La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas para la categoría ‘Gales’

Lluvia en Tenby. Ystad, sin webcam

Sábado, octubre 29th, 2011

Red Natura del río Tambre. Magnífico día a las orillas del río. Lástima que lleve todo el día dándole a la tecla. En el descanso de hace unos minutos aproveché para ver la webcam de Tenby, maravilla de sitio que hoy sufre vientos y lluvia, y de Ystad, la localidad que Henning Mankell situó en el mapa con su colección de novelas con el detective Kurt Wallander como protagonista. Y sorpresa, la de este último sitio está estropeada. Se ve una imagen fija. El tiempo se ha detenido en Ystad. Y me dan ganas de ir para allá.

¿Gales igual a Galicia?

Viernes, octubre 21st, 2011

Red Natura del río Tambre. Y luego dicen que Gales y Galicia se parecen mucho

Virtualtenby

Viernes, septiembre 30th, 2011

Red Natura del río Tambre. Se acabó el verano, aunque no lo parezca. Ese fin de semana hay fiesta en A Senra, en Oroso, que es la típica movida parroquial pero que está realmente bien organizada, en lugar muy grato con el único inconveniente que aquello acaba como todas: con el suelo lleno de papeles y bolsas.

El retardado verano de que disfrutamos no nos afecta solamente a nosotros. En Windsor, donde el castillo de la reina Isabel II, los termómetros rozaban ayer los 28º, un poco menos en Reading -excelente centro comercial- y bajaron algo en esa ciudad que en septiembre resulta maravillosa, con escasos turistas entre sus murallas, con la isla de Caldey en lontananza que es Tenby. Lo cierto es que uno siente añoranza y todos los días, hoy con más razón, echa un vistazo a la webcam que recoge el puerto de Tenby.

Porque lo cierto es que llegará lo que en Ferrol llamamos el cordonazo de San Francisco. O sea, la tormenta que un año sí y otro también nos visita a principios de octubre. Vayan pensando dónde tienen el impermeble…

¿Alguien sabe de dónde salieron las piedras del Hubberston Fort?

Sábado, agosto 6th, 2011

Red Natura del río Tambre. Habrá crisis, pero hay tanto que hacer que por suerte uno no tiene ni tiempo para pensar en ella. Iba a hacerlo hoy, que me he vuelto a quedar casi de Rodríguez, con Antón, porque Congostro celebra la Fornada y allá el fue el resto de la tropa, a una fiesta yo creo que hasta anticonstitucional, porque a la Aira da Moa -que es donde casi tres centenares de personas se reúnen a cenar pulpo y carne ao caldeiro- no se entra si no es por rigurosa invitación y previo pago, así que en ese momento ese espacio público no es ni gallego, ni español, ni europeo, ni nada. Es congostreño y entra quien dicen los congostreños que entre. Una fiesta popular ¡y sin subvención pública! Ejemplar, vaya.

Pero resulta que hoy el Facebook está que arde. La campaña para salvar el Hubberston Fort (Save Hubberston Fort), en Milford Haven, va a toda máquina de la mano e impulso de alguien a quien no conozco de nada pero que tiene fe en lo que hace, Mike Hillen. Y resulta que a alguien más se le ocurrió decir que las principales piedras de ese bastión que defiende una segura ría habían venido de España, así que a Dolly, galesa casada con pontevedrés y que vive en Murcia, y a mí nos encargaron el sencillito trabajo de adivinar si eso era cierto o no.

Hubo que explicar que España es algo grande, que con los datos que teníamos -la mera fecha de construcción- no había manera ni de empezar a mirar, y en esa estamos. Porque Mike Hillen no se da por vencido, y quienes están con él en ese ilusionante proyecto, tampoco. Así que pido ayuda.

Para los interesados, aquí va una descripción del edificio:

Hubberston Fort was built between 1860 and 1865, and housed about 250 men in D-shaped, bomb-proof barracks which were defended at the landward side by a ditch protected by a counter-scarp gallery.

