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Entradas para la categoría ‘Sitios para comer’

Acampamento O Caurel: un lujo para el turismo respetuoso con la naturaleza

Lunes, abril 22nd, 2013

Seoane do Courel. Una maravilla. Hacía año y medio largo que no venía al Acampamento O Caurel y sigo diciendo que es una maravilla. En el interior de los bungalós hay de todo, nada falta, y el toque Ikea que le han dado en tiempos recientes les ha sentdado muy bien. Las cocinas (funcionales vitrocerámicas) son muy nuevas aún. Queda darle una vuelta a las camas (¿para cuando en Galicia los edredones en vez de las mantas?). Pero su gran activo es lo muy cuidado que está el entorno, y primavera -pajaritos cantando, árboles en flor- el establecimiento, entre el Lor y un bosque, luce espectacular.

Con la indispensable Maribel, que lleva al frente del negocio toda la vida, doy un repaso a la situación turística general. Me asombro de que no haya lista de espera para venir hasta aquí, sobre todo porque este mes todos los fines de semana los niños no pagan, y el bungaló sale por el -permítanme decirlo- ridículo precio de 45 euros por noche, mínimo dos noches. Ridículo porque más barato imposible. O mejor dicho, es posible, pero irrentable. Y un negocio, para que sobreviva y cree puestos de trabajo, tiene que estar en números azules. Así de elemental.

Galicia, desde luego, no puede perder un excelente atractivo del turismo respetuoso, de naturaleza y de calidad si el Acampamento O Caurel entrase en números rojos. De nosotros, los gallegos, depende. Y por lo que se ve, de los madrileños también, grandes admiradores de la penúltima sierra virgen que nos queda.

Gwyneth Paltrow y A Parada das Bestas

Lunes, noviembre 19th, 2012

Gwyneth Paltrow jugando con Antón, el hijo pequeño de los propietarios de A Parada das Bestas

Red Natura del río Tambre. No sé por qué en esta mañana gris pero sin lluvia me he acordado de Gwyneth Paltrow. No he visto ni una película suya (en realidad, no veo cine, nada de nada, ya tengo una edad como para cuidarme), pero fue muy agradable estar con ella aquellos tres días de hace media docena de años en A Parada das Bestas. Compañeros de El Progreso intentaron acceder a la casa de turismo rural, en Palas de Rei, pero no pudieron. Fue una buena exclusiva nuestra, de La Voz de Galicia y mía, que me la trabajé en el más completo de los silencios y me salió bien. Había un trato: no publicar nada hasta que ella se hubiera ido, y así fue. Luego publiqué tres o cuatro páginas al domingo siguiente.

Dominando el español (sólo un error en un subjuntivo), Gwyneth era lo más humilde del mundo. La antidiva. Lo peor era quien la rodeaba. No su guardaespaldas, silencioso y educado personaje que hizo su trabajo con discreción, sino los que iban de figuras, un impresentable colaborador del New York Times (al menos eso él decía, vaya usted a saber con los fanfarrones, igual sólo había publicado uno o dos artículos) y un tal Marco Batali. Insufribles y creyéndose dioses. Alguien me dijo hace un par de meses que Batali estaba arruinado. No sé, me da igual.

Y recuerdo una jornada dedicada íntegramente al Camino de Santiago. En la televisión todo es mentira, y aquí no iba a ser menos. Estaban rodando Spain, on the road again… y valía todo. En el Camino iban en dirección contraria, había que chivarles los diálogos por micrófonos ocultos… En fin, que será normal, pero me pareció tan falso que me apartó todavía más de la tele.

Reencuentro (feliz) en Casa Cazoleiro

Viernes, noviembre 16th, 2012

Grañanova (Meira). Este país tiene sus paradojas. Miles de bares y chiringuitos y de repente no encuentro ni uno. Estoy pisando el monte de A Marronda, municipio lucense de O Cádavo, y admito que no resultaría normal encontrarme un mesón por ese monte que me impresionó, pero no tanto como pensaba antes de salir de casa en mi viejo, viejísimo, Land Rover que acabará dejándome la espalda con textura de puré. Y sin duda no me impresiona porque mis conocimientos de botánica rozan la negatividad absoluta. Algún defecto debía de tener… Pero sí, el monte está bien, el bosque es bonito y sobre todo el contraste entre estas especies autóctonas en las que ya se cuela el eucalipto y sus vecinos es para reír o llorar, depende de cómo se lo tome uno.

