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Entradas para la categoría ‘Para ir con niños’

Ahora cualquier indocumentado puede llegarse al castro de la isla de Ons

lunes, octubre 8th, 2018

Isla de Ons. En mi reencuentro con la isla de Ons no podía faltar la visita al castro de la parte sur. El hecho de que hayan abierto un camino -con lo que no estoy de acuerdo, conste- para llegarse hasta él permite cruzar dos líneas de murallas, dejar atrás un foso, plantarse en el segundo (en la foto) y estar al lado del enorme murallón. Y no estoy de acuerdo porque que cualquier indocumentado pueda llegarse hasta ahí y no entender lo que ve es mucho riesgo en este país. El castro se podía ver hasta ahora -y admirar- desde un centenar de metros de distancia, y la panorámica era preciosa y perfecta.

La pregunta sigue siendo por qué de levantó ese murallón hacia los acantilados, cuando cualquier ataque resultaba imposible desde ahí y sí desde el otro lado. Todo apunta a que la respuesta es que se irguió para parar los vientos atlánticos, que de amables no tienen nada fuera del verano. ¿Hay otra?

El secreto del centro de actividades de Consett, en el noreste de Inglaterra

lunes, septiembre 24th, 2018

Consett. Impresionante. Ya desde fuera el Leisure Centre de Consett es un edificio imponente, con un aparcamiento muy british en el que la zona ajardinada tapa o al menos camufla el asfalto. No es que el edificio asombre en sus líneas. Parece uno más, después de todo.

Pero la entrada deja boquiabierto. Una sencilla cafetería a la izquierda, un amplio mostrador de recepción al frente y dos increíbles piscinas cubiertas y climatizadas a la derecha, tras una enorme pared de cristal que separa a las docenas de infantes que chapotean en el agua de los padres y abuelos que los observan cómodamente sentados.

Más salas de deporte en otros dos niveles. Y un detalle nada despreciable: ir dos veces a la semana, una hora y media cada una, cuesta cuatro libras al mes. O sea, algo menos de cinco euros.

 

Sobroso, una visita obligada cuando se habla de castillos gallegos

lunes, septiembre 3rd, 2018

Castillo de Sobroso. Pocos castillos hay en Galicia que se puedan vender turísticamente hablando. Decía el padre Sarmiento que había muchos, pero la mayoría o agonizan en ruinas o ahí están, a la buena de Dios, y si quiere vaya usted por su cuenta y véalos. El de Sobroso, a las afueras de Ponteareas, es una excepción. Y es que la Diputación Provincial desarrolló hasta hace tres años una política agresiva de protección de los bienes patrimoniales que ahora da sus frutos. Luego cambió de manos políticas y todo cambió. Y por supuesto me da igual que piensen que defiendo a esta opción sobre aquella o la viceversa de lo contrario, pero las cosas son como son.

Así, Sobroso es un lugar que todavía puede ser explotado más. Su gran parque botánico requiere una atención que no se le presta. Sus salas expositivas se merecen mucho tiempo, y ya no digamos su tienda de artesanía. La idea del anterior presidente de la Diputación -yo se la escuché en una reunión de trabajo- era diseñar una auténtica ruta de castillos en la provincia, comenzando por este, el de Soutomaior y el de Salvaterra. No tuvo tiempo.

La clave del éxito de Frosts, un centro de jardinería en Cambridgeshire

sábado, agosto 18th, 2018

Brampton (GB). El medio es el mensaje, decía McLuhan. Y cada vez está más claro que tenía razón. Se refería, claro, a los medios de comunicación de masas, pero no puede aplicarse a todo. Por ejemplo, a Frosts, el gran centro de jardinería de Brampton, punto de encuentro de una comunidad que ha hecho muy suya la petición de que se circule despacio y con precaución.

Porque en Frosts hay de todo, no sólo plantas, y colocado con gran elegancia. El café tiene dos partes: la que podríamos denominar restaurante y la que es café en sí, con sus sillones formando unos cubículos abiertos que incitan a reclinarse en ellos o a casi acostarse para charlar. Aquí no hay prisa, hay relaciones humanas. Porque ese es el mensaje: construye un medio donde todo el mundo se sienta cómodo y… tus ventas aumentarán.

