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Entradas para la categoría ‘Para ir con niños’

Acampamento O Caurel: un lujo para el turismo respetuoso con la naturaleza

Lunes, abril 22nd, 2013

Seoane do Courel. Una maravilla. Hacía año y medio largo que no venía al Acampamento O Caurel y sigo diciendo que es una maravilla. En el interior de los bungalós hay de todo, nada falta, y el toque Ikea que le han dado en tiempos recientes les ha sentdado muy bien. Las cocinas (funcionales vitrocerámicas) son muy nuevas aún. Queda darle una vuelta a las camas (¿para cuando en Galicia los edredones en vez de las mantas?). Pero su gran activo es lo muy cuidado que está el entorno, y primavera -pajaritos cantando, árboles en flor- el establecimiento, entre el Lor y un bosque, luce espectacular.

Con la indispensable Maribel, que lleva al frente del negocio toda la vida, doy un repaso a la situación turística general. Me asombro de que no haya lista de espera para venir hasta aquí, sobre todo porque este mes todos los fines de semana los niños no pagan, y el bungaló sale por el -permítanme decirlo- ridículo precio de 45 euros por noche, mínimo dos noches. Ridículo porque más barato imposible. O mejor dicho, es posible, pero irrentable. Y un negocio, para que sobreviva y cree puestos de trabajo, tiene que estar en números azules. Así de elemental.

Galicia, desde luego, no puede perder un excelente atractivo del turismo respetuoso, de naturaleza y de calidad si el Acampamento O Caurel entrase en números rojos. De nosotros, los gallegos, depende. Y por lo que se ve, de los madrileños también, grandes admiradores de la penúltima sierra virgen que nos queda.

O Grove: maravillas de la costa menos conocida (y algunos puntos negros)

Domingo, marzo 24th, 2013

San Vicente do Grove. Es difícil que me desanime la lluvia. Y si arrecia tanto que no puedo salir me meto en un museo. Los Científicos Coruñeses son mis preferidos, pero no los únicos. En cualquier caso, he salido a San Vicente de O Grove, a recorrer un minúsculo trozo de costa con playas pequeñas y maravillosas, y por lo general desconocidas. El Petón do Con Negro es una mole sencillamente impresionante, y los arenales cercano enamoran incluso a gente como a mí, que en verano no piso una playa ni loco. En realidad, en el estío también los pisa muy poca gente.

Pero pasa lo de siempre: en pleno paraíso aparece la porquería. ¿Que la lanza ahí el mar? Por supuesto, así es, aunque el mar no tenga culpa de nada: la tienen quienes arrojan los desperdicios no orgánicos a él, pensado que digiere todo (gran mentira). Con los ayuntamientos en la UCI por falta de liquidez, las alternativas son tres: o dejamos la costa como está, lo cual quiere decir cada día peor; o nace el espíritu del voluntariado y vamos un grupo de amigos a limpiarla; o de una vez por todas le decimos a los parados que cobran de los impuestos de todos que algo tendrán que hacer por la sociedad que les paga (y por su municipio, y por sus hijos) en sus por desgracia numerosas horas libres. Porque mejorar la costa es mejorar la economía. Es atraer a más turistas. Es atisbar un trocito de futuro.

Excepto, claro está, que no nos hayamos enterado de que esta crisis ha llegado para quedarse y que nada va a ser igual a lo que era.

Un repaso a los lugares maravillosos que todavía quedan en la costa gallega

Domingo, noviembre 18th, 2012

O Carreirón, en A Illa de Arousa

Red Natura del río Tambre. He llegado al trabajo. No con muchas ganas, porque este domingo ha salido brillante, claro, sin nubes y algo fresco aquí en las cercanías de Santiago. Una maravilla de día para salir y patear, algo que haré dentro de un rato porque hay cosas urgentes que, además, no pueden esperar. Cojo el suplemento dominical de La Voz de Galicia no para releerme, que nunca lo hago (me da pánico encontrar una errata y ya no digamos un error), sino para ver cómo han quedado mis cuatro páginas. Se trata del primero de una serie de cinco reportajes en los que doy un repaso a la costa gallega, y como siempre se empieza desde Ribadeo voy a llevar la contraria y comencé en A Guarda, para llegar hasta Fisterra. Eso es lo que publico hoy. Pero no buscando cemento y ladrillo, sino justo lo contrario: ocho lugares maravillosos, que estamos perdiendo la batalla sicológica contra el feísmo y creemos que Galicia está destruida, y en absoluto es así. Lo que hay que pedir, exigir y protestar si menester fuese es que lo que queda sea intocable. Parece que en esa buena dirección va el Plan de Ordenación do Litoral. No creo que sea una panacea, y seguro que tiene fallos, pero ¿hay alternativa? ¿Hay otro mejor? ¿Alguna idea diferente? Esto es lo que tenemos, y eso es lo que hay que apoyar. Excepto que la jugada de uno sea dejar que las cosas vayan mal y luego protestar.