Total, que he arrancado hacia el norte esperando encontrar algún sitio donde meterme algo entre pecho y espalda, por la sencilla y comprensible razón de que he desayunado a las siete menos cuarto de la mañana y el reloj marca la una y media. Va siendo hora. Pero no, no hay nada. Nada. O sea, cero. De modo que kilómetro tras kilómetro me acerco a Casa Cazoleiro con la esperanza de que no esté cerrada. Y no lo está. No hay mucha gente pero Álvaro, el dueño y viejo amigo, no para de un lado para otro. Siempre he pensado que este hombre no puede estar quieto.

Y así, entre oporto y jamón, con chorizo y fabada, transcurre la charla, siempre grata con él. Tiene proyectos, como siempre. Sigue hablando con mucho amor de los caballos con los que organiza rutas y le noto un tono de disgusto al referirse a los usuarios de los quads. Del paint ball no dice ni una palabra ni yo le pregunto, porque no encuentro cosa más tonta que jugar a la guerra, que es lo único que jamás puede ser un juego (junto con el pasar hambre). Se nota que le va bien y se lo digo. Reconoce que aguanta el tirón mejor que otros, pero confiesa que es a golpe de horas y más horas de trabajo. Y le creo. Pero también creo que de vacaciones totales Álvaro se aburriría. Y hacen falta muchos como él para sacar esta Galicia adelante.

Y ahora, Ponteceso

Domingo, noviembre 4th, 2012

Red Natura del río Tambre. Pedro Tasende, ex compañero en tareas informativas, tiene ahora una empresa que no sé si le va bien o mal, pero que trabaja con seriedad, seguro. El que me invitara él me dio garantías de que mi viaje a Ponteceso, hace unos días, a conocer el proyecto Os Camiños do mar no era tiempo perdido. Y no lo fue. El resultado lo publico hoy, cuatro páginas completas en el periódico.

Conozco Ponteceso desde niño. Pero tengo que reconocer que me quedan muchos rincones de la Costa da Morte por explorar, y parte de las riberas de este municipio eran para mí ignotas. La ruta PR-G 148 es un acierto, y en algunos lugares no tiene nada que envidiar a la sin duda -en mi opinión- mejor del mundo en lo que se refiere a itinerarios costeros: el Pembrokeshire National Coast Path. La recuperación de la mina de titanio-volframio, en Balarés, es un gran acierto por parte de la Diputación de A Coruña, y el instalar allí un restaurante, de sobresaliente. Hacerla me permitió incluir, ya sin duda, la barra arenosa que separa la ría de Laxe y Corme de las aguas dulces del Anllóns entre los cien lugares que todo gallego debe conocer.

Corme decepciona. Ya nunca fue una maravilla, pero la destrucción de los años 80 y 90 en forma de edificios nuevos irrespetuosos con cualquier cosa que pueda entenderse como línea estética la convierten en una localidad de paso. ¿De paso a dónde? A Punta Roncudo, sin duda alguna, que se ha labrado una merecida fama de gran percebe. Eso sí, a costa de vidas humanas. Los arenales de Barda y Niñóns, pequeños y recogidos, estaban solitarios, claro está, y eso los engrandecía. Una maravilla.

Lo dicho: he escrito las cuatro páginas de hoy disfrutando. Lo cual, con la que está cayendo, pues es una gozada, para qué les voy a mentir.

Mesón A Cochera, en Covas (Ferrol): historia de un encuentro cordial

Sábado, noviembre 3rd, 2012

Red Natura del río Tambre. Tras la publicación el domingo pasado de cuatro páginas dedicadas a la Senda Ártabra, esa pista que han abierto por un lugar espectacular y hasta ahora inaccesible, he recibido un mail del propietario de A Cochera, un establecimiento de Covas que yo citaba (esta es su web). No lo conozco de nada, pero no debe de ser de la generación protestante de internet, porque su tono era no sólo educado sino que hacía gala de una diplomacia de quitarse el sombrero. Y eso es raro en la Red. Cualquier indocumentado tiene acceso a ella -no se pide test de inteligencia- y desde el smartphone de turno le suelta a uno cuatro cretineces sin opción a respuesta. Maravilloso. Pero es lo que hay.