(Foto de Google, sin identificar su autor)

Buckden, un enclave histórico inglés, está en peligro de dejar de ser una villa

viernes, agosto 10th, 2018

Buckden (GB). Hace 22 años que vengo a Buckden siempre que puedo, un minúsculo pueblo con historia, una farmacia, una peluquería y cuatro tiendas. Me gustan sus dimensiones, su falta de vida exterior, su gente pacífica, sus dos iglesias -la anglicana y la católica; este última en realidad son tres unidas- y su dos hoteles donde sí hay movimiento. Soy miembro, además, de una sociedad local desde hace diez u once años.

Y viniendo de una se esas tiendas me detengo ante un cuidado cartel clavado en un árbol que advierte contra el más de un millar de viviendas que se van a levantar en Buckden. ¿Qué viviendas?

Me paro a leerlo, claro. Quedo horrorizado. ¡Se va a duplicar la población! Pero ¿a qué mente enferma se le ha ocurrido eso? ¿Cómo se puede llegar a tal nivel de especulación? Se preocupan -sin duda con razón- los hacedores del aviso de que el valle del río Ouse será más pobre y que tan salvaje aumento de la edificabilidad traerá consigo dos mil coches más y grandes atascos, y el retroceso o desaparición de las -afirman- 750 especies vivas (se entiende que animales, visto los ejemplos que ponen) que tienen allí su hábitat.

Su lema, el de los defensores del estatus actual, es tan sincero que suena demoledor: Keep Buckden a village.

Me uno a ellos. Sí, por favor, que Buckden siga siendo una tranquila, a veces aburrida y siempre acogedora y maravillosa villa.

Torres de Cereixo (y III): Ante el edificio centenario y con Adriana

jueves, julio 26th, 2018

Torres de Cereixo. Turismo de Vimianzo ha diseñado un estupendo plan de actividades, y muy variado, para este verano. Si viviera cerca me habría anotado a casi todo, pero estoy a más de una hora. El sábado pasado intenté cumplir un deseo de mi madre y a las 11.15 me planté en el castillo local, punto de encuentro para la docena de personas que nos íbamos a llegar a las torres de Cereixo, muy cerca de Ponte do Porto.

La primera sorpresa surgió antes de subir al autobús, porque en el grupo estaba Macu, una ex alumna de la Universidad Senior donde di clases más de media docena de años y donde, con Macu y mucha gente más, creé el blog Miradasenior, que tenía más de cien mil visitas únicas cuando lo dejé y que espero que haya duplicado esa cifra. Así que ya tuve compañía.

La segunda sorpresa fue Adriana Ramos. No la conocía ni de referencias y además me espanta ir con guía. Por muchas razones, entre otras porque suelen tener un conocimiento pillado por alfileres. Y además llevo muchos cientos de miles de kilómetros por Galicia adelante, y eso da un saber que no suele tener una persona de treinta años.

Bueno, Adriana es justo lo contrario. Una muy sólida formación –es licenciada en Historia del Arte- se suma a una manera de estar alegre y animosa, de forma que todos acabamos sumergidos en su narrativa: estábamos sí, viendo el antiguo puerto del que queda el recuerdo, nos sentimos albañiles en la reconstrucción de la capilla románica, recorrimos con espíritu turístico el paseo de madera –necesitado de alguna reforma- y, en fin, traspasamos el portón que da acceso al jardín que rodea las torres de Cereixo. Sólo pude cumplir a medias el deseo de mi madre: no fue posible entrar en el edificio, privado y en venta, pero la emoción de estar allí no hay quien me la quite.

Al regreso quedé hablando unos minutos con Adriana. Un encanto y un placer. Una persona con una cabeza muy bien amueblada y con todo el ánimo del mundo. La invité a comer y me dio calabazas. No la culpo, claro. Pero lo lamento. Yo hubiera aprendido mucho de ella, así que habrá que insistir.