De modo que O Carreirón (A Illa de Arousa), Monte Louro y la laguna de As Xarfas, Pombeiro en O Grove, el cabo Udra, la desembocadura del Tambre, Punta Couso (el cabo desconocido de la Costa da Vela), el cabo Silleiro y la playa de Cordeiro donde el Ulla se funde en la ría de Arousa tienen su sitio en estas cuatro páginas, junto con el mapa situacional y fotos de aves que se pueden encontrar ahí. La mala noticia para los internautas es que si quieren verlo o incluso leerme tienen que echar mano del periódico del papel. Porque no todo va a ser gratis en la vida.

Mesón A Cochera, en Covas (Ferrol): historia de un encuentro cordial

Sábado, noviembre 3rd, 2012

Red Natura del río Tambre. Tras la publicación el domingo pasado de cuatro páginas dedicadas a la Senda Ártabra, esa pista que han abierto por un lugar espectacular y hasta ahora inaccesible, he recibido un mail del propietario de A Cochera, un establecimiento de Covas que yo citaba (esta es su web). No lo conozco de nada, pero no debe de ser de la generación protestante de internet, porque su tono era no sólo educado sino que hacía gala de una diplomacia de quitarse el sombrero. Y eso es raro en la Red. Cualquier indocumentado tiene acceso a ella -no se pide test de inteligencia- y desde el smartphone de turno le suelta a uno cuatro cretineces sin opción a respuesta. Maravilloso. Pero es lo que hay.

A Cochera tiene habitaciones, que yo no recomendaba ni dejaba de recomendar, y eso me venía a decir de manera elegante su propietario, quien, al parecer, ha hecho una inversión para darles un plus de encanto. Por supuesto, tendré que ir a verlo con mis propios ojos, como hago siempre, pero lo cierto es que el tiempo no llega a nada. ¡Y eso que la última vez que estuve enfermo fue hace más de un decenio! El problema (turístico y hostelero) en Galicia es que hay mucho trigo, pero también mucha paja, y eso hace gastar minutos y energías en algo inservible: ni produce placer el trabajo, ni produce beneficio, ni orienta al lector, ni ayuda a mover la economía. ¿Quieren un ejemplo? Una web describe con pelos y señales dos rutas de senderismo para ir a ver los Penedos de Traba y los de Pasarela, en la Costa da Morte. Fui allí de paso con el fin de ver dónde arrancaban los itinerarios, un poco el nivel de dificultad y me fue imposible encontrar ni un metro de los itinerarios. Al día siguiente hablé con dos expertos locales de Vimianzo y Laxe y me confirmaron… que no existen. ¡Ah! Esa web fue financiada con impuestos de fuera de Galicia. Así cualquiera…

El paseo fluvial de Bertamiráns: bonito, pero demasiado corto

Lunes, octubre 22nd, 2012

Red Natura del río Tambre. Aprovechando el excelente día que hizo ayer, jornada electoral, marché a caminar por el paseo fluvial de Bertamiráns, que tiene fama de ser bonito. Y lo es, ciertamente, aunque con esa concepción tan gallega han hecho las vías de tránsito muy anchas: con un sendero cuidado llegaba, ni siquiera el empedrado hace falta. Pero es un poco el burro grande ande o no ande. El paseo fluvial de Odense, en Dinamarca, que es impresionante, es eso: un camino ancho de tierra. Eso sí: impecable y muy bien cuidado.

En cualquier caso, el paseo mereció la pena para conocer el lugar. Pero aquello son unos escasos cientos de metros y punto final, con molinos y un lavadero de agua pútrida al otro lado de la carretera. Y ya que al menos a los vecinos de Ames eso no les costó nada (sí, acertó usted; volvieron a pagar los alemanes con sus impuestos), sí deberían hacer que estuviese impoluto los 365 días al año. Sin excepción.

