una farmacia, una peluquería y cuatro tiendas. Me gustan sus dimensiones, su falta de vida exterior, su gente pacífica, sus dos iglesias -la anglicana y la católica; este última en realidad son tres unidas- y su dos hoteles donde sí hay movimiento. Soy miembro, además, de una sociedad local desde hace diez u once años.

Y viniendo de una se esas tiendas me detengo ante un cuidado cartel clavado en un árbol que advierte contra el más de un millar de viviendas que se van a levantar en Buckden. ¿Qué viviendas?

Me paro a leerlo, claro. Quedo horrorizado. ¡Se va a duplicar la población! Pero ¿a qué mente enferma se le ha ocurrido eso? ¿Cómo se puede llegar a tal nivel de especulación? Se preocupan -sin duda con razón- los hacedores del aviso de que el valle del río Ouse será más pobre y que tan salvaje aumento de la edificabilidad traerá consigo dos mil coches más y grandes atascos, y el retroceso o desaparición de las -afirman- 750 especies vivas (se entiende que animales, visto los ejemplos que ponen) que tienen allí su hábitat.

Su lema, el de los defensores del estatus actual, es tan sincero que suena demoledor: Keep Buckden a village.

Me uno a ellos. Sí, por favor, que Buckden siga siendo una tranquila, a veces aburrida y siempre acogedora y maravillosa villa.

Cuando los de Vimianzo tienen razón

jueves, agosto 2nd, 2018

Vimianzo. En la casa al lado del castillo, privada. ¡Cuánta razón tienen!

 

En el jurado de la IV Gala Mellor Cociñeiro de Tapas por Galicia

jueves, julio 19th, 2018

Santiago de Compostela. El pasado martes formé parte del jurado de la IV Gala Show Cooking Mellor Cociñeiro de Tapas por Galicia. Aunque la gente no me cree, soy una persona muy especial para comer, lo cual por una parte me convierte en un jurado detestable y por otra en un jurado idóneo (debido a mi gran exigencia e intransigencia). Además, nunca me gusta premiar a alguien porque eso implica no premiar a otros, y eso siempre (o casi siempre) adopta la forma de una injusticia, y puede ser incluso cruel: gana el que ha hecho eso sin esfuerzo alguno y pierde el que se echó horas y horas.

La gala estaba perfectamente organizada en el hotel compostelano de cinco estrellas AC Palacio del Carmen, con algo menos de dos centenares de personas invitadas. Había nivel cultural, gente que ve en la pequeña gastronomía una muestra de cultura, una atmósfera muy relajada, dos minidiscursos de responsables políticos (Nava Castro, directora de Turismo de Galicia, Rosa Quintana, conselleira de Mar) que escaparon de las rimbombancias y dijeron alto y claro lo que había que decir, y unos compañeros de jurado con los que me entendí desde el primer momento, entre otras cosas porque a dos de ellos ya los conocía, y para bien.

Lo difícil en estos casos es fallar. Con cámaras de tele y de fotos que graban sonido, móviles de vaya usted a saber quién, en el jurado decidimos, todos a una, romper el protocolo y largarnos en busca de un lugar más íntimo y solitario. Coincidencia: el premio fue unánime para el representante de Pontevedra (había un participante por cada una de las siete ciudades gallegas), pero siempre queda ese regusto de no poder dar un segundo, un tercero, un… Y eso sí, nos llamó poderosamente la atención la tapa -monstruosamente grande- llamada Oinkk!!! Como cualquiera puede imaginar, se trataba de algo de cerdo. La presentó la Arrozaría Os Cachivaches, de Lugo. 

St. John’s, un colegio ejemplar en el Camino Inglés británico

lunes, mayo 21st, 2018

Por tercera vez me encuentro en el colegio St. John’s, un centro católico con 1.500 estudiantes situado en el Camino Inglés, muy cerca de Escocia. Me sigue produciendo la misma impresión que cuando entré por primera vez aquí en el 2016: todo está organizado, todo funciona como un reloj suizo. La disciplina se aprende ya en los hogares (esto es Inglaterra, no el caos latino), pero desde luego se practica de manera radical cuando se pone un pie dentro del St. John’s. Pero no con caras largas y tensión: todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, cómo tiene que comportarse, qué se espera de él. Las clases son muy activas, con estudiantes dinámicos y, por supuesto, uniformados.