A Cochera tiene habitaciones, que yo no recomendaba ni dejaba de recomendar, y eso me venía a decir de manera elegante su propietario, quien, al parecer, ha hecho una inversión para darles un plus de encanto. Por supuesto, tendré que ir a verlo con mis propios ojos, como hago siempre, pero lo cierto es que el tiempo no llega a nada. ¡Y eso que la última vez que estuve enfermo fue hace más de un decenio! El problema (turístico y hostelero) en Galicia es que hay mucho trigo, pero también mucha paja, y eso hace gastar minutos y energías en algo inservible: ni produce placer el trabajo, ni produce beneficio, ni orienta al lector, ni ayuda a mover la economía. ¿Quieren un ejemplo? Una web describe con pelos y señales dos rutas de senderismo para ir a ver los Penedos de Traba y los de Pasarela, en la Costa da Morte. Fui allí de paso con el fin de ver dónde arrancaban los itinerarios, un poco el nivel de dificultad y me fue imposible encontrar ni un metro de los itinerarios. Al día siguiente hablé con dos expertos locales de Vimianzo y Laxe y me confirmaron… que no existen. ¡Ah! Esa web fue financiada con impuestos de fuera de Galicia. Así cualquiera…

Casa Platas, un final dulce para la aventura casi trágica de la Fraga das Barbudas

Viernes, octubre 19th, 2012

Red Natura del río Tambre. Decía en el post anterior que las había pasado canutas en la Fraga das Barbudas. A medida que han ido circulando las horas el susto se ha ido evaporando, pero entonces estaba todo el cuerpo (y el alma) en tensión. Cada uno es cada uno y reacciona de manera diferente en una situación de peligro. Yo nunca tengo miedo mientras estoy metido en ella. Cuando remata, las piernas no me sostienen y me entra el pánico. Bueno, es mejor eso que lo contrario.

Así que cuando llegué embarrado, con rasguños pero sano y salvo al Land Rover, arranqué y me planté en Ponte Aranga, que dista poco más de un kilómetro del inicio de la fraga. Me detuve ante el único sitio para comer y entré decidido. Entonces fue cuando entró el hambre (eran más de las tres de la tarde), me temblaba todo el cuerpo y necesitaba estar en contacto con la civilización.

Primera sorpresa: el lugar resulta más agradable por dentro que por fuera, y todavía más agradable es la gente que trabaja allí. También entra en el capítulo de lo posible que me hubieran visto con aquel aspecto deprimente, pálido y sucio. Pero el resultado es que rápidamente me dispusieron una mesa y comí de maravilla. Callos buenos (aunque no excelentes), un buen trozo de pata de cordero y un estupendo café de pota. Y muy barato. Así que una hora más tarde, ya tranquilo, con el color en las mejillas, volví a cruzar la puerta para regresar a casa. Feliz por haber descubierto ese sitio para comer al que sin duda volveré.

Dos jóvenes se hacen cargo de la Rectoral de Anllo y se atreven con el Outono Gastronómico

Viernes, octubre 12th, 2012

Red Natura del río Tambre. Publico hoy una crónica sobre el Outono Gastronómico, esa idea estupenda que hace unos años puso en marcha Turgalicia para desestacionalizar el turismo. Está arrancando, así que no hay cifras, pero el hecho de que más establecimientos de turismo rural se hayan anotado a la iniciativa hace que la cosa pinte bien. en esencia, consiste en ofrecer dos menús diferentes con un precio cerrado: 30 euros, IVA incluido. A partir de ahí hay variaciones: quedándose a dormir una noche, dos, solo con compañía…

La crónica de hoy la centro en la Rectoral de Anllo, un palacio de ínfulas inequívocamente italianas situado en la puerta de la Ribeira Sacra lucense, en el municipio de Sober. La curiosidad me vino no del hecho de que los propietarios lo hayan alquilado, sino de que los nuevos gestores son gente joven. Y hay que tener sus arrestos para irse hasta allá a complicarse la vida. El valor no se les supone a Nacho y Javier, sino que lo han demostrado.