O sea, cara y cruz. Dicen que soy muy crítico, pero a estas alturas uno ya no va a cambiar…

 

Descubro -¡a estas alturas!- el río Ouro

Domingo, octubre 7th, 2012

Red Natura del río Tambre. Publico hoy en La Voz de Galicia cuatro páginas sobre el río Ouro. Tengo que decir, sinceramente, que tras haber recorrido incansablemente Galicia desde varios decenios atrás hacía tiempo, mucho tiempo, que no me encontraba con un paraíso como ese. En realidad me fui uno de estos buenos días pasados hasta Foz con más desgana que ánimo, a pesar de que el puente de hierro que existe en la desembocadura siempre me había llamado la atención. Desde luego, se merece mejor suerte.

A Pontevella fue un descubrimiento. El núcleo urbano podría quedar maravilloso a poco que pusieran sus moradores unas flores en las casas, un toque verde alrededor de los edificios. Que cuidaran el entorno como en Inglaterra o Dinamarca, por ejemplo. O como en Asturias, sin ir más allá. El área recreativa está abandonada a la mano de Dios, pero el camino que en ella comienza es digno de un pausado recorrido para descubrir los últimos juncales del río y luego el excelente bosque de ribera.

El sitio para dormir, en el cual estuve de incógnito, me apreció bueno, y la gente muy agradable. Es A Casa de Piego. El problema es que no hay dónde comer. Recomiendo un sitio, As Brasas, en Foz, pero no hay nada a lo largo de las riberas de este río. Y, por cierto, por la izquierda se puede circular en coche. O sea, que no hay disculpa para no ir.

Castillo de Nogueirosa: Cara…

Domingo, septiembre 16th, 2012

Castillo de Nogueirosa. Estoy en el castillo de Nogueirosa, llamado también de Andrade, muy cerca de Pontedeume (A Coruña). Para ser exactos, en lo más alto de la torre. Es un lugar recurrente desde mi adolescencia. Incluso llegué a dormir en él con una manta (entonces no había sacos de dormir por esos lares) y una hoguera al lado para calentarse. Formando parte de un grupo de animosos colegas llamado Investigación 70 limpiamos a la brava, y sin destrozar si una sola piedra, el interior de los muros. Así dejamos a la vista la caída de aguas (de la que nadie sabía nada), pero no pudimos evitar que una noche un grupo de bárbaros destrozaran el brocal del pozo, donde estábamos buscando la salida secreta que, creemos, encontramos desde el otro lado, aunque quizás hoy lo dude.

Hoy no encontré la piedra con escudo noble que entonces estaba tirada en el minúsculo patio de armas. Pero el castillo ha rejuvenecido con la inversión hace pocos años de dineros de esa Europa contra la que ahora algunos cargan, olvidándose de que aquí se mejoraron las infraestructuras sin pagar ni un céntimo. Pero en fin, esa es otra guerra.

Entré, pagué mi euro -algo con lo que estoy totalmente de acuerdo- y subí hasta la torre. Aunque faltan cosas. Falta que se pueda comprar un libro, un catálogo, un recuerdo, algo, porque el tríptico que entregan es escaso. Y además ese tríptico está en español, por cierto en una familia (tipo) de letra que será muy medieval, pero que resulta engorroso para leer. Hay que imprimir al menos versión inglesa. ¿Y dónde está la web? ¿O no existe la web? ¿Y los horarios? ¿Y el mail para consultas, sugerencias y quejas?… Así no vamos a ninguna parte. En cualquier caso, lléguese al castillo de Andrade o Nogueirosa. Aunque sólo sea por su impresionante panorámica.

Unas ideas para mejorar el año que viene la fiesta Belle Époque de Cuntis

Martes, septiembre 11th, 2012

Mi último post estaba dedicado a la fiesta Belle Époque que tuvo lugar en Cuntis el sábado pasado. Queda bastante claro mi defensa de la iniciativa, pero, como todo, es mejorable. De modo que a modo de (humilde) sugerencia ahí van algunas ideas para que la próxima edición todavía tenga más éxito que en esta, que ya es decir en esta Galicia donde fiesta se ha convertido en un sinónimo de churrasco, música a todo trapo y, sobre todo, alcohol.

