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Cierto regusto amargo

Lunes, Julio 27th, 2009

Alberto Contador se subió al podio de París para coronarse vencedor del Tour de nuevo. A partir de ahí, todo me dejó un regusto amargo. Es difícil de explicar, porque lo que estaba viendo era un momento importante en lo deportivo, la consagración de una realidad: el mejor ciclista del momento y posiblemente de la década es español y está desatado.

La amargura no tiene que ver sólamente con el esperpéntico podio. No se debe al ridículo affair-himno. Ni siquiera con la mueca de asco de Lance Armstrong en el podio, donde demostró poca clase y respeto al vencedor (ni una mención en su twitter hace días) y falta de agradecimiento al don que tiene una persona de casi 38 años capaz de ser tercero en una de las pruebas deportivas más duras del mundo 3 años después de dejar de entrenar.

Tiene que ver con Contador. Con lo fácil que tiene la sonrisa el de Pinto y lo duro que le están poniendo disfrutarla de verdad. Le sabotean entre unos y otros la ceremonia de su segundo Tour. Supera las tensiones intestinas de su propio equipo que casi le devoran. Se muestra infinitamente más fuerte que sus rivales, ha ganado las 4 últimas grandes vueltas que ha disputado, ha superado una lesión cerebral, una suspensión a su equipo que le privó de otro Tour el año pasado…

Es todo una agonía la de este chico. Pero para mí el obstáculo más grave que tiene que seguir saltando constantemente es el de la sospecha. Yo no hago del triunfo de Contador una bandera de amor patrio, más que nada porque el ciclista corre por su equipo y por él mismo, no por la selección de su país. E intento mantenerme al margen de convertir a Contador en una especie de tótem inmune a todas las polémicas y siempre en posesión de la razón, de la misma manera que Alonso era la víctima de Hamilton/McLaren y que la natación sincronizada es un contubernio amañado por las rusas.

Así, ha sido casi imposible leer en España que Contador se equivocó en el movimiento que terminó con Kloden descolgado. Pero lo que motiva mi amargura no es una crítica a un movimiento táctico por lo menos desafortunado. Me duele leer en muchos sitios la sospecha del rendimiento espectacular de Contador en el Tour. Medios como The New York Times, Gazzetta dello Sport, Liberation (hoy mismo), la web especializada Cycling News…, añaden menciones de pasada al tema del dopaje. Bien sea basándose en las fórmulas que calculan el consumo de oxígeno en el rendimiento de los ciclistas (lo que usó LeMond en su famoso artículo de hace una semana), o bien basándose en la mera estupefacción ante lo impresionante: cómo pudo ganar el Giro de Italia si decía que estaba de vacaciones, o cómo con 62 kilos puede vencer una contrarreloj del Tour de Francia de 40 kilómetros.

Ése es el regusto amargo. Que un ciclista que ha ganado dos Tours, un Giro, una Vuelta (sólo cinco en la historia del ciclismo han logrado ganar las tres grandes) y ha demostrado ser el mejor de su generación, vea cómo pende sobre él una duda que no tiene, sin embargo, un Armstrong retirado capaz de ser tercero o un Wiggins que no estaba en ninguna quiniela. Yo me fío de todos los análisis que ha tenido que pasar hasta ahora, la única medida objetiva en estos momentos. Lo peor para Contador, es que es el mayor de los obstáculos y no está en su mano superarlo.

Se acabó la siesta

Domingo, Julio 19th, 2009

Por fin Contador ha saboteado la siesta. No sé a vosotros, pero el ataque del madrileño camino de Verbier, concentrado en poco más de 6 kilómetros, a mí me supo a una condensación de ciclismo, un chute de adrenalina que lo único que consigue es que siga queriendo más.

Es esa droga extraña del ciclismo, que en su vertiente moderna se da cada vez en dosis más pequeñas. En el último puerto, en los kilómetros finales. Por eso, seguirlo por la tele requiere un ejercicio de fe difícilmente comparable a cualquier otro deporte, incluso a cualquier otro aspecto de la vida. Yo me veía a mí mismo estos días tirado en el sofá, esperando a que alguien hiciese algo que mereciese la pena el tiempo invertido (me resisto a decir perdido) delante de la tele. Me decía, a ver si ahora en este repecho. O a ver si esta etapa rompepiernas empeorada por un clima digno de diciembre (no sólo en A Coruña hay un verano de pena, es la mejor conclusión que saqué del día de los Vosgos).

En ese sentido, el ataque de Contador satisfizo esa necesidad. El líder del Astana (digo yo…) dejó claras las cosas a pesar de que el movimiento de Kloden tirando de Armstrong levantase iras al estilo McLaren beneficiando a Hamilton por delante de Alonso. Pero ahora la carrera está del lado de Contador. A veces perdemos la perspectiva de las cosas y desconozco qué pensarán en Estados Unidos y en todo lugar donde Armstrong es un semidios. Pero Contador tiene 26 años, ha ganado las tres grandes vueltas por etapas y lleva camino de su segundo Tour. Su palmarés merecía otra consideración. De ahí la expresión rabiosa y de furia contenida cuando Contador subió al podio como vencedor de la etapa. Ganas de reivindicarse y de sacar los nervios de estas dos semanas de escrutinio y tensión en su propio equipo.