A la hora de diseñar los menús gastronómicos no se han complicado la vida con nombres raros: tempura de verduras, solomillo de cerdo con puré de patatas y compota de manzana, lasaña de verduras con setas asadas con queso del país, merluza en salsa verde… ¿A que abre el apetito?

 

Una anotación sobre los lugares para comer en Castroverde (Lugo)

Lunes, septiembre 24th, 2012

Me manda un correo alguien que no conozco y que responde al nombre de Santi Pillado, haciendo referencia a un post mío anterior sobre el nuevo albergue de peregrinos de Castroverde (Lugo). Y en estos tiempos uno se queda gratamente asombrado, porque no se suelen recibir escritos como ese.

En primer lugar, porque se identifica con nombre y dos apellidos. Cierto, pueden ser falsos, pero yo no lo creo en este caso. En internet manda el anonimato, está bien, es correcto, y a uno, con más de cuatro décadas de oficio en sus dedos, eso le parece una cobardía. Se da la cara, se discrepa y punto.

En segundo lugar, por su tono. Los periodistas recibimos con más asiduidad de la esperada mails -todo el mundo sabe escribir- en las cuales ni se saluda, ni se despide, ni se discrepa: se le llama a uno mostrenco, bellaco, vendido, ignorante y todo lo demás subido de tono que usted se imagina. Pues no, este Santi Pillado emplea un tono correcto y educado, que se agradece. Y como consecuencia viene a decirme que no estoy bien informado.

Escribía yo, textualmente, que “merece la pena ir a verse (el albergue), aunque en la localidad no haya un sitio curioso para comer”. Santi Pillado discrepa, tras dar las gracias por la información: “Escríbolle porque non coincido con vostede en que en dito pobo non haxa un bon sitio para comer. Todo o contrario, a vila goza de 2 restaurantes principalmente (“A Lenda e o “Pereira”), nos que che digo eu habías quedar conforme”.

Pocas veces uno da explicaciones a un lector con tanto gusto como hago yo ahora mismo. Yo he comido en Castroverde en tres o cuatro ocasiones. La última, hace tres veranos. Y nunca salí enfadado pero tampoco feliz. Sitios para satisfacer una necesidad fisiológica y punto. Ni siquiera sé dónde fue esa última vez. Seguro que en A Lenda paré, pero creo que fue hace mucho tiempo. Dos peregrinos amigos que recorrieron el Camino Primitivo en junio pararon ahí y su opinión no es ni mala ni buena.

Dadas esas explicaciones, tengo un compromiso con Santi Pillado: la próxima vez que pase por  Castroverde (que será este mes o el que viene) comeré ahí. Y luego le cuento. Aunque sólo sea por seguir el debate con alguien que discrepa de manera tan elegante y sin que dispare rayos y truenos.

Alto y claro: compre la revista de “Pazos de Galicia”

Sábado, diciembre 17th, 2011

Santiago de Compostela. ¡Quién lo diría! Ayer una tormenta de mil diablos, conduciendo con una prudencia extrema, y hoy un sol maravilloso, un par de solitarias y mínimas nubes allá arriba y a pasear… los que tengan tiempo para ello. Pero lo hagan hoy o dentro de unos meses, quiero animar a que compren la revista de Pazos de Galicia, que por un euro entrega hoy este periódico. “Claro -dirá más de uno-, hace publicidad de su empresa”. No es esa mi intención, si la revista la vendiese Perico de los Palotes diría exactamente lo mismo. Y por dos razones. Una, porque es buena. Así, sin más. En un país como Galicia que no tiene ni una revista de viajes, turismo, costumbres y medio ambiente esta semestral es un alivio.

Y la segunda razón es que yo apoyo a Pazos de Galicia. No porque tenga intereses ahí, que no los tengo, ni porque me lleve bien con su presidente, Javier Goyanes, que sí me llevo bien, sino porque Galicia tiene que tener -así, en doble imperativo- una marca de calidad. Y ya que cuenta con ella, no hagamos la de siempre y la dejemos caer. Con unos precios en ocasiones muy bajos y ridículos si se compara con Welsh Rarebits o Chateaux et Hotels Collection, por ejemplo, ahí están esas dos docenas de establecimientos dando la cara.