1/ Fundamental: el casco histórico tiene que estar cerrado por completo al tráfico. No vale el “ya salgo” ni el “voy a recoger mi puesto”. Y, por cierto, eso tiene que aplicarse los 365 días del año, algo muy factible si se mira uno en el espejo británico, por ejemplo. U holandés. O danés. En fin, en el de países a los que por muchas razones no les va nada mal el turismo. La gente, que camine, que es muy sano. 100 ó 300 metros no son nada. Y al que no le guste, al Levante español. Nuestro modelo no es ese, y el éxito está asegurado con la prohibición: llegará mucha más gente y el comercio venderá mucho más. Que se lo pregunten a Santiago.

2/ Los niños iban gratis en una calesa que tenía 70 años aunque las ruedas “cantaban”. Eran de bicicleta, con sus coronas y todo. Pero, ¿por qué ir gratis? Vale el primer año. Para el resto de las actividades los niños tenían que comprar una pulsera (8 euros; 5 si eran más de dos infantes). Para incentivar el que la gente vaya vestida como la Belle Époque manda, odría ser gratis para los niños disfrazados (aunque fuera un poquito) y cobrarles al resto. Todo no se puede pedir.

3/ La comida, estupenda, y por sólo 10 euros vino incluido. Lo malo es que el caldo era un Barrantes algo agresivo. Al igual que en medio mundo, puede cobrarse 10 euros y la bebida aparte, y que cada quien pida lo que le pluguiere. Yo me apunté al albariño.

4/ En todo el norte de Europa hay voluntarios. Aquí seguro que los hubo también. Algún agradecimiento público deberían de tener.

Y, para ser justos, hay que agradecerle al alcalde su saber estar: todo el día presente pero como uno más. O te decían que era él o no lo sabías. No chupó cámara, no ejerció de político profesional haciéndose el simpático pensando en las elecciones. Y eso se agradece. Y lo ennoblece.

 

Merecido sobresaliente para la fiesta Belle Époque de Cuntis

Domingo, septiembre 9th, 2012

Esto. Justo esto es lo que hace falta para lanzar más el turismo gallego. Déjense de fiestas medievales -en realidad, una sola, igual año tras año, que rota por Galicia de la mano de una empresa- y búsquese un nicho de negocio, algo original, algo que implique a los vecinos. Como ayer sucedió en Cuntis (Pontevedra), cuyo pequeño y muy cuidado casco histórico regresó a los años 20 del siglo XX. Ahí no faltaba nadie: todo el vecindario se volcó en un acto colectivo, en una catársis festiva que implicó desde al alcalde a la dueña de la casa de turismo rural, desde el levantador de pesas hasta la boda. ¿Perfecto? Y nada era gratis, excepto -sorprendentemente- el paso en carro de caballos para los más pequeños. Por suerte. Digo que por suerte había que pagar. Nada de multitudes, nada de botellones estilo Romería Vikinga de Catoira u Os Caneiros de Betanzos. Un menú por 10 euros en lo que flojeaba era el vino pero para todos igual, eligiese el lugar que se eligiese para meterse entre pecho y espalda la espetada de uvas y queso (local), el can-can de pollo y el arroz con leche. Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras (¿de verdad?), aquí van varias fotos.

Alto y claro: compre la revista de “Pazos de Galicia”

Sábado, diciembre 17th, 2011

Santiago de Compostela. ¡Quién lo diría! Ayer una tormenta de mil diablos, conduciendo con una prudencia extrema, y hoy un sol maravilloso, un par de solitarias y mínimas nubes allá arriba y a pasear… los que tengan tiempo para ello. Pero lo hagan hoy o dentro de unos meses, quiero animar a que compren la revista de Pazos de Galicia, que por un euro entrega hoy este periódico. “Claro -dirá más de uno-, hace publicidad de su empresa”. No es esa mi intención, si la revista la vendiese Perico de los Palotes diría exactamente lo mismo. Y por dos razones. Una, porque es buena. Así, sin más. En un país como Galicia que no tiene ni una revista de viajes, turismo, costumbres y medio ambiente esta semestral es un alivio.

