La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas para la categoría ‘Francia’

Ourense dedica la jornada al Camino

viernes, noviembre 26th, 2010

Ourense. Me he llegado a Ourense sabedor de que el profesor Fernando López Alsina iba a dar una buena conferencia sobre el Camino de Santiago. No me defraudó, aunque dejó más interrogantes que respuestas. Yo creo que ya lo hizo para provocar. La intervención de la profesora portuguesa Cristina Ferreiro ya no me interesó porque no se centraba en el fenómeno jacobeo, aunque al final algo dijo.

Llegué temprano: a las dos y cuarto, así que tuve tiempo para desafiar el frío, bien abrigado y con guantes, y ver cómo estaban las calles y edificios del casco histórico, que me gustó más que otras veces. Cierto es también que había bastante colgado por las rúas, pero sigue siendo un entorno que merece la pena. As Burgas siguen esperando ese plan integral que las vuelva a colocar en el plano. Me comí un bocadillo sentado en un banco del paseo y acabé tomándome un café en el desierto Latino, un café que siempre me agrada.

Luego, en las conferencias -donde me encuentro a Paco Singul, un pozo de conocimiento jacobeo mal aprovechado, porque tiene un nivel impresionante-, me sigo admirando de que un profesor francés dé su conferencia en español. ¿Cuántos españoles podrían hacerlo en francés? Yo no. Pero el hispanismo está bien arraigado en el país vecino.

Los bosques y los maestros: dos auténticas maravillas de Francia

sábado, junio 19th, 2010

Moussy le Vieux. Dos cosas más me hacen sentir envidia de los franceses. Una de ellas es el ver cómo tienen sus bosques a tiro de piedra de ese caos llamado París. Perfectamente delimitados, todo lo más cortados por el ancho de una carretera, naturaleza pura a diestro y siniestro. Nadie vierte basura en ellos, nadie hace barbaridades estéticas y el vecindario está contento y orgulloso de su bosque. Como además por estos pagos no se ve ni un pino ni un eucalipto, la vista es gozosa.

La otra es el activismo de los maestros. Vaya uno a donde vaya (museo, parque infantil, parque de atracciones o algo semejante) se ven grupos de alumnos de 4 años en adelante con sus profes. Los llevan a todas partes, por lo menos en el mes de junio. Y los niños tienen un comportamiento formal ejemplar: tratan a todo el mundo de usted, se dirigen a los mayores calificándoles de “señor” o “señora”, dando siempre las gracias, pidieron por favor… Incluso los maestros les enseñan a mantener la fila cuando procede hacer una, algo que les cuesta asimilar, visto lo visto en los adultos.

Releyéndome -una mala costumbre en la que no hay que prodigarse- creo que he sido crítico con justicia de muchas de las cosas que he sufrido estos días. Conste, en la misma medida, mi admiración por los bosques y los mestros franceses.

Un descubrimiento magnífico: La Mer de Sable, no lejos de París

viernes, junio 18th, 2010

mds2010-spectacles31

Foto: La Mer de Sable

Moussy le Vieux. Fue Corine, la dueña de la casa donde estoy, la que recomendó con insistencia en que fuéramos a La Mer de Sable, a 23,4 kilómetros de aquí por preciosas carreteras secundarias que pasan preciosos pueblos y maravillosos bosques. O sea, cerca de París pero sin sus típicos bouchons de tráfico que hacen ir a 4 ó 5 kilómetros por hora. Así que hoy, día gris, nos animamos y fuimos aunque la arena y yo jamás nos hemos llevado bien. El sitio está muy bien, como le dije a una encuestadora que con cacharro digital en mano me preguntó mi opinión, pero sin duda alguna lo mejor fue uno de los tres espectáculos, el último. Ver maniobrar a unos expertísimos jinetes disfrazados de vaqueros e indios hace abrir la boca a cualquiera. Jamás he visto algo así. Por eso cuando me preguntaron si La Mer de Sable valía lo que costaba la entrada (19,50 euros por adulto) respondí sin dudar que sí. Y si a alguien le parece caro, la única recomendación es que vaya.

McDonald’s se convierte en prueba del desconocimiento de los franceses de la lengua de un tal Shakespeare

miércoles, junio 16th, 2010

Moussy le Vieux. Una amiga de Pontevedra que me mandó un mail, y por lo tanto la mantengo el anonimato, me decía que leyendo mis post este viaje parecía un calvario. Pues no, tanto no. No es un calvario, pero esta zona de Francia no es de mis preferidas ni el país en sí tampoco, aunque reconozco que estar en mi adorada Borgoña o volver a Auverne es algo que me apetece. O sea, que no, no soy antigalo, antigabacho, ni antifrancés para nada. Pero hay lo que hay. Y lo que hubo hoy fue pocos kilómetros por los cinco estamos hartos de estar en el coche. No porque fuéramos lejos, sino porque se nos ocurrió ir tres veces a París y eso es un infierno.