The casemated battery was situated further down the headland and originally comprised 28 guns. In the 1870s, eight of the guns on top of the casemates were removed and replaced by Moncrieff guns.

El National Trust no es un organismo estatal, es… ¡una ONG!

Jueves, agosto 4th, 2011

La costa de Pembrokeshire

Red Natura del río Tambre. Lo que son las cosas: uno, tumbado a la bartola en esta tarde lluviosa que se abate sobre el Tambre, se cree que sabe algo con certeza y luego resulta que lo ignora de plano. Una lección de humildad. Me refiero a mí, claro está. He publicado que el National Trust británico es una organización estatal, y lo hubiera jurado. Se trata de una organización con más de dos millones de afiliados que se responsabiliza del cuidado y explotación de una increíble cantidad de monumentos y lugares de interés de Gran Bretaña, dividida, según me informan, en dos ramas: la escocesa y todo el resto. Esa división me parece su único punto negro, ganas de marear la perdiz que aquí nos ha llevado al desastre en algún bien patrimonial como el Camino Francés a Santiago, donde cada comunidad hace de él su pandero, y tanto se llevan por delante un par de kilómetros de la Ruta (¡Patrimonio de la Humanidad, no se olvide!) en Yesa como le plantan dos casas de siete u ocho pisos ante las narices de los peregrinos nada menos que en Sarria. Pero esa es otra guerra.

El caso es que me escribe Richard Ellis, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente y que se presenta como el responsable del paisaje y costa del National Trust en todo Pembrokeshire (sur de Gales). El National Trust resulta que es dueño de la tercera parte de la costa de Pembrokeshire y de 4.000 hectáreas del campo adyacente. Hasta ahí todo hasta incluso normal. Lo que ya no es normal es que el National Trust sea… ¡una ONG! Es decir, una organización de ciudadanos concienciados que pagan su cuota para defender su patrimonio. Y sin malos rollos partidistas.

Que cada uno haga su reflexión. Pero antes de abrir la boca que no suelte la botaratada de achacar a los políticos cualquier desbarre y que piense si está dispuesto a pagar sus 60 euros anuales, que es lo que más o menos viene costando pertenecer al National Trust. ¿Ante quién hay que quitarse el sombrero y hacer una reverencia?

Techniquest, otro tesoro de Gales

Miércoles, julio 27th, 2011

Cardiff Bay (Gales). Se llama Techniquest y viene siendo la Casa de las Ciencias galesa. Lleva décadas abierta y no ha caído en la trampa del Futuroscope francés: nuevas tecnologías, sí, pero poco. Así la actualización es mínima (y económicamente posible), y la mayoría de los experimentos son clásicos, tradicionales, los de siempre: dinámica de fluidos, juegos de espejos, la gravedad… o sea, lo eterno, lo constante, el amor a la naturaleza que destila Gales se vaya por donde se vaya.

Techniquest es todo menos enorme, pero, además de que el espacio está bien aprovechado resulta acogedor. La regla es la misma que impuso en la práctica el clarividente Moncho Núñez cuando comenzó a crear los magníficos Museos Científicos Coruñeses: prohibido no tocar. Experimenta, por favor, haz lo que quieras con estos cacharros. Y eso es lo que hacen las docenas de niños. Eso sí, sin elevar nadie la voz.

Súmesele a ello el factor humano: la gente de la entrada es encantadora, y cuando Ana se desorienta viene rápidamente uno de los monitores a comunicárnoslos y otra se ofrece a buscar a la chica cada uno por un lado.

Lo dicho: Techniquest es otro tesoro de Gales. y por muchos años.