Y la segunda razón es que yo apoyo a Pazos de Galicia. No porque tenga intereses ahí, que no los tengo, ni porque me lleve bien con su presidente, Javier Goyanes, que sí me llevo bien, sino porque Galicia tiene que tener -así, en doble imperativo- una marca de calidad. Y ya que cuenta con ella, no hagamos la de siempre y la dejemos caer. Con unos precios en ocasiones muy bajos y ridículos si se compara con Welsh Rarebits o Chateaux et Hotels Collection, por ejemplo, ahí están esas dos docenas de establecimientos dando la cara.

Y lo demás es la Galicia llorona de la cual yo abomino. Aquí hace falta remangarse y currar, publicar periódicos, publicar revistas y, como dijo el ya ex presidente Zapaterio, ser optimistas. Porque con el pesimismo no vamos a ningún lado.

¿Gales igual a Galicia?

Viernes, octubre 21st, 2011

Red Natura del río Tambre. Y luego dicen que Gales y Galicia se parecen mucho

¡Volvió el Outono Gastronómico!

Viernes, octubre 7th, 2011

Red Natura del río Tambre. Ayer me llamó por teléfono el amigo Suso Flores, coordinador de suplementos para anunciarme que había entrado un anuncio destinado a mis dos límpidas páginas sobre el Outono Gastronómico, que publico hoy. Eso no le gusta a nadie. La publicidad es fundamental, y en estos tiempos de escasez todavía más, pero a nadie le gusta que vaya en sus páginas, las cuales ha mimado, controlado, medido, rellenado. Pero así son las cosas.

Pero eso son trances diarios del oficio. Lo interesante es que ha vuelto el Outono Gastronómico, una iniciativa de Santiago Bacariza, el jefe de Turismo Rural de Turgalicia al que resulta imposible sacarle declaración alguna, remitiendo siempre a su jefa.

La cosa tiene su miga, porque por 30 euros se mete uno entre pecho y espalda una cena completísima con menú cerrado. Cierto es que 30 euros son eso, 30 euros, pero el escenario -con muy escasas excepciones, los establecimientos son preciosos-, la calidad de la comida, el hecho de que incluya vino (siempre gallego, otro acierto de Santi) y el IVA reducen el posible susto inicial. No, no es caro, y menos aún si uno se queda a dormir.

Ya sé que me repito, pero nos encontramos ante una iniciativa muy galesa (aunque he confirmado que allá no existe nada similar). Y, desde luego, es una manera optimista de afrontar la crisis, de darle una colleja al señor Trichet, que al fin se va del Banco Central Europeo, de decirle al mundo que no habrá recuperación económica sin estimular el consumo. El único problema es qué tipo de consumo. Y ahí Turgalicia está indicando el camino: la calidad. Por eso me alegro de que haya vuelto el Outono Gastronómico. Y que se repita.

Lires necesita a sus vecinos para mejorar sus rutas

Sábado, octubre 1st, 2011

Lires. Los habitantes de Lires tienen que remangarse, y los propietarios de casas de turismo rural y otros establecimientos hoteleros deben de colocarse al frente. No hace falta que sea hoy, pero tienen que acabar con el olvido de tres o cuatro años. Un olvido que, o son tontos, o se darán cuenta de que les afecta negativamente a sus negocios.

Lires es un paraíso que gracias a la falacia del mal tiempo que, dicen con la bota de contar mentiras, azota siempre la Costa da Morte. Doy fe de justo lo contario. Y como vengo repetidamente diciendo, puedo acusar de mentireiros a quienes descalifian esta zona recurriendo a no sé qué lluvias y nieblas. Ayer ni caminar pudimos, porque toda la tarde cayó de un calor aplastante. Hoy dejé a amigos, hijos de amigos, amigos propios y a Coro en la playa de Lires y me eché al monte, a recorrer la ruta de la Meigha Lirea, estupenda idea que languidece. He logrado hacerla porque uno se conoce el terreno y siempre presumió de orientarse muy bien, y punto final. Cualquiera de los muy numerosos extranjeros que se dejan caer por aquí se extrañaría sin la menor duda. Las balizas o faltan o están medio caídas, y así no hay quien llegue a buen puerto. Para más inri, al regreso o uno está muy atento o acaba en un acantilado, y a partir de ahí la vegetación lo cubre todo.

