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Entradas para la categoría ‘Dinamarca’

Desde el Vikingeskibsmuseet de Roskilde: ¡Feliz cumpleaños, futuro!

lunes, marzo 12th, 2018


Roskilde.
 En Roskilde hay nieve por todas partes. También hay gente por todas partes. Y unas docenas de niños tirándose en trineo por un gran desnivel de uno de sus parques. Las aceras y viales empedrados están impolutos, y la gente pasea como si el calendario indicara que estamos en primavera. Todo el mundo sale, a comprar o a comer fuera, pero sale y cumple el viejo axioma de que no hay mal tiempo sino mala ropa.

Así que tras vagar un rato y ver un par de lugares interesantes, pasado el mediodía recalo en el café del complejo del museo vikingo, un edificio de madera con esa sencillez elegante que es marca de este país. Me siento al lado de un grupo de una docena de personas. Celebran -no en silencio, pero sin subir el volumen ni siquiera cuando ríen- el 21 cumpleaños de una de las chicas. Hay cuatro adultos, quizás padres o tíos, y el resto es eso, juventud que arranca la veintena. Alegres. Se dan pequeños regalos, un par de botellas igualmente pequeñas, un libro y cosas así, todo muy personal y nada espectacular. La bandera danesa en el medio de la mesa de madera.

Y entonces me doy cuenta: uno de ellos soy yo. O podría ser yo. Tenía esos 21 años cuando llegué por primera vez a Dinamarca, un par de ellos más cuando recalé en Roskilde.

Y es ahora el momento en que ante los ojos aparece el futuro. Que es no mío, sino de esa chica danesa que hoy cumple 21 años. Nunca lo sabrá, pero… ¡Felicidades!

Copenhague, con frío y en el hotel Wake Up con malas recepcionistas

lunes, marzo 5th, 2018

Copenhague. Hace un frío terrible en Copenhague. Con un poco de suerte parece ser que llegaremos a los 6 grados bajo cero. De temperatura máxima, por supuesto. Todo el mundo lleva la cabeza tapada, casi todo el mundo lleva guantes y la mitad de la población sale a desafiar el viento congelador sin abrigo y solo con una ajustada chaqueta.

Así que el personal busca los cafés, acogedores, con velas. No muy caros. Yo me he refugiado en el Mo Joe, en un chaflán que me permite ver al fondo Nyhavn, donde los restaurantes tienen mesas fuera como si estuviéramos en primavera.

En realidad iba a ir al hotel, al Wake Up (el de Borgergade, no el otro), con su diseño moderno y rompedor, su habitación funcional tan minimalista que carece de armario o estante alguno. Es, en suma, un hotel para estar uno o dos días, no más.

Eso sí, rece el cliente para que no están en recepción las dos mujeres jóvenes escasamente agradables e ignorantes del concepto de profesionalidad que me tocaron a mí ayer. Y que para mi desgracia también estaban al pie del cañón esta mañana.

Kastrup crece… y bien

domingo, enero 21st, 2018

Kastrup. El aeropuerto de Copenhague, Kastrup, ha crecido. No reconozco la zona en la que me vomita el avión de Iberia Express, donde logré encajar mis piernas entre mi asiento y el de enfrente rozando el milagro. Pero como una de las azafatas es de ordeno y mando, mejor no protestar.

Cuando alcanzo la zona vieja, la de siempre, con su (carísima) tienda de Lego, tengo la sensación de volver a un trozo de mi casa.

Se ha alargado, y mucho, la zona de tiendas. Es en realidad una calle comercial con oferta muy variada tanto en lo que ponen a disposición del cliente como en el precio. A diferencia de Heathrow 3, donde sólo son para ricos, aquí se pueden comprar maravillas de George Jensen o postales. Ese –y el diseño- es su éxito.

Pero lo formidable es la sala que han habilitado para los que estamos en tránsito. Uno entra allí y entra en otro mundo. Cambia el ritmo. No hay ruido. No hay cafés ni nada. Mesas individuales. Un gran mostrador con personal para solventar dudas.

En realidad es un patio muy alto donde algunos arbustos y árboles ponen una nota natural. Es, con su gran luminosidad, un claro en la jungla.