Uno podría pensar que la ciudad donde se halla, Bishop Auckland, es la capital de la zona pija. Nada más lejos de la realidad: es una zona deprimida, de minas cerradas, de muchas tiendas con la persiana bajada para siempre. Pero tiene una suerte: se ha creado un ente de financiación privada –realmente, de un solo benefactor y filántropo- que apuesta por la cultura, y lo hace con varios millones de euros para reconstruir, consolidar y poner en marcha edificios primero, y el contenido después. Un proyecto insólito que repercutirá en una parte de Inglaterra donde la educación es excelente en edificios –no es el caso del St. John´s- de mucha peor calidad que en Galicia y con 30 alumnos por aula. Porque el dinero es importante; el saber educar, como el St. John’s ejemplifica, mucho más.

Percipecia a bordo de un autobús sueco

jueves, marzo 8th, 2018

Göteborg. ¿Esto es Suecia? Sí, esto es Suecia. Donde también los trenes tienen accidentes, así que el mío, que viene de Copenhague, se ve obligado a parar tres cuartos de hora antes de arribar a Göteborg, su destino.

De manera que unas sesenta personas o quizás algo más bajamos sin que nadie dirija ni oriente nada. La megafonía del tren había advertido del cambio y había comunicado que el viaje continuaría en autobús.

Así que, ateridos, nos metimos en el bar de la estación -que también es de autobuses- de Kungsbacka, mirando las próximas salidas. Y de repente se desata la carrera porque alguien ha visto un único bus a 200 ó 300 metros. Y ha visto bien: uno, solo uno, de manera que quien puede se sienta y el resto vamos o sentados en los escalones o de pie como sardinas en lata, que ese es mi destino.

Para más inri se trata de un autobús urbano, así que olvídese uno de colocar maletas o mochilas en el altillo: hay que llevarlas encima o bien debajo de los pies, con el trastorno y follón que resulta fácil de imaginar. Cabe la duda, disipada minutos después, de que nos lleve a dos o tres autobuses como Dios manda, porque este tendrá mucha potencia, pero velocidad, ninguna.

Y como nunca vienen solas, el conductor no únicamente es un mal encarado indignado (¿qué le habré hecho yo?) sino que tiene prisa y conduce a tirones, dando mil y una vueltas para ir a cuanta estación intermedia aparezca, aunque no se baje ni suba nadie.

Cuando ya hemos perdido cualquier recato educado, respetuoso y amoroso y vamos apretados sin consideración alguna entramos en la autopista. Llevamos media hora con el complejo de ser refugiados que escapamos a todo correr de una zona de guerra mientras los tiros y las bombas no cesan. Allí uno de los dos bebés advierte que no aguanta más y rompe a llorar y a gritar, ignorante él sin duda de que por la autopista sólo vamos a circular -rugen los motores, vamos a 80 por hora- no mas de cinco minutos.

En el extrarradio de Göteborg empieza a bajarse el personal y logro sentarme tras recomponer el cuerpo. Al fin llegamos.

Eso sí, nadie ha dicho nada. Ni la mínima protesta o simple comentario. Ni la menor muestra de desagrado, enfado o disconformidad. Esto es Suecia y ellos son suecos.

 

Ourense olvida el turismo de calidad

lunes, enero 15th, 2018

Ourense. La ruta de San Rosendo es un filón de oro que todavía tiene Galicia por explotar. Es una iniciativa del Gobierno central, que es el que ha creado esa ruta y la ha dejado impecable. Historia, mucha historia, y naturaleza, mucha naturaleza sin apenas contaminación estética porque Ourense es una provincia despoblada. Por eso duele más encontrarse en pleno centro de Ourense capital uno de los paneles de ese itinerario en el lamentable estado que muestra la foto.

 

Magnífico reportaje histórico-fotográfico sobre las cabalgatas de Reyes en Madrid

jueves, enero 4th, 2018

Para leerlo, pincha aquí.

 

Pimientos “al” Padrón… ¡en Durham!

miércoles, noviembre 29th, 2017

Durham. ¡Menuda sorpresa! Keith y Penny me han llevado a comer a un local español. Un camarero boliviano que es un crack y no para de hacer bromas, otro catalán. Una carta muy extensa sólo de tapas. Y por ahí aparece, en pleno noviembre, pimientos al Padrón. O sea, que no tienen ni idea de qué se trata. Piensan que es una manera de preparar los pimientos (los traen poco fritos), y desde luego ignoran que en noviembre no hay pimientos de Padrón. De bebida, Estrella de Galicia (¡eso sí que es una sorpresa!).