Y lo demás es la Galicia llorona de la cual yo abomino. Aquí hace falta remangarse y currar, publicar periódicos, publicar revistas y, como dijo el ya ex presidente Zapaterio, ser optimistas. Porque con el pesimismo no vamos a ningún lado.

“Cómete o mar”, ¿por qué no?

Viernes, noviembre 11th, 2011

Red Natura del río Tambre. Hoy publico en el suplemento Fugas de La Voz de Galicia una información sobre unas jornadas gastronómicas llamadas Cómete o mar que se están a celebrar al sur de la Costa da Morte, entre Fisterra y Porto do Son. Para mí, lo más importante es, además, el hecho de que se organicen a partir de hoy mismo y durante cuatro viernes consecutivos unos Talleres Gastronómicos en otros tantos establecimientos y con otras tantas especialidades, de modo que ir a uno no impide acudir al resto. Cierto es que no tengo tiempo de acudir yo en persona, lo cual realmente me gustaría, pero creo que esa es la vía: organizar una cosa tras otra, aquí y allá, a precios asequibles y a precios (casi) inasequibles. Esa es la manera de mover el turismo, de desestacionalizar, de animar a la gente a romper la rutina milenaria de quedarse encerrado en casa en el otoño-invierno

¡Volvió el Outono Gastronómico!

Viernes, octubre 7th, 2011

Red Natura del río Tambre. Ayer me llamó por teléfono el amigo Suso Flores, coordinador de suplementos para anunciarme que había entrado un anuncio destinado a mis dos límpidas páginas sobre el Outono Gastronómico, que publico hoy. Eso no le gusta a nadie. La publicidad es fundamental, y en estos tiempos de escasez todavía más, pero a nadie le gusta que vaya en sus páginas, las cuales ha mimado, controlado, medido, rellenado. Pero así son las cosas.

Pero eso son trances diarios del oficio. Lo interesante es que ha vuelto el Outono Gastronómico, una iniciativa de Santiago Bacariza, el jefe de Turismo Rural de Turgalicia al que resulta imposible sacarle declaración alguna, remitiendo siempre a su jefa.

La cosa tiene su miga, porque por 30 euros se mete uno entre pecho y espalda una cena completísima con menú cerrado. Cierto es que 30 euros son eso, 30 euros, pero el escenario -con muy escasas excepciones, los establecimientos son preciosos-, la calidad de la comida, el hecho de que incluya vino (siempre gallego, otro acierto de Santi) y el IVA reducen el posible susto inicial. No, no es caro, y menos aún si uno se queda a dormir.

Ya sé que me repito, pero nos encontramos ante una iniciativa muy galesa (aunque he confirmado que allá no existe nada similar). Y, desde luego, es una manera optimista de afrontar la crisis, de darle una colleja al señor Trichet, que al fin se va del Banco Central Europeo, de decirle al mundo que no habrá recuperación económica sin estimular el consumo. El único problema es qué tipo de consumo. Y ahí Turgalicia está indicando el camino: la calidad. Por eso me alegro de que haya vuelto el Outono Gastronómico. Y que se repita.

Restaurante O Acio, en Santiago

Jueves, agosto 18th, 2011

Santiago de Compostela. Tocó (muy grata) comida de trabajo que al final no fue de trabajo sino de reencuentro con dos buenos amigos tras el paréntesis de julio. F. eligió O Acio, aquí en Santiago, porque no lo conocía, un local acogedor con la zona que es comedor -pequeña- un poco abierta de más. Sólo siete mesas ahí, más cuatro o cinco en la zona de la barra.

Este es un buen momento para comer en la calle Galeras, en Santiago, porque, además de que se dan cita en unos pocos metros El Quijote (caro), el Mercadito (caro), Pedro Roca y O Acio, es zona a la que no acuden los turistas, encerrados en la ciudad vieja. Así que se está tranquilo y le atienden a uno muy bien.

Eso fue lo que sucedió. Con un excelente vino de San Vicente de la Sonsierra (una localidad riojana del partido judicial de Haro que al fin ha aprendido a comercializar sus caldos después de siglos encerrada en sí misma) desaparecieron las sardinas sobre tosta, el carpaccio de aguacate con helado, el secreto ibérico con tres tipos de mostaza, la caldeirada de cabracho y el sargo con vegetales varios. Más los postres claro. No tienen café de pota.