Así que tocó hacer 30 kilómetros entre ida y vuelta para cumplir con un rito negociado: en cada viaje, una comida en McDonald’s. Es lo que hay para mantener la unidad familiar. De modo que después de recorrer un par de pueblos residenciales encantadores allá fuimos, a St. Witz (menudo nombre), a un establecimiento vulgar donde confirmé lo que ya sabía: que el nivel de conocimiento de los jóvenes franceses es como el de los españoles o incluso menor. Muy pocos hablan inglés y son muchísimos los que no saben decir nada. En el McDonald’s volvió a suceder: la muchacha, comenzando la veintena, ignoraba todo, hasta palabras elementales. Siempre creí que a esa cadena multinacional que no figura entre mis preferidas iban estudiantes que se sacaban unos dineros para sus fines de semana, algo encomiable. Ahora empiezo a pensar que se ha convertido en refugio de los fracasos escolares.

Francias: ni colas ni pasos de cebra

miércoles, junio 16th, 2010

Moussy le Veiux. Hay dos cosas que me asombran en Francia, además de que Meteo France siga sin dar una y hoy también se haya equivocado en la previsión del tiempo nada menos que en París, no en un pueblecito perdido.

La primera son las colas. Los franceses, como pueblo aparentemente educado, hacen cola para todo. Pero a la brava. ¿Todos? Por supuesto que no, pero arrear con el niño para delante es habitual en las madres, o decir intentando pasar “perdón pero voy con ese”, tres cuartos de lo mismo. Y cuando uno le responde: “Pues si va con ese, que él vaya para atrás con usted, no usted con él por delante de mí” se quedan asombrados. En los menores es igual, y Martín tuvo dos trifulcas que solucionó como hay que solucionarlas llegado el caso, con testosterona. ¡Ah! Y no me hablen de los numerosísimos inmigrantes: no he visto a uno solo colarse, sino a galos-galos. ¿Para qué hacen los franceses cola?

La segunda cosa que me llama la atención es lo bárbaros que son con los pasos de cebra. Desde luego, se respetan mucho más en Lugo o en Vilagarcía que aquí. Si hay semáforo y mucha gente, pues más o menos no hay grandes problemas. Pero si no lo hay, encomiéndese a su santo de cabecera porque esté en París o en pueblo de mil habitantes el riesgo es el mismo.

Decía dos pero, al escribir, me doy cuenta de que son tres. Todos saludan y dan las gracias. En eso dan gusto. Pero tan sólo un par de conductores me han hecho un gesto de complicidad cuando les he cedido el paso o les permití integrarse a la carretera.

Francia, desde luego, ha perdido educación.

¡Cierren el Louvre, por favor!

martes, junio 15th, 2010

louv1

Moussy le Vieux. ¿He dicho alguna vez que me repatean las ciudades? Pues Coro se empeñó en volver a entrar en el corazón de París. Total, sólo son 11 kms. de autopista que te dejan a los pies del Louvre. Y como este viaje es su regalo sorpresa de cumpleaños, pues taconazo estilo Guardia Civil y a la orden. O sea, una hora y cuarenta minutos desde esta maravillosa casita hasta el aparcamiento, y 50 más caminando hasta el museo. Una locura.

louv2

Para empezar, elegimos tirar por los Campos Elíseos para bajar a la Concorde y desde ahí al Louvre. Es lo más corto y no hay calles estrechas. Lo que había eran miles y miles de coches haciendo el bárbaro y saltándose los semáforos en rojo aunque hubiera peatones cruzando. Y cuando estábamos cerca del objetivo, dirección prohibida y a meterse por callejuelas, porque señales no hay ninguna y menos mal que tanto Coro como yo tenemos un excelente sentido de orientación (ella mejor que yo). Bueno, pues acabamos ante la delegación palestina, llena de policías armados hasta los dientes porque algo pasaba. Un desastre. Así que tras jugarnos la piel un montón de veces tuvimos que ir hacia atrás y buscar un aparcamiento cerca de la torre Eiffel (excelente aparcamiento, sin duda lo mejor de París, debajo de un museo cuyo nombre no recuerdo) y a caminar.

