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El fiasco del congreso de turismo de Terras de Lugo

Jueves, febrero 10th, 2011

Red Natura del río Tambre. Ayer he tenido la perruna idea de coger el coche e irme a Lugo (75 minutos) para asistir al primer congreso sobre la marca Terras de Lugo. Apetecer no me apetecía nada, porque la cosa tenía un tufillo electoral: la Diputación tuvo cuatro años para potenciar esa marca y se le ocurre empezar ahora a moverla, en vísperas de la llamada a las urnas. Justo igual que en A Coruña, donde un teniente de alcalde disperso y de vacua gestión como es Henrique Tello ha hecho lo mismo hace unas semanas.

Pero fui atraído por un técnico inglés y una finlandesa de la ciudad de Turku, antigua capital del país y lugar que conozco de la mano de mi amiga Begoña del Barrio y de Diana Barber. Así que me gasté mi tiempo y mis dineros y me planté en la Diputación lucense, y la primera en la frente: dos encantadoras azafatas me preguntan si estoy inscrito, les digo que no, me identifico como periodista de La Voz y, sonrientes, me dejan pasar pero se niegan en redondo a darme un folleto de distribución gratuita y que se reparte a quien lo pide. Es más, lo mandan a los establecimientos hosteleros. Y les sobraban, conste.

Asciendo unas escaleras rumbo a la sala donde comienza en esos momentos la intervención del británico James Turner y me frena amablemente otra mujer. En el pasillo están entrevistando a la sacrosanta vicepresidenta tercera del ente, María Xosé Vega, y no se puede pasar para no desconcentrarla. En esos minutos me pregunto si esta señora no tiene despacho pagado con mis impuestos. O que la entrevisten en el recibidor, o en el pasillo de al lado, o en el bar de enfrente, o donde quiera menos aquí. Pero no. Sólo nos faltaría que metiese la pata por mi culpa. Así que nos juntamos pacientemente tres personas hasta que su excelencia tuvo a bien parar de hablar. ¡Y no era para televisión!

La conferencia de James Turner no aportó absolutamente nada. Mal apoyada visualmente, el hombre creyó que venía a un país del tercer mundo (no se admiten ironías, advierto) y dijo lo que este periódico en general y este cronista en particular vienen repitiendo desde hace mucho tiempo. Y la sociedad inglesa, además, no admite comparación con la gallega.

El plato fuerte era la responsable del turismo en Turku, puerto de salida de peregrinos a Santiago desde tiempos medievales. La sorpresa general fue mayúscula cuando volvió al estrado James Turner con su presentador -otro británico- y conectaron por Skype con la conferenciante, que se hallaba en… Turku, aseguró en dos o tres minutos que no se encontraba bien (aunque no lo parecía), desconectaron y el presentador habló, apoyado con cuatro diapostivas que no paraban de aparecer (yo tengo unas 200, podían habérmelas pedido), de las características de la ciudad. Pura introducción a vulgar folleto publicitario. La intervención langideció, el hombre no podía hacer frente a ninguna pregunta porque lo ignoraba todo y, en fin, como el pasillo ya estaba libre porque no entrevistaban en ese momento a la señora vicepresidenta tercera, pude ganar la calle, pagar el aparcamiento (de mi bolsillo, no del de La Voz) y regresar al trabajo con el profundo sentimiento de haber sido estafado.

De la conversación con Begoña del Barrio a las vides de Viña Meín

Sábado, marzo 21st, 2009

San Clodio (Leiro). Parece que fue ayer cuando llegué de Finlandia y resulta que el tiempo pasa a velocidad de gacela, mire usted por dónde. Ahora, con la distancia y desde el estupendo pazo de Viña Meín, se ven las cosas con otra perspectiva. Y realmente tengo que estarle agradecido a Begoña del Barrio, vasca de anchas miras instalada en Turku (antigua capital del país nórdico) porque sin ella el viaje no hubiera sido posible, por mucho interés que haya allá sobre el Camino de Santiago. Siempre es necesario encontrar a alguien que abra puertas, y ese alguien fue Begoña. Una suerte. Le debo una centolla (por lo menos).