The Old Point House, un pub del XV

Martes, julio 26th, 2011

Angle (Gales). Gente amable, desde luego. Eso es lo que me estoy encontrando en este viaje. Gente que da las gracias por todo, que pide siempre por favor, gente como la pescantina de Tenby (sólo hay dos puestos de venta de pescado en toda la ciudad). O gente como las dos quinceañeras  -más estudiantes trabajando- que atienden el venerable The Old Point House, que desde el siglo XV acoge a los ciudadanos de Angle, en la entrada a la ría de Pembroke. Esas paredes saben mucho de salvar vidas en el mar, y también de maniobras militares porque aquí se entrenaron los valientes que desembarcaron en Normandía. ¡Desde el siglo XV, Dios mío, y sin meter plástico para nada!

Luces y sombras de The Lobster Pot, un pub en la galesa Marloes

Domingo, julio 24th, 2011

Marloes (Gales). He seguido los consejos vía Facebook de mi ignota amiga Lisa Jones, así que cogí el Passat alquilado y tras perderme dos veces llegué a Little Haven, donde ella estaba.

Lo de perderme no tiene mucha justificación, porque hasta el mínimo cruce está señalizado -señales homogéneas en toda Gran Bretaña, aquí no hay el “na miña casa fago o que me peta” gallego y uno pasa de un municipio a otro sin que varíe la señalética- y además las carreteras están bien numeradas. Mi amigo el fotógrafo Manuel Marras se reirá ahora de mí, sin duda.

Pub The Castle, en Little Haven

El caso es que llegué a la enorme playa de Broad Haven, preciosa, día de huevo frito en el cielo, personal que pasa de todo y se mete en el arenal haga frío, calor, o lo contrario de lo opuesto. Otra estrechísima pista por la que sólo cabe un coche, con ancheamientos de vez en cuando para que uno pare y pase en el enfrente, conduce al minúsculo y abigarrado Little Haven, donde la práctica totalidad de las casas se alquila y donde la ratio vivienda/pub disfruta de niveles hispanos. En The Castle no conocen a Lisa, y salgo de ese puertecito sin encontrármela, buscando el siguiente punto que me recomendó: The Lobster Pot, en Marloes, un pub con escaso cuidado estético interior para lo que es Gran Bretaña, con una paeja en edad madura justamente cordial sin más, lo que no ayuda a generar una atmósfera atractiva. Pregunto por Lisa. Mera sonrisa negativa y a otra cosa.

El jardín es grande e impecable, estupendo, muy cuidado, grato a pesar del ruido de un extractor, monótono y de bajo volumen. El cuidado que le falta a la decoración por dentro es eso, una característica del interior: todos los detalles vegetales y marinos están colocados de manual. Pero a pesar de eso no me acaba de gustar demasiado The Lobster Pot. Me alegro de haber venido, pero habiendo otra alternativa no repetiré. Y no porque sea caro, que ciertamente sí lo es.

Regreso a Caldey Island, con obligado transbordo en el mar incluido

Domingo, julio 17th, 2011

Caldey Island (Gales). Por lo general, cuando vuelvo a un sitio que me ha impresionado no suele gustarme tanto. No es que me esté haciendo mayor, sino que es algo que me ha sucedido siempre, y cuando uno escribe siempre lo que quiere decir es que ha habido excepciones.

Una de ellas la estoy viviendo hoy en Caldey Island. Empezamos la aventura en alta mar: el patrón se llevó por delante unas redes -y eso que una boya las señalizaba claramente- y quedamos a la deriva y sin tracción. No hubo que esperar mucho, cierto, para que otra embarcación se acercase por babor y las dos docenas de pasajeros -cuatro niños, sus madres y padres, y el resto tercera edad avanzada- pasamos como pudimos de una cubierta a otra. No había oleaje, claro está, pero incluso así debe calificarse de milagro terrenal el que ni un bastón cayera al océano.