Llegamos. Claro que llegamos. Al igual que miles y miles de personas que ocupaban los jardines e invadían un museo donde hay un café cutre en el cual paramos para coger aliento. Encima no hay manera de hacer una foto decente del exterior porque hay una verjas (véase foto adjunta) que lo estropean todo se vaya por donde se vaya. Y a partir de ahí, el caos. Uno podría pensar que es maravilloso ver un museo abarrotado, donde la gente se apiña para ver la Gioconda (yo me quedé al otro lado de la pared, con Ana y Antón). Pero qué va. El problema no es que la multitud sea o no analfabeta, sino que está en el museo como podía estar en cualquier parque. Eso es una romería en donde la primera norma -no hacer fotos con flash- se la santan todos (sólo vi dos excepciones) a la torera. La gente circula a toda prisa haciendo fotos y más fotos a cuadros y más cuadros, porque una digital se la venden a cualquiera. También hay muchos, docenas y docenas, que prefieren ir grabando sin parar a medida que caminan. Por supuesto que salen de allí con la misma ignorancia con la que entraron, pero ellos estuvieron en el Louvre y pueden demostrarlo y presumir, y usted, que me lee en A Coruña o Madrid, pues quizás no. Carreritas, todo el mundo perdido porque aquello es enorme, falta del mínimo criterio (“Vamos por aquí, a ver qué hay”), salas por las que no se puede pasar por la cantidad de bípedos como la que acoge la pintura italiana del XVII mientras la también italiana del XIII-XIV está casi vacía (le explicación es que la primera es enorme y es un ala del palacio, y la segunda pequeña, sin más)…

Se termina histérico. Yo, por supuesto, me he negado rotundamente a ver nada como si fuera un guiri, ni un solo cuadro, excepto dos fotos decorativas de excavaciones en Egipto y, por supuesto, la momia, que sigue siendo muy interesante aunque la tengan arrinconada.

Falto de glamour y lleno de borregos que quieren seguir siéndolo tras haber pagado sus 9,5 euros de entrada, la petición sólo puede ser una: ¡Cierren el Louvre, por favor!

Patrick tiene razón: en el Parc Asterix se respira una atmósfera muy francesa

lunes, junio 14th, 2010

aster

Moussy le Vieux. Meteo France y la BBC auguran un día, sobre todo la mañana, de esplendoroso sol sin nubes en lontananza. Vista la experiencia, Coro mete en el Ford impermeables y jerseys para todos. Tendrá razón: no llovió, pero el día estuvo gris y bien frío. Aprovechamos para ir al Parc Asterix pensando en que todavía no han acabado las clases, es muy caro (39 euros los adultos, 29 los niños y 8 de aparcamiento, amén de comer y comprar cuatro cosillas), y como siempre compruebo que la crisis es feroz: no cabe un alma y hay colas de más de una hora para alguna atracción. La comida, como en todos los parques, es de absoluta emergencia y cara, pero más colas.

No ha cambiado el Parc Asterix. Yo diría que nada en los últimos años, pero luego veo que un pequeño parque infantil lleva la fecha de 2004, así que no tengo toda la razón. Pero lo demás está exactamente igual. Eso sí, muy bien cuidado y da la impresión de que los años no pasan por allí. Pocas atracciones para niños muy pequeños y algunas más, que no muchas, para los pequeños. De adolescentes para arriba, las que se quiera, y de hecho recorrer todo el parque en un día ya le llega bien, de modo que presumo vuelta antes de partir para casa.

Hay otra cosa que no ha cambiado: la atmósfera francesa. Al final de la tarde voy detrás de tres mujeres jóvenes que hablan en inglés, así que presumo que son foráneas. Pero fuera de eso, yo diría que todo el mundo era aborigen galo y que los únicos guiris éramos nosotros. “Un parque muy francés”, me había dicho Patrick -el dueño de la casa que hemos alquilado-, tras confesar que éramos los primeros españoles que veía en París que no tenían planes para ir a Eurodisney. No costó, cierto, explicarle que uno es eurocéntrico y que defiende la cultura europea, no la colonización estadounidense con sus patosdónales. Y Patrick tenía razón: esto es muy de aquí, a los guiris les dejan Eurodisney. Por eso yo me encontraba en casa.