Pero el sendero de la ruta de la Meigha Lirea lo pagó parcialmente la Unión Europea, y eso es tirar por la borda los impuestos alemanes, daneses y demás. Es matar la gallina de los huevos de oro. No vamos a salir de crisis alguna esperando más dineros de Europa. Es la hora de remangarse y adecentar es ruta. O sea, un día de trabajo, de esos que vienen secos y soleados en, por ejemplo, octubre. Nada más

Historia de cómo un colchón puede permitir ganar un cliente

Miércoles, septiembre 7th, 2011

Red Natura del río Tambre. Nunca me acabarán de sorprender estos británicos. Resulta que en el Hurley Riverside Park, donde estuve una semana en julio, me ofrecieron rellenar la típica encuesta de satisfacción. Puse que el único defecto era que mi colchón, de muelles, estaba duro, desequilibrado, y con algún muelle a su aire. No fue una tragedia, sólo eso. Punto final y me olvidé. Pues ahora me llega un mail de Will Burfitt, que asegura ser el director del parque, compungido porque parece que no puse bien un dato -tenía razón- y no puede identificar dónde estuve para mirar qué pasa con el colchón. Obviamente le respondí y él hizo lo mismo a su vez argumentando que el colchón tenía un año de antigüedad, cosa que no dudo, y dándome las gracias, tras describirme cómo iba a arreglar tal pieza.

Bueno, me he quedado encantado. Algo tan sencillo como un mail hace sentir feliz a un cliente. El colchón pasa, desde luego, a un segundo plano.

Curioso reglamento el del magnífico castillo de Soutomaior

Sábado, agosto 13th, 2011

Castillo de Soutomaior. Uno está mal acostumbrado. Siempre sueña con una Galicia con un turismo de calidad en un entorno de calidad. Y en mis varios miles de textos publicados en estos 42 años de profesión así se ve, antes y ahora. Por eso me sigo emocionando cuando veo un producto turístico que encaja en mi concepción. Como el castillo de Soutomaior, impresionante fortaleza pero impresionante también el proyecto de musealización, realzado por un gran parque y unos jardines pequeños pero muy bien cuidados. Todo ello es obra de la Diputación de Pontevedra y, aunque sé que alguno ya me colocará el sambenito político, consecuencia también del interés de su presidente, Rafael Louzán. En esa defensa del patrimonio y del senderismo coincidimos el ciudadano Louzán y yo.

Súmesele a lo anterior que el antiguo sanatorio de muy de principios del siglo XX es una pousada, y que a la entrada de todo el recinto abre sus puertas un bar.

Y réstesele. Porque hay que restar.

Resulta que llegué a dos menos diez. La familia en pleno armada de bocadillos y bebidas. Yo ignoraba que el castillo se cerraba a las dos y se abría a las cuatro, sin comentarios. Pero lo que ignoraba también es que en ese espacio de tiempo o uno está alojado en la pousada o queda prohibido quedarse allí. Y lo que es peor: se cierra la verja exterior. Por emplear un lenguaje coloquial, aluciné.

En primer lugar, no se pueden prestar servicios turísticos a ritmo funcionarial y menos en tiempos en los que hay que disputarse con pacífica saña cada viajero y cada turista (conste: las personas que atienden el castillo, policía municipal incluido, son encantadoras). En segundo lugar, es de otra galaxia -o del siglo XIX- que uno tenga que salir y esperar dos horas en el bar o en el coche teniendo un parque público con bancos y sombra excelente para el pic nic, como en cualquier lugar similar de Europa. En tercer lugar, desobedecí y me quedé, y los cinco comimos nuestros bocadillos sin molestar a nadie porque nadie había.

El único problema fue cuando me acerqué a la pousada para pedir una cucharilla para Antón. Una ciudadana abrió el grifo de agua fría de la realidad: profundamente descortés, me recordó con dura dialéctica que el castillo estaba cerrado, puso todos los peros del mundo y no me echó porque sencillamente me planté. Más tarde, con el castillo abierto y yo dentro de él, volvió a aparecer para colocar en el jardín sillas destinadas a una boda y ni siquiera dijo hola. O sea, para resumir, con independencia de que tuviera razón según el funcionarial reglamento que creo que o sea cambia o habrá que convocar una quedada a las dos de la tarde cualquier día estival de estos, una persona que espanta a los turistas. Así no se le habla a nadie, porque al turista hay que mimarlo, sonreírle y decirle las cosas con el por favor y gracias en la boca.