 

Torres de Cereixo (II): Parrochas en Ponte do Porto

miércoles, julio 25th, 2018

Ponte do Porto. Corría el año 1966. Quizás uno menos, quizás no más. A mi madre, que falleció tranquilamente a los 92 años, le encantaba la Costa da Morte. Habíamos parado a comer en Ponte do Porto (entonces Puente del Puerto), y había parrochas. El dueño del bar intentó explicarle a mi padre que eran peces pequeños, sin duda porque encontrar turistas era muy raro entonces y pensaría que éramos extranjeros o como mínimo de la otra punta de España. ¡Aunque parrocha es palabra española!

Comidas las parrochas continuamos carretera y un kilómetro más allá paró nuestro 600. Los seis quedamos asombrados ante las torres de Cereixo, un gran pazo cuya grandeza queda resaltada porque se encuentra en una elevación, controlando la desembocadura del rio Grande (aquí llamado río Porto), aunque en realidad esto ya es Altántico. Mi madre siempre guardó aquella impresión, y nonagenaria recordaba Cereixo, donde había lamentado, y mucho, no haber podido entrar.

Hace 15 ó 20 años recibí una invitación del entonces dueño para visitar el pazo y publicar una página, igual que había hecho con el castillo de Vimianzo. Pero en aquel momento se puso fin a la serie y me quedé con las ganas.

Ahora, el sábado pasado y respondiendo a una convocatoria de la oficina de turismo de Vimianzo, estaba decidido a revivir las sensaciones de mi madre. Porque como dejó escrito el escritor inglés Terry Prachett, nadie muere hasta que las ondas que ha originado en su vida llegan a la orilla del estanque. O sea, mientras no cae en el olvido. Y yo no olvido a mi madre, claro está.

Y ahí entró en escena Adriana.

Torres de Cereixo (I): Regreso a Vimianzo años después

martes, julio 24th, 2018

Vimianzo. Hace unos pocos años publiqué una página sobre el castillo de Vimianzo dentro de una serie sobre fortalezas de Galicia. Salió en el suplemento Fugas. Y llevaba un recuadrito donde se decía que en esa localidad coruñesa no había ningún restaurante emblemático, de tirón, bonito. Que Vimianzo nunca había sido referencia gastronómica. Ojo: no que no se comiera bien, sino que carecía de ese reclamo. Un Mar de Ardora, un As Eiras.

Y saltaron los de siempre, los que se creen con derecho de pernada, y hasta propusieron que me declarasen persona non grata. La cosa no pasó de ahí, desde luego alguien puso sentido común y no llegó ni a pleno ni nada.

De manera que el sábado pasado volví a Vimianzo algo desilusionado. Porque siempre fue una localidad que defendí a pesar de su urbanismo, no tan desastroso como otros pero que sin duda no llega al aprobado ni de lejos. Pero además de su castillo tiene dos pazos (uno en el casco urbano), un castro que está siendo excavado, unos penedos que si no llega a ser por un grupo de vecinos, con el escritor Manolo Rivas echando una mano muy en primera línea, hubieran desaparecido. Y encima vive ahí gente muy interesada por la historia y la arqueología. Lo dicho: siempre le tuve gran cariño.

¿Por qué volví? Porque vi en Facebook que su oficina de turismo organizaba, entre los muchos actos de este verano –ejemplar: copien otros concellos, muchos, de la zona y de Galicia- estaba una visita a las torres de Cereixo. Y la imagen de mi madre –fallecida- me vino a la cabeza. Pero eso lo dejo para mañana.

 

A Pobra de Trives mejora

lunes, mayo 28th, 2018

A Pobra de Trives. Hacía años que no venía por A Pobra de Trives. He vuelto a pasear por su casco viejo, y recuerdo que la última vez ya se había iniciado un lento pero a lo que se ve imparable proceso de mejora de sus edificios, excelentes por otro lado. Porque si de algo puede presumir esa localidad ourensana es de edificios, quizás una rara avis en una Galicia que ha sido pasto de especuladores urbanos y no urbanos hasta dejar enclaves bonitos totalmente irreconocibles. Alcaldes incultos apoyados por una población más inculta aún han provocado auténticos destrozos. Un amigo me comentaba hace unos días que cuando se estaba construyendo el único espacio verde que tiene Sigüeiro un vecino se lamentaba diciendo que lo mejor era echar asfalto y hacer un aparcamiento (gratuito, claro, faltaría más en este país donde parece que todo cae del cielo y resulta que no hay dinero ni para pagar las pensiones).