Viendo los parches de la torre Eiffel y pagando 5 euros por el café

domingo, junio 13th, 2010

fr1

Moussy le Vieux. Meteo France y la BBC han dicho que hoy no parará de llover de una manera fuerte. Y parece que por una vez han acertado, por durante toda la noche no ha parado de caer. Así que, por aquello de aprovechar el día, decidimos meternos en el Louvre. Claro que al salir, con la diez y media rebasadas, el día está fresco, el suelo mojado y las nubes en lo más alto, pero no llueve, tónica que se mantiene cuando a la velocidad media de 40 por hora entramos en París. De modo que cambio de planes y a hacer el guiri por la torre Eiffel adelante junto con otros cientos y cientos de personas que hacen larguísima y lentísimas colas para entrar, con las patrullas de a tres soldados con metralletas de asalto que vigilan todo aquello, con los carteristas que -de hacer caso al carte- abundan, con las docenas de inmigrantes que vendan reporucciones de la torre a un euros y cuatro llaveros también conla torre por el mismo precio, con los porteros que parecen armarios del Jules Verne porque ese es un resturante serio de a 300 euros el menú degustación y ahí no entra cualquiera… De modo que paramos a comer unos perritos calientes en un lugar de puro combate, donde te tratan a patadas y te roban la cartera (es la foto de arriba de todo, que en honor a la verdad hay que incluir para que no pique ningún incauto más: llévese su sandwich, como hacen todos los franceses).

fr2

No es la primera vez que estoy aquí y siempre me gustó la torre (no el ambiente, claro). Pero esta vez se ve en un estado algo lamentable, con varias grandes redes cubriéndola sin que a los franceses le simporte nada porque saben que la gente va a ir en masa igual (¡imagínense que estuviese así la catedral de Santiago!)… en fin, que Martín quiere dar un paseo por el Sena y allá vamos a pagar un montón por el recorrido de una hora, interesante, sin más. Claro que mientras esperamos cometemos el error de parar en un café bonito, con camareros tan amables como caóticos, donde nos armamos de paciencia esperando un té y un capuccino por lo sucales pagamos 10 euros, a 5 cada uno.

fr3Regreso tarde. Hemos aprovechado el día al máximo. Porque, excuso decirlo, el día ha abierto y no ha caído ni una gota. Llevo aquí casi una semana y ni Meteo France (paso por casualidad delante del edificio que alberga a esos incompetentes) ni la BBC han acertado ni un solo día. Y luego nos quejamos de MeteoGalicia…

Viendo felinos tras ser perseguido por cabras hambrientas de palomitas

sábado, junio 12th, 2010

cabra1

Moussy le Vieux. Me ha librado Dios muy bien librado de meterme en los aledaños de París para ir a Le Parc des Felines. Así que he dado mil pequeñas vueltas y en hora y cinco me he plantado en un parque muy bien concebido qeu es todo un ejemplo de reivindicación de la biodiversidad. Y vuelta a encontrarme con lo mismo: varias docenas de colegios (por cierto, no hay grupos demasiado numerosos de alumnos, la mayoría no pasa la veintena así que deben ser aulas, no centros) con los enfants de la patrie alborotando poco -¡sin decir ni un solo taco, no como en España!- pero felices, tres o cuatro parejas francesas con niños y nosotros, los guiris. En realidad, estos sitios están pensados para centros. Además, si llega un español y le meten 15 euros por entrada (10 los niños mayores de 4), jura que no pone un pie dentro. Pero aquí, como en toda Europa, las cosas son así: menos hostelería y más museos. De manera que las entradas cuestan lo suyo, como era más o menos igual en el castillo de Pierrefonds. O 6 euros por ver la habitación de Van Gogh musealizada y el doble por visitar el castillo de la localidad. Claro que una vez dentro por lo general uno pasa el día entero, y siempre hay un lugar preparado para el picnic; en el caso de Le Parc des Felines, con capacidad para 500 almas, y es que ahí espacio sobra.

En fin, que a las 17.45 fuimos, creo, los últimos en salir (cierra a la tardía hora de las 6) gracias a Meteofrance, que en los días que llevo aquí no ha acertado ni una sola vez, igual que la BBC. Una y otra decían y sostenían que estaba cayendo agua en plan A Mariña lucense a la misma hora que yo, inocente, entraba en el recinto de las cabras (ahórrense viejos refranes castellanos…) con palomitas de maíz especiales para ellas y me encontraba con la sorpresa de ser asediado a empujones por los animales en cuanto la olieron.