Caldey Island está no sólo igual, sino mejor. Oficina de Correos, tienda, perfumería y monasterio -prácticamente todo lo que hay, más un hospedaje- muestran su mejor cara. En el café, estrecho como él solo, ofrecen lo mismo más una curiosa cerveza de gengibre que pasa por ser la única bebida alcohólica a la venta, 5 grados. Las mesas, todas al aire libre, asientan directamente sobre una hierba impoluta tanto al amanecer como, prácticamente, cuando a las 5 se cierra la isla y parte el último barcucho: lo que hay en el suelo es algún miniplástico y una -una colilla vieja.

Pero además, desde el faro ha sido creada una alfombra vegetal: una máquina desbrozó tres metros de ancho a lo largo de los acantilados sin tocar el suelo, así que no ha habido agresión, y para el verano próximo, con todo cerrado por helechos y ortigas, vuelta a repetir la operación.

La ruta es un cuadrado perfecto que permite observar las vacas de los monjes pastando en el borde de un acantilado que parece que las va a succionar. Giro aquí, giro allá y al visitante entra en el antiguo priorato, abandonado, con su piedra votiva del siglo IV, hoy con tejado, todo con un aire de misterio. Y pegado a él, en edificio insulso, el lugar donde acaban -acabamos- todos los que hacemos esa ruta, que es como decir la aplastante mayoría de los que desembarcamos cada día en la isla: la Chocolate Factory, minúsculo mostrador abarrotado con la cola de personal saliendo al aire libre, por supuesto: cuatro tipos de chocolate y una docena de fudges de sabores. Un excelente y dulce final. Una maravilla, Caldey Island.

El “tea room” de Stackpole Bay

Sábado, julio 16th, 2011

Stackpole Bay (Gales). El tea room de Stackpole Bay es, para mí, el mejor establecimiento del sur de Gales. Lo conocí hace ocho años y he vuelto hoy tras dar unas cuantas vueltas por el asfalto, porque la costa está tan protegida que ha sido declarada parque nacional. Además, un sendero de 299 kilómetros, el Pembroke National Coast Path, la recorre, la mayor parte de ese recorrido pegado a los acantilados. Así que si uno quiere ir a algunas playas tan buenas como las gallegas y más limpias que las gallegas (no he localizado ni una colilla, ya no digamos un envase de yogur) tiene que caminar un buen rato y subir y bajar por el Pembroke National Coast Path, incluyendo escaleras. Es el precio del equilibrio paisajístico.

Stackpole Bay es un buen entrante del mar, la única cala digna de este nombre en la costa sureña galesa. Allí se refugia una sola embarcación pesquera (o al menos yo he visto siempre la misma) protegida por un espigón muy corto (porque el espacio no da para más) pero muy alto porque las tormentas son de aúpa. Tras la cala está la vieja casa de los botes, hoy convertida en un precioso chiringuito propiedad del National Trust. Una maravilla carísima para el cliente, que paga con gusto en tal paraíso donde sólo por aparcar cobran cuatro libras (cinco euros) esté uno 10 minutos o el día entero. ¿Personal? Sobra, entre voluntarios y estudiantes que se quieren ganar unas libras, porque aquí todos los universitarios trabajan, faltaría más.

Mesas y bancos de madera, nada de manteles, no hay alcohol y la carta es vulgar en su concepción y reducida. Pero lo dicho: este sitio es una maravilla.

Manorbier, uno de los lugares más maravillosos de Gales

Lunes, julio 4th, 2011

Manorbier (Gales). Vuelta A Manorbier. No es fácil de explicar por qué una localidad tan pequeña y tan bonita ha dejado tanta huella cuando hace ocho años sólo estuve una tarde noche en el cociento organizado por Judith –la esposa del vicario- para recaudar fondos destinados a la reparación de la torre de la iglesia local, puesta bajo la advocación de Saint James. Un concierto –copa de vino a un euro includa en el interior del templo- y una cerveza posterior y multitudinaria en The Castle, el único pub.

