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De pequeños y gigantes

16 de marzo de 2008 a las 14:04

En las últimas horas, dos lesiones han sacudido el mundillo. Por un lado, Yao Ming se ha vuelto a romper el pie por segundo año consecutivo, se perderá lo que queda de temporada con el equipo más en forma de la NBA (los Rockets, con permiso de los Lakers) y probablemente, los Juegos Olímpicos de Pekín. La otra es la de Leo Messi en el partido de Champions contra el Celtic.

No se trata de establecer paralelismos entre los dos cuerpos más antagónicos que se me pueden ocurrir (ni siquiera con las connotaciones políticas que la lesión de Yao acarrea). Pero sí se pueden extrar algunas lecciones sobre cómo en Estados Unidos la tendencia a las lesiones de un jugador merma su valor de mercado. Es un criterio cruel, pero no menos cierto.

No hay analista de la NBA que haya dejado pasar la oportunidad para apuntar que Yao, a sus 26 años y teniendo en cuenta sus 2,26 metros, ya se ha lesionado de gravedad tres veces (dos roturas en el pie izquierdo, otra rotura de tibia), y que los jugadores altos son más proclives a sufrir achaques que acorten su carrera. En la memoria reciente podría estar Zydrunas Ilgauskas, cuya carrera estuvo en el limbo por un pie de cristal que no soportaba sus 2,21 metros. Y está más que presente el evidente declive de Shaquille O’Neal en los últimos tiempos.

El caso es que Yao, cuya trayectoria se sigue con lupa desde el principio esperando a que rompa en el gran dominador de la NBA, comienza a estar bajo sospecha por si su físico le acaba impidiendo estar en la élite. ¿Le puede pasar eso a Messi? En el caso de que así sea, ¿alguien se atreverá a decirlo? En España, estamos acostumbrados a dejar pasar por alto que jugadores ensalzados durante años (Vicente, Aimar, Motta, el pobre Ronaldo, por poner unos pocos ejemplos) son muy poco fiables para llevar la responsabilidad de un gran equipo por su tendencia a las lesiones.

Ahora, con Messi, el debate aflora, pero de manera poco adecuada. Las especulaciones se dirigen al conocido tratamiento que Messi recibió para ser algo menos Pulga. Achacan, sin base científica aparente, que las inyecciones para activar sus hormonas de crecimiento han repercutido en una excesiva muscultura del tren inferior. Con la última lesión de Ronaldo, una insinuación de dopaje acabó con un despido. Ese tipo de relaciones parece tan absurda como si alguien trazase un nexo entre el especial origen paterno de Yao Ming y su tendencia a romperse los pies.

Lo único cierto es que Messi ha sufrido (además de otros problemas) cuatro roturas musculares en dos años de alta competición. Demasiado, ¿no? El comunicado de los servicios médicos del Barcelona asegura que este tipo de lesiones “son difíciles de prever y un factor accidental”. Habría que recordar eso de cuándo un hecho puntual se convierte en hábito y luego en costumbre. Además, está otro factor apuntado por el médico de la selección argentina: el psicológico. Algo muy importante porque hablamos de un chico de 20 años, y de paso nos sirve para recordarnos que los futbolistas no son sólo héroes que ganan cantidades ingentes de dinero, sino también profesionales altamente cualificados con un alto grado de responsabilidad en su trabajo. Con todo esto en la mano, se puede pensar: ¿Está el cuerpo de Messi en condiciones de permitirle ser el líder del Barcelona en los próximos diez años? Es un debate que se puede plantear sin caer en barbaridades ni ponerse la venda en los ojos.

Barcelona, Juegos Olímpicos, Liga española, NBA
Escrito por Miguel Piñeiro Comentar
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