La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas para la categoría ‘Lugares con encanto’

La majestuosidad de la iglesia románica ourensana de San Pedro Mezquita

viernes, noviembre 30th, 2018

A Merca. Entre ráfaga de viento y chaparrón ha salido el sol. Un rato, pero me pilló al lado de una iglesia que hace tiempo que quería ver: la de San Pedro Mezquita, en el municipio ourensano de A Merza, declarada en 1931 monumento nacional. Y ante los ojos aparece majestuosa, sólida, alta, desafiente de los vientos, románico con elementos ya que apuntan al gótico. Por desgracia para mí, estaba cerrada, así que en medio de ese viento escasamente cálido di unas vueltas, la admiré desde varias panorámicas, hice unas fotos… Tiene una sola nave, con un añadido que afea de manera monumental una de las dos puertas laterales también románica. En la fachada, San Pedro y una imagen que unos identifican con Santa Ana y otros con la Virgen. Más arriba, un rosetón que muestra la influencia del arte que entró por el Camino de Santiago. El ábside, dividido en tres tramos, es un remate poderoso que da firmeza al conjunto.

Los alrededores, como siempre. Para olvidar. Tampoco encontré ningún bar, café, restaurante, casa de comidas, hostal o lo que sea. Así que con el frío en los huesos me metí en el coche y arranqué.

 

 

Una ruta costera por el Cantábrico que se merece más atención

miércoles, noviembre 21st, 2018

Ribadeo. Hay ideas geniales. Aunque sean copiadas, en este caso -consciente o inconscientemente- de Gales, donde toda su costa, más de 1.300 kilómetros, está recorrida por un sendero peatonal. Así que de norte a sur o viceversa es posible ir caminando, sana actividad que además deja unos importantes réditos económicos sobre todo en el sur.

En Galicia no es posible ir de extremo a extremo, pero por todo el norte (o sea, por A Mariña lucense y parte de la costa atlántica coruñesa) sí existe un sendero magnífico que hizo no la Xunta, sino el malévolo ministerio centralista madrileño. Se trata de la Camino Natural de la Ruta del Cantábrico. Paisajes maravilloso, sorpresas geológicas más allá de la hiperconcurrida Praia das Catedrais y una costa impoluta salvando el desastre de Barreiros y el núcleo urbano de Foz en su extensión hacia el este. ¿Cuánta gente recorre esos 150 kilómetros? Nadie. Alguno habrá, como siempre, pero nadie. Tramos cortos, paseos, eso sí: miles. Pero la ruta, excelentemente bien señalizada, no es promocionada por nadie. Así es este país.

Estoy en Compostela

viernes, noviembre 16th, 2018

Compostela. Y además estoy completamente seguro de que al leer el título ha pensado usted que estaba en Santiago, la capital de Galicia. Pues no, porque en esta tierra hay cuatro Compostela: la santiaguesa, una segunda de pequeñas dimensiones en A Merca (Ourense), una aldea muy grande que se encuentra en el municipio ourensano de Lobios y donde me hallo yo, que es, al contrario, una minúscula aldea situada en el Camino del Norte y ya en territorio del Ayuntamiento de Melide, y, por lo tanto, en A Coruña. La foto no miente…

 

Veinte años después, en el Burato do Inferno de Ons escuchando gemir a los condenados para siempre

jueves, octubre 11th, 2018

Isla de Ons. Todos los años hago una visita a la isla de Ons, encuadrada en el Parque Nacional das Illas Atlánticas. Voy a ella desde que en 1977 me embarqué en Bueu en el barquito del señor Pancho. Hoy, claro está, las cosas han cambiado y salvé en 20 minutos escasos la distancia entre Portonovo y Ons en una planeadora de las grandes, con capacidad para 48 personas. La isla no es la que era, por supuesto, y queda casi desierta en invierno. Ahora, en verano, la avalancha es molesta. Hay días en que se llegaron a los 4.700 visitantes. Una locura. Pan para hoy y hambre para mañana. Pero en fin, yo fui a lo mío, a trabajar, y no tuve ninguna sensación de agobio.