Ahora estoy en The Castle. El propietario es el mismo, un hombre lánguido que cuando le hablo del pasado recupera la sonrisa y es todo amabilidad. Como en el jardín, manifiestamente mejorable desde el punto de vista estético, comida buena, no cara, un par de pintas de cerveza. Sol y nubes, playa antes para tres, caminata para dos (Antón y, desde luego, yo), Pembrokeshire National Coast Path frecuentado por gentes de todas las edades, el castillo –impresionante- en su sitio, aparcamiento en la playa sin vigilancia pero a tres libras máximo tres horas, cinco todo el día, 30 de multa a quien no tenga tique.

Una maravilla. Da pena marcharse.

Los galeses (y galesas, faltaría más) comen a todas horas

Domingo, julio 3rd, 2011

Tenby (Gales). Comer cotidianamente no parece importar mucho a los galeses. Amanece ahora antes de las seis de la mañana y comienza la actividad, así que hasta las cinco de la tarde, que por arte de ensalmo el personal desaparece de los espacios públicos, algo hay que meter entre pecho y espalda.

Desayuno copioso, como es conocido, pero eso no llega para tan larga jornada, así que de manera continua los galeses comen, con intervalos cortos sin nada en la boca. Eso sí, siempre sin alcohol, porque lo contrario hablaría francamente mal del usuario. Así, caen algún té o café con bollería, quizás un helado o bien más bollería, una chocolatina o similar a cualquier hora y, por lo menos, un lunch, una comida frugal en la que generalmente aparecerá un sándwich o un plato vegetal, algún tipo de ensalada.

¿Y dónde toman esa comida? Pues en estos días veraniegos con el termómetro rozando los 20º la mayoría elige espacios públicos. En el magnífico jardín de St. Mary, la iglesia-fortaleza de Tenby, desde luego que no: la policía advierte que no está autorizado, y con la policía británica las bromas no resultan aconsejables. Pero por todas las poblaciones costeras del sur de Gales y por parajes desiertos con buena vista hay bancos y más bancos de madera, algunos dedicados a la memoria de alguien. Y se registra overbooking: entre 11.30 y 12.30 están ocupados y casi hay lista de espera. Así que si la suerte acompaña en esos momentos se levanta alguien, hay que poner las posaderas al instante sobre la madera, respirar aliviado e hincarle el diente al sándwich. Otros ciudadanos otean, esperando su momento. Y todos tan felices.

Durmiendo en una caravana galesa

Sábado, julio 2nd, 2011

Lydstep (Gales). Nunca había estado en un parque de caravanas. Había visto uno más o menos cerca hace quizás tres décadas o un poco menos. Era un parque de caravanas bastante lamentable, vivienda permanente de jubilados y tatuados varios cuya reputación social no era entonces estimable.

Por eso cuando alquilé en Tenby una caravana de un parque, concretamente en Lydstep, no las tenía todas conmigo. Los recuerdos no ayudaban. Pero nada más entrar en el Lysted Caravan Park esa impresión negativa dio paso a la convicción de que me encontraba en un lugar pijo. Claro que la pijería española no iría nunca a un sitio así, buscando la tranquilidad y donde el único establecimiento hostelero se encuentra a media milla y es un tradicional pub con gente del pueblo y con nosotros como únicos guiris.

Por dentro las caravanas impresionan. Primero, porque resulta increíble cómo se ha aprovechado hasta el último milímetro, hasta el extremo de que la que alquilamos nosotros tiene un salón grande, una cocina con absolutamente todo, dos cuartos de baño, dos habitaciones, sus armarios y su correspondiente terraza de madera, con barbacoa, faltaría más.

Toda la playa de Lydsted está rodeada de estas caravanas. La impresión estética no me parece maravillosa, pero estéticamente es aquí, en el sur de Gales, aportar por un valor seguro. Lo cual no es poco es estos tiempos de crisis.

Otra cosa es que el mantenimiento sea un desastre: he planteado varias deficiencias (por ejemplo, la presión del calentador está al mínimo-mínimo, y la funda de Antón nunca llegó) y sigo esperando. Es el sálvese quien pueda.