Aún así, dejando a un lado tácticas de equipo con tintes cainitas, lo de Armstrong es muy fuerte. Tres años parado, se lesiona en la clavícula, altera su preparación corriendo el Giro de Italia, y a falta de una semana es segundo del Tour, por delante de eternos favoritos como Cadel Evans, a distancia sideral de Menchov, por delante de Sastre… Si no fuera porque ha ganado 7 Tours consecutivos, si se confirma su podio en París podría ser su mayor exhibición como ciclista.

Apuntes del lunes

Lunes, Julio 6th, 2009

-80.000 personas vieron a Cristiano Ronaldo dar unos toquecillos al balón y ponerse la camiseta. ¿Es una exageración, una ridiculez, o el ejemplo último de la ilusión que genera el fútbol? Hoy tengo el día ingenuo (leed más adelante) y quiero creer en la última. Aunque a Laporta le vaya más la vía imperialista, y en ese sentido seguro que se le pusieron los ojos como platos al ver al nuncio del Vaticano hablar a la concurrencia desde el micrófono de Real Madrid TV. Sea como fuere, juntar a esa masa para tenerla viendo refritos de vídeos en las pantallas gigantes, dos discursos sosos  y al protagonista correr saludando, se me antoja pobre. El siguiente paso es enriquecer este tipo de actos con algo. No sé lo qué, si tuviera la idea me presentaría a Florentino como coordinador de eventos, o algo así…

-Mientras el nuevo Ronaldo revolucionaba Madrid, Mista corría por Abegondo para dar inicio a la pretemporada del Dépor. No es plan de hacer comparaciones, más odiosas que nunca. Como mucho, la coincidencia en el tiempo de Cristiano y Mista puede servir de metáfora del gran salto de calidad que se avecina en la Liga entre Madrid y Barcelona, y el resto. A estas alturas, aunque el mercado puede moverse aún mucho, no parece que haya un tercero en liza para poder siquiera plantar cara. Mucho menos la clase media, de la que el Dépor fue punta de lanza la temporada pasada.

-La lucha intestina en el Astaná ya ha explotado por todas partes. Bastó un chispazo, un abanico en la tercera etapa, para que la dicotomía Armstrong-Contador se pusiese de manifiesto. O al menos, es lo que se ha lanzado a decir la prensa. Podemos hacer un ejercicio de ingenuidad (el segundo del post) y hacer buenas las explicaciones de Lance: «No hay que ser un genio para saber que con viento hay abanicos. Tuve suerte de estar allí delante». Algunas informaciones aseguran que fue el propio Contador quien provocó el corte en el grupo al no poder seguir el ritmo cuando el Columbia dio el tirón. De todas formas, y aunque no saliera de Armstrong crear el abanico, la actitud de Bruyneel es la que provoca toda esta lucha. No parece que el belga tenga los galones para decidir qué hacer con Lance. Además, los apoyos del estadounidense en su director y en Leipheimer son tan evidentes que la situación para Contador en el Astaná se complica. Algo que en parte corrobora unas palabras de Armstrong recogidas por la Gazzetta dello Sport: “He ganado 7 Tours, merezco respeto y crédito”.

El Tour intestino

Sábado, Julio 4th, 2009

Ya está en marcha el Tour de Francia, una de las citas preferidas de los aficionados al deporte. Comenzó con el guión previsto, la victoria de Fabian Cancellara en la contrarreloj que nos dio una perspectiva inédita del circuito de Mónaco, acostumbrados a verlo a  muchos más kilómetros por hora. El Tour es un evento que suscita pasiones difícilmente explicables para aquellos que no tienen el gusanillo en el cuerpo. Prescindir de la playa por una etapa de montaña, seguir retransmisiones por internet que difícilmente pueden plasmar lo que ocurre (ya es complicado hacerlo con un partido de fútbol definiendo jugadas en apenas una línea de texto), pelearse con las abuelas para copar la televisión en lugar de la telenovela…

Es el momento en que se usan palabras que parece tener un período de uso de 22 días, que es lo que dura el Tour. Por ejemplo, co-equipier, palabrejo que no he escuchado nunca fuera de una retransmisión de ciclismo.  Esta vez, la expresión de moda es lucha intestina. Algo que podría remitir a excrementos, pero que en realidad alude al Astana. Cuatro corredores (Kloden, Leipheimer, Contador y Armstrong) en el mismo equipo con derecho a reclamar el liderazgo ya no de la plantilla, sino de la carrera. Sería algo así como si el título de Liga se decidiese no por equipos sino por jugadores, y Benzema, Cristiano Ronaldo, Kaká y Raúl (¿?) peleasen por ganarlo. Pagaría por verlo.