A 40 euros per capita, vino incluido. No es caro para lo que comimos.

“Yo, cuando me equivoco, rectifico. ¿Y usted qué hace?”

Viernes, agosto 12th, 2011

Red Natura del río Tambre. El gran Keynes, al que tanto se echa de menos en esta interminable crisis, expuso en una conferencia una tesis que contradecía otra publicada en uno de sus libros años antes. Cuando en el coloquio uno de los asistentes le hizo notar –al parecer con acritud- tal contradicción, el ideólogo del Estado del Bienestar le respondió: “Yo, cuando me equivoco, rectifico. ¿Y usted qué hace?”.

Yo no soy Keynes, por desgracia para mí, pero me aplico su frase. Me he equivocado y rectifico. La cosa es que la semana pasada, con las prisas del cierre, se me ocurrió recomendar en mi serie Faros el Estrellas del Mar como lugar idóneo para comer en O Barqueiro. Una jugarreta de la mente, puesto que yo he comido ahí muchas veces… hasta su cierre hace unos tres años. El que tenía en la cabeza era O Forno, que visito todos los años. La mini-reseña la puse bien (mejor las mesas que miran al mar que las otras, etc.), pero la mente me jugó una mala pasada y escribí mal el nombre del establecimiento.

Estoy plenamente convencido de que Freud no sólo hubiera encontrado una explicación sino que me habría disculpado. Espero que eso mismo hagan ahora mis lectores.

The Old Point House, un pub del XV

Martes, julio 26th, 2011

Angle (Gales). Gente amable, desde luego. Eso es lo que me estoy encontrando en este viaje. Gente que da las gracias por todo, que pide siempre por favor, gente como la pescantina de Tenby (sólo hay dos puestos de venta de pescado en toda la ciudad). O gente como las dos quinceañeras  -más estudiantes trabajando- que atienden el venerable The Old Point House, que desde el siglo XV acoge a los ciudadanos de Angle, en la entrada a la ría de Pembroke. Esas paredes saben mucho de salvar vidas en el mar, y también de maniobras militares porque aquí se entrenaron los valientes que desembarcaron en Normandía. ¡Desde el siglo XV, Dios mío, y sin meter plástico para nada!

Luces y sombras de The Lobster Pot, un pub en la galesa Marloes

Domingo, julio 24th, 2011

Marloes (Gales). He seguido los consejos vía Facebook de mi ignota amiga Lisa Jones, así que cogí el Passat alquilado y tras perderme dos veces llegué a Little Haven, donde ella estaba.

Lo de perderme no tiene mucha justificación, porque hasta el mínimo cruce está señalizado -señales homogéneas en toda Gran Bretaña, aquí no hay el “na miña casa fago o que me peta” gallego y uno pasa de un municipio a otro sin que varíe la señalética- y además las carreteras están bien numeradas. Mi amigo el fotógrafo Manuel Marras se reirá ahora de mí, sin duda.

Pub The Castle, en Little Haven

El caso es que llegué a la enorme playa de Broad Haven, preciosa, día de huevo frito en el cielo, personal que pasa de todo y se mete en el arenal haga frío, calor, o lo contrario de lo opuesto. Otra estrechísima pista por la que sólo cabe un coche, con ancheamientos de vez en cuando para que uno pare y pase en el enfrente, conduce al minúsculo y abigarrado Little Haven, donde la práctica totalidad de las casas se alquila y donde la ratio vivienda/pub disfruta de niveles hispanos. En The Castle no conocen a Lisa, y salgo de ese puertecito sin encontrármela, buscando el siguiente punto que me recomendó: The Lobster Pot, en Marloes, un pub con escaso cuidado estético interior para lo que es Gran Bretaña, con una paeja en edad madura justamente cordial sin más, lo que no ayuda a generar una atmósfera atractiva. Pregunto por Lisa. Mera sonrisa negativa y a otra cosa.

El jardín es grande e impecable, estupendo, muy cuidado, grato a pesar del ruido de un extractor, monótono y de bajo volumen. El cuidado que le falta a la decoración por dentro es eso, una característica del interior: todos los detalles vegetales y marinos están colocados de manual. Pero a pesar de eso no me acaba de gustar demasiado The Lobster Pot. Me alegro de haber venido, pero habiendo otra alternativa no repetiré. Y no porque sea caro, que ciertamente sí lo es.