Y aunque parezca mentira, había lugares que no visitaba desde hacía tiempo. Por ejemplo, la capilla y el cementerio. O 20 años justos sin ir al Buraco do Inferno, ese gran agujero que comunica directamente con los dominios de Satanás y desde el que llegan los lamentos de los condenados, que, mire usted por donde, se parecen  mucho al agua del mar que entra con más o menos violentamente muchos metros más abajo.

Ahora cualquier indocumentado puede llegarse al castro de la isla de Ons

lunes, octubre 8th, 2018

Isla de Ons. En mi reencuentro con la isla de Ons no podía faltar la visita al castro de la parte sur. El hecho de que hayan abierto un camino -con lo que no estoy de acuerdo, conste- para llegarse hasta él permite cruzar dos líneas de murallas, dejar atrás un foso, plantarse en el segundo (en la foto) y estar al lado del enorme murallón. Y no estoy de acuerdo porque que cualquier indocumentado pueda llegarse hasta ahí y no entender lo que ve es mucho riesgo en este país. El castro se podía ver hasta ahora -y admirar- desde un centenar de metros de distancia, y la panorámica era preciosa y perfecta.

La pregunta sigue siendo por qué de levantó ese murallón hacia los acantilados, cuando cualquier ataque resultaba imposible desde ahí y sí desde el otro lado. Todo apunta a que la respuesta es que se irguió para parar los vientos atlánticos, que de amables no tienen nada fuera del verano. ¿Hay otra?

Los casi tres siglos de la inglesa Broomshaw Hill Farm

jueves, septiembre 20th, 2018

El sistema de bed and breakfast sigue siendo uno de los componentes del British way of life, de esa manera de concebir no el mundo sino las relaciones sociales. El imperio cayó aunque no falta quien piense que aún pueda volver, los pubs tradicionales cierran poco a poco, de vez en cuando surge el debate de si la monarquía ya está periclitada, pero los bed and breakfast sigue su expansión.

Nadie sabe el secreto de tal éxito, y aquellos que desde España afirman que después de todo no son más que pensiones a la vieja usanza simplemente no tienen ni idea de qué hablan.

En los bed and breakfast el silencio no suele existir. Desde el momento en que traspasa la puerta, el visitante sabe que está en manos de la patrona y acepta voluntariamente ser sometido a implacable y cordial interrogatorio sobre aspectos tan fundamentales como el tiempo, la estancia de los dueños en Mallorca diez años atrás o temas tan apasionantes como esos. pero solo y en silencio solo estará si se encierra en su habitación.

Yo he tenido una gran suerte hoy. He recalado en Broomshaw Hill Farm, las posesiones de Martín y Ann (nombres de dos de mis hijos, por cierto), que han reconstruido su árbol genealógico desde 1754 y lo han enmarcado. No solo el lugar donde se alza es excepcional, sino que una y otro son dos personas encantadoras, discretas y amistosas, muy amistosas. Hay que sumarle a ello que personifican la discreción en persona y no, no ha habido interrogatorio. No tienen ni idea de quién soy y qué hago. Ha habido disposición y entrega total para que me sienta lo más cómodo posible.

Pero a pesar de todo ello, la incógnita sigue: hay bed and breakfast que son un negocio, sin más. Otros están ahí para mantener una tradición de hospitalidad y para tener a alguien con quien hablar. Sin duda hay que ser británico para entenderlo.

PD/ Por cierto, BHF está muy cerca de la Muralla de Adriano, no lejos de Escocia.

 

De cafés en Durham

miércoles, septiembre 19th, 2018

Durham. Durham es la ciudad de los pequeños, recónditos y acogedores cafés. Claro está que los hay con personalidad rutinaria como el Starbucks, pero incluso esos están llenos de gente. De dos tipos de gente, para ser más exactos: de jubilados y de estudiantes. Lógico también: el resto del personal está trabajando.