“Somos”, el ejemplo de tres jóvenes madrileñas que viene desde Dinamarca

sábado, febrero 25th, 2017

Red Natura del río Tambre. No queda otro remedio que estar colgado de las redes sociales para enterarse de lo que pasa un poco más allá. Generalmente no pasa nada. Todo suele ser un bluf, pero hay que estar al tanto. Para eso nos pagan. En mi caso personal, he podido arrinconar Twitter -una agonía auténtica: en veinte minutos tienes 200 twitts que no quedaba otro remedio que leer- y me he concentrado en Facebook.

Y de vez en cuando se encuentra algo. Poco. Generalmente publicidad pagada. O sin pagar: gente que dice que su pueblo es lo más maravilloso del mundo. Y miles de cosas que no tienen nada que ver con el turismo y que paso de ellas.

En esa inevitable y poco grata labor de purga -no todo van a ser cómodos o incómodos viajes al extranjero en la vida de un periodista- me he encontrado con tres chicas de Madrid. Viven en Copenhague y han creado Somos. He conectado con ellas y me confirman que no, que no tienen nada que ver con el turismo, sino con la creación de una plataforma de solidaridad y ayuda. Gratis et amore. Desde ayudar a los niños hasta la energía renovable. Aquí cabe todo el mundo que quiera echar una mano.

¿Y el negocio? Pues no lo hay. Se trata de hacer un mundo mejor. Y a ello están. Quien quiera conectar con ellas, este es su mail: somosassociation@gmail.com. Y quien quiera visitar su web, que pinche aquí. Todo un ejemplo para los que -como siempre pasó a lo largo de la historia- ponen a caldo a la juventud. En sus buenas manos estamos quienes ya la hemos pasado. ¡Mucha suerte, Somos, y gracias por vuestro ejemplo!

(Foto capturada de la web de Somos)

 

 

En Copenhague se toman en serio lo de ir en bicicleta

miércoles, julio 8th, 2015

Red Natura del río Tambre. Tengo mis dudas sobre las redes sociales, los blogs, los tuits y demás. Quizás por edad, quizás porque sólo los veo como un complemento. Este blog incluido: añade, pero no sustituye al papel en ningún caso.

Pero a veces, muy de tarde en tarde, me llevo sorpresas mayúsculas. En octubre del año pasado publiqué este post. Uno más. Veo las estadísticas y no está en la franja alta de los más leídos. De hecho, hasta me había olvidado de él.

Ahora recibo un mail de Mads Phikamphon, a quien no conozco de nada y cuya foto veo en Google, y me comunica que el gráfico que yo recomendaba en mi viejo post está ahora en su web en inglés para que más gente tenga acceso a él, y me pide, muy amablemente, que actualice el enlace en este blog.

Bueno, gente así da gusto encontrársela en el planeta. Amistosa y trabajando por un mundo mejor. En este caso, por reducir la contaminación en Copenhague utilizando algo tan sano y tan ecológico como la bicicleta.

Ánimo, Mads Phikamphon.

 

Los camareros, el toque profesional del AC Hotel Bella Sky Copenhagen

martes, junio 2nd, 2015

c1Copenhague. Sigo en el hotel AC Bella Sky. Y para ser justo, además del lado negativo que ya escribí ayer hay otra cara positiva: la profesionalidad de sus camareros. Subí al piso 23, donde está el bar, y uno se queda ensimismado contemplando Copenhague a vista de pájaro y relajado gracias a la excelente atención. A la hora de la cena bajo al restaurante -por cierto, temía el sablazo, como hace dos años en el Admiral, pero los precios están muy ajustados- y la sencilleza, sigilosidad, eficacia y rapidez, unido a un trato muy cordial pero sin pasarse un pelo, convierten esa horita en un punto final a la jornada que hace olvidar un poco el cansancio y uno recupera la fe en el género humano.

La foto que acompaña a estas líneas es de uno de esos camareros, ejemplo de profesionalidad y complicidad con el cliente: se dirigió a mi hija como “young lady”. Todo un detalle para ganarse la confianza, que se completó con un asesoramiento excelente. Búsquenlo si se llegan a este hotel.