Pero estoy en el casco viejo de A Pobra de Trives. No es grande, aunque tampoco minúsculo. Faltan indicaciones sobre qué son esos edificios, si es que tienen relevancia -que alguno y alguna tendrán-, y desde luego el Ayuntamiento debe buscar una solución a un problema que no parece difícil de resolver, como muestra la foto de abajo: la maldita manía de llenar Galicia de contenedores.

En cualquier caso, un desplazamiento a esta localidad merece la pena. Y si sobra tiempo, que sobrará, los alrededores tienen parajes magníficos, como el cercano bosque del Návea con magnífico puente (carretera a Castro Caldelas). Por cierto, a media hora escasa está Cabeza de Manzaneda.

Desde el Vikingeskibsmuseet de Roskilde: ¡Feliz cumpleaños, futuro!

lunes, marzo 12th, 2018


Roskilde.
 En Roskilde hay nieve por todas partes. También hay gente por todas partes. Y unas docenas de niños tirándose en trineo por un gran desnivel de uno de sus parques. Las aceras y viales empedrados están impolutos, y la gente pasea como si el calendario indicara que estamos en primavera. Todo el mundo sale, a comprar o a comer fuera, pero sale y cumple el viejo axioma de que no hay mal tiempo sino mala ropa.

Así que tras vagar un rato y ver un par de lugares interesantes, pasado el mediodía recalo en el café del complejo del museo vikingo, un edificio de madera con esa sencillez elegante que es marca de este país. Me siento al lado de un grupo de una docena de personas. Celebran -no en silencio, pero sin subir el volumen ni siquiera cuando ríen- el 21 cumpleaños de una de las chicas. Hay cuatro adultos, quizás padres o tíos, y el resto es eso, juventud que arranca la veintena. Alegres. Se dan pequeños regalos, un par de botellas igualmente pequeñas, un libro y cosas así, todo muy personal y nada espectacular. La bandera danesa en el medio de la mesa de madera.

Y entonces me doy cuenta: uno de ellos soy yo. O podría ser yo. Tenía esos 21 años cuando llegué por primera vez a Dinamarca, un par de ellos más cuando recalé en Roskilde.

Y es ahora el momento en que ante los ojos aparece el futuro. Que es no mío, sino de esa chica danesa que hoy cumple 21 años. Nunca lo sabrá, pero… ¡Felicidades!

Os Migueliños, una prueba que la calidad no es ajena al turismo rural gallego

martes, enero 9th, 2018

Catoira. Publiqué el martes 26 de diciembre casi una página sobre una casa de turismo rural que se llama Os Migueliños. Está en Catoira (Pontevedra), y es grande, luminosa y de esas que mejoran con el tiempo. Había publicado una crónica de mi primer viaje hasta allí hace unos cuantos años, tantos que no puedo recordarlo. Tampoco me acordaba del nombre de la propietaria, Berta, pero sí de su amabilidad, que sigue in crescendo. De la casa -impecable, muy bien cuidada y mejorada ornamentalmente- yo destacaría no sólo su comodidad sino su excelente situación: a media hora de Santiago, a otro tanto de Pontevedra y en plena ría de Arousa. Además, Catoira es un sitio tranquilo comunicado por tren con Compostela y con Vigo. Os Migueliños es, en suma, un ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas bien. Lástima que los entornos en Galicia no estén tan bien cuidados como aquí.

 

Ourense ofrece una estupenda y única exposición sobre los suevos

martes, enero 2nd, 2018

Ourense. A Galicia llegan tesoros y a veces ni nos enteramos. Y me da la impresión de que eso es lo que está sucediendo ahora mismo con la magnífica exposición In tempore sueborum. O sea, sobre los suevos.