Pienso en ello con calor de canícula en plena comarca de O Ribeiro, por suerte en un pazo impresionante que produce su propio vino y que no tengo inconveniente alguno en catar y recatar, un caldo que siempre figura entre los tres o cuatro primeros en cualquier concurso en el que participa. O Ribeiro aún se está recuperando, y se nota. La comarca presenta muescas de abandono y mordiscos de feísmo. Mi muy buen amigo Antonio Díaz, que conoce Galicia bastante mejor que yo, me traza por teléfono un itinerario por Lebosende y allá voy yo buscando enclaves para mi serie de “La Galicia Bonita” que sale todos los domingos en La Voz de Galicia. Pero no, de encanto cero. Impresionantes iglesias (en el municipio de Leiro, la propia de Lebosende, Santo Tomé de Serantes..), desde luego, algún paisaje para sacarse el sombrero y un grupo de hórreos de libro (en Paredes), pero cemento, descuido y ladrillo por todas partes. En eso sí que echo de menos, y mucho, la Finlandia que ama Begoña.

Cretinos a bordo

Miércoles, febrero 25th, 2009

Aeropuerto de Helsinki. Me gustan los aeropuertos, y no tengo ningún problema en llegar con mucho tiempo de antelación y dar una vuelta y observar. Muchas veces, más de las que uno quisiera se encuentra a alguna maruja pasada de vueltas o a algún macho carpetovetónico que protestan todos llenos de razón porque hay algo que no les gusta y creen que el planeta gira al ritmo que deciden ellos. Suele caerme la cara de vergüenza porque, con muy escasas excepciones, tales sujetos portan un DNI español: no son humildes inmigrantes del Tercer Mundo ni ciudadanos de países más desarrollados que España.

Por una de esas casualidades de la vida, en el aeropuerto de Helsinki me tropiezo con dos de esos ejemplares. Una muy amable trabajadora de Finnair -que habla un correctísimo español, por cierto- indica a dos de un grupo de tres que llevan un par de bultos en vez de uno, y que el segundo es muy grande. El hombre refunfuña algo y acaba aceptando que su maleta no viaje encima de su cabeza sino en los estantes que hay a la entrada. Muy cerca de él, ya que el paisano viaja, al igual que sus dos compañeros, en business.

¡Ah, pero la maruja no cede! Con aires de absoluta superioridad, esa mujer pasados los sesenta y decorada cuerpo y ropa como si viviera en la juventud ida para siempre, argumenta que vuelan en primera, que vienen de Londres y luego de Copenhague, que jamás les ha pasado, que esto es una vergüenza y que ella no está conforme… aunque tiene que acabar tragando si quiere ir a Estocolmo.

Se ve de buena familia, con dinero, son quizás los tres empresarios en viaje de negocios, por lo que había pillado de la conversación. Diría que quizás de la jet set.

Al fin la empleada coloca unas etiquetas al sobreequipaje, explica que el avión es más pequeño que otros y los cretinos embarcan. Son británicos.

Alcoholismo nocturno en el norte

Martes, febrero 24th, 2009

Kuopio (Finlandia). Me lo habían comentado varias veces a lo largo y ancho de Finlandia: los fines de semana hay una elevada cantidad de borrachos. Hombres mayores, no jovenzuelos pasados de alcohol.

No puedo decir que haya visto a muchos, pero el ambiente induce a pensar que no parece que lo anterior sea falso. Es fin de semana y el silencio habitual ha sido sustituido por conversaciones por doquier: todo el mundo habla, los restaurantes están llenos y el bar del hotel también. Por primer vez veo circular alcohol duro. Según mis informantes, el vodka gana a los demás por goleada, y el retrato robot sería hombre maduro, de cualquier clase social pero con mayor representación entre los trabajadores manuales, que, como todos los finlandeses, dice la leyenda negra típica que no hablan ni se comunican con sus mujeres, y cuyo objetivo no es otro que emborracharse para el lunes volver a la normalidad.