Por cierto, la decena de pimientos… no picaron.

Encuentro una vieja postal de Vigo…en Durham (y además casi regalada)

domingo, noviembre 26th, 2017

Durham. Me llama la atención que los fines de semana el Ayuntamiento de Durham se convierta en punto de confluencia de algo, lo que sea, una asamblea de una asociación, una reunión variopinta, el lugar de encuentro de unos excursionistas o, como es el caso ahora, de vendedores de sellos y de postales.

Los sellos me interesaron en dos etapas de mi vida, y si tuviera tiempo no me desagradaría continuar con la colección. Y tengo un aceptable grupo de postales viejas. De manera que, como yo iba a una reunión, tuve muy poco tiempo para mirar postales. Pillé una del puerto de Vigo de hace más de un siglo que no la he visto en ninguna parte.

Pero lo que me asombró fue el precio: ¡dos libras! O sea, un poco más de dos euros. Por menos de doce o quince no se puede conseguir una semejante en Galicia, y si es tan escasa como pienso, vaya usted pensando en subir a los treinta.

Claro está que en Inglaterra existe una inveterada afición al coleccionismo. Y eso, claro, no encarece los precios: los abarata.

 

Rohan

martes, noviembre 21st, 2017

Aeropuerto de Heathrow. Vueling me ha fastidiado. Hasta hace unos meses tenía un vuelo Santiago-Barcelona-Newcastle. Así que sobre las 9 salía nwede Lavacolla y a las 3 de la tarde (hora española) estaba en Newcastle. Una gozada. Y encima era barato. ¿Qué más se podía pedir? Las cuatro veces que subí a esos aviones iban repletos. Y de repente Vueling suprimió el Barcelona-Newcastle. Así que la alternativa es dormir en las proximidades del enorme aeropuerto londinense, a ser posible de una manera barata.

Y recalo en un Premier Inn (una cadena que recomiendo) fastuoso. Compruebo que no me he equivocado, porque el precio era muy asequible, y esto de disponer de una calle interior con un café y unas tiendas me parece de lujo.

Lo mejor fue la cena con mi hija, Ana. La cena en sí y el trato. Nos atendió un camarero de origen asiático llamado Rohan. Un profesional como la copa de un pino. Da gusto encontrarse gente así. Uno llega cansado, con cosas que hacer, alguna llamada, intenta comer algo aunque sea de prisa y se encuentra a un camarero que convierte esa cena rutinaria en algo muy agradable. Dan ganas de quedarse ahí. Gracias, Rohan.

 

Las castañas llegan al Camino Inglés

miércoles, octubre 11th, 2017

Presedo (Abegondo). La foto, obtenida en el Camino Inglés, lo dice todo: en los caminos y pistas gallegas ya han hecho acto de presencia las castañas. No son buenas: la sequía está causando estragos.

 

Un día triste: frenando a los secesionistas

domingo, octubre 1st, 2017

Red Natura del río Tambre. Lo siento, hoy no me apetece escribir sobre turismo. Es, realmente, un día triste para este país que no se acaba de sacudir sus fantasmas golpistas seculares y donde siempre hay alguien dispuesto a saltarse las leyes y el respeto a las minorías para imponer su punto de vista, y desde luego cercenando la libertad de expresión. Y tras haber sido uno de los muchos opositores a la dictadura franquista y haber tenido que salir de España corriendo en dos ocasiones para no sufrir su brazo represivo, me veo tantos años después con otra amenaza a las libertades protagonizada por la Generalitat de Cataluña (que no por los catalanes, pueblo al que respeto). No, no me apetece escribir.

Ridgeline Trust: conocerlo también es hacer turismo (pero con otros ojos)

lunes, septiembre 25th, 2017

Reading. Y de repente, el turista se encuentra con algo raro. Algo que no está en las guías, que tampoco busca, que quizás no le interese en principio. Pero se para, pregunta qué será eso, que hace esa gente, y se encuentra con una terapia basada en la horticultura. No es lo que espera ver, pero se interesa. Ahí hay gente que ha tenido y tiene problemas. Unos problemas que a algunos les parecerán muy menores, pero a quienes los sufren les parecen el fin del mundo.