Una experiencia insólita: el hotel AC Bella Center de Copenhague

lunes, junio 1st, 2015

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Copenhague. Impresionante edificio. El hotel Bella Sky Center, perteneciente a AC-Marriot, es un prodigio de la arquitectura. Luego pasa lo de siempre: lo de los arquitectos no tiene nombre. Todo es muy bonito, pero, ¿funcional? Hombre, tampoco hay que pedir tanto. De manera que mientras defeco (y ya ven mis lectores que soy culto) mi hija Ana se agacha y por el medio metro de altura que el cristal absolutamente transparente une la habitación con el cuarto de baño y me toma el pelo al ver mis esfuerzos orgánicos para cumplir con mi deber biológico. O sea, los señores arquitectos no se han enterado de que ese acto es, desde hace casi cien años, algo privado. Tampoco se han enterado de que no todo el mundo tiene la particularidad de que las alturas no le afectan -a mí me da igual, conste-, y las habitaciones en el piso 17, que es el mío, que dan la impresión de estar abiertas al vacío, no son para todos.

Además, los empresarios se han dedicado a pagarles a los arquitectos, no a los recepcionistas, y la que me tocó a mí es digna de despido a pesar de sus buenas intenciones. Pero claro, no tiene culpa: estaba en práctica y la dejaron sola. Cosas del señor Antonio Catalán (AC) y sus cómplices -perdón, socios- en este hotel.

 

El zoo de Odense se ha empequeñecido

sábado, mayo 30th, 2015

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De nuevo en Odense, tengo que ser sincero: el zoo, su gran zoo, no me impresionó tanto como las otras dos veces. Quizás fuera el día, con sol que se iba rápido, sustituido por nubes y en algunos momentos unas gotas, pero me pareció todo más pequeño e incluso comprimido en algunos lugares, como el territorio del tigre, o la pajarera en la que una cigüeña no podía planear. Los leones están al aire libre, pero sin espacio para andar un poco a sus anchas, y las jirafas no pueden ni hacer una carrerita. Hasta los pingüinos estaban como adormilados, y me pareció que había menos que en años pasados. Es cierto que tendemos a idealizar, y luego las cosas no son como las teníamos encerradas en la cabeza, pero te queda –me queda- la duda…

Eso sí, como siempre, había una tropa de infantes. Y es que a ellos no les resulta tan caro como a mí: son socios, y al abonarse el precio de la entrada les sale mucho mejor.

Pero salí de allí preguntándome si querría ver algún otro zoo por el mundo adelante. Quizás sí, por mi inmutable interés por los animales. Pero me queda la duda…


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Otra vez en Odense, ahora con el Camino Inglés y el Camino del Norte

viernes, mayo 29th, 2015

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Odense. Nueva aventura en Dinamarca, aunque eso de aventura hay que tomarlo como una licencia literaria, excepto por el hecho de que vengo con mi hija Ana, que nunca había estado en este país y ya sabe más danés que yo.

Hoy he dado las charlas sobre Camino de Santiago. En el instituto he vuelto a quedarme asombrado de los medios que tienen, de lo impecable que está todo, del respeto del personal por cualquier objeto, del interés de los estudiantes y de lo que trabajan los profesores: 37 horas semanales EN el centro, más el trabajo de corrección, etc. en casa. Y si no le gusta hágase fontanero o abogado. El sistema educativo está tan engrasado que a nadie se le ocurriría escaquearse una hora, entre otras cosas porque el director manda y ordena, responde ante sus jefes (que en absoluto son los profesores, alumnos, padres o personal subalterno) y si procede despide sin más. Por ejemplo, por malos resultados en exámenes nacionales, nuestras reválidas (más o menos). Además, si el profesor no toma el suficiente interés, son los alumnos los que se dirigen a la dirección exigiendo un mayor nivel o una mayor dedicación, y el profesor se juega el irse al paro.

Todo lo contrario de España, claro está, donde mis alumnos -con honrosas excepciones- buscan la manera más fácil de aprobar, y cuando les digo que con una falta sin justificar ya suspenden corren a darse de baja de la asignatura.

En fin, el Camino de Santiago -en este caso el Camino Inglés y el Camino del Norte- siguen teniendo gran tirón. Gracias a profesoras como Grethe Christensen, por cierto.

Y a ver si mañana empiezo a hacer turismo, que hasta ahora no he tenido tiempo.