Al igual que los nórdicos, los británicos –al fin y a la postre, descendientes suyos- prefieren los cafés originales cuya decoración y mobiliario huye de lo vulgar pero no por el precio, sino porque de tan habituales y normales que son generan por sí mismos una atmósfera de estar en casa.

Tomemos el Durham (foto superior) como ejemplo. Hay que subir unas nada cómodas escaleras hasta un segundo piso. Y ahí, tras la puerta, la explosión de vida. Sin gritos, sin prisas, la gente tomándose su té por lo general acompañada de su scone. No hay una mesa igual a otras, quizás todas ellas compradas en una tienda de segunda mano. Sencillas flores naturales en todas. Un banco aquí. Cada lámpara con diseño distinto (¿También de segunda mano?). Un radiador en el medio que no debe funcionar bajo una mesita alta y redonda con un pequeño depósito de agua que se sirve cada uno.

Sólo desentonan las tres musulmanas que entran, una de ellas tapada de arriba abajo y a la que sólo se le ven los ojos. ¿Se darán cuenta de que si todos adoptáramos su cultura no existirían cafés como el Durham o como el Riverview (foto inferior), que es otra maravilla? ¿Comprenderán que o se integran o no pueden esperar más que rechazo? Pregúntenle a los suecos si no me creen.

Sobroso, una visita obligada cuando se habla de castillos gallegos

lunes, septiembre 3rd, 2018

Castillo de Sobroso. Pocos castillos hay en Galicia que se puedan vender turísticamente hablando. Decía el padre Sarmiento que había muchos, pero la mayoría o agonizan en ruinas o ahí están, a la buena de Dios, y si quiere vaya usted por su cuenta y véalos. El de Sobroso, a las afueras de Ponteareas, es una excepción. Y es que la Diputación Provincial desarrolló hasta hace tres años una política agresiva de protección de los bienes patrimoniales que ahora da sus frutos. Luego cambió de manos políticas y todo cambió. Y por supuesto me da igual que piensen que defiendo a esta opción sobre aquella o la viceversa de lo contrario, pero las cosas son como son.

Así, Sobroso es un lugar que todavía puede ser explotado más. Su gran parque botánico requiere una atención que no se le presta. Sus salas expositivas se merecen mucho tiempo, y ya no digamos su tienda de artesanía. La idea del anterior presidente de la Diputación -yo se la escuché en una reunión de trabajo- era diseñar una auténtica ruta de castillos en la provincia, comenzando por este, el de Soutomaior y el de Salvaterra. No tuvo tiempo.

La clave del éxito de Frosts, un centro de jardinería en Cambridgeshire

sábado, agosto 18th, 2018

Brampton (GB). El medio es el mensaje, decía McLuhan. Y cada vez está más claro que tenía razón. Se refería, claro, a los medios de comunicación de masas, pero no puede aplicarse a todo. Por ejemplo, a Frosts, el gran centro de jardinería de Brampton, punto de encuentro de una comunidad que ha hecho muy suya la petición de que se circule despacio y con precaución.

Porque en Frosts hay de todo, no sólo plantas, y colocado con gran elegancia. El café tiene dos partes: la que podríamos denominar restaurante y la que es café en sí, con sus sillones formando unos cubículos abiertos que incitan a reclinarse en ellos o a casi acostarse para charlar. Aquí no hay prisa, hay relaciones humanas. Porque ese es el mensaje: construye un medio donde todo el mundo se sienta cómodo y… tus ventas aumentarán.

(Foto de Google, sin identificar su autor)

Buckden, un enclave histórico inglés, está en peligro de dejar de ser una villa

viernes, agosto 10th, 2018

Buckden (GB). Hace 22 años que vengo a Buckden siempre que puedo, un minúsculo pueblo con historia, una farmacia, una peluquería y cuatro tiendas. Me gustan sus dimensiones, su falta de vida exterior, su gente pacífica, sus dos iglesias -la anglicana y la católica; este última en realidad son tres unidas- y su dos hoteles donde sí hay movimiento. Soy miembro, además, de una sociedad local desde hace diez u once años.