Está en Ourense, ahora excepcionalmente bien comunicada por tren con Santiago y A Coruña, y ocupa tres locales: un centro cultural, una iglesia y un museo. 250 piezas traídas de media Europa con algunas asombrosas como los calderos o los collares de oro, que demuestran el muy alto nivel que alcanzaron sus artesanos en general y sus orfebres en particular de aquel pueblo que nos invadió.

La concepción de la muestra es muy didáctica, de manera que hasta la chavalada de 8 ó 10 años en adelante va a encontrar algo de su interés. A ello hay que sumar el acierto de tener objetos de recuerdo (lo que se llama merchandising) y un estupendo catálogo de 20 euros que interesará, claro, a los entendidos.

Puestos a buscarle la cruz, en el museo se expone un diaporama francamente mejorable: la letra, pequeña y en amarillo dominante, no sólo ofende la vista sino que no hay quien sea capaz de leer lo que dice. Pero lo peor es un vídeo que pasa en bucle en un rincón muy coqueto y que se centra en las manifestaciones de una (supuesta) experta británica, que de manera agresiva y soez pontifica urbi et orbi.

Si In tempore sueborum, una exposición centrada en nosotros mismos porque todos somos suevos, llega a haber elegido Madrid, ya estábamos todos allá haciendo cola para entrar aunque fuera pagando. Y aquí es gratis.

 

 

 

Paseando (con frío) por Vindolanda

lunes, diciembre 11th, 2017

Vindolanda. Tenía muchas ganas de venir aquí. Ignoraba que el frío resulta aterrador para ir paseando despacio y admirar y poder interpretar esos muros. Pero la experiencia vale la pena. Es un lugar impresionante. O sea, que impresiona. Se llama Vindolanda, y es una aldea y un campamento fortificado (en la foto yo estoy ante uno de los muros exteriores de este último) en la retaguardia de la Muralla de Adriano, en el norte de Inglaterra y muy cerca de Escocia.

Los ingleses hacen bien las cosas. Buena señalización, gran aparcamiento, entrada muy cara que se paga con gusto, excavación impecable, reconstrucción en madera de una parte, reconstrucción de diversos edificios en otro lado, un café para tomar algo caliente o comer en plan británico, por supuesto una gran tienda de la que nadie sale sin aflojar el bolsillo. La entrada, muy cara, pero ya se sabe que las cosas gratis sólo las dan en los países latinos, esos que luego se quejan de que los de la Europa del norte son como son…

En Vindolanda hay trabajo arqueológico mínimo para cien años trabajando al ritmo actual; o sea, desde primavera a septiembre. Algunos duplican ese período de tiempo. Y vaya si le sacan rendimiento. Aprendamos.

Durham: festival Lumiere

sábado, noviembre 25th, 2017

Durham. Ha sido de casualidad, que por cierto venía con su parte negativa porque tuve que ir a un hotel muy alejado del centro de Durham. Pero he disfrutado de la oportunidad de ser uno más en el festival Lumiere, que se celebra cada dos años en esa localidad del noreste de Inglaterra. No es algo muy espectacular excepto las campanas de la catedral y las luces iluminando de manera sincronizada, pero sí muy agradable.

Me llamó la atención que la península en la que se alza el casco viejo fuera cerrada no sólo al tráfico, claro está, sino a los peatones que no teníamos la correspondiente entrada. Mi imagino yo que en Santiago cerremos el paso al personal que no haya abierto antes la cartera. Allí no hubo ninguna protesta.

Claro, el primer día aprendí, porque encima se habían agotado las entradas. Como la restricción está en vigor de 4.30 a 7.30, a las 4 ya andaba yo por el centro de la ciudad acompañando a otros miles de personas, de manera que cuando se instalaron las barreras nos encontrábamos en el interior, viendo como entre esa saturación de personas se abrían paso algunos con perros… que llevaban encima adornos de luces.