 

Aeropuerto de Kastrup, en Copenhague: una mirada 90 años atrás

lunes, abril 27th, 2015

Red Natura del río Tambre. Aurora Boreal, que es un seudónimo en Facebook y que oculta a una persona tremendamente informada de los países nórdicos, ha colgado en esa red social esta maravillosa foto. Se trata del aeropuerto de Copenhague, Kastrup, que por suerte tantas veces visité y que acaba de cumplir 90 años. Una maravilla hoy y ayer.

 

En los nórdicos se come de maravilla

viernes, marzo 20th, 2015

Red Natura del río Tambre. A mí me hacen mucha gracia los estereotipos del norte de Europa. Antes eran las suecas carnalmente excepcionales -estuve una docena de veces allá y juro que no vi ni una-, y ahora, desinhibidos de los Pirineos para abajo, el tema de conversación es la gastronomía. Resulta que dicen que parece que cuentan que por aquellos pagos se come mal. Pues no. Y desde luego, si no se miran los precios, se come de maravilla.

Un recurso muy utilizado es el smorrebrod (en danés) o smörgasbord (en sueco), de smörgås (sandwich) y bord (mesa). Sus orígenes, en el XIV, pero su popularización es mucho más reciente, ya bien entrado el siglo XX. Hay diferencias según los países, pero en el fondo es más o menos lo mismo. Y muy barato.

Magnífica cena en el viejo puerto danés de Nyhavn (¿de verdad que en el norte de Europa no se come bien?)

domingo, febrero 8th, 2015

Kobenhavn. Unos buenos amigos nos han invitado a cenar aprovechando una visita rápida a Copenhague (otra invitación, en este caso a dar una conferencia sobre el Camino de Santiago). Nos han llevado a Nyhavn, el puerto viejo, precioso… pero de guiris, así que no me pareció una buena elección, pero a caballo regalado… Tengo que confesar mi gran equivocación. El lugar es precioso (ahí dejo una foto para recordar el nombre), el trato muy afable, con esa familiaridad tan danesa, nada estirada pero al mismo tiempo sin acercarse demasiado. Desde luego, las camareras, encantadoras en todos los sentidos, no han estudiado en la Escuela Superior de Hostelería de Galicia, pero se les disculpa por su buena disposición a atender bien y a seguir aprendiendo.

Y claro, sé que alguien dirá que por el norte de Europa se come mal. Dejo un par de fotos y que cada uno juzgue el emplatado. Desde luego, exquisito.

 

Copenhague y las bicicletas, un idilio más que centenario

miércoles, octubre 8th, 2014

Red Natura del río Tambre. Con tanta lluvia me sigue dando la melancolía. Mira qué magnífico gráfico sobre las bicicletas en Copenhague.

 

36 horas en Copenhague (y con la morriña desatada)

martes, octubre 7th, 2014

Red Natura del río Tambre. Día triste, gris e irrevocablemente otoñal. Buceando en The New York Times me encuentro esta joya, 36 horas en Copenhague. ¡Y vaya si entra la morriña! Por cierto, magníficamente bien editado.

 

Una experiencia gastronómica en el restaurante danés “Salt”

sábado, noviembre 30th, 2013

Copenhague. El Salt es el restaurante del hotel Admiral. Un viejo amigo me invita a cenar allí y hablar de viejas glorias pasadas. Entrar en el Salt causa una cierta impresión. Una parte de la cocina, la principal, está abierta, en contacto con los comensales. Abundancia de educadísimos camareros. Gran edificio. Buena presentación de mesa. De manera que todo ello lleva a una primera impresión estupenda. Además, las tres sales que ofrecen presumen de nombre propio –laeso, maldon y guerande-. Un camarero viene con el pan (varios panes) e incluye en la bandejita un papel cebolla de alto gramaje con la explicación de la procedencia y cata de esas sales. Chapeau.

El primer palto es cola de langosta a la plancha sobre fondo de ternera y compañía de múltiples flores. Tiempo, y no de ansiedad. Pero la arquitectura del plato es sensacional, en la estela del Noma. Las flores son variadas y finísimas especies vegetales. La ternera está tostada y con morfología paralepípeda, muy suave y con un recuerdo a nuestros chicharrones. Y la cola de langosta es eso, cola de langosta, junto en su punto. El plato, en resumen, es de 10.

