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Siete nombres propios de los clásicos (y ninguno de árbitro)

4 de mayo de 2011 a las 15:34

A modo de resumen de este tormento en que se convirtió el mes de los cuatro clásicos, dejo los nombres propios que a mi juicio protagonizaron los partidos, y lo siento pero ninguno de ellos será de un árbitro:

-Piqué: Probablemente, el mejor jugador del Barça en toda la serie. Volvió al mejor de sus niveles, alejado de rumores sobre su novia o el tamaño de sus atributos. Fue ese central casi siempre seguro en el corte y que en ocasiones se convirtió en el cuarto centrocampista para la salida del balón. Saldó los cuatro clásicos con sólo una tarjeta amarilla y solventó el problema del poderío aéreo del Madrid evidente sobre todo en el partido de Liga.

-Marcelo: El lateral brasileño tuvo un desliz de trascendendia vital en la ida de las semifinales de Champions, cuando dobló la rodilla prematuramente ante Afellay, que le pasó como un avión. Pero Marcelo confirmó en la serie de clásicos que ya no es el flanco débil de la defensa del Madrid, se batió de igual a igual con Villa y Pedro. Pero sobre todo, protagonizó las acciones peligrosas clave de su equipo. En el partido de Liga fue el mejor jugador de ataque del Madrid y provocó el penalti. Participó de manera decisiva en el tanto de Cristiano en la final de Copa y marcó en el Camp Nou. Cada subida suya, por sorpresa y no por presencia, causó dolor al Barcelona.

Xavi-Iniesta: A ambos les faltó constancia. Lastrados por el muro de hormigón del Madrid en el centro del campo y por la falta de vuelo de Villa y Pedro en los costados, a los cerebros del Barça les costó encontrar el golpe de pedal y la rapidez del balón. Pero si esta serie de clásicos tuvo momentos de claro desborde azulgrana (la segunda mitad de la final de Copa y los últimos 20 minutos de la vuelta de la semifinal), lo protagonizaron ellos, rompiendo la línea de presión, pisando Xavi las inmediaciones del área rival más de lo normal, y finalmente decidiendo Iniesta el pase a la final con un pase al alcance exclusivo de los elegidos.

-Pepe: Convertido en el jugador más valioso del Real Madrid, lo que muchos quisieron ver como todo un síntoma. Se destapó como algo más que una solución de emergencia para su equipo, capaz de un despliegue físico que le permitía tanto incordiar a Xavi como perseguir a Messi. Los mismos críticos que llevan tiempo solicitando la libertad absoluta de Xabi Alonso como faro único del Madrid lamentaron la ausencia de Pepe en la cita del Camp Nou. Pagó cara su incontrolable fogosidad dejando una opción abierta para ver la roja en un lugar intrascendente del campo, pero salió airoso de su papel en el eje de un equipo tan grande como el Madrid.

-Messi: Hay quien dice que está al 70% de su capacidad. Pues menos mal… Messi resultó un incordio, encaró mucho y casi siempre salió victorioso. Y cuando no lo hizo, presionó y persiguió la pelota como un experto mediocentro. Así se le pudo ver peleando contra todos en el Camp Nou, en medio de ese frenesí mediada la primera parte en el que rozó el gol en tres ocasiones y parecía imparable. No fue protagonista en la final de Copa, pero dejó para el recuerdo un gol inolvidable que se impuso a todo el ruido extradeportivo. El momento icónico de esta locura de partidos.

-Cristiano Ronaldo: La sensación global es que Cristiano realizó una mala serie de clásicos. Pero marcó un gol decisivo y fue casi siempre el único jugador del Madrid que llevó peligro a la portería del Barcelona con sus tiros lejanos. Le perjudicó que casi nunca tuvo nadie a su alrededor con quien asociarse o un pasador que le permitiese atacar las espaldas de la zaga azulgrana,  y eso le abocaba muchas veces a  tratar de explotar su velocidad en jugadas individuales. Los defensores del Barça le veían venir casi siempre.

BONUS TRACK: Íker Casillas. Que se me olvidaba. Un futbolista por encima de sistemas, conspiraciones y demás artilugios.

Barcelona, Real Madrid
Escrito por Miguel Piñeiro 8 Comentarios
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Mourinho: el ruido y el metal

28 de abril de 2011 a las 16:01

Creo que nadie tenía esto calculado. La inaudita serie de enfrentamientos entre Real Madrid y Barcelona se planteaba como un enorme espectáculo futbolístico y mediático. Un mes de locura para los aficionados al deporte, que colonizaría cada espacio de nuestras vidas, te importase el resultado o no, pero que independientemente de los colores que apoyes sería recordado como el mes en que los dos equipos más grandes del planeta se enfrentasen hasta cuatro veces, con todo lo que eso implica: Messi y Cristiano, la posibilidad de ajustes tácticos, la fuerza mental de ambos equipos testada…

Al final, aunque quede un partido por jugarse, nada de eso ha importado. En algún momento alguien ha perdido el control de la situación, y lo que estaba llamado a ser un evento deportivo destinado al recuerdo por el juego, entrará en los anales por la fealdad, la tensión, la bronca. Algo que a algunos le hace perder la fe en el fútbol, y a que a la mayoría simplemente asquea. No tengo intención de dilucidar responsabilidades, ya que todos tienen una importante cuota. El comportamiento en el campo de la mayoría de jugadores durante estos tres clásicos ha sido de todo menos edificante. Y Guardiola decepcionó a algunos al entrar en el terreno de la crítica estrictamente personal contra Mourinho en la rueda de prensa previa al duelo del miércoles.

Pero la figura central de la polémica por la que será recordada esta locura de cuatro partidos es Mourinho. No por sus palabras, ni por su actitud, ni por su extralimitación al insinuar amaños históricos a favor del Barça.El ruido ha acompañado al entrenador del Real Madrid desde su llegada, de hecho es una de sus señas de identidad en toda su carrera. Eso no ha sido novedad ni lo será. Forma parte de su personaje, esa fachada irritante para el 90% de los que no son aficionados del equipo que dirige. Porque yo quiero pensar que es un personaje…

No. El problema de Mourinho no es su ruido. Es el darse de bruces con algo que, al mismo tiempo, es lo que le trajo al Madrid y es lo que lo puede acabar echando: la urgencia por ganar, por dominar el fútbol español y europeo. Esa prisa que no entiende de proyectos y pisotea jugadores y/o entrenadores a cualquier precio. Mourinho es garantía de éxito allá donde vaya. La razón es sencilla: es un técnico prodigioso que exige plantillas al mismo nivel de su competitividad. En esas circunstancias, exprime el potencial del grupo humano mejor que nadie. Hace de un equipo un ejército de soldados obedientes. Es un competidor excelso, imprime a sus equipos de un carácter ganador de autoestima fuera de lo normal.

Pero al Madrid eso no le basta. Cualquier equipo de los que Mourinho haya entrenado (Oporto, Inter o Chelsea) consideraría exitosa para sus estándares históricos una temporada en la que ganase la Copa a su mayor rival, fuese segundo en la Liga por detrás solo de su mayor rival, y cediese con honor en las semifinales de la Champions. Pero en el Real Madrid, me da la sensación de que no es así. Mourinho logró algo de metal con lo que amortiguar todo el ruido que ha generado con la Copa del Rey, pero tiene dos problemas: dudo mucho de que el madridismo califique como buena una temporada con ese título y, sobre todo, surgirán las dudas de si todas las polémicas, todas las sospechas que Mourinho ha lanzado, toda la animadversión que ha generado con sus actos (y que en definitiva, socavan la imagen del club) han valido la pena.

Mucho se ha escrito sobre el planteamiento de “equipo pequeño” del Madrid. Que si tiene plantilla para más. O sobre el supuesto plan que Mourinho tenía preparado con Kaká antes de la rigurosísima expulsión de Pepe. Esas son opciones de fútbol, debate que enriquece y al que el entrenador ha rehuido toda la temporada. Muchos creen que la afición del Madrid repudian que su equipo salga temeroso en su propio campo contra el Barça. Soy de la opinión, sin embargo, de que sea cual sea el club, la consideración entre los aficionados de determinado sistema de juego es tan buena como los títulos que depare. En eso Mourinho también puede encontrar otra grieta.

El ruido lo ha tapado todo, incluso el recurso al currículum del club más laureado de la historia. Si hay un equipo capaz de remontar una eliminatoria europea con 0-2 en contra y en cancha ajena, ése es el Real Madrid, capaz de lo imposible en medio del ambiente más hostil. Guardiola lo ha dicho muchas veces: el carácter del Madrid no lo tiene nadie más. No hubo nada de eso tras el partido del miércoles. Lo más a lo que llegó Mou tras lanzar insinuaciones sobre UNICEF y aplicar su particular sentido de la memoria selectiva fue a decir que la semifinal estaba decidida. Y si así es, si el Madrid cae en Europa, el trabajo que Mourinho ha llevado a cabo haciendo mejor a su equipo corre el riesgo de quedar en el olvido, víctima del mismo ruido que el portugués se encargó de alimentar.

Real Madrid
Escrito por Miguel Piñeiro 7 Comentarios
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¿Qué hacemos con Pepe?

17 de marzo de 2011 a las 12:55

El Real Madrid por fin rompió ese extraño maleficio de los octavos de final de la Liga de Campeones. Superó al Olympique de Lyon en un partido solvente, sin grandes abalorios pero sin la necesidad de heroicidades. Los jugadores lo celebraron como un gran éxito, y lejos de interpretarse como un signo de excesiva euforia para tan poca gesta comparada con el historial glorioso del club, se tomó como el alivio de evitar un nuevo fracaso, lo que hace a la idea de la presión que suponía el reto.

Sin embargo, para muchos todo queda oscurecido por la nueva constatación de que algo anda mal en la cabeza de Pepe. Al menos, en la “cabeza” que todos conocemos, la que usa en el campo de juego. Al portugués le enseñaron una tarjeta amarilla a los 9 minutos y pudo resultar expulsado en al menos otras tres ocasiones. Resulta increíble que un futbolista de primer nivel jugando en uno de las mayores instituciones del deporte mundial siga mostrando un comportamiento tan peligroso, ya no para los rivales a los que pueda llegar a agredir, sino para los intereses de su propio equipo.

Soy incapaz de ponerme en el lugar del mecanismo que sirve de espoleta para la combustión interna de Pepe. Si hace lo que hizo ante el Olympique en un partido bastante bien encarrilado, ¿qué podría pasar en una final europea? El fútbol del pasado nos ha dejado jugadores especialmente violentos al amparo de que las retransmisiones de televisión no estaban tan extendidas, que Internet era un sueño de nerds, que el fútbol se veía como una exacerbación del macho o sabe Dios qué otros estereotipos más. Pero ahora no, el fútbol como otros deportes ha abrazado cosas que en el pasado estaban desterradas. Y una de ellas es la psicología.

Quizás a Pepe no le vendría mal algún tipo de terapia de control de la ira. Porque no es un jugador violento siempre, sino en ocasiones muy puntuales y con brotes espectaculares. Normalmente se diría que el entorno debería aconsejarle, pero en este caso no es una cuestión baladí: el entorno de Pepe es un superagente que casualmente es también es el de su entrenador, ambos con un poder creciente en el Real Madrid, club que se está pensando en comprometer una cantidad de dinero muy importante en un jugador que se expone a sanciones muy graves por su comportamiento. Pepe debería pensárselo y también ser consciente de que su exuberancia física, esa que le empuja para lo bueno y lo malo, no durará siempre.

Creo que merece la pena hacérselo mirar, aunque sea sólo para que esa fama de “Todo el mundo sabe que estás loco” no eclipse las enormes cualidades de Pepe como futbolista.

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Curro Segura, tras vencer al Real Madrid

15 de diciembre de 2009 a las 21:01

Curro Segura habló para la web TuBasket.com después del heroico triunfo del Obradoiro sobre el Real Madrid, y sus reflexiones son de lo más interesante:

«Cuando Bullock forzó la prórroga con 5 puntos en 30 segundos, hubo que cambiar las caras de los jugadores en el banquillo. Está claro que ellos, que la habían forzado, entraban mejor en el tiempo extra. La consigna fue: ‘Podemos; hay que seguir, les tenemos donde queríamos’».

[…] Entonces me viene a la mente una de las imágenes del día: cuando los jugadores se levantaron del banquillo para jugar la prórroga, el público puesto en pie, aplaudiendo, refrendando nuestra máxima de que había que seguir creyendo… Fue un gran impulso mental».

 […] «Messina, una vez terminado el partido, me dio la mano, la enhorabuena, me felicitó por el partido: ‘Habéis hecho un gran trabajo’. Para mí, que admiro su trayectoria, que sigo sus clínics, es un orgullo haberle ganado». […] Yo ya había ganado al Barça y al TAU con el Menorca, pero esto, al ser el Madrid, tiene muchísima trascendencia. Parece que es más importante, por la prensa, más llamativo».

PD.: Uno que estuvo allí y lo pudo ver bien de cerca se contagió de la emoción del pabellón, del esfuerzo de los jugadores del Obra y del carácter avasallador de Vasileiadis. Pero lo que hizo Bullock en los instantes finales del tiempo regular fue impresionante.

Baloncesto español, Real Madrid
Escrito por Miguel Piñeiro 4 Comentarios
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Sueños y realidades

30 de noviembre de 2009 a las 13:50

Me pasé el domingo con la peor de las pesadillas del aficionado al deporte. Ver partidos desde las 12.30 hasta la noche, pero trabajando sin poder disfrutarlo del todo. Buscar un hilo de análisis comenzando en Santiago con el Obradoiro y acabando con el Madrid en el Camp Nou es tan difícil como injusto mirando a los presupuestos, pero es lo único que se me ocurre hoy para actualizar el blog.

El Obradoiro es un sueño hecho realidad que no puede terminar mal. Nadie exige más que trabajo, y el resto lo completan el orgullo de los profesionales y la pasión de la afición. Ver en persona a un equipo sobrepasado en talento y físico por el Valencia, llevar el partido hasta sus últimas consecuencias y ceder sólo por 6 es digno de admirar. Por eso Curro Segura no se calló al exigir compromiso a quien no lo tuvo y también reconoció algo que se apreciaba a simple vista en la pista. El Valencia ganaba todos sus emparejamientos por físico (“Ellos, cuando hacían cambios en todos los bloqueos, a nosotros se nos hacía de noche “, dijo) y  a partir de ahí encontró a un tirador en estado de gracia, Rafa Martínez.

Otro sueño es el el Dépor. La última vez que el equipo se apretaba en la clasificación contra los puestos de Liga de Campeones se discutía en A Coruña sobre si Valerón o Djalminha, Tristán y Makaay tenían un sano pique por marcar goles y Luque protestaba por no querer jugar en el puesto en el que ahora se siente más cómodo. No me atrevo a pensar lo que pueda pasar si el equipo termina la primera vuelta en las mismas latitudes clasificatorias, o si consigue no perder con el Barça en el Camp Nou. Del partido de Santander, a pesar del sufrimiento, saco una conclusión: el Dépor se encuentra cómodo con el vértigo. Mejoró cuando cambió de ritmo en la segunda parte, después de una primera en la que el equipo pareció un poco partido con los tres de arriba un tanto aislados.

Luego vino el clásico. Yo llegué a él agotado y no pude disfrutar de un partido que según todas las versiones fue maravilloso. Pero el pospartido reveló sobre todo la realidad del Madrid. El equipo más grande del mundo, el que más se ha gastado, ¿contentándose con una victoria moral? No me lo creo. El Madrid parece vivir más allá de su realidad. La del Camp Nou fue una victoria moral en la misma medida que el partido contra el Zúrich fue una derrota moral. El resultado es lo de menos cuando se trata del Madrid, que carece de identidad. Y sobre el Barcelona, sin tener que repetir los elogios unánimes a Puyol, me quedo con Ibrahimovic. Se encargó de que ni siquiera Casillas se acordase de Etoo. Me reafirmo en lo que mantuve siempre: el sueco es mucho mejor.

Baloncesto español, Barcelona, Deportivo, Liga española, Real Madrid
Escrito por Miguel Piñeiro 1 Comentario
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Qué vida más triste

28 de octubre de 2009 a las 16:13

Hasta hace unas horas, para mí Borja Pérez es (y sigue siendo) el protagonista de «¡Qué vida más triste!», esa miniserie que nació como un cutre-video-blog en internet y que ahora se puede ver en La Sexta. Es uno de mis ídolos. Irónicamente, el nombre de la serie y el del Borja Pérez que goleó ayer para el Alcorcón se unen en un denominador común: el Real Madrid.

No deja de ser un síntoma que un jugador modesto como Borja le lleve metidos seis goles en Copa del Rey al Madrid. Eso quiere decir algo. Hace unos meses, al inicio de temporada, escribí un post sobre el fin de las excusas para el equipo blanco, después de los fichajes de este verano. No tanto por el precio desembolsado, sino por los huecos cubiertos (Xabi Alonso, Albiol, Benzema) que se suponía cubrían las carencias que justificaban el pobre juego del Madrid.

Así que aquí estamos, viendo el espectáculo deportivo-mediático alrededor de una tunda histórica. Es lo de siempre. Los bacatazos del Madrid son directamente proporcionales a las expectativas creadas. Pero inversamente proporcional al análisis frío y crítico de la situación.Y ahora todo el mundo (sobre todo ellos) apuntan a Pellegrini. Desconozco realmente si el problema es el chileno, las lesiones, la falta de profesionalidad en un bolo menor, Drenthe, o si estaban distraídos después de probar sus nuevos coches en la nieve. O simplemente que el Alcorcón les dio un baño de fútbol.

Lo que sí sé es que Florentino Pérez, en sus casi seis años al frente del club (4 en su primer mandato, uno y pico antes de dimitir en el segundo, más los meses que lleva en el tercero) ha consumido a Del Bosque, Queiroz, Camacho (bueno, esto fue una autocombustión), Luxemburgo, López Caro y, si nos fiamos de los rumores, está a punto de cepillarse a Pellegrini. Eso, sin hablar de directores deportivos y adjuntos (Sacchi, Valdano, otra vez Valdano, los Pardeza, Butragueño, Zidane, etc.).  Así que, aunque ahora Pellegrini sea el peor entrenador del mundo, no parece claro que quitarlo del medio vaya a cambiar la situación.

Y, además: ¿Qué situación hay que cambiar, si han jugado sólo 12 partidos? Si hubiese que cambiar algo, sería mucho más profundo que un entrenador.

Copa del Rey, Real Madrid
Escrito por Miguel Piñeiro 2 Comentarios
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