Yo lo tengo bastante claro, creo que Alberto Contador debería ser siempre la prima donna allá donde esté. A no ser que Armstrong dé el sorpresón y demuestre que su digno resultado en el Giro de Italia, recién salido de una operación de clavícula, era un aviso al que casi nadie hizo demasiado caso.

Hay una pugna más abierta que nunca en el Astana y en el Tour. Evans, Sastre y los Schleck se unen a la lucha por las primeras plazas de la general. Así, sobre el papel, es uno de las carreras más abiertas en su pronóstico, aunque para mí Contador es el favorito. Una buena oportunidad para ofrecer un Tour bonito, con alternativas y lejos de polémicas (sí, el dopaje), algunas ya zanjadas antes del inicio de la prueba, y que yo resumo en una pregunta: ¿Por qué Alejandro Valverde no puede competir (la decisión fue de Caisse d’Epargne, pero la organización no se lo hubiera permitido tras la sanción en Italia) y sí puede hacerlo Tom Boonen?

Armstrong escucha a Sufjan Stevens y a Fleet Foxes

Miércoles, Diciembre 3rd, 2008

Esto no se ha convertido en el blog de Javier Becerra así por accidente. Es sólo que en los últimos días le he estado echando un vistazo al twitter de Lance Armstrong, en el que va contando qué tal le va en Tenerife, donde está poniéndose a punto con el resto del Astana.

No me gusta el Facebook, como tampoco entiendo el afán exhibicionista de Twitter, contar al segundo lo que le pasa a alguien que considera que su vida es tan interesante que los demás deben saberla al minuto. Y me resulta curioso ver a un deportista tan famoso como Lance haciendo microblogging.

Pero tiene su parte interesante. Además de confesar sus (buenos) gustos musicales, Armstrong dice que ha pasado en las últimas horas su octavo control antidóping desde que comenzara a entrenar. Cuelga fotos divertidas de él y Leipheimer haciendo surf en Tenerife. Dice que entrenará con su ropa de la campaña Livestrong y sólo usará el maillot de Astana en las competiciones. Que vio en un avión el documental sobre la aventura de dos montañeros en Perú, Touching the void, y que le moló.

En fin, puede ser información que no necesites saber o algo que te acerque más a la persona detrás del mito. Pero por muy interesante que Armstrong pueda llegar a ser, nada comparable con Shaquille O’Neal, que también tiene su twitter. La diversión va en proporción al tamaño corporal del sujeto.

Lo indignante es lo de Leipheimer

Lunes, Septiembre 15th, 2008

Poco después de que Cazorla le marcara al Dépor, recibo un mensaje en el móvil de mi colega Miguel. Me esperaba algún comentario sobre el fútbol, pero lo que me encontré fue un exabrupto contra Contador por la etapa de la Vuelta y su comportamiento con Ezequiel Mosquera.

Y como me urge también hoy a comentarlo, obedezco. Y me duele decirle que comparto sólo en cierta medida su cabreo. A ver. Es obvio que Contador no dio un relevo y que le interesaba hacerlo para acabar de una vez con todas con Sastre y Valverde. También es obvio que no dejó ganar a Mosquera y que después reconoció que lo habría hecho con Valverde. Y que todo sucede cuando Alberto se había quejado amargamente de que Valverde no le había dado relevos en la primera etapa de Pirineos, sobre todo cuando al final el de Caisse d’Epargne le esprintó sobre la línea de meta.

¿Hizo lo mismo Contador con Mosquera? No del todo. Le dio un hachazo a kilómetro y medio de meta y, como dijo el gallego en delcaraciones a EFE, «lo hizo a toda leche». No es lo mismo que esprintar a cien metros de la llegada después de chupar rueda cinco kilómetros. Podríamos pedirle a Contador que tuviese una clase y un estilo de los que marcan época y permitiese a Mosquera lucir el trabajo excepcional que había hecho, pero es indiscutible que es el más fuerte y lo quiso demostrar.

Lo realmente chusco para mí es lo de Leipheimer, que sí le dio el único relevo a Mosquera sobre la línea de meta para robarle los segundos de la bonificación y sin ningún tipo de sentido. Eso sí que es rastrero y demuestra poco estilo, una vez que la etapa ya estaba decidida. Todo esto sólo se explica porque Contador y Leipheimer no se fían uno del otro y aspiran a robarse mutuamente el triunfo final.

Y como leí en un comentario de un lector en Marca, se da una preciosa curiosidad en esto del ciclismo. En una de las etapas más bonitas que recuerdo, Miguel Indurain ataca en la etapa que termina en Lieja, en 1995. Destroza al pelotón en uno de los repechos que salpican Bélgica, y sólo le aguanta un corredor que se pone al rebufo de la moto navarra camino de otra victoria. Así 25 kilómetros, para al final superar a Miguelón en el esprint. El tío era Johan Bryunnel, el jefe de Contador y Leipheimer.

 Se me olvidaba: Pino ayer dejó clara en El Larguero que la queja es por no dar relevos para llegar al podio toda vez que Ezequiel se sacó de encima a sus rivales y, como Bruynnel dice que no tiene la Vuelta ganada, terminar de ganarla:

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