Regreso a Caldey Island, con obligado transbordo en el mar incluido

Domingo, julio 17th, 2011

Caldey Island (Gales). Por lo general, cuando vuelvo a un sitio que me ha impresionado no suele gustarme tanto. No es que me esté haciendo mayor, sino que es algo que me ha sucedido siempre, y cuando uno escribe siempre lo que quiere decir es que ha habido excepciones.

Una de ellas la estoy viviendo hoy en Caldey Island. Empezamos la aventura en alta mar: el patrón se llevó por delante unas redes -y eso que una boya las señalizaba claramente- y quedamos a la deriva y sin tracción. No hubo que esperar mucho, cierto, para que otra embarcación se acercase por babor y las dos docenas de pasajeros -cuatro niños, sus madres y padres, y el resto tercera edad avanzada- pasamos como pudimos de una cubierta a otra. No había oleaje, claro está, pero incluso así debe calificarse de milagro terrenal el que ni un bastón cayera al océano.

Caldey Island está no sólo igual, sino mejor. Oficina de Correos, tienda, perfumería y monasterio -prácticamente todo lo que hay, más un hospedaje- muestran su mejor cara. En el café, estrecho como él solo, ofrecen lo mismo más una curiosa cerveza de gengibre que pasa por ser la única bebida alcohólica a la venta, 5 grados. Las mesas, todas al aire libre, asientan directamente sobre una hierba impoluta tanto al amanecer como, prácticamente, cuando a las 5 se cierra la isla y parte el último barcucho: lo que hay en el suelo es algún miniplástico y una -una colilla vieja.

Pero además, desde el faro ha sido creada una alfombra vegetal: una máquina desbrozó tres metros de ancho a lo largo de los acantilados sin tocar el suelo, así que no ha habido agresión, y para el verano próximo, con todo cerrado por helechos y ortigas, vuelta a repetir la operación.

La ruta es un cuadrado perfecto que permite observar las vacas de los monjes pastando en el borde de un acantilado que parece que las va a succionar. Giro aquí, giro allá y al visitante entra en el antiguo priorato, abandonado, con su piedra votiva del siglo IV, hoy con tejado, todo con un aire de misterio. Y pegado a él, en edificio insulso, el lugar donde acaban -acabamos- todos los que hacemos esa ruta, que es como decir la aplastante mayoría de los que desembarcamos cada día en la isla: la Chocolate Factory, minúsculo mostrador abarrotado con la cola de personal saliendo al aire libre, por supuesto: cuatro tipos de chocolate y una docena de fudges de sabores. Un excelente y dulce final. Una maravilla, Caldey Island.

El “tea room” de Stackpole Bay

Sábado, julio 16th, 2011

Stackpole Bay (Gales). El tea room de Stackpole Bay es, para mí, el mejor establecimiento del sur de Gales. Lo conocí hace ocho años y he vuelto hoy tras dar unas cuantas vueltas por el asfalto, porque la costa está tan protegida que ha sido declarada parque nacional. Además, un sendero de 299 kilómetros, el Pembroke National Coast Path, la recorre, la mayor parte de ese recorrido pegado a los acantilados. Así que si uno quiere ir a algunas playas tan buenas como las gallegas y más limpias que las gallegas (no he localizado ni una colilla, ya no digamos un envase de yogur) tiene que caminar un buen rato y subir y bajar por el Pembroke National Coast Path, incluyendo escaleras. Es el precio del equilibrio paisajístico.

Stackpole Bay es un buen entrante del mar, la única cala digna de este nombre en la costa sureña galesa. Allí se refugia una sola embarcación pesquera (o al menos yo he visto siempre la misma) protegida por un espigón muy corto (porque el espacio no da para más) pero muy alto porque las tormentas son de aúpa. Tras la cala está la vieja casa de los botes, hoy convertida en un precioso chiringuito propiedad del National Trust. Una maravilla carísima para el cliente, que paga con gusto en tal paraíso donde sólo por aparcar cobran cuatro libras (cinco euros) esté uno 10 minutos o el día entero. ¿Personal? Sobra, entre voluntarios y estudiantes que se quieren ganar unas libras, porque aquí todos los universitarios trabajan, faltaría más.