Yo espero que esa ciudadana no tenga entre sus misiones atender al público. Porque así nos va, y en plena crisis.

El National Trust no es un organismo estatal, es… ¡una ONG!

Jueves, agosto 4th, 2011

La costa de Pembrokeshire

Red Natura del río Tambre. Lo que son las cosas: uno, tumbado a la bartola en esta tarde lluviosa que se abate sobre el Tambre, se cree que sabe algo con certeza y luego resulta que lo ignora de plano. Una lección de humildad. Me refiero a mí, claro está. He publicado que el National Trust británico es una organización estatal, y lo hubiera jurado. Se trata de una organización con más de dos millones de afiliados que se responsabiliza del cuidado y explotación de una increíble cantidad de monumentos y lugares de interés de Gran Bretaña, dividida, según me informan, en dos ramas: la escocesa y todo el resto. Esa división me parece su único punto negro, ganas de marear la perdiz que aquí nos ha llevado al desastre en algún bien patrimonial como el Camino Francés a Santiago, donde cada comunidad hace de él su pandero, y tanto se llevan por delante un par de kilómetros de la Ruta (¡Patrimonio de la Humanidad, no se olvide!) en Yesa como le plantan dos casas de siete u ocho pisos ante las narices de los peregrinos nada menos que en Sarria. Pero esa es otra guerra.

El caso es que me escribe Richard Ellis, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente y que se presenta como el responsable del paisaje y costa del National Trust en todo Pembrokeshire (sur de Gales). El National Trust resulta que es dueño de la tercera parte de la costa de Pembrokeshire y de 4.000 hectáreas del campo adyacente. Hasta ahí todo hasta incluso normal. Lo que ya no es normal es que el National Trust sea… ¡una ONG! Es decir, una organización de ciudadanos concienciados que pagan su cuota para defender su patrimonio. Y sin malos rollos partidistas.

Que cada uno haga su reflexión. Pero antes de abrir la boca que no suelte la botaratada de achacar a los políticos cualquier desbarre y que piense si está dispuesto a pagar sus 60 euros anuales, que es lo que más o menos viene costando pertenecer al National Trust. ¿Ante quién hay que quitarse el sombrero y hacer una reverencia?

Techniquest, otro tesoro de Gales

Miércoles, julio 27th, 2011

Cardiff Bay (Gales). Se llama Techniquest y viene siendo la Casa de las Ciencias galesa. Lleva décadas abierta y no ha caído en la trampa del Futuroscope francés: nuevas tecnologías, sí, pero poco. Así la actualización es mínima (y económicamente posible), y la mayoría de los experimentos son clásicos, tradicionales, los de siempre: dinámica de fluidos, juegos de espejos, la gravedad… o sea, lo eterno, lo constante, el amor a la naturaleza que destila Gales se vaya por donde se vaya.

Techniquest es todo menos enorme, pero, además de que el espacio está bien aprovechado resulta acogedor. La regla es la misma que impuso en la práctica el clarividente Moncho Núñez cuando comenzó a crear los magníficos Museos Científicos Coruñeses: prohibido no tocar. Experimenta, por favor, haz lo que quieras con estos cacharros. Y eso es lo que hacen las docenas de niños. Eso sí, sin elevar nadie la voz.

Súmesele a ello el factor humano: la gente de la entrada es encantadora, y cuando Ana se desorienta viene rápidamente uno de los monitores a comunicárnoslos y otra se ofrece a buscar a la chica cada uno por un lado.

Lo dicho: Techniquest es otro tesoro de Gales. y por muchos años.

The Old Point House, un pub del XV

Martes, julio 26th, 2011

Angle (Gales). Gente amable, desde luego. Eso es lo que me estoy encontrando en este viaje. Gente que da las gracias por todo, que pide siempre por favor, gente como la pescantina de Tenby (sólo hay dos puestos de venta de pescado en toda la ciudad). O gente como las dos quinceañeras  -más estudiantes trabajando- que atienden el venerable The Old Point House, que desde el siglo XV acoge a los ciudadanos de Angle, en la entrada a la ría de Pembroke. Esas paredes saben mucho de salvar vidas en el mar, y también de maniobras militares porque aquí se entrenaron los valientes que desembarcaron en Normandía. ¡Desde el siglo XV, Dios mío, y sin meter plástico para nada!