En realidad, en zonas tan frías -hay que abrigarse muy mucho porque el termómetro marcaba 5º y bajando- festivales como este son disculpas para entablar o cuidar relaciones sociales. Todo el mundo sale, se saluda en ese tono bajo que se saludan los ingleses -nadie alzó la voz para nada-, por supuesto no se ve ni un mililitro de alcohol ni a jóvenes ni a mayores (todos ignoran lo que es el botellón, y evidentemente esta gente no cree que el alcohol barato forme parte del catálogo de los derechos humanos, como se piensa en España) y el suelo brillaba impoluto.

Una experiencia.

Dos mejoras a introducir en la maravillosa isla de San Simón

martes, noviembre 14th, 2017

Isla de San Simón. Las islas de San Simón y San Antón, en el fondo de la ría de Vigo, sigue siendo una preciosidad. Acabo de llegarme a ellas con el grupo de profesores que organizó Carlos Rodríguez y, aunque ya sabía lo que me iba encontrar, continúo asombrándome cada vez que echo pie a tierra, en este caso un poco más tarde de lo previsto porque un grupo de delfines tuvo a bien mostrarnos sus habilidades, y allá fuimos a acompañarlos. Ese antiguo lazareto y campo de concentración durante la sublevación militar de 1936 y guerra civil consiguiente conforma ahor aun marco insuperable para congresos y encuentros. Es una isla, claro. ¿Y qué? Con ese argumento las casi 800 islas danesas estarían muertas, por no decir los centenares que conforman Estocolmo.

Sólo encontré dos aspectos mejorables. Uno es que esa exposición estupenda sobre la historia local no se puede comprar ni en dvd, cd, libro, folleto o lo que sea. Así que allá estábamos todos haciendo fotos o tomando notas.

Y el otro, y este sí que debe ser resuelto de inmediato, es el lamentable estado de dos paneles, como se puede ver en las siguientes fotos. En Galicia todavía nadie ha aprendido que si se colocan paneles al aire libre hay que cambiarlos cada par de año, máxime si están al borde del mar.

Un descubrimiento: la iglesia de Trasalba, en Amoeiro (Ourense)

sábado, noviembre 4th, 2017

 

Trasalba. Un buen descubrimiento. Las fotos hablan por sí solas.

 

El alcalde de Allariz ha tenido una idea… nefasta

miércoles, octubre 25th, 2017

Allariz. Creo que he dicho alto y claro que el trabajo del Ayuntamiento de Allariz para mantener su casco histórico impoluto y vivo es impresionante y, desde luego, merece mi aplauso más fuerte. Pero ahora me he quedado asombrado. El alcalde (y el anterior) es nacionalista y gobierna con mayoría. Enhorabuena, uno es lo que quiere ser y están ahí porque sus vecinos así lo desean.

Pero ese alcalde ha tenido la pésima e intolerable idea de colocar unos magníficos paneles por esas calles de granito recogiendo la historia local… ¡sólo en gallego! ¿Cómo es posible tanta estrechez mental? Porque por Allariz pasan miles y miles de personas al año, muchas gallegas, otras no. ¿Cómo es que al lado de esos paneles no hay otros, aunque sean de pequeño tamaño, con la traducción al español y al inglés? Porque sin los demás, sin los españoles y extranjeros, Allariz estaría hoy en la misma miseria cutre que tantas villas gallegas.

Un poco más de sentido común no le vendría mal a esa corporación.

 

La cara B de ese sitio casi idílico que es la ourensana villa de Allariz

miércoles, octubre 18th, 2017

Allariz. Una maravilla. No me canso de ir a Allariz, ese ejemplo de lo que debería ser toda Galicia. Nunca se le darán lo suficiente las gracias a Anxo Quintana, un alcalde con gran visión de futuro que luego fue -contradicciones de la vida- un pésimo vicepresidente de la Xunta de Galicia. La villa debería ser de obligada visita a todos los alcaldes del país. El haber llevado allí varias tiendas outlet -mérito del sucesor de Anxo Quintana– le garantiza miles de visitantes en temporada baja.