Mientras espero -en vano- en el bar del hotel para pedir una cerveza en medio de esa marabunta, un hombre solo, de mediana edad y aspecto agradable me dice algo en finlandés y, como no entiendo, ni me vuelto. Insiste en inglés, ahora sí que lo miro y me pregunta, amable, si estoy en Kuopio por algo de esquí.

Niego con la misma amabilidad y vuelvo a lo mío. No voy a explicarle que doy conferencias sobre el Camino de Santiago, claro. Al girar la cabeza veo que bebe quizás un whisky. Tiene dinero para pagarse un hotel como éste. Pero está solo y, desde luego, se siente solo. Ha reunido todo su valor para hablarme -algo inusual en Finlandia- y su mirada triste vuelve al whisky. En realidad, sus ojos saltones y brillantes lo denotan: está borracho.

Kuopio no enamora

Domingo, febrero 22nd, 2009

Kuopio (Finlandia). Así, a primera vista (como es la mía), Kuopio no enamora. Cierto es que las pequeñas estaciones de tren que se veían en el camino encerraban gran encanto, y quizás por eso la de Kuopio da un poco la impresión de burro grande ande o no ande. Claro que el hecho de haber perdido los guantes y el gorrito (elementos de primera necesitad en el universo invernal finlandés) tampoco ayuda.

Una vez dadas las conferencias, el regreso, andando y solitario, al hotel en plena noche me permite ver una ciudad construida muy racionalmente, con útiles paralelas y perpendiculares, algo sombría y cuyos edificios son de hormigón insulsos, sin atisbo de madera y sin ningún espíritu tradicional. Para acabar el día, los dos restaurantes del hotel, que también son públicos y se encuentran al otro lado de la calle y a los que se accede por un bonito túnel, me hacen dar marcha atrás, pedir en el bar una cerveza y reflexionar a cuál ir: a la hamburguesería horrorosa o al algo más serio que muestra un salmón pasado de cocción y unas patatas fritas como para echar a correr.

Eso sí, Hanne y Ronald, su marido, una gente excelente.

El tren a Zaragoza versión finlandesa

Jueves, febrero 19th, 2009

Oulu (Finlandia). Lo mínimo que puede decirse del tren que va de Oulu a no sé dónde vía Kuopio (ciudad en la que me bajaré) es que es siniestro. Cuando uno de los trabajadores de la estación me lo señaló me vinieron a la memoria aquellos viejos convoyes que me llevaban a Zaragoza en el curso 1968-69, y hasta el color, marrón grisáceo, semeja sucio. Viejo, sobre todo viejo.

Subir a él con una maleta de 30 kilos, como hago yo, es otra odisea. Hay que abrir la muy estrecha puerta, que se mantenga en su sitio y no se cierre, y luego escalar los dos peldaños, pequeños y altísimos, para llegar a la plataforma.

El interior cambia un poco, pero es una pasajera ilusión óptica que produce el verde inglés de las tapicerías. Sillones de aquellos de antes, con mucha experiencia en el arte de sentar a damas y caballeros.

Desde el andén había visto una cabellera femenina, por lo cual sabía que no estaba solo. La sorpresa fue cuando, al buscar mi asiento, compruebo que hay una decena de silentes seres humanos allí. No se oye ni una respiración. Nadie me mira y todos me ignoran. Nada personal, claro, porque lo mismo le pasa unos minutos después al siguiente, y al siguiente…

Así que hago lo de siempre. Camino muy despacio marcando cada paso con mis botas de montaña, causando un efecto tensionador. Nada, que a todo el mundo le da igual que pise o que esté parado. Tomo asiento y me pregunto si este ambiente de funeral va a acompañarme las cuatro horas y pico hasta Kuopio.