Las organizadoras no cobran. Es una entidad voluntaria, explican, llamada The Ridgeline Trust. Le dicen al recién llegado que esa tierra era completamente salvaje y estaba abandonada, y que remangándose la han dejado en el jardín y en el huerto que se ve ahora. Hay gente incluso de Nepal.

Porque esa es la otra cara del turismo. O por lo menos lo es para el viajero despierto, el que no solo busca la foto en la Torre de Londres o en cárcel de Reading que albergó a Oscar Wilde. En suma, el que se fija y aprende de la gente de su alrededor.

 

 

Legoland sigue sin merecer la pena

martes, septiembre 19th, 2017

 

Legoland (Windsor). Tercera vez que voy a Legoland y tercera desilusión.

La primera en la frente: la señalización es manifiestamente mejorable tanto para cruzar Windsor y sus numerosas rotondas como cuando se deja atrás tan noble población y hay que meterle millas al coche.

La segunda, un ataque directo a la cartera. Una vez aparcado el coche y en la cola de las taquillas -¡qué de gente a pesar del día perruno!- el cartel no miente: 50 libras por cabeza. O sea, 63 euros. Así que pago 100 más las 6 del aparcamiento. O sea, 133 euracos del ala.

A ello hay que añadir la cantidad de señuelos para que uno se deje una pasta gansa allí: muchísimos puestos de helados, unos cuantos de perritos calientes y chucherías, venta de fotos de uno mismo con cara de horror en tal o cual montaña rusa sin agua o con agua, las cabinas secadoras porque en las montañas rusas con agua uno acaba empapado o casi…

Y cuando parece que todo llega al final y se ha logrado evitar las tiendas sectoriales (Ninjago, Friends, War Stars y demás), en la explanada de salida repara en la Big Shop y en otra no tan big con ropa para enanos. Salir indemne de esa explanada es batalla perdida: algo se van a llevar los chicos, aunque se el detalle para la abuela o el compañero de clase.

Resumen: una familia de cuatro miembros necesita cerca de 400 euros para pasar allí el día. ¿Puede gastárselos? Pues enhorabuena. Pero puestos a ello, ahórrelos para Parc Asterix en París: estarán mucho mejor invertidos.

En el aeropuerto de Heathrow: toca esperar

lunes, septiembre 18th, 2017


Reading (Gran Bretaña). ¿Brexit? ¿Ahorro? ¿Incompetencia? Imagínese el aeropuerto de Heathorw, Terminal 3. Cientos y cientos de personas bajando constantemente de los aviones y caminando hacia los mostradores que marcan la frontera. Colas enormes. Tres grupos: los ciudadanos que no son de la Unión Europea, lo que lo son pero van sin niños (pasan por unas máquinas que les leen las facciones y las comparan con la de sus pasaportes) y otro grupo de europeos o bien si niños o bien con ellos.

Me toca este último. Y observo con terror que hay una sola funcionaria para el centenar de personas que ya estamos allí, número que aumenta a cada segundo. A los cinco minutos continúa con la misma familia asiática y musulmana haciendo las comprobaciones pertinentes. Luego llega otro funcionario y echa una mano. Casi no avanzamos, porque hay un montón de familias asiáticas y musulmanas tradicionales (o sea, hombre que manda, mujer sumisa y varios menores), una de las cuales no habla inglés y además resulta que no es de la UE.

Un par de minutos más tarde ese agente de aduanas recién llegado se queda solo. Y como esto es Gran Bretaña, nadie protesta ni se atreve a hacerlo, y nadie pone mala cara, no sea que tenga un incidente mayor en plena aduana.

Unos cuantos minutos más tarde aparece otro a ayudar. Algo se mueve la cola, pero poco dura la alegría: el que había llegado antes de este se va y deja al nuevo más solo que la una. Y este es que el que, veinte minutos más tarde, mirará muy amablemente nuestros pasaportes.

Y salimos de allí pitando. Cientos de personas se quedan, resignadas, esperando su turno en un Heathrow que ha perdido ese espíritu diligente de otros años.

Nota: en Heathrow, lógicamente no se pueden hacer fotos. La que acompaña estas líneas está hecha poco después, en Reading.