Pero tiene desafíos y puntos negros. Ya no voy a referirme a que fuera del casco viejo los edificios no se merecen más que el aprobado pelado o el suspenso sin más, sino a los cables. Desde luego, difícil solución. O mejor dicho, muy sencilla siempre y cuando el fajo de billetes sea notable. Porque levantar Allariz es un obra faraónica -con un arqueólogo inspeccionando milímetro a milímetro-, pero algo hay que hacer con esos cables endemoniados que afean la visita. O sea, hay que dejar la villa como muchas de Europa. No es inmediato, pero no es imposible.

Postdata: ¿Y qué me dicen de esto, al lado del convento de Santa Clara?

Una lanza a favor de Parada de Sil

jueves, octubre 12th, 2017

Red Natura del río Tambre. Hace dos años descubrí el municipio ourensano de Parada de Sil. Conocí también a su alcaldesa, una ingeniera aeronáutica, si mal no recuerdo. Pasé allí unos días en un excelente cámping -en realidad, en uno de sus preciosos bungalós– con uno de mis hijos haciendo senderismo y viendo el impresionante monasterio de Santa Cristina. Intenté volver este año, pero la cosa no cuajó.

Ahora leo en La Voz de Galicia una crónica humana que al mismo tiempo es una tragedia y un sonrisa. Una ventana abierta al optimismo sobre una realidad durísima  (los párrafos finales sobre colegios y médicos es para poner los pelos de punta). ¿Un círculo vicioso? Por supuesto, pero hay que romperlo. No sólo depende de las autoridades de turno, que claro está que tienen que echar una mano, sino que es muy importante la mentalidad de la gente normal y corriente. Como cualquiera. Como yo. No tener hijos basándose en que los tiempos son difíciles es ignorar que, exceptuando los últimos años, en los cientos de miles de años de presencia del hombre sobre la tierra nunca fue tan fácil y tan cómodo tener hijos. Por supuesto, no se puede ir a tomar gin tonic hasta las tres de la mañana, pero no es mala cosa madurar.

Parada de Sil puede ser el punto de arranque para recuperar una Galicia que agoniza demográficamente (¡que se lo digan a los panaderos rurales!). O también puede ser el anuncio de que somos un gran geriátrico y que mejor regalarles el país a los sirios, libios o ecuatorianos para que ellos lo trabajen.

Una visita a la isla de Sálvora (II)

martes, octubre 3rd, 2017

Red Natura del río Tambre. La Axencia Galega de Turismo contrató tres embarcaciones para llevarnos a una veintena de periodistas desde uno de los puertos de Cambados hasta la isla de Sálvora. Celebraba así, de esa manera tan original, el Día Internacional del Turismo. El calendario marcaba el 27 de septiembre.

Una de esas embarcaciones era una gran motora, encargada de transportar la cena, al cocinero, a los camareros y la infraestructura necesaria. Ahí se refugió a la ida y a la vuelta Merelles, el popular responsable de comunicación de la Axencia. “Tenlle medo á mar”, apostillaba con una buena dosis de ironía un colega, sabedor de que las otros dos se iban a mover lo que tocara moverse. También acogió a María Vázquez, jefa de gabinete de la directora de dicha Axencia y que demostró con hechos que la elegancia en el vestir no está reñida con patear una isla desierta.

El Chasula es un pesquero de 1959 lógicamente rehabilitado por completo para salidas al mar de carácter didáctico. En realidad se aprende mucho a bordo porque las explicaciones son realmente buenas y fundamentadas, y se acompañan de la necesaria práctica. Ahí fui en la ida, con Carolina Carballedo al frente del grupo, mujer que demostró a bordo una gran paciencia sin perder la sonrisa. Y oportunidades para perderla no le faltaron.

El tercer barco era un dos palos de la empresa Bluscus, dedicada al turismo marinero. En ese regresé, ciertamente navegando con mucho cuidado aunque tranquilo porque, en proa donde estuve siempre, el bauprés tenía abajo una red. (Foto superior).

Una experiencia navegar a Sálvora. No resulta barata, para eso están los catamaranes de O Grove con paseos de una hora mínimo. Pero esta es, en verdad, inolvidable.