Y viniendo de una se esas tiendas me detengo ante un cuidado cartel clavado en un árbol que advierte contra el más de un millar de viviendas que se van a levantar en Buckden. ¿Qué viviendas?

Me paro a leerlo, claro. Quedo horrorizado. ¡Se va a duplicar la población! Pero ¿a qué mente enferma se le ha ocurrido eso? ¿Cómo se puede llegar a tal nivel de especulación? Se preocupan -sin duda con razón- los hacedores del aviso de que el valle del río Ouse será más pobre y que tan salvaje aumento de la edificabilidad traerá consigo dos mil coches más y grandes atascos, y el retroceso o desaparición de las -afirman- 750 especies vivas (se entiende que animales, visto los ejemplos que ponen) que tienen allí su hábitat.

Su lema, el de los defensores del estatus actual, es tan sincero que suena demoledor: Keep Buckden a village.

Me uno a ellos. Sí, por favor, que Buckden siga siendo una tranquila, a veces aburrida y siempre acogedora y maravillosa villa.

Torres de Cereixo (y III): Ante el edificio centenario y con Adriana

jueves, julio 26th, 2018

Torres de Cereixo. Turismo de Vimianzo ha diseñado un estupendo plan de actividades, y muy variado, para este verano. Si viviera cerca me habría anotado a casi todo, pero estoy a más de una hora. El sábado pasado intenté cumplir un deseo de mi madre y a las 11.15 me planté en el castillo local, punto de encuentro para la docena de personas que nos íbamos a llegar a las torres de Cereixo, muy cerca de Ponte do Porto.

La primera sorpresa surgió antes de subir al autobús, porque en el grupo estaba Macu, una ex alumna de la Universidad Senior donde di clases más de media docena de años y donde, con Macu y mucha gente más, creé el blog Miradasenior, que tenía más de cien mil visitas únicas cuando lo dejé y que espero que haya duplicado esa cifra. Así que ya tuve compañía.

La segunda sorpresa fue Adriana Ramos. No la conocía ni de referencias y además me espanta ir con guía. Por muchas razones, entre otras porque suelen tener un conocimiento pillado por alfileres. Y además llevo muchos cientos de miles de kilómetros por Galicia adelante, y eso da un saber que no suele tener una persona de treinta años.

Bueno, Adriana es justo lo contrario. Una muy sólida formación –es licenciada en Historia del Arte- se suma a una manera de estar alegre y animosa, de forma que todos acabamos sumergidos en su narrativa: estábamos sí, viendo el antiguo puerto del que queda el recuerdo, nos sentimos albañiles en la reconstrucción de la capilla románica, recorrimos con espíritu turístico el paseo de madera –necesitado de alguna reforma- y, en fin, traspasamos el portón que da acceso al jardín que rodea las torres de Cereixo. Sólo pude cumplir a medias el deseo de mi madre: no fue posible entrar en el edificio, privado y en venta, pero la emoción de estar allí no hay quien me la quite.

Al regreso quedé hablando unos minutos con Adriana. Un encanto y un placer. Una persona con una cabeza muy bien amueblada y con todo el ánimo del mundo. La invité a comer y me dio calabazas. No la culpo, claro. Pero lo lamento. Yo hubiera aprendido mucho de ella, así que habrá que insistir.

 

Torres de Cereixo (II): Parrochas en Ponte do Porto

miércoles, julio 25th, 2018

Ponte do Porto. Corría el año 1966. Quizás uno menos, quizás no más. A mi madre, que falleció tranquilamente a los 92 años, le encantaba la Costa da Morte. Habíamos parado a comer en Ponte do Porto (entonces Puente del Puerto), y había parrochas. El dueño del bar intentó explicarle a mi padre que eran peces pequeños, sin duda porque encontrar turistas era muy raro entonces y pensaría que éramos extranjeros o como mínimo de la otra punta de España. ¡Aunque parrocha es palabra española!