Regreso a Caldey Island, con obligado transbordo en el mar incluido

Domingo, julio 17th, 2011

Caldey Island (Gales). Por lo general, cuando vuelvo a un sitio que me ha impresionado no suele gustarme tanto. No es que me esté haciendo mayor, sino que es algo que me ha sucedido siempre, y cuando uno escribe siempre lo que quiere decir es que ha habido excepciones.

Una de ellas la estoy viviendo hoy en Caldey Island. Empezamos la aventura en alta mar: el patrón se llevó por delante unas redes -y eso que una boya las señalizaba claramente- y quedamos a la deriva y sin tracción. No hubo que esperar mucho, cierto, para que otra embarcación se acercase por babor y las dos docenas de pasajeros -cuatro niños, sus madres y padres, y el resto tercera edad avanzada- pasamos como pudimos de una cubierta a otra. No había oleaje, claro está, pero incluso así debe calificarse de milagro terrenal el que ni un bastón cayera al océano.

Caldey Island está no sólo igual, sino mejor. Oficina de Correos, tienda, perfumería y monasterio -prácticamente todo lo que hay, más un hospedaje- muestran su mejor cara. En el café, estrecho como él solo, ofrecen lo mismo más una curiosa cerveza de gengibre que pasa por ser la única bebida alcohólica a la venta, 5 grados. Las mesas, todas al aire libre, asientan directamente sobre una hierba impoluta tanto al amanecer como, prácticamente, cuando a las 5 se cierra la isla y parte el último barcucho: lo que hay en el suelo es algún miniplástico y una -una colilla vieja.

Pero además, desde el faro ha sido creada una alfombra vegetal: una máquina desbrozó tres metros de ancho a lo largo de los acantilados sin tocar el suelo, así que no ha habido agresión, y para el verano próximo, con todo cerrado por helechos y ortigas, vuelta a repetir la operación.

La ruta es un cuadrado perfecto que permite observar las vacas de los monjes pastando en el borde de un acantilado que parece que las va a succionar. Giro aquí, giro allá y al visitante entra en el antiguo priorato, abandonado, con su piedra votiva del siglo IV, hoy con tejado, todo con un aire de misterio. Y pegado a él, en edificio insulso, el lugar donde acaban -acabamos- todos los que hacemos esa ruta, que es como decir la aplastante mayoría de los que desembarcamos cada día en la isla: la Chocolate Factory, minúsculo mostrador abarrotado con la cola de personal saliendo al aire libre, por supuesto: cuatro tipos de chocolate y una docena de fudges de sabores. Un excelente y dulce final. Una maravilla, Caldey Island.

El “tea room” de Stackpole Bay

Sábado, julio 16th, 2011

Stackpole Bay (Gales). El tea room de Stackpole Bay es, para mí, el mejor establecimiento del sur de Gales. Lo conocí hace ocho años y he vuelto hoy tras dar unas cuantas vueltas por el asfalto, porque la costa está tan protegida que ha sido declarada parque nacional. Además, un sendero de 299 kilómetros, el Pembroke National Coast Path, la recorre, la mayor parte de ese recorrido pegado a los acantilados. Así que si uno quiere ir a algunas playas tan buenas como las gallegas y más limpias que las gallegas (no he localizado ni una colilla, ya no digamos un envase de yogur) tiene que caminar un buen rato y subir y bajar por el Pembroke National Coast Path, incluyendo escaleras. Es el precio del equilibrio paisajístico.

Stackpole Bay es un buen entrante del mar, la única cala digna de este nombre en la costa sureña galesa. Allí se refugia una sola embarcación pesquera (o al menos yo he visto siempre la misma) protegida por un espigón muy corto (porque el espacio no da para más) pero muy alto porque las tormentas son de aúpa. Tras la cala está la vieja casa de los botes, hoy convertida en un precioso chiringuito propiedad del National Trust. Una maravilla carísima para el cliente, que paga con gusto en tal paraíso donde sólo por aparcar cobran cuatro libras (cinco euros) esté uno 10 minutos o el día entero. ¿Personal? Sobra, entre voluntarios y estudiantes que se quieren ganar unas libras, porque aquí todos los universitarios trabajan, faltaría más.

Mesas y bancos de madera, nada de manteles, no hay alcohol y la carta es vulgar en su concepción y reducida. Pero lo dicho: este sitio es una maravilla.

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