Mesas y bancos de madera, nada de manteles, no hay alcohol y la carta es vulgar en su concepción y reducida. Pero lo dicho: este sitio es una maravilla.

Manorbier, uno de los lugares más maravillosos de Gales

Lunes, julio 4th, 2011

Manorbier (Gales). Vuelta A Manorbier. No es fácil de explicar por qué una localidad tan pequeña y tan bonita ha dejado tanta huella cuando hace ocho años sólo estuve una tarde noche en el cociento organizado por Judith –la esposa del vicario- para recaudar fondos destinados a la reparación de la torre de la iglesia local, puesta bajo la advocación de Saint James. Un concierto –copa de vino a un euro includa en el interior del templo- y una cerveza posterior y multitudinaria en The Castle, el único pub.

Ahora estoy en The Castle. El propietario es el mismo, un hombre lánguido que cuando le hablo del pasado recupera la sonrisa y es todo amabilidad. Como en el jardín, manifiestamente mejorable desde el punto de vista estético, comida buena, no cara, un par de pintas de cerveza. Sol y nubes, playa antes para tres, caminata para dos (Antón y, desde luego, yo), Pembrokeshire National Coast Path frecuentado por gentes de todas las edades, el castillo –impresionante- en su sitio, aparcamiento en la playa sin vigilancia pero a tres libras máximo tres horas, cinco todo el día, 30 de multa a quien no tenga tique.

Una maravilla. Da pena marcharse.

De la Universidad Senior a Casa Juan

Domingo, junio 5th, 2011

Yo en el medio de estudiantes de la Senior

Red Natura del río Tambre. El viernes pasado me fui a Ferrol como primer paso antes de recorrer la zona de Cedeira. Asistí a la entrañable ceremonia de graduación de una promoción de la Universidad Senior. Todos los que recogieron su diploma tenían más de 50 años (algunos, un montón de ellos más), y la verdad es que daban hasta envidia. Tienen un blog, donde deberían ser más activo, pero esto último no les resta mérito: trabajando algunos, con algún tipo de invalidez otros, productos de EREs varios, jubilatas en tiempo y manera… y todos apretando los codos para saber porque, es cierto, uno sólo envejece cuando deja de tener interés en aprender. En fin, a todos mi enhorabuena y mi admiración.

De ahí salí a comer con mi madre, que con 87 años y su retahíla de males (más los que cuenta que los reales) ha dado buena cuenta de un magnífico pulpo y unos fresquísimos calamares, todo ello regado con albariño y previo al postre. Me llevó a conocer Casa Juan, en la zona de la plaza de Ultramar, un lugar que por fuera no inspira confianza pero que una vez en el interior se revela de atmósfera acogedora, dos camareros -él y ella- a cuál más encantador y con un buen producto a precio tirando a bajo. El típico sitio en el que el local en sí -insisto, no está nada mal- va a frenar en progresión. Porque cocinan de maravilla y tienen un buen servicio. O sea, que podían aspirar a más.

Reencuentro en el restaurante Astur, en las afueras de Ferrol

Lunes, abril 4th, 2011

Red Natura del río Tambre. Tocó comida familiar en un sitio, el restaurante Astur, donde ya había comido hace justamente por estas fechas la friolera de 18 años. Lo difícil es encontrarlo, y para los aventureros que tomen nota: carretera de Ferrol a Cedeira por Freixeiro (no por la costa), se pasan un par de rotondas y aparece en una de ellas un desvío a la derecha que conduce al pazo Libunca, excelente lugar. Muy poco después, a la diestra, se encuentra en Astur, con su aparcamiento y su jardín que en verano se agradece.

No tenía yo muy buena imagen del sitio. Tampoco mala. Uno más. Pero la verdad es que la he cambiado. Muy amables, limpio, luminoso, bonito. Yo comí unas fabas con (pocas) almejas y unos escalopines al cabrales. El reproche es que la comida no estaba hirviendo, algo innegociable en mi caso, pero reconozco que eso va con gustos. Todo el mundo salió contento. Hasta mi madre, que fue quien pagó. “Salió muy barato”, me reconocía poco después. Eso sí, no tienen web, así que tienen que fiarse de mi palabra. O no hacerlo, claro está.

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