Comidas las parrochas continuamos carretera y un kilómetro más allá paró nuestro 600. Los seis quedamos asombrados ante las torres de Cereixo, un gran pazo cuya grandeza queda resaltada porque se encuentra en una elevación, controlando la desembocadura del rio Grande (aquí llamado río Porto), aunque en realidad esto ya es Altántico. Mi madre siempre guardó aquella impresión, y nonagenaria recordaba Cereixo, donde había lamentado, y mucho, no haber podido entrar.

Hace 15 ó 20 años recibí una invitación del entonces dueño para visitar el pazo y publicar una página, igual que había hecho con el castillo de Vimianzo. Pero en aquel momento se puso fin a la serie y me quedé con las ganas.

Ahora, el sábado pasado y respondiendo a una convocatoria de la oficina de turismo de Vimianzo, estaba decidido a revivir las sensaciones de mi madre. Porque como dejó escrito el escritor inglés Terry Prachett, nadie muere hasta que las ondas que ha originado en su vida llegan a la orilla del estanque. O sea, mientras no cae en el olvido. Y yo no olvido a mi madre, claro está.

Y ahí entró en escena Adriana.

Torres de Cereixo (I): Regreso a Vimianzo años después

martes, julio 24th, 2018

Vimianzo. Hace unos pocos años publiqué una página sobre el castillo de Vimianzo dentro de una serie sobre fortalezas de Galicia. Salió en el suplemento Fugas. Y llevaba un recuadrito donde se decía que en esa localidad coruñesa no había ningún restaurante emblemático, de tirón, bonito. Que Vimianzo nunca había sido referencia gastronómica. Ojo: no que no se comiera bien, sino que carecía de ese reclamo. Un Mar de Ardora, un As Eiras.

Y saltaron los de siempre, los que se creen con derecho de pernada, y hasta propusieron que me declarasen persona non grata. La cosa no pasó de ahí, desde luego alguien puso sentido común y no llegó ni a pleno ni nada.

De manera que el sábado pasado volví a Vimianzo algo desilusionado. Porque siempre fue una localidad que defendí a pesar de su urbanismo, no tan desastroso como otros pero que sin duda no llega al aprobado ni de lejos. Pero además de su castillo tiene dos pazos (uno en el casco urbano), un castro que está siendo excavado, unos penedos que si no llega a ser por un grupo de vecinos, con el escritor Manolo Rivas echando una mano muy en primera línea, hubieran desaparecido. Y encima vive ahí gente muy interesada por la historia y la arqueología. Lo dicho: siempre le tuve gran cariño.

¿Por qué volví? Porque vi en Facebook que su oficina de turismo organizaba, entre los muchos actos de este verano –ejemplar: copien otros concellos, muchos, de la zona y de Galicia- estaba una visita a las torres de Cereixo. Y la imagen de mi madre –fallecida- me vino a la cabeza. Pero eso lo dejo para mañana.

 

Alex evita que San Miguel engrose la lista de aldeas ourensanas abandonadas

martes, junio 19th, 2018

San Miguel. San Miguel estuvo a punto de integrar la cada día más larga lista de aldeas abandonadas gallegas. Y hubiera sido una pena porque las casas fueron levantadas literalmente pegadas a la muralla de un enorme castro o quizás encima de un posible antecastro.

Hace 15 años ahí residían cuatro personas en dos viviendas. La vida fue marcando sus límites y hace unos pocos meses la última de aquellas se marchó a Ourense con unos familiares, algo similar a lo que antes había hecho otra.

Y se produjo el milagro, porque en la Galicia rural ourensana, concello de Rairiz de Veiga, no de otra manera se puede calificar el que un hombre joven, responsable de la preciosa taberna de la cercana Congostro y de nombre Alex, se haya ido a vivir allí.

San Miguel ha tenido una rara suerte y no ha muerto. Por ahora.