Oulu y el futuro (también del turismo)

Martes, febrero 17th, 2009

Oulu (Finlandia). Leo en el folleto Look at Oulu (Finland):

Oulu sin cables

La red de wifi panOULU te permite navegar por internet gratis. Puedes usas esa red abierta en cualquier sitio que estés; en la calle peatonal Rotuaari, en la Plaza del Mercado, en la Biblioteca, en la zona de deportes Raksila, en el transbordador Hailuoto o incluso en los autobuses de las líneas 19 y 50. Hay cerca de 800 repetidores de señal y no se necesita ni registrarse ni contraseña. Para navegar por internet todo lo que necesitas es tu ordenador portátil o un teléfono que incorpore WLAN.

Así de claro, así de sencillo. Oulu está donde Cristo perdió las alpargatas (haga la prueba en Google Earth), con temperaturas bravas en el invierno con el termómetro pasando de 20 bajo cero un día sí y casi otro también. Saben que su situación geográfica es insalvable, así que rompen barreras con iniciativas como esa: atrayendo negocios y turistas con incentivos del estilo conéctate con quien quieras, no estás aislado en absoluto cuando visitas Oulu.

¿Tengo que repetir que hay que parar de una vez de construir autovís (¡Dios mío, y ahora de Santiago a Lugo!) e invertir en el futuro en vez de en el pasado?

Entre Finlandia y Suecia, con maravillosa puesta de sol incluida

Lunes, febrero 16th, 2009

Tornio (Finlandia). El viaje tiene su atractivo inicial, con desvío obligado por la Policía ya que un camión demasiado alto ha tenido a bien cargarse las señales superiores de la autovía. Después, nieve y más nieve, con la carretera bien limpia, un cementerio metido bajo el manto blanco y, de vez en cuando, alguna parada para recoger a un joven primero, a otro después, y el resto, gente que hace muchos años que se jubiló y que espera (a veces a la intemperie) a que llegue puntual el autobús.

Esa es la tónica desde Oulu hasta Kemi, con el conductor de este viejo cacharro (40 años) mostrándose como un maníaco de la sintonización de emisoras. Por cierto, sólo hay un altavoz, y está a su lado.

En Kemi las casas de las aldeas (o sea, los edificios de madera) dan paso al hormigón. Las viviendas tienen tres alturas y alguna, desperdigada, llega a las seis. Parada y fonda, pues, en Kemi, en una humilde y agradable estación de autobuses en la que hay algún vehículo tan viejo como éste. Baja la mayoría del personal, conductor incluido, se para el venerable motor y dentro quedamos, en el silencio más absoluto, cuatro personas.

Poco dura el descanso, cierto, y suben cuatro jóvenes -cada uno por su lado- y otro jubilado. Todo se hace aquí a ritmo no rápido y constante, sin tensión, sin nervios. Y con ese clima se llega a Tornio, en la práctica unida a la sueca Haparanda hasta el extremo de que más adelante voy a dar, de pura casualidad, con el edificio que fue aduana.

El día cunde, tras haber regresado a Finlandia, entrar de nuevo en Suecia y volver a Finlandia para subir al autobús a Oulu. Amabilidad en todas partes: en el Ayuntamiento, en el periódico de Haparanda, en Ikea, en el café Picnic del centro comercial (Tornio) donde al final hago el tiempo tomando un té y disfruto de la maravillosa puesta de sol (¡lástima de aurora boreal…!), en los conductores que siempre, sin excepción, ceden el paso a los viandantes… Y todo esto a 4.700 kilómetros de la Red Natura del río Tambre.

A bordo de un autobús finlandés propio de los Picapiedra

Viernes, febrero 13th, 2009

Oulu (Finlandia). Pues empezamos bien. Al taxista (que habla mal ingles) no le hace mucha gracia llevarme a la estacion de autobuses porque esta demasiado cerca (cosa que yo ya sabia, pero comenzar el dia arrastrando los pies por la nieve no resulta demasiado placentero), pero el hombre es correcto, acelera un poco de mas y cumple su trabajo.