Un insospechado ligue en Gales

Viernes, julio 1st, 2011

Caerleon (Gales). Caerleon semeja pequeña, apretada, casi monocolor por la piedra, las murallas en perfecto estados. El recibimiento de Peter, de Pendragon House, pone una nota de cordialidad, y la dos habitaciones que nos asigna ponen una nota de de color, equilibrio y atmósfera de acogimiento. La casa tiene muchos años, muchísimos, pero las puertas no han sido cambiadas, por ejemplo. Y cosas como esa le imprimen un plus de autenticidad que es difícil encontrar en Galicia.

El reloj marca las 9 y en el pub de enfrente ya no admiten niños desde las 6. Lo entiendo. Intento dar marcha atrás y una fornida y rubia galesa treinteañera buscando guerra se me cuelga literal y físicamente. Uno intenta convencerla de que ya no está para esos trotes, pero es viernes y el pub está a rebosar de gente que quiere juerga, mi circunstancial galesa incluida. Así que al fin me libro de ella a las bravas y salgo rumbo a Pendragon House. Sigue lloviendo.

Save Hubberston Fort!!!

Martes, junio 21st, 2011

Red Natura del río Tambre. Las redes sociales son una borrachera. Realmente uno puede pasarse enganchado todo el día comunicándose (que no informándose) con este y aquel. No es mi caso, que las utilizo como herramienta de trabajo. Pero hace unos días, perdiendo el tiempo haciendo click aquí y allá, me he tropezado en Facebook con una campaña para salvar un fuerte costero en el sur de Gales. Y como hace nueve años anduve yo por allí, y muy cerca de esa fortaleza aunque no tengo conciencia de haberla visto, pues me hice amigo de Save Hubberston Fort. El interesado que meta este nombre en el buscador de Facebook y ya le aparece. El promotor parece ser un tal Mike Hillen, al cual, excuso decirlo, no conozco absolutamente de nada, aunque ha sido muy amable y me ha escrito que si voy por allí me lleva hasta esos muros cerrados.

Ignoro el valor de ese castillo, que parece mucho, pero rápidamente ha hecho más de un millar de amigos (o sea, de adhesiones) en una zona en la cual la población es pequeña. Quieren eso, impedir que aquellas paredes se vengan abajo. Y yo, reacio a firmar nada y menos en este país, repito que me he adherido. Porque, en el fondo, siento Gales como algo propio. Que tengas suerte, Hubberston Fort.

PD/ Quien quiera localizarlo en Google Earth que escriba Milford Haven. Cierra la playa por el este.

Decíamos ayer…

Martes, marzo 11th, 2008

Red Natura del río Tambre. ¿Alguien sabe dónde alquilar en Galicia una buena casa, en buena zona, para seis personas y por 350 euros a la semana, IVA incluido? Yo, no, y hago muchos kilómetros al mes por este país.
Pero sí sé dónde alquilarla en Dinamarca. O en Gales (algo más caro). En lugares donde una botella de vino tiene, sí, un precio sorprendentemente alto, pero donde no oculta traducción la palabra feísmo. Países en los cuales le envían a uno un pequeño contrato de alquiler con seguro de anulación por si le pasa a usted algo grave, y seguro de responsabilidad civil por si sufre algún accidente entre paredes.
No hay tanto sol como aquí (aunque vaya usted a saber con esto del cambio climático), y las playas, muy largas y estrechas, no ofrecen una arena de la calidad de la nuestra. Tampoco existe el botellón, y en Suecia si le ven bebiendo una cerveza en la calle lo multan sin más o, si reincide, va a conocer gratis y por dentro una comisaría.
En fin, si se aburren vayan echando un vistazo a la página de Feirepartner y a la de Dansommer. Están, también, en inglés. Luego cuéntenme. Es otro mundo. Lo demás depende de cada uno.

ojd