 

 

A Pobra de Trives mejora

lunes, mayo 28th, 2018

A Pobra de Trives. Hacía años que no venía por A Pobra de Trives. He vuelto a pasear por su casco viejo, y recuerdo que la última vez ya se había iniciado un lento pero a lo que se ve imparable proceso de mejora de sus edificios, excelentes por otro lado. Porque si de algo puede presumir esa localidad ourensana es de edificios, quizás una rara avis en una Galicia que ha sido pasto de especuladores urbanos y no urbanos hasta dejar enclaves bonitos totalmente irreconocibles. Alcaldes incultos apoyados por una población más inculta aún han provocado auténticos destrozos. Un amigo me comentaba hace unos días que cuando se estaba construyendo el único espacio verde que tiene Sigüeiro un vecino se lamentaba diciendo que lo mejor era echar asfalto y hacer un aparcamiento (gratuito, claro, faltaría más en este país donde parece que todo cae del cielo y resulta que no hay dinero ni para pagar las pensiones).

Pero estoy en el casco viejo de A Pobra de Trives. No es grande, aunque tampoco minúsculo. Faltan indicaciones sobre qué son esos edificios, si es que tienen relevancia -que alguno y alguna tendrán-, y desde luego el Ayuntamiento debe buscar una solución a un problema que no parece difícil de resolver, como muestra la foto de abajo: la maldita manía de llenar Galicia de contenedores.

En cualquier caso, un desplazamiento a esta localidad merece la pena. Y si sobra tiempo, que sobrará, los alrededores tienen parajes magníficos, como el cercano bosque del Návea con magnífico puente (carretera a Castro Caldelas). Por cierto, a media hora escasa está Cabeza de Manzaneda.

Desde el Vikingeskibsmuseet de Roskilde: ¡Feliz cumpleaños, futuro!

lunes, marzo 12th, 2018


Roskilde.
 En Roskilde hay nieve por todas partes. También hay gente por todas partes. Y unas docenas de niños tirándose en trineo por un gran desnivel de uno de sus parques. Las aceras y viales empedrados están impolutos, y la gente pasea como si el calendario indicara que estamos en primavera. Todo el mundo sale, a comprar o a comer fuera, pero sale y cumple el viejo axioma de que no hay mal tiempo sino mala ropa.

Así que tras vagar un rato y ver un par de lugares interesantes, pasado el mediodía recalo en el café del complejo del museo vikingo, un edificio de madera con esa sencillez elegante que es marca de este país. Me siento al lado de un grupo de una docena de personas. Celebran -no en silencio, pero sin subir el volumen ni siquiera cuando ríen- el 21 cumpleaños de una de las chicas. Hay cuatro adultos, quizás padres o tíos, y el resto es eso, juventud que arranca la veintena. Alegres. Se dan pequeños regalos, un par de botellas igualmente pequeñas, un libro y cosas así, todo muy personal y nada espectacular. La bandera danesa en el medio de la mesa de madera.

Y entonces me doy cuenta: uno de ellos soy yo. O podría ser yo. Tenía esos 21 años cuando llegué por primera vez a Dinamarca, un par de ellos más cuando recalé en Roskilde.

Y es ahora el momento en que ante los ojos aparece el futuro. Que es no mío, sino de esa chica danesa que hoy cumple 21 años. Nunca lo sabrá, pero… ¡Felicidades!

Os Migueliños, una prueba que la calidad no es ajena al turismo rural gallego

martes, enero 9th, 2018

Catoira. Publiqué el martes 26 de diciembre casi una página sobre una casa de turismo rural que se llama Os Migueliños. Está en Catoira (Pontevedra), y es grande, luminosa y de esas que mejoran con el tiempo. Había publicado una crónica de mi primer viaje hasta allí hace unos cuantos años, tantos que no puedo recordarlo. Tampoco me acordaba del nombre de la propietaria, Berta, pero sí de su amabilidad, que sigue in crescendo. De la casa -impecable, muy bien cuidada y mejorada ornamentalmente- yo destacaría no sólo su comodidad sino su excelente situación: a media hora de Santiago, a otro tanto de Pontevedra y en plena ría de Arousa. Además, Catoira es un sitio tranquilo comunicado por tren con Compostela y con Vigo. Os Migueliños es, en suma, un ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas bien. Lástima que los entornos en Galicia no estén tan bien cuidados como aquí.