El segundo es una platija, un pescado de segunda categoría en Galicia. Lo cierto es que resulta exquisito, a la plancha y -de nuevo- en mantequilla. Se trata de un pescado soso, y el sabor se lo dan las abundantísimas alcaparras. Las patatas con perejil acompañan un plato en el que se incluye un limón pasado ligeramente por la plancha, (buena) señal de que el cocinero conoce la insulsez del animal.

La variedad de postres es mínima: 2. Dicen que hay variedad de helados, pero no lo especifican. Elijo, sin duda, el helado sorpresa. Excelente presentación y sabor, pero el helado necesita un par de grados de más. Y, como siempre en los países nórdicos, para los gallegos está un poco dulce de más. Aunque, ¿quién no perdona ese pecado?

Cuando retomamos la calle, mi amigo se niega a decirme a cuánto salimos per capita. Pero seguro que le ha dejado el bolsillo algo vacío de más: los daneses tienen sueldos sólo ligeramente superiores a nosotros.

 

La policía, en la Universidad de Odense (no, Franco no ha resucitado)

lunes, noviembre 18th, 2013

Odense. Insólito: la policía está en la Universidad de Odense. Un solo agente -departiendo amigablemente con un estudiante al que conoce- en el interior, un 9 ó 10 al menos en el exterior cortando una calle e impidiendo que unos 60 estudiantes, inquietos pero sin ánimo agresivo, vayan por una escalera a no sé dónde. Lo primero que tengo que reconocer es que la policía tiene una santa paciencia de la que yo carezco. Aguanta impertérrita, no habla apenas, no muestra tensión alguna; y los estudiantes se ríen, los desprecian y hasta los jalean. Estoy allí 20 minutos y todo está en stand by. Ni idea de lo que sucede. Recuerdo mis tiempos en la oposición al franquismo, estudiante yo también. Pero claro, aquella era otra policía, otros torturadores que hoy andan tan panchos por la calle.

Lo segundo es peor, mucho peor. Sin duda alguna los estudiantes son daneses en su totalidad, o igual en casi su totalidad. Pero todos, sin excepción, son negros, asiáticos, africanos del norte… O sea, inmigrantes o hijos de inmigrantes. Y está claro que no están adaptados por completo. Lo confirmo hoy en Tiger, una superpapelería, donde dos chulos de origen árabe y hablando a gritos danés campean por una tienda. O ante el cajero de un supermercado. Odense -más de un centenar de nacionalidades- es un conglomerado demasiado espeso. En el centro viven dos familias musulmanas radicales, cuyos matones impiden que hables con ninguna de sus adolescentes que, por supuesto, llevan el chador y no se pueden relacionar con occidentales. En realidad, el centro de Odense -¡ya no digamos el de Estocolmo!- ha sido literalmente tomado por otras culturas que se niegan a integrarse en la sociedad que los acoge con enorme generosidad: sin duda viven mucho mejor que un parado español, con todo pago, piso incluido.

Aquí, terminadas mis conferencias, soy un guiri. En las tiendas me tratan bien (soy blanco), notan que no soy de aquí únicamente cuando les digo en inglés que no entiendo el danés. Pero lo preocupante es que la extrema derecha va a subir en las elecciones locales de la próxima semana agarrada al rechazo a unos inmigrantes que ellos mismos provocan con su actitud. Y los partidos democráticos, sin enterarse.

Primer minuto del primer día de la Universidad de Odense

sábado, noviembre 16th, 2013

Odense. El otoño cubre los alrededores de la Universidad de Odense. Y lo de cubre es literal: enormes espacios de mil marrones rodean unos edificios pegados a la tierra. Ni asomo de descuido o de feísmo fuera, pura funcionalidad dentro, donde nadie eleva la voz, todo está ordenado como si fuese el primer minuto del primer día de funcionamiento.

Asombra que haya un lucido directorio de empresas que tienen presencia en la universidad. Y no sólo presencia etérea, sino material. Ambas -empresa y universidad- están unidas, para alegría de un estudiantado que no piensa en el botellón sino en trabajo, alto a su alcance lo segundo, imposible lo primero.

