(También en la revista especial de Juegos Olímpicos ue se vendió con La Voz)
Los estadounidenses, tan cinematográficos ellos, lo mismo le ponen eslóganes peliculeros a operaciones en Irak como a los equipos de baloncesto. Y la selección de básquet, la que tiene la misión en Pekín de devolver el oro ocho años después a la nación inventora del juego, la que tiene la obligación de deshacer todos los agravios de los últimos años, también tiene su nombre rimbombante: el Redeem Team, el equipo de la redención.
Estados Unidos ha trabajado desde que Grecia la borró del Mundial de Japón con el único objetivo de llegar a Pekín y volver a poner las cosas en su sitio. Han necesitado un sexto puesto en el Mundial de Indianápolis, el bronce de Atenas y el tercer puesto del campeonato que ganó España para tomar medidas. Bryan Colangelo, el arquitecto de los Suns que han devuelto los partidos de 120 puntos a la NBA y el que ha convertido a los Toronto Raptors en la verdadera franquicia europea de la Liga americana, tomó las riendas con plenos poderes.
Primera medida: un seleccionador procendete del básquet univeristario, Mike Krzyzewski, algo inédito. Segunda medida: todo aquel jugador que vaya a la selección irá sabiendo que no habrá puestos garantizados, ni minutos preestablecidos, y tendrá que comprometerse por al menos tres años. La intención de Colangelo era formar un equipo, algo que pudiera competir con selecciones como España o Argentina, acostumbradas a jugar con los mismos hombres durante años. El resultado: de los doce integrantes del Team USA, sólo Carlos Boozer y Jason Kidd no han disputado las dos últimas citas, el Mundial de Japón y el Torneo de las Américas.
En el torneo clasificatorio del continente americano, la selección estadounidense volvió a las palizas que acostumbraba: ganó sus 10 partidos por 30 puntos de diferencia de promedio. Algunos quisieron ver en la mezcla de Kobe Byrant y LeBron James la posibilidad de un Dream Team como el de 1992. Pero, además de la conjunción, Colangelo buscaba también la humildad y la asunción de que las cosas en el baloncesto internacional no son como eran. En lugar de la excelencia, la redención.
Las dudas
Estados Unidos sigue siendo el gran favorito. Pero aún hay aspectos sospechosos que pulir. La presencia de LeBron es garante de muchas faltas a favor y de canastas imposibles, pero su juego, como el de Dwayne Wade, dista mucho de adaptarse al mundo FIBA. Sobre el escolta de los Heat pesa además la losa de una temporada plagada de lesiones que convirtió a su equipo en el peor de la NBA. La titularidad indiscutible de Jason Kidd se torna en problema si con ello deja en el banquillo a los mejores bases del pasado ejercicio: Chris Paul y Deron Williams.
El máximo anotador de los estadounidenses en los últimos torneos ha sido Carmelo Anthony. Su juego cerca de canasta, su físico imparable desde la posición de alero y su tiro mejor que el de LeBron y Wade lo hicieron adaptarse mejor al mundo FIBA. Pero está pendiente de un juicio por conducir borracho y Denver Nuggets quiere deshacerse de él. Su cabeza está en otra parte.
Y luego están los pívots. El único gran cinco que ha llamado Krzyzewski es Dwight Howard, cuya principal virtud es ofreer uno de esos cuerpos que sólo se ven en el baloncesto americano. Pero el técnico no confía en él para llevar el peso ofensivo del equipo. Las otras opciones, el fino Chris Bosh y el tanque Carlos Boozer, distan mucho de ser grandes pívots dominantes.
Sin embargo, si las piezas logran encajar, Estados Unidos será la primera favorita al oro. Tiene a Kobe Bryant embarcado en una misión, con lo que eso supone de heroicidad y talento. Tienen a la mejor camada de jóvenes de la última década. Cuentan en su plantilla con un tirador letal, Michael Redd, para atacar las zonas que tanto se le atragantan a los poco versátiles jugadores de NBA. Tienen un trío de bases en Kidd, Paul y Williams absolutamente envidiable. Si los problemas de ego se mantienen a un lado y sobreviven a la dureza del grupo de clasificación con España, Grecia (dos de los equipos que los han derrotado en los últimos años), Alemania y China, estarán en el disparadero para completar la operación para la que fueron reclutados: devolver el oro y, lo más importante, el honor al baloncesto de su país. Al menos así lo sienten.
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