 

O Segredo dos Melhores Vinhos: olvídese de comprar en A Fortaleça

jueves, diciembre 28th, 2017

Valença do Minho. Fue mi colega José Font quien me preguntó en qué establecimiento de Portugal iba a comprar un poco de vino para llevarle a mi mujer. Le contesté que en uno que hay en A Fortaleça, arriba, me habían dado gato por liebre en dos ocasiones con el vinho verde, y sin dudarlo me recomendó O Segredo dos Melhores Vinhos, abajo, antes de emprender la cuesta según se llega desde el viejo y centenario puente de hierro.

Un sitio excelente tanto estéticamente como en la cantidad y calidad de los vinos que tienen. Por supuesto, hay joyas y cuestan como tales, pero los hay de poco más de tres euros. Eso sí, los niños mejor dejarlos fuera porque el estropicio es una tentación. Y no hay que ir con prisas.

Gracias por el consejo, José Font.

Paseando (con frío) por Vindolanda

lunes, diciembre 11th, 2017

Vindolanda. Tenía muchas ganas de venir aquí. Ignoraba que el frío resulta aterrador para ir paseando despacio y admirar y poder interpretar esos muros. Pero la experiencia vale la pena. Es un lugar impresionante. O sea, que impresiona. Se llama Vindolanda, y es una aldea y un campamento fortificado (en la foto yo estoy ante uno de los muros exteriores de este último) en la retaguardia de la Muralla de Adriano, en el norte de Inglaterra y muy cerca de Escocia.

Los ingleses hacen bien las cosas. Buena señalización, gran aparcamiento, entrada muy cara que se paga con gusto, excavación impecable, reconstrucción en madera de una parte, reconstrucción de diversos edificios en otro lado, un café para tomar algo caliente o comer en plan británico, por supuesto una gran tienda de la que nadie sale sin aflojar el bolsillo. La entrada, muy cara, pero ya se sabe que las cosas gratis sólo las dan en los países latinos, esos que luego se quejan de que los de la Europa del norte son como son…

En Vindolanda hay trabajo arqueológico mínimo para cien años trabajando al ritmo actual; o sea, desde primavera a septiembre. Algunos duplican ese período de tiempo. Y vaya si le sacan rendimiento. Aprendamos.

Durham: festival Lumiere

sábado, noviembre 25th, 2017

Durham. Ha sido de casualidad, que por cierto venía con su parte negativa porque tuve que ir a un hotel muy alejado del centro de Durham. Pero he disfrutado de la oportunidad de ser uno más en el festival Lumiere, que se celebra cada dos años en esa localidad del noreste de Inglaterra. No es algo muy espectacular excepto las campanas de la catedral y las luces iluminando de manera sincronizada, pero sí muy agradable.

Me llamó la atención que la península en la que se alza el casco viejo fuera cerrada no sólo al tráfico, claro está, sino a los peatones que no teníamos la correspondiente entrada. Mi imagino yo que en Santiago cerremos el paso al personal que no haya abierto antes la cartera. Allí no hubo ninguna protesta.

Claro, el primer día aprendí, porque encima se habían agotado las entradas. Como la restricción está en vigor de 4.30 a 7.30, a las 4 ya andaba yo por el centro de la ciudad acompañando a otros miles de personas, de manera que cuando se instalaron las barreras nos encontrábamos en el interior, viendo como entre esa saturación de personas se abrían paso algunos con perros… que llevaban encima adornos de luces.

En realidad, en zonas tan frías -hay que abrigarse muy mucho porque el termómetro marcaba 5º y bajando- festivales como este son disculpas para entablar o cuidar relaciones sociales. Todo el mundo sale, se saluda en ese tono bajo que se saludan los ingleses -nadie alzó la voz para nada-, por supuesto no se ve ni un mililitro de alcohol ni a jóvenes ni a mayores (todos ignoran lo que es el botellón, y evidentemente esta gente no cree que el alcohol barato forme parte del catálogo de los derechos humanos, como se piensa en España) y el suelo brillaba impoluto.

Una experiencia.