La cafetería donde recalo está abierta. Es decir, hay una cajera pero si quiero -que no quiero- la evito y me tomo de gorra mi té y un Danish pastrie. Nadie lo hace. Las normas se respetan y el orden se lleva de tal forma a los tablones de anuncios que hasta parecen obras de arte racionalista.

Fuera, el otoño sigue. ¿Por qué tiene más tonalidades marrones que en Galicia? ¿Será porque aquí hay mucha más variedad arbórea y no han entrado las especies foráneas?

 

Dinamarca está cambiando

lunes, septiembre 14th, 2009

Odense. Algo está cambiando en Dinamarca. No es normal, o al menos no lo era, ver en una estación de tren a una pareja besándose a conciencia. Porque en Dinamarca siempre se aplicó aquello de “sexo libre pero nunca público”, lo cual confería una atmósfera que podría hasta parecer puritana, pero que permitía creer en la separación radical de los espacios comunales -donde lo que imperaba era el respeto por los demás, puesto que ese espacio era de todos- de los privados.

Paseo por la calle central de Odense y me encuentro… ¡un mendigo! Por la demacrada si bien clara fisonomía, danés de pura cepa, aborigen del norte sin duda. El hombre extiende unos cartones y se tira a dormir allí mismo, después de arrimar contra la pared los dos carritos de supermercado que contienen lo que, al parecer, son todas sus pertenencias. Pero, ¿un mendigo en Dinamarca? Paso dos horas más tarde por allí y el hombre sigue sobando sin que haya aparecido la policía para solventar tan anómala situación.

Son tan sólo unos indicadores de que la puerta se ha entreabierto y ha comenzado a entrar el aire. El problema es que no se trata de aire fresco, no.

Con lo puesto en Odense y mentando con poco cariño a Iberia

domingo, septiembre 13th, 2009

Odense. Se acaba el domingo… a Dios gracias. Día para llorar, de esos perdidos porque me lo he pasado viajando desde la Red Natura del río Tambre a la ciudad danesa de Odense, donde me recibieron, tan bien como siempre, la hispanista Grethe Christensen y su marido, Ole. El problema no es que el avión de Madrid, de Iberia, saliera con poco más de media hora de retraso, no, qué va. El problema es que los muy lerdos se han dejado mi maletón en tierra. Me han dado un kit de supervivencia y búscate la vida por lo menos hasta mañana. Así que estoy con lo puesto. O sea, que me paso la vida defendiendo las compañías grandes, que de volar con Air Algerie o Sudan Air o Vuelo Paco, nada de nada, y compruebo en mis carnes (nunca mejor dicho: no tengo ni pijama) que Iberia hoy en día cae en el absurdo. Porque todo va informatizado, y al momento miraron en Copenhague en una pantalla y me dijeron dónde estaba mi querida maleta azul. Que no es otro sitio que Barajas. Porque uno entiende un accidente, o que hubiera llegado pelado de tiempo desde Labvacolla. O que se hubiera puesto de parto alguien. Pero no que abandonen la maleta y, lo que es peor, que no comuniquen al vuelo que la maleta con código de barras tal y cual, que pertenece al ciudadano Ramírez, que soy yo, no va en la panza del Airbús. Pues nada: a esperar una hora a ver si aparecía -y aquí se hace noche a partir de las siete y media- y lo dicho, a buscarse la vida.

Y encima de tanto aire acondicionado me he pillado un catarro. A ver si resulta que encima regreso con la Gripe A a cuestas…

“Da Spaniolerne kom”: españoles en Dinamarca

miércoles, abril 22nd, 2009

He recibido un libro maravillosamente bien editado, con estilo, elegancia y gusto. Se titula Da Spaniolerne kom y me lo mandan mis amigos Henning Petersen y su mujer, la catalana Anna. Habría que darles una medalla. No por enviarme el libro, claro, sino porque con no excesivos medios montaron una magnífica exposición que recogió el paso de los soldados españoles que, engañados por Napoleón, acabaron en Dinamarca. Sus mil peripecias, su huida y la huella que dejaron eran los ejes de esa exposición que, por desgracia, no llegó a España.

En fin, el volumen es una pequeña joyita. ¡Lástima que sólo esté en danés!