Pero, ¡oh, error! No había mirado bien el reloj. Cuando yo arrancaba el coche rumbo al norte ya hacía una hora que habían salido miles y miles de coches de París. Una buena parte de ellos me los encontré yo por mucho que cambié seguido de carretera: la autopista, abarrotada; las estrechas departamentales, también. Otro infierno. Pero a París no hay quien le quite su buen nombre…

París en estado puro

jueves, junio 10th, 2010

Moussy le Vieux. ¡Esto es París en estado puro! Hemos salido de Opera –o sea, el centro-centro- y para llegar a la Periferique hemos ido a una media de 4 por hora según el ordenador del Ford que me tocó en suerte en el alquiler (o sea, igual que caminando), con miles de coches, algunos bocinazos, una enorme tensión en el cuerpo y los chicos desesperados sin entender nada. Menos mal que Martín decidió echar una cabezadita y el pobre no sufrió lo que su padre. El consumo del coche fue de 66 litros a los 100 kilómetros. No quedó plazoleta sin atasco constante gracias a que todo el mundo se salta a la vez los semáforos, en una imagen que convierte a Madrid en un paraíso y ya no digamos a Roma. Ignoro si en Caracas el caos bullicioso es mayor o menor, pero juro que no resulta agradable esperar el mismo semáforo siete veces y pasar a la octava. Y a la brava, porque si no seguiría allí.

Una vez en la Periferique la cosa fue más rápida, y al fin logré salvar la distancia de 38,8 kilómetros en una hora y 57 minutos (la media debe dar unos 18 km/hora o un poquito más), mientras veía un atasco en la autopista A1, dirección corazón de París, de más de 10 kilómetros, con los coches totalmente parados y sin que hubiera accidente alguno.

Cuando llegué a la Gansouille, algo histérico, se lo dije a Patrick. No se apeó de su sonrisa: “Esto es París”, me dijo.

Al fin encuentro a Corine y Patrick

martes, junio 8th, 2010

Moussy le Vieux. ¡Menos mal! Tras la peripecia por el Charles de Gaulle adelante –el aeropuerto más caótico del mundo, por lo menos mucho más que Tinduf en Argelia- me encuentro con Corine y Patrick, a quienes conocía de varios mails y de una foto. O sea, a los dueños de la casa que he alquilado para pasar estos días de semiasueto, pero de lo que se trataba era de darle una sorpresa a Coro por su cumpleaños. Una maravilla de pareja –y de hija- que me han recibido con los brazos abiertos en su gran casa con todavía mayor jardín.

El piso es estupendo, además de que lo estreno yo. Muy acogedor, sin lujos innecesarios, con calor de hogar, con todo lo necesario (desde lavavajillas a café y té). Y por cada semana, 350 euros. O sea, la mitad de lo que se paga por España adelante. Por ello yo puedo permitirme viajar a París –Karmen Freixa me tomaba ayer el pelo en el post anterior- pero no soy lo suficientemente rico como para pasar la misma cantidad de días en Asturias, por ejemplo, lugar que sinceramente me encanta. O en alguno de los escasos apartamentos gallegos. Contradicciones de eso que se llama mercado y que está apretando los bolsillos de los de siempre. O sea, que todavía quedan refugios. Y si no les gusta París, váyanse por ejemplo a Dinamarca. Ahorrarán dinero.

Pero lo dicho. Hoy eché una charlada con Patrick (maneja un español aceptable) y Corine. Un gustazo, la verdad.

Escape todo lo que pueda sin pisar el aeropuerto de Charles de Gaulle

lunes, junio 7th, 2010

Aeropuerto de Charles de Gaulle (París). Yo creía que Orly, en el sur de París era el aeropuerto más caótico del mundo. Pues no. Nada comparable al de Charles de Gaulle, en el norte de la capital francesa y mucho mayor. Una anarquía de edificios totalmente separados unidos por un laberinto chapucero de calles y callejuelas a cuál más estrecha, con carreteras con pasos a nivel porque despega un airbús y hay que pisar el freno a tiempo… Cuando uno sale de una terminal vale más que coja un autobús o taxi, porque llueva, truene, nieve o hace sol se verá en la tesitura de caminar durante cerca de 10 minutos con todo lo que lleve encima –en este caso tres hijos y dos maletones, además de la intendencia pequeña- hasta dar con un lugar de donde sale el tren automático que comunica todas las terminales. Nuevo problema, porque no todos los carritos de niños caben entre los bolardos, así que a desmontar todo, a meterse en el ascensor, a salir, a montar todo de nuevo y al tren. En total, entre pie a tierra y subida al coche de alquiler, la friolera de una hora y cincuenta minutos.

Y luego, la traca final: un enorme subterráneo todo en obras. Y nadie absolutamente nadie. Lo que generaba a las 10 de la noche una imagen de película de terror.

¡Y después dicen de la T4, esa maravilla arquitectónica, útil y práctica, clara y diáfana! Los que lo duden, que se den una vuelta por Charles de Gaulle, viejo general que si levantara la cabeza sacaría a relucir su fortaleza de carácter para renegar de sus actuales compatriotas chapuceros.