La estacion de autobuses es pequena, minima si se compara con las gallegas, y algo triste. No hay ventanilla ni nada que se le parezca, sino un quiosco grande en el cual una mujer baja,  con algunos anos y kilos encima, no habla ingles y se nota incomoda, recurriendo a gestos y a escribir el precio, por cierto nada bajo.

Llega el autobus, y durante un segundo dudo si quiero subirme o no. Esperaba un vehiculo acorde con el altisimo nivel tecnologico del pais y me encuentro con un trasto con muchos, muchisimos anos encima, tantos que no recuerdo que ninguno de estas caracteristicas ruede por las carreteras de Galicia. Y, desde luego, si nos lo metieran para el transporte escolar la noticia seria la inevitable protesta de los padres. Huele a combustion, apesta a gases, no tiene cinturones de seguridad, la tapiceria no es fashion y el suelo interior esta tan desgastado que se ve con roturas. Y aqui voy a pasar las siguientes dos horas y media de mi vida… (y con problemas con los acentos, como se nota).

El mercado y la biblioteca de Oulu

Martes, febrero 10th, 2009

Oulu (Finlandia). Hay dos sitios que siempre que puedo –insisto en lo de siempre- visito: el mercado y la (o las) biblioteca pública. Uno y otra dan la medida de lo que es la localidad en cuestión. No he hecho una excepción en Oulu y, tras la consabida conferencia de hoy (más oyentes que en la de ayer, con cuatro repetidores que al parecer quieren saber más sobre el Camino de Santiago), encaminé los pasos a un McDonald’s por aquello de comer algo rápido con el fin de aprovechar luego el tiempo.
Así que la siguiente parada fue el mercado, obviamente cubierto porque estábamos y estamos bajo cero las 24 horas del día. Un buen montón de puestos ocupan el edificio donde hacía una temperatura muy agradable. Poco jolgorio, bastante gente alguna tomando café, suelo muy limpio, amabilidad y charla. No entiendo eso de que los finlandeses son callados, o al menos no desde mi personal punto de vista. “Si no tienes algo importante que decir, no hables”, suelen comentar. Pues debe de ser que tienen muchas cosas importantes que transmitir, porque en ningún momento da ésta la imagen de ser una sociedad silenciosa o triste. Por ejemplo, no tanto como Suecia.
De manera que decido no comprar unos preciosos calcetines hechos a mano (algo popular, pero son 16 euros y no anda mi cartera boyante), me hago con un queso francés de muy buena pinta y otro finlandés ahumado que ídem, y a patear la nieve.
A la siguiente parada. A las 4 empieza a hacerse de noche y quiero ver la biblioteca de día, con gente (a esa hora empiezan a cenar aquí, aunque en todas partes hay retrasados y no falta quien se siente a la mesa a la tardía hora de las 5).
Grande, enorme y pobladísima de personal que habla. Eso del silencio sepulcral en las bibliotecas no rige en ninguno de los países nórdicos. En este organizado laberinto donde resulta imposible no ver ordenadores hay rincones donde la gente estudia y a nadie se le ocurre abrir la boca, claro. Pero en general el personal se saluda, comenta, pilla un periódico, se muestra el libro que va a llevarse… un centro social inundado de cultura en el que no faltan adolescentes con MP3, funcionarias (casi todas mujeres, sí) con la misma cara de bibliotecaria que en España (ya sé que esto va a levantar ampollas), mochilas pequeñas (tantas como usuarios de la biblioteca) y juventud, mucha juventud. Y un detalle que me anima y que en España no es así: todo el suelo es de madera, cálida madera, caliente madera sobre la que se sientan y hasta se revuelcan, jugando, los niños en el espacio destinado a ellos. Porque este es también su territorio, y en Finlandia nadie, ni ellos, eleva la voz ni grita.

A diez bajo cero en el norte de Finlandia y todo funciona

Lunes, febrero 9th, 2009

Oulu (Finlandia). Hoy no hubo clase en toda Galicia ante la llegada de vientos de más de 100 kilómetros por hora. Subrayo lo de “toda” y no pienso hacer ningún comentario más al respecto.

Aquí, en Finlandia, no corría ni una brisa por la mañana y cambió la situación por la tarde, si bien los nativos aseguran que éste no es un país de corrientes de aire, al menos en el sur. Lo cierto es que la temperatura no asusta a nadie y el comentario general es que el invierno está siendo cálido. Pero, si bien es cierto que el termómetro marcaba un agradable grado sobre cero cuando fui al aeropuerto de Helsinki, no menos cierto es también que todo menos las ahora impolutas carreteras está cubierto, lo que se dice bien cubierto, de nieve. Pero a las seis menos cuarto de la mañana se registra una hiperactividad que asombra.

El avión aterrizó una hora después de la reflexión anterior, y lo hizo en Oulu, norte del país nórdico. O sea, la nieve de antes multiplicada por tres o por cinco. Los coches algo patinan por mucho que lleven ruedas de invierno. Los taxistas parece que le han cogido aversión al cinturón de seguridad, y no se ve ni un solo todoterreno aunque el escenario vaya si lo justificaría.

Pues nada, que en los colegios no faltó nadie, que las oficinas no han interrumpido su curso, que los cinco bajo cero iniciales y ahora diez bajo cero no impiden que los comercios estén como siempre (rebajas en ropa de mujer del 70%, ojo al parche) y que, en fin, Finlandia ocupa el primer puesto en el informe Pisa, ese que hace la OCDE para determinar cuál es el país cuyos institutos son los mejores. Con o sin viento. Con o sin nieve.

Finlandia, un país bien organizado

Domingo, febrero 8th, 2009

Helsinki. Lo cierto es que la conferencia parece que ha salido bien. Pero me temo que el mérito no es mío, sino de la treintena de oyentes, todos ellos profesores de Español en Finlandia, gente muy interesada en todo lo que se refiera al Camino de Santiago. Caridad, por ejemplo, lo ha hecho desde Sarria (“Yo era siempre la última en llegar de nuestro grupo de diez”, recuerda riendo). Hubo sorpresa (me temo que no siempre positiva) cuando hablé de que el Camino de Santiago tiene cinco lenguas a su paso por España, y que ninguna es dialecto de la otra. Impresiona ese interés, e impresiona lo bien organizado que está el país, que con gran cantidad de nieve no se detiene: ni colegios, ni carreteras, ni nada. Es ese espíritu de hacer las cosas bien el que ha movido a Tuija y a Pekka, los dos organizadores de mi conferencia aquí. Chapeau.

En medio de la nieve finlandesa y oyendo el runrún del Camino

Sábado, febrero 7th, 2009

Päivölä (Finlandia). El viaje de casi dos horas desde Helsinki a Päivölä (pronúnciese Páivola) no lo hubiera hecho el volante. No hubiera sido capaz, vamos. Toda la autopista llena de nieve, fea y gris por la sal y el barro, visibilidad escasa. A los finlandeses todo eso les trae al pairo, y el C4 llega a los 120 por hora. Los tres últimos kilómetros discurren por una carretera de cuarto orden y no está limpia: más nieve y, sorpresa esperada, hielo. La misma indiferencia al volante con, lógicamente, menos velocidad.
A la llegada nadie comenta nada del tiempo excepto para decir, así de pasada, que es muy bueno, que lo único malo es que a las 5 ya es de noche (4 en España, aunque amanece algo antes), cuestión que tiene arreglo día a día.

Päivölä se define como un complejo no muy grande, de una decena de edificios. Habitaciones muy sencillas y humildes, y ya no digamos los cuartos de baño. Comedor acogedor. Pero wi fi como un cañón hasta en la última esquina.

Hasta aquí se han llegado hoy cuatro decenas de profesores de español en Finlandia, entre otras cosas para oírme pontificar mañana sobre el Camino de Santiago. Porque resulta que en los textos se estudia el Camino, y no sólo hay gente que lo ha pisado sino que todos saben decir algo de él. Repito: esto es Päivölä, en algún lugar perdido, muy perdido, de Finlandia. ¡